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Una Vez En Noche Buena
Una vez en Nochebuena.
Esta vez, como tantas otras veces, nos habíamos reunido para rememorar juntos, los maravillosos acontecimientos, que parecieran precipitarse, uno tras otro, a partir del anuncio que el Ángel Gabriel, le formulara, a una admirada, confundida, y no menos asustada joven de nombre María.
A medida en que avanzábamos en el relato bíblico, se desplegaban en nuestras mentes, todos los personajes, que permanecen inmortalizados, en ese pesebre, que aunque tenga formas diferentes, según el sentir de cada uno, todos llevamos adherido en lo mas profundo de nuestro ser.
Junto a nosotros también estaba presente la tecnología, una invitada muy especial por su capacidad de reproducir los hechos narrados de manera tangible, imbuidos en el realismo de formas y sonidos, que suelen tener las realizaciones fílmicas grabadas en DVD, para su proyección en nuestras pantallas de televisión.
La película en cuestión, relataba los acontecimientos bíblicos, filmados en tal forma que los personajes estaban caracterizados a la usanza de la época, hablaban en arameo, y toda la ambientación así como la geografía se ajustaban estrictamente a las condiciones descriptas en el relato.
las imágenes nos mostraban a José y a María – con su embarazo a término - en medio de la multitud que se agolpaba en el pueblito de Belén, dando cumplimiento al edicto de Augusto César, que obligaba, a que todo el mundo fuese empadronado, cada uno en su ciudad.
Como es sabido, siendo José de la casa de David, debió trasladarse junto con su esposa al referido lugar.
Todas las posadas estaban repletas de gente, las casas particulares, rebosantes de familiares y huéspedes, por lo que José no tuvo otra alternativa, que acomodar a su amada esposa, haciéndole lugar en un pesebre, el cual sería compartido con todos los otros animales que habitaban el corral.
En esas tan particulares circunstancias nace el niño y es envuelto en pañales y acostado en el pesebre , los ángeles se apersonan y avisan a los pastores que guardaban la vigilia de sus rebaños, un coro celestial anuncia las nuevas de gran gozo y una nueva estrella se alza y brilla en el oriente, indicando a los reyes peregrinos, con su fulgurante resplandor, que había nacido el Mesías, el tan anhelosamente esperado por todos los hijos de Abraham.
Las escenas que observamos nos van introduciendo en un tierno relato que nos conmueve, por su crudeza , sencillez ,y la naturalidad de los personajes que van dando vida a las acciones, las cuales van creciendo en intensidad emotiva, a medida en que nos acercamos a su momento culminante y sublime, el cual no es otro, que la visión del pequeño niño, acostado en un pesebre, rodeado de su madre, de José, los pastores y la presencia de los animales que dan el marco tradicional, inmortalizado en los pesebres que se construyen con amor y devoción en cada rincón del planeta.
La representación culmina, abruptamente, como un mensaje un tanto trunco, quedaban en nuestras retinas una imagen que nos mostraba un cielo iluminado por la luz divina, y el eco lejano de un coro de ángeles y pastores que daban alabanzas al pequeño niño, milagro de vida y esperanza, mientras se exhortaba desde las alturas: ¡Gloria a Dios en las alturas. Y en la tierra paz , buena voluntad para con los hombres!. Lucas: 2:14
Fue entonces que reparamos en Marcela, mi pequeña nieta de tres años, ella había participado, con el entusiasmo y la curiosidad propia de los niños de su edad, al igual que su hermana Martina ,que tiene seis años y es mas madura y profunda, pero algo había pasado, para Marcela, faltaba algo en lo que nos había mostrado el DVD, y al verla un tanto dubitativa, su madre le preguntó, ¿ que es lo que pasa ?, y ella le contesta, con sus ojos tan expresivos que parecen un “identi-kit” de lo que piensa, Pero ...no lo mataron? , en una clara referencia a todos los finales que conocía de la historia de un Jesús que irremediablemente culminaba colgado en una cruz, para luego resucitar, al removerse la piedra de su sepulcro, en aquel glorioso domingo posterior a la pascua.
Su madre, y todos los demás, le explicamos sonriendo, que ese día, esa nochebuena, estábamos celebrando un nacimiento, la venida al mundo del niño Dios, esa era la razón del arbolito de navidad, de su estrella y sus luces intermitentes, era por esa razón, que esa noche, vendría Papá Noel, con sus regalos, tal como fueron los Reyes Magos con sus presentes a reverenciar al recién nacido.
Quede pensando mucho tiempo en la pregunta ingenua de Marcela, la trascendencia del personaje y su obra, habían sustituido al acontecimiento que nos convocaba ese día, el niño recién nacido, estaba marcado por su destino, a tal punto, que nos impedía gozar del mensaje de ese día, como seguramente sucedía con su propia madre, María, la cual, según nos relata Lucas: “Pero María guardaba todas estas cosas meditándolas en su corazón.” Lucas: 2: 19.
Cuántos nacimientos ocurren cada día, el milagro de la vida se repite una y otra vez, ¿cual será el destino de cada ser que abre sus ojos al mundo?
Como las luces que se encienden y se apagan en forma intermitente en Navidad y Fin de Año, así son las que se encienden y apagan en cada instante de nuestra vida, indicando los niños que nacen y mueren en busca de su destino, algunos brillan y crecen, otros languidecen y mueren, ninguno, por insignificante que parezca, pasa desapercibido para su creador, en algún lugar, el milagro de la creación les rescatará y en una forma que quizás no podamos ver ni entender, su luz resplandecerá en una eterna navidad.
Yo, nací un 20 de abril, en plena segunda guerra mundial, en el Paso Pereira, ¿ alguien sabe dónde está ? ¿ o si todavía está ? con los años me enteré, que un 20 de abril , abrió los ojos en este mundo un niño llamado Adolf Hitler, pero también, en nuestra América, tan sufrida, un día en un humilde lugar del nordeste brasileño, nació un Lula Da Silva, en otra comunidad indígena de Bolivia, un Evo Morales y por las tierras de Centro América, una niña indígena llamada Rigoberta Menchú.
Las luces de la vida continuarán, insistiendo, sofocando con su tenacidad, los genocidios, las hambrunas, las guerras y devastaciones, es la ley de la creación que se renueva una y mil veces, tantas como sean necesarias, hasta que se puedan cumplir los designios de su creador.
Una Vez, en nochebuena, estuve allí, cuando la luz se encendió, percibí en los ojos de una pequeña inocente, la grandeza de nuestra esencia, nuestras semejanzas, la dignidad de pertenecer a la raza humana, polémica, inteligente, creativa, a veces irracional, que convive con los santos y los demonios, depravada y sublime, pero que viene a este mundo portando una chispa divina, única e irrepetible, como la estrella que se elevó en el oriente anunciando el nacimiento del Salvador.
Gracias, Marcela.
Hugo W. Arostegui
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Etiquetas del artículo: Navidad Fuente: Artículos Gratuitos Online de Articuloz.com Acerca del autor:Analista en Gestión de Empresas, Consultor en Economía,Líder Religioso,Teólogo,Administrador de Hospitales
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