El Feminismo Darwiniano Y La Progresía.
El movimiento de los planetas presenta un afelio y un perihelio, según se hallen en el punto más alejado o más cercano al sol. Vivimos tiempos de crisis y por tanto, nuestra escala de valores inicia su singladura de acercamiento a la dimensión espacial de lo espiritual y de refugio en los valores humanos. Pese a encontrarnos en pleno afelio, encontramos motivos de esperanza en la solidaridad, concienciación medio ambiental, asociacionismo sin ánimo de lucro, y un largo etcétera.
El protagonismo de la mujer ha imbuido del universo femenino nuestra percepción de la realidad. Proliferan los libros de autoayuda, se cultiva la escucha activa en nuestros diálogos, el lenguaje de los sentimientos se impone al solipsismo varonil instrumentalizado por una razón geométrica que desprecia los matices, y se buscan consejos para ser feliz.
Si bien este esquema es susceptible de reparos, lo cierto es que el varón pese a seguir sin llorar, emocionarse, disfrutar de las compras en las rebajas y encerrarse en su cueva particular cuando le acontece un problema, apetece de las recetas de las abuelas. La mía, me repetía de niño que todos los ojitos lloran aunque no en el mismo día. Podríamos afirmar metafóricamente, que Marte ya no sólo cae rendido ante la belleza de Venus, sino que está en su órbita.
La realidad es infinita, pero una mirada atenta nos permite ver qué, y un fragmento de la misma, nos puede ilustrar. El contenido del correo electrónico es un ejemplo de que los tiempos están cambiando. De los archivos adjuntos con diapositivas de mujeres de calendario (obviamente para receptores masculinos), se ha pasado al envío de mensajes llenos de literatura, paisajes, belleza y sentencias cargadas de sabiduría. El rechazo a la instrumentalización del cuerpo de la mujer y la chabacanería asociada, forman parte del decálogo de lo políticamente correcto, y los varones cuando abren sus correos encuentran música, flores y aforismos en lugar de cuerpos desnudos y poses eróticas.
La pornografía queda refugiada en los confines de las páginas especializadas, pero el envío de fotografías de ese tipo de industria, delata mal gusto.
Subliminalmente es una forma de admitir el primado de la riqueza de la visión de la vida de la mujer frente al esteriotipo de su belleza, combatida por el feminismo por su connotación negativa al tratarse de un poder de seducción anudado a la opinión de los hombres para poder materializarse, efímero y carente de mérito.
La lucha por la igualdad tiene muchos caminos, y tal vez los más certeros sean los que utilizan armas de mujer. Antoinette Brown Blackwell, usó esas armas, para sin caer en absurdos metafísicos, en la estupidez o en la demonización de los hombres, dar un giro radical al darwinismo. Disculpó al maestro el punto de vista androcentrista heredado de la cultura clásica, el cuál centraba el estudio de la selección natural en los machos de la especie humana, y con sutiliza y cariño, le vino a decir, que si la evolución se producía por la interacción y competencia de individuos, las hembras no podían permanecer pasivas como mirando lo que pasa y que por tanto forman también parte de la transformación natural.
Por ello, se la considera la madre del feminismo darwiniano, sin embargo, el hecho de haberse convertido en la primera mujer ordenada ministra por una Iglesia Congregacional en Estados Unidos, defender las diferencias inherentes entre hombres y mujeres, y pensar que era mucho mejor luchar por la situación de la mujer en la sociedad que por el sufragio universal, la han alejado del modelo de icono progresista.
Tal vez no necesitemos de tanta literatura y política sobre la igualdad de género, que no deja de ser una mera ideología y como teoría científica, falsable, sino de implementar derechos sociales y obligar su cumplimiento. El espíritu y la cosmovisión femenina ya son la esencia del mundo, y Venus está en perihelio solar.
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