Mi Camino De Santiago En Verso
Mi camino de Santiago por el camino Francés en verso
No busquéis oro donde luce el cobre
ni plata, donde estaño brilla
si acaso, calamina y calderilla
de este poetastro, en versos pobre,
aún cuando, voluntad y fe le sobre,
para hacer del verbo fina astilla
que sea para el lenguaje la puntilla
por la cual, venga a yacer en tumba fría,
el metro, el compás, la melodía,
teniendo por verdugo a su plumilla.
El relato del camino
en prosa, la pluma vuela,
y en los detalles se encela
describiendo con gran tino
mis pasos y mi destino,
porque, va tomando notas
conforme gasto las botas
de multitud de detalles
que hallo en montes y valles,
en sus gentes, y en sus tocas.
Del camino; si es pedrero,
un lodazal insufrible,
una pendiente imposible,
u orgullo del caminero,
del bosque; si es maderero,
o al respeto sobrevive,
del hombre que mora y vive
al borde de su belleza
sin usar mal la cabeza
cuando su futuro escribe.
Del lugar; sus monumentos,
cada cual con su valor
todos: frutos del amor,
o singulares eventos
que en la piedra, son los cuentos
por los cuales el pasado
es querido y respetado,
de aquellos que en su presente,
son el latido viviente
que el pretérito ha legado.
Más; dar al papel el poema
que a la pluma yo recabo
del camino de Santiago,
es tan encumbrado tema
que a pesar de que me quema
ver el árido papel,
aún torpe me ha de ser fiel
la mano que a pluma rema
con el recuerdo que llena
mí aquí, con aquel aquel.
1ª etapa
Del limitado horizonte
de Roncesvalles salí,
el día que dispuesto fui
atravesando su monte
sin ningún otro que afronte
antes que yo la mañana,
tan etérea, y casquivana,
que bajo un cielo de estrellas
a dado al suelo las huellas
de una nevada temprana.
Mi primera etapa apunta
a que mis pies no me llamen
con su dolor, y reclamen,
lo que mi inquietud barrunta
cuando cielo y tierra junta
la senda en Erro, y aquí,
viene lo que presentí,
un roce sobre un juanete
que clava como un machete
su dolor en el y en mí.
Antes que vaya a mayores
y el dolor se haga lamento
reclamando algún ungüento,
aligero los calores
de los pies, y en un momento,
me cambio de calcetines
traídos para estos fines,
y el juanete se relaja
cuando por la senda baja
entre arroyos cantarines.
Zubiri dibuja el rostro
del valle domesticado
y aquí me tomo un bocado
calmando el hambre que arrastro,
y sin dejar ningún rastro
que demuestre que he pasado,
dejo al pueblo aún acostado
que se anda desperezando,
y persigo, caminando,
la meta que hoy me he marcado.
Falsos valles me hacen largo
llegar a Larrasoaña
ocultado tras la braña
que de ocultarlo hace cargo,
y tras un corto y amargo
retorno de los dolores,
le encuentro lleno de flores
con sus paseos levantados,
para que sean sepultados
el gas, y mis sinsabores.
Primer hito en mi camino
y fin de esta larga etapa,
su albergue, relaja y tapa
el dolor del peregrino,
que a paso lento, y cansino,
recorre su larga calle
y admira el estrecho valle,
saludando a poca gente
que sestea tranquilamente
hasta que el ocaso raye.
2ª etapa
Tras una noche con sueño
pero sin poder dormir,
salgo dispuesto a partir
con ligereza y empeño,
y valle abajo despeño
mi pereza, en el afán,
de realizar mi plan
de alcanzar Zizur Menor,
antes que venga el calor
a hacer en mí, su desmán.
Arre y su puente traspaso
cuando ya el Sol, levantado,
con sus rayos ha alcanzado
el pueblo que dejo al paso,
en viandantes, muy escaso,
por ser hora muy temprana
y andar la gente holgazana
ya que hoy, siendo festivo,
del colchón, ha hecho su amigo,
quien le será infiel mañana.
Villa antigua y blasonada
que a la derecha del río
se asienta con señorío,
hoy, es la bella Burlada,
de Pamplona, una barriada
que enjoya con su belleza
la que fue y es fortaleza
de los valientes navarros,
que hacen chorizo a los guarros,
y al vino, le dan nobleza.
