Duelo En La Madre, Duelo En El Hijo..

Posteado: 29/11/2009 |Comentarios: 0 | Vistas: 775 |

Este trabajo tiene como fin ubicar lo que acontece cuando el duelo de una madre se presentifica como duelo en su hijo. Cