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¿Dónde Está Dios?El mediodía de este jueves, durante el retiro, tuve una experiencia muy linda. Salí del Templo, donde estaba Jesús expuesto para la adoración. El sol otoñal lo invade todo. Hice unos metros y me acerqué a la tierra arada. La casa de Retiros está enclavada en medio de un campo. El sol me pegaba en la cara, con los ojos cerrados me dejé calentar suavemente por sus rayos. El viento suave me golpeaba el cuerpo. Mis oídos escuchaban un tero y una calandria a lo lejos. Entonces me sentí amado por Dios. Me vino a la memoria el salmo ocho, y lo recé: “¡Señor, nuestro Dios, qué admirable es tu Nombre en toda la tierra! Quiero adorar tu majestad sobre el cielo: con la alabanza de los niños y de los más pequeños, erigiste una fortaleza contra tus adversarios para reprimir al enemigo y al rebelde. Me sentí muy amado por mi Dios. Recordé que toda la creación es gracia, es decir, regalo de Dios para la humanidad. Y en ella el Señor se nos manifiesta como cercano y bondadoso. Comprendí las palabras de Pablo a los paganos de Listra (que había leído unos momentitos antes en la Capilla): “Amigos, ¿qué están haciendo? Nosotros somos seres humanos como ustedes, y hemos venido a anunciarles que deben abandonar esos ídolos para convertirse al Dios viviente que hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos. En los tiempos pasados, él permitió que las naciones siguieran sus propios caminos. Sin embargo, nunca dejó de dar testimonio de sí mismo, prodigando sus beneficios, enviando desde el cielo lluvias y estaciones fecundas, dando el alimento y llenando de alegría los corazones” (Hch 14,15-17). La creación, con su belleza y armonía me estaba hablando del Padre Providente. Yo, con los ojos cerrados pero los sentidos despiertos, me dejaba invadir por su presencia. Estaba extasiado pensando que ese era el mejor camino para llenarse del Señor cuando, de repente, siento una motito que se acerca por el camino. Abro los ojos y veo a un hombre con su hijo que pasa a mi lado. No alcanzo a cerrar los ojos, cuando detrás de mí sale el hermano que administra la casa, en auto, rumbo a la ciudad. Luego vuelve el silencio y la soledad. Me sonrío, porque me acuerdo aquello de Guardini: “el hombre es para el hombre el camino hacia Dios”. Me vienen a la memoria el relato de los discípulos de Emaús: la experiencia de Dios viene de la mano del encuentro con un hombre… el hombre que es Dios… el Resucitado… Jesús el Cristo. Entonces volví a comprender que la Gracia desparramada por el Señor en la belleza de la Creación se nos acerca de manera mucho mas concreta en su Hijo; en su Palabra Escrita que es la Biblia; en sus Sacramentos, que son signos sensibles de esa Gracia; en su Iglesia, que es el camino que El eligió para embriagarnos con el aroma de su amor. Loado seas mi Señor, por que te la ingenias para que, de una u otra manera, le tomemos el sabor a la dulzura de tu amor.
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Etiquetas del artículo: Dios, Experiencia, Encuentro, Mistica, Palabra De Dios Fuente: Artículos Gratuitos Online de Articuloz.com Acerca del autor:Sacerdote católico de la Arquidiócesis de Paraná, Argentina.
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