Un puente que no se gana
porque es el quien te conquista,
es recreo para la vista
que regala la mañana,
y da paso, a la galana
ciudad oculta en la piedra,
de la muralla, hecha hiedra,
que por la orilla se eleva
y por su puerta te lleva
a entrar, donde el mito medra.
Recorro sus viejas vías
y disfruto los rincones
que viven las tradiciones
por San Fermín, hechas rías,
para toros y alegrías
que asombran al mundo entero
con encierro, tan torero,
haciendo capa al papel,
jugándose la vida en el,
el mozo, del toro arriero.
Siguen mis pies con su andar
y en su cuenta, van dejando
atrás, en su caminando,
la ciudad que ha de dejar
para poder alcanzar
la meta que hoy me he marcado,
que en un momento, he alcanzado,
tras ganar la cuestecilla
que me da acceso a la villa
donde, del día he descansado.
Sobre una pequeña altura,
una iglesia rodeada
por casas de bella alzada,
al creyente le asegura
a sus penas santa cura,
a mí, me ofrece el balcón,
para que mi corazón
en las vistas se solace,
y que el descanso, desplace,
el cansancio a otra ocasión.
3ª etapa
Hoy, me pego un madrugón,
para que, con la frescura
que la mañana procura,
gane el puerto de El Perdón
a paso fresco y trotón,
y vea, en el amanecer,
al horizonte crecer
mientras saco de mi hatillo,
un pequeño bocadillo,
que me entretengo en comer.
Tras esta pequeña juerga
cual es, comer un bocado
que al cuerpo ha recuperado,
me bajo a ganar Uterga,
soportando la monserga
de unos cuantos moscardones
que se muestran cabezones
a pesar de mis gorrazos,
hasta dar, con los ribazos,
de sus primeras mansiones.
Pueblo sin nada que ver,
al que se puede pasar
sin tenerte que parar
si acaso, para beber,
un café, que viene a ser,
espuela para el camino
que estimula al peregrino
a acelerar en su andar,
para llegar a alcanzar
Óbanos, que hoy es destino.
Solar de los Infanzones,
que agruparon a señores
para abatir malhechores,
bajo orgullosos pendones,
hoy, recuerda sus razones,
una placa, en plaza puesta,
que rememora la gesta
de hacer justicia, en el hombre,
que por malhechor se nombre,
y haga de lo ajeno apuesta.
Tragedia de dos hermanos
que al humano ser admira,
sobre la cual versa, y gira,
el venirse los mundanos
a alzar al cielo sus manos,
tras, el arrepentimiento,
que a Dios hace monumento,
con el duro sacrificio
de dar al pobre, servicio,
y a la fe, fuerza y aliento.
Paseo bajo su balcón,
por su plaza porticada,
admirando en la fachada
la piedra de su blasón
y aquí, doy fe y razón,
con alma de enamorado,
de este pueblo, dedicado,
a ser espejo y modelo
de los que sueñan el cielo,
y por su ejemplo, han ganado.
4ª etapa
Otra noche sin dormir,
otro día, para soñar,
otra etapa que he de andar
y por eso, he de partir,
llevando el gusto al salir
de un lugar, que me ha encantado,
y a mi corazón, le ha dado,
razones para vencer
penas, que vengan a ser,
de mi camino el cayado.
La Luna en el río se peina
y el cielo, en el agua admira,
el reflejo en que se mira,
cuando el peregrino, empeña,
su paso en Puente la Reina
y tras pasarlo, se gira,
y en contemplarlo se admira
de ver, a quien le ha salvado,
de cruzar sobre mojado
el río, que a la villa estira.
Pasajero en el paisaje,
me voy sumergiendo en el
escuchando el cascabel
del que da su lana al traje,
y dando un fuerte viraje
afronto una fuerte cuesta
que, para mis penas puesta,
me hacen dejar el resuello,
haciendo estrecho mi cuello
al aire, que fuerzas presta.
Un escondido poblado
viene a ser, remedio y cura,
de la sed, que ahoga y apura
mi gaznate, resecado,
en este duro collado,
y en la fuente que se ofrece
a quien, con la sed padece,
rehidrato mis energías
y vuelvo a las alegrías,
viendo el llano que aparece.
Sin que la fatiga tuerza
el ánimo que me rige,
mi caminar, se dirige,
por la calle de La Fuerza,
adonde el ser humano esfuerza
su afán, por ser recordado,
cuando yace sepultado
tras medir, con su medida,
que por su corta y breve vida,
nunca ha de ser olvidado.
Cirauqui en un altozano
con sus casas blanqueadas,
es imán a las miradas
de los que cruzan el llano,
siendo chincheta que gano
y que procuro perder,
tras oler y padecer
a un grupo de endemoniados,
que andan todos, empeñados,
en mudar mi parecer.
Unas vaguadas me tragan
y en ellas, dejo el amor,
ahogado en el resquemor
de una ofensa, que otros pagan,
y en mi caminar, se estragan,
los deseos de darle horca
a quien, al mal gusto ajorca,
y tras una breve cuesta,
entra mi hambre dispuesta
a que le de muerte, en Lorca.
Repuesto de cuerpo y alma
y por el Sol acosado,
me enredo por el sembrado
que con su verdor encalma
calor que a fatiga empalma,
en un luminoso día
que me da, la melodía,
del canto de la perdiz,
de la esquiva codorniz,
y de la dulce avefría.
Te dejo atrás, Villatuerta,
sin hacerte una canción,
porque tu duro hormigón,
deja mis pies en la incierta
razón, de ganar la puerta,
de Estella, sin ser las ollas,
donde nazcan las ampollas
en mis pies, que van quemados,
salvando los asfaltados
viales, en que me enrollas.
A otros les parece bella,
y a unos cuantos, que es divina,
a mí; que es una ruina
la vieja ciudad de Estella,
que quizá, cuando doncella,
con su belleza excitara
el laúd y la citara,
pero que hoy, a mis ojos,
es del tiempo, los despojos,
que en su ruina declara.
A ella llego algo cansado
y con los pies, algo hinchados,
por los asfaltos mentados,
y con paciencia, sentado,
frente al albergue cerrado,
dejo a un lado la mochila
mientras el pie se ventila,
y entablo conversación
con el que me da ocasión,
mientras se acrece la fila.
El bálsamo de la ducha,
viene el cuerpo a refrescarme
y nuevas fuerzas a darme,
para seguir con mí lucha
de hacer, en mi mente hucha,
con lo que la vista vea,
y me enzarzo en la pelea
de recorrer la ciudad,
valorar su calidad,
y gozar lo que recrea.
5ª etapa
Otra noche, presto vuela
entre el sueño y el ronquido,
aunque, muy poco he dormido,
y porque estoy medio en vela,
mi afán en partir se encela
y en la noche, hago camino
aunque estoy algo cansino
pero, dormir sin soñar,
yo no lo puedo aguantar,
y parto hacia otro destino.
Irache, en la noche oscura,
tiene cortada la fuente
que da vino al penitente,
y en un cartel, se asegura,
que a las ocho dará cura
al sufrido peregrino
que pase con sed de vino,
son las seis, y no me espero,
y me enredo en el sendero
frustrado, y algo mohíno.
A Mojardin le domino
a pesar de la inclemencia
de sufrir la continencia
de no haber probado el vino,
y rogando a lo divino,
viene un alma buena a darme,
un café que me rearme
tras una dura subida,
dándome la bienvenida
donde pronto, he de marcharme.
Tras agradecer al cielo
que bajo techo y alero
halles a un hospitalero
que cuida de ti con celo,
bajo del monte en un vuelo
y enredado en los viñedos,
en lo que duran dos credos
llego al llano, sin dudar,
que me habrá de castigar
con el farol de los ruedos.
Bajo una sombra que asombra
en este tramo abonado
a ser por el Sol quemado,
Catalina (así se nombra),
a sus poros desescombra
bañada por el sudor,
y sin muestras de pudor,
ofrece su carne al viento
con el tostado lamento
que le ha dado la calor.
Catalina es alemana
y; mas blanca que la leche,
del Sol ha sido escabeche
y del tostón prima hermana,
me saluda con desgana
y hablo con ella un ratito
disfrutando del fresquito
que la sombra nos depara,
y mientras su piel repara,
reanudo mi andar contrito.
Antes que a Los Arcos llegue,
soy cordero en el caldero
que cuece el Sol puñetero,
y me hace que al cielo ruegue,
que sin nubes, llueva y nieve,
más sin atender a mi ruego,
bajo el Sol, al pueblo llego,
sin agua, deshidratado,
completamente empapado,
y de sal, el ojo ciego.
Lugar con muchos pasados,
en sus fachadas se asoman
los escudos que blasonan
tiempos, ya periclitados,
que en piedra, yacen bordados,
adornando su presente
donde la sangre caliente
de gente joven, da cuenta,
de la herencia, y de la renta,
en una apuesta valiente.
Cuando en el atardecer,
de los negros nubarrones
ha caído agua a montones,
he venido a agradecer
que me venga a conceder
el cielo, mi rogativa,
que la ha tenido cautiva,
hasta que llegó a destino
el último peregrino,
de esta jornada festiva.
6ª etapa
Tal como viene ocurriendo
desde que inicié el camino,
durmiendo; no he estado fino,
y por la noche, no viendo,
salgo de este pueblo huyendo
no de sus muchas bondades
ejemplo de otras ciudades,
huyo de otra noche en vela,
cual inútil centinela
de vacíos y soledades.
Si ayer en sudor mojado
el camino transitable
se hizo largo, insoportable,
hoy, con el suelo embarrado,
el andar se hace pesado
hasta que vengo a alcanzar
un habitado lugar
por el asfalto ganado,
al cual, se queda pegado,
junto al barro, mi pesar.
Tras este lugar y otro
que hay tras una vaguada,
está menos embarrada
la senda donde soy potro
por la cual, corro y galopo,
por el frescor animado,
a través del verde prado,
atravesando vaguadas,
y entre pequeñas pinadas,
que me llevan relajado.
Tras un continuo bajar
y un consiguiente subir
sin esfuerzos, ni sufrir,
nada digno de contar,
vienen mis huesos a dar
con los predios de Viana
que principesca, y galana,
te ofrece una buena fuente
que sacia al más exigente
y al cuerpo sediento, sana.
Me la encuentro engalanada
celebrando el centenario
de un guerrero temerario
que aquí, finó su jornada
en batalla celebrada,
y como yo no soy fiero
y solo descanso quiero,
buscando albergue y mesón,
recorro la población
con aires de forastero.
Tras llenarme bien la tripa
y asear mi piel morena,
hago de calles mi arena,
y convertido en Agripa,
mi interés busca y destripa
monumentos y fachadas
que me roben las miradas,
y llevar a mí saber,
lo que pueda conocer
de mil historias pasadas.
Aquí, una iglesia agrietada,
allá, una fachada hundida
con una historia perdida,
acá, otra iglesia arruinada,
una casa blasonada,
o una piedra, que denota,
que el tiempo siempre derrota,
el orgullo y vanidad,
de quien se creyó deidad
y hoy yace, ignorada y rota.
7ª etapa
No te vayas de mi lado
Musa, porque ahora conviene,
cantar la tierra que viene,
y quiero estar inspirado
teniéndote a mi costado,
que entro donde mil cantares
pregonan de estos lugares
la excelencia de sus vinos,
y han de ser mis versos finos
para honrar a sus lagares.
Rima con coño, Logroño,
pero aquí, tengo que obviar
el ser zafio y ser vulgar,
porque el lector; sea retoño,
o dama que luzca moño,
deben ver en mis escritos
los lugares bien descritos,
sin tener que rebajarme,
a usar palabra que alarme
los oídos de los benditos.
He salido de Viana
con fuego en el corazón,
sin atender a razón,
y abandonando la cama
que mi sueño me reclama
por andar de día soñando
lo que me voy encontrando,
sin esperarse a soñar,
cuando me voy a acostar
y el cuerpo anda reposando.
El día me ha sorprendido
cuando la ciudad despierta
me ha dado su puerta abierta
por la cual, yo me he metido
por la emoción encogido
no sin antes, admirar,
al Ebro en su caminar,
y al poco, tomo el vial
que lleva a la Catedral
a la cual, no puedo entrar.
Ya que me encuentro cerrado
este templo a cal y canto,
calle arriba me adelanto
al que hoy camina a mi lado,
y con paso espabilado,
marcho en busca de un cajero
para hacerme con dinero,
ya que este, va menguando,
y aunque el viaje lo hago andando,
se gasta, el muy puñetero.
Haciéndose el vil metal
acomodo en la cartera,
disfruto la placentera
y bonita capital
que me ofrece el recital
de sus calles y sus gentes,
en la mañana, pendientes,
de acudir a su trabajo,
mientras que yo me relajo,
viendo sus hermosas fuentes.
Los pasos que aquí doy ya están contados
y aún estando en Logroño, vivo ausente,
que tengo rondando por mi mente
los campos de vid engalanados
por tal, mis pasos van apresurados,
buscando la frontera, donde fina,
la ciudad que me oprime y elimina,
y hallar de la campiña sus olores,
el lúcido tapiz de sus colores,
y el relajo que da el ave cuando trina.
Al cabo de un rato en descampado
sin taberna, o mesón, que traiga el hado,
vengo a dar en la cuenta que he olvidado
tomar para el camino algún bocado,
y cual potro que anda desbocado,
acelero mi paso, y voy sintiendo,
que la tripa vacía va sufriendo
en tanto la sed, apenas brota,
encuentra en el camino alguna gota,
mientras oye a las tripas maldiciendo.
Alcanzo Navarrete entre las riñas
que procura el progreso a nuestro agro
y asisto al torneo, duro y magro,
del asfalto y los autos con las viñas,
y heridas por la lucha entran mis niñas,
a ver si en la ciudad se han respetado
la piedra, la reja, y el tejado,
encontrando lo vulgar y lo sencillo,
levantado en aluminio y en ladrillo,
dejando al buen gusto aniquilado.
En llegando a la perla de su centro
que fortuna con piedad procura,
le encuentro en su antigua arquitectura
y en su borde un bar donde me entro,
y sentado en la barra una vez dentro,
dejando mi mochila tras la silla,
me desayuno un buen pincho de tortilla
por vaso de vino acompañado,
dejando al apetito, saciado,
y a las tripas en paz con su rencilla.
Navarrete hoy volcado en los viñedos,
de su antigua y feraz etapa islámica,
apenas quedan talleres de cerámica
que puedan disfrutar ojos y dedos,
pues se hallan con pesar, mustios y quedos,
abierto su presente a otros negocios,
y viviendo su gente en otros ocios
por los cuales, se vive otra cultura,
que no por ser moderna, es menos dura,
que aquella por la cual fueron famosos.
8ª etapa
Ayer, se vino el cielo encapotando,
y espesos chaparrones derramó
sobre el seco campo, que lo agradeció,
poniendo en guardia al que vive andando
y que hoy en la mañana, anda dudando,
si sacar de la mochila el chubasquero,
previendo que le caiga un aguacero,
o salir en la fortuna confiando,
que los cielos le vayan respetando
mientras dure su etapa de viajero.
Hijos de Baco oíd,
que para envidia vuestra
hoy a mi diestra y siniestra
he hallado campos de vid,
y en vuestra envidia, sentid,
el disfrute que he sentido
viendo, que en la cepa erguido,
el pámpano reverdea,
y se hace rumor y marea
sobre la tierra tendido.
Sabed, que solo es promesa,
de esta clara primavera
lo que al otoño se espera,
y da muestras de ser gruesa
pues, el viñedo se espesa,
bebiendo, lo que los cielos,
lloran bajo espesos velos
de nubes algodonadas
que pasan, bien apretadas,
en lentos y húmedos vuelos.
Entretanto que sedientos
en el Olimpo estáis presos,
voy disfrutando sus besos
montado sobre los vientos
holgando de estos momentos,
e imaginando el licor
que nazca de su verdor,
me hallo cruzando las vías
de Nájera y sus cercanías,
con buen paso, y buen humor.
Hoy he sido previsor
y antes de cruzar el puente
de esta ciudad floreciente,
he disfrutado el sabor,
el aroma, y el color,
de un buen pincho de tortilla
que ha sido una maravilla,
y de un buen vaso de vino
a mi paladar, divino,
que me ha dado una chiquilla.
Después, mi vista ha gozado
del río, sus verdes riberas
henchidas de primaveras,
del parque bien arbolado,
de su bien cuidado prado,
de su pasado, esculpido,
en piedra que el tiempo ha herido,
del lugar donde los reyes,
fueron de la historia bueyes
que al presente la han traído.
Y como el cielo da muestras
de llorar por mi emoción,
acabo aquí mi canción
y me lanzo hacia unas cuestas
con mente y voluntad puestas
de ganar Azofra pronto,
porque sería necio y tonto,
soportar un chaparrón,
por faltarle una oración
a esta historia que me monto.
Vuelve de nuevo a abrazarme
el prometedor viñedo,
y aquí callarme no puedo
aunque vengas a nombrarme
pesado, por dedicarme,
a versar con sentimiento
y dar mi canto al sarmiento
que con su jugo acompaña
a mi dolor, y restaña,
heridas de amor que siento.
Llego, cuando el viento aventa
unas gotas de sudor
que sudan con su calor
unas nubes de tormenta
que, apenas las tengo en cuenta,
puesto que Azofra me acoge,
y en su albergue me recoge
dejándome la impresión,
de ser hotel o mansión,
a lo que mi etapa exige.
Del fruto de los viñedos,
me ha dado cuenta cabal
un edil municipal,
que gracias a los robledos,
viven en silencio quedos
en el frescor de la cueva,
a cuyo fondo, me lleva,
a disfrutar la ambrosia
que al triste, le da alegría,
y al mudo, para que hablar pueda.
Laudos a Diego y su hermano,
que, siendo la tarde lluviosa,
en la cueva ha sido hermosa,
y como voy de paisano
les doy las gracias, mi mano,
y un poquito cabezón,
me retiro a mi rincón
a soñar con lo vivido
que su arte, ha permitido,
grabar en mi corazón.
9ª etapa
Ha hablado Baco a los dioses
por su lengua viperina
con rabia, y feroz inquina,
de mis versos y mis goces,
mis holas y mis adioses
al venerable viñedo,
y a merced de ellos me quedo,
porque el borracho taimado
a los dioses me ha enfrentado
mas; vencerlos, quiero y puedo.
Así; cuando a mi salida
la lluvia me hace sufrir,
estoy dispuesto a partir
siendo en él causa perdida
el que yo obvie mi partida,
que la épica se escribe
mejor, cuando se recibe,
del enemigo un mandoble,
pues, tiene merito doble,
quien tras vencer; lo describe.
Un barrizal imposible
que exige tenacidad,
acecha en la oscuridad
y se hace indescriptible
para quien hace posible
pasar esto a la leyenda,
pero sabed, que mi menda,
venció al Olimpo y su furia,
a su soberbia, y su incuria,
sin que prudencia le atienda.
Aquí restando valor
a Hércules y sus trabajos,
fueron los lodos atajos
por mi fuerza y mi pudor
para salvar, con honor,
las trampas que puso el cielo
con mal arte, y mucho celo,
al principio de esta etapa
que esta crónica, destapa,
a los que habitan el suelo.
El resto fue una llantina
de ese gordinflón beodo
que reina empinando el codo
y hoy, ha libado la quina,
de su soberbia y su inquina,
mientras yo bebo Rioja
de esta tierra, sangre roja,
que brota con sacrificio
del buen arte, y buen oficio,
del que al trabajo se arroja.
Tras el barrizal, Cirueña,
con una urbanización,
vive en la especulación
del mal gusto, esclava y reina,
y es a mis ojos la peña
que carga, y sufre Sísifo,
por catar del fácil grifo
de un progreso equivocado,
que su paisaje, ha asolado,
con cemento, asfalto, y piso.
Dejo atrás esta locura
que enferma a quien la atraviesa,
sumergiéndome en la gruesa
siembra, que mi vista cura,
y como nada me apura,
del rectilíneo camino
hago mi ruta a destino,
bajo negros nubarrones
que vierten los lagrimones
de un cielo, triste y mohíno.
Tras un altozano asoma
un llano, que esta adornado,
por la torre y el tejado
de la iglesia, que es redoma,
para la fe del que toma
por santo deber poner
hospital donde atender
al cansado peregrino,
que agarrotado y cansino,
flaquea en su desfallecer.
Como es de mi conocida
la ciudad que el santo nombra,
soy apenas una sombra
que la atraviesa enseguida,
y hago de ella mi salida
por el puente que se arroja
sobre el cauce del río Oja,
que hoy se viene algo crecido
por la lluvia, que ha vertido,
el cielo de La Rioja.
Grañon, calma mi apetito
por las manos de Daniel,
que me ha servido un tonel
para dar gusto al garlito
mientras que a la muela irrito
masticando un buen bocado
que junto al vino, ha dejado,
mi cuerpo tan satisfecho,
que le impedía estar derecho,
y ha estado un rato sentado.
De Grañon a Redecilla
la distancia no se nota,
y con tres golpes de bota
hago mi entrada en la villa,
primer pueblo de Castilla
en mi ruta hacia Santiago
de la cual, hoy mi hogar hago,
y en el albergue me asilo,
a mi mochila, espabilo,
y me tumbo ha hacer el vago.
Como el pueblo son dos calles
y una de ellas carretera,
me paso la tarde entera
anotando mil detalles
para que de gozo estalles
cuando al leer mis escritos,
encuentres muy bien descritos
los sitios por donde paso,
y que si se pone al caso,
hasta se te hagan bonitos.
10ª etapa
Hoy he sido remolón,
y en la cama me he quedado
hasta que han abandonado
en hilado pelotón
los que viven mi canción
el albergue que ha brindado
cama a su cuerpo cansado,
y con ánimo dispuesto,
se han marchado pronto, y presto,
camino de Belorado.
Causa de la decisión
de quedarme retrasado
es, porque tengo pensado,
vivir hoy otra emoción
que me presta la ocasión
en la ruta Jacobea
de hacer, que salude y vea,
a mis queridos amigos
que hoy, han sido testigos,
de la amistad que los crea.
Como la de hoy es otra historia
ajena a lo que me lleva,
evito al papel que beba
de la pluma la memoria
de lo que viví en Viloria,
y privo de comentar
el día que vine a pasar
con amistad por bandera,
jornada tan placentera,
que no la habré de olvidar.
11ª etapa
Salgo en agua y viento envuelto
por la oscuridad tapado,
en busca de Belorado
muy bien dispuesto, y muy suelto,
con el ojo al suelo vuelto,
temiendo que la tormenta
se fije en mí, y haga cuenta,
de mi afán y mi desvelo,
y de mis huesos al suelo,
con el barro que alimenta.
Más que llover, se desploma,
de las nubes tal cascada,
que tiene la tierra ahogada
desde el llano hasta la loma,
y en mi voluntad asoma
la decisión de vencer,
etapa que viene a ser
por caminos anegados
y por el barro ganados,
un “el poder es querer”.
Viento, lluvia, barros, hoyos,
que el camino desdibujan
por las nubes que se estrujan
desbordando los arroyos,
son acicate y apoyos
en los cuales me sostengo,
pues en la inclemencia, vengo,
a reafirmar el empeño,
que me haga señor y dueño
de la lucha que mantengo.
Si el infierno esta montado
con piedras barros y lodo,
hoy que lo he catado todo,
se que el infierno he probado,
y como último bocado
por si me queda apetito
de postre, me ha puesto el hito,
con el cual hoy me alimento,
dándome un desbordamiento
con el que he quedado, ahíto.
Agés es el asidero
donde agarro acongojado
el cuerpo sucio y mojado
de un agotado viajero,
que ya manso, tras ser fiero,
busca con ansia ducharse,
una cama donde echarse,
un vino que le caliente,
un plato que le alimente,
y sin pensar; relajarse.
Como el interés encubre
la fatiga y el dolor,
tras recobrar el color
sin la mugre que le cubre,
mi curiosidad descubre
del pueblo, su intimidad,
que veo en su totalidad
hasta el último rincón,
disfrutando el remojón
que el cielo da sin piedad.
12ª etapa
Salgo presto bajo un cielo
que tras la juerga de ayer
parece que va a poner
en fastidiar menos celo,
y en un breve y corto vuelo,
Atapuerca me aparece
cuando la noche fenece,
y entre dos luces lo paso
pensando que otro día, acaso,
vuelva, si ocasión se ofrece.
Una etapa sin problemas
salvo un pequeño incidente
que ha tumbado a un penitente,
deja a mi musa sin temas
y a mis pulmones sin flemas
pues, sin parar de toser,
vierto las penas de ayer
por culpa de un constipado,
que me ha dejado tocado
el cuerpo más; no mi ser.
Un encaje de aguanieve
de la niebla se desprende
y en las capas fija y prende
dando al paisaje y relieve
la sensación de que llueve,
pero cuando el Sol se sube
por encima de la nube,
hace por ella jirones
y por ellos, los balcones,
que al húmedo suelo arrugue.
Bajo el Sol y su calor
que cuerpo y tierra agradecen
los campos al fin, fenecen,
y el aroma de la flor
al igual que su verdor,
se rinden a la ciudad
que al Cid le dio calidad,
a la historia su leyenda,
y al creyente, donde atienda,
por su fe y su caridad.
Burgos, ciudad de España
donde el claustro es filigrana,
y la piedra, se engalana,
por el arte y por la maña
del artista que la apaña
en la forma, y el motivo,
para ser de Dios testigo
de gente, tan religiosa,
que tiene al mundo por fosa,
y en el cielo, busca abrigo.
Me he asilado en una iglesia
cerca de la Catedral
que dispone de hospital
y es del cansancio anestesia
que mi cuerpo no desprecia
pues, traigo los pies dolidos
de los tramos recorridos
en asfalto y hormigón,
y han sufrido un calentón,
que los tiene alicaídos.
La fresca ducha repone
al cuerpo con su frescor,
y con renovado ardor
el que escribe se dispone
a comer donde supone
le sirvan un buen yantar,
y al poquito de buscar,
halla un mesón de su agrado,
con buen vino y buen asado,
donde se pone a almorzar.
Después de comer, se marcha,
a buscar la paz de Dios
ya que en su uno, son dos,
los que cantan esta Jarcha,
uno; va envuelto en la escarcha
de la duda que mantiene
sobre, lo que tras la muerte viene,
otro; en su filosofía,
paz en la sabiduría,
ambos; que luchar y hallar conviene.
De la Catedral me salgo
cuando la lluvia ha cesado
y el Sol al suelo ha oreado,
y de mi saber me valgo,
para correr como un galgo
por paseos y avenidas
que son por mi conocidas,
para aprovechar la luz
antes, que oscuro capuz,
deje las calles dormidas.
13ª etapa
Hoy se abre para mí
desde Burgos a León,
una nueva sensación
que me ha traído hasta aquí
por lo que me prometí;
que si a mis fuerzas llegara
el que Burgos alcanzara,
estas etapas pondría
donde les correspondía,
y a mis espaldas dejara.
Y a este objetivo me lanzo
a la luz de los faroles
que son remedo de soles
hasta que el sembrado alcanzo,
y conforme paso avanzo
y el alba arrasa tinieblas,
musa que me inspiras, pueblas,
mi alma, con temas nuevos,
y echándole un par de …,
me sumerjo entre las nieblas.
¿Por qué me evitas fortuna
el disfrutar del paisaje
que es nuevo en mi largo viaje¿,
que es de la historia la cuna
donde mi pasado auna
lo cierto con la leyenda,
en mis lecturas la prenda
donde vengo a conocer
con los datos del ayer,
que mi presente se entienda.
Pero el clima, ingrato velo,
de nieblas me ha procurado,
para que me vea privado
de ver la tierra y su cielo
libres, del celoso celo,
con que a mi cantar oculta
lo que se por gente culta,
y ralentizo mi andar
por ver, si quiere aclarar,
la niebla que mi afán multa.
Y porque soy de La Mancha,
yo no me quiero acordar
donde fui a desayunar,
tras el, mi recuerdo engancha
con otro que al alma ensancha,
y con fuerzas renovadas
en Rabé de las Calzadas,
entro con la devoción
que procura la emoción
de ver, sus piedras labradas.
Aquí encuentro a la alemana
que esta en un poyo tumbada
abierta y espatarrada
mirándome con desgana,
que por señas, me reclama,
para que me acerque a ella
y al llegarme, veo la huella
del dolor en su mirada,
quedando la mía clavada,
en sus ingles de doncella.
Cerca de donde el pudor
en su máximo se expresa,
veo la roja huella impresa
causante de su dolor
que a mi, me causa escozor;
las bragas le han lacerado
la carne, donde ha brotado,
la sangre en terrible herida,
por la parte más sentida
y el cuerpo es mas delicado.
Restaño y curo su herida
y le pongo un buen vendaje,
pidiéndola que en su viaje
haga reposo enseguida,
pero ella esta decidida
a pesar de su lesión,
a seguir con decisión
he ir, con las piernas abiertas,
por las llanuras desiertas,
por darle más emoción.
Yo escéptico, me despido,
después de darnos dos besos,
y la dejo con sus huesos
y su rostro alicaído,
mientras marcho decidido
sobre mis fuertes tobillos
a tomar café en Hornillos,
donde llego, en un suspiro,
y en busca de un bar me tiro,
rodeado de chiquillos.
No es de mi gusto lo visto
en un bar lleno de gente
donde unos, de aspecto indolente,
y otros con cara de listo,
observan como yo asisto
a pasar
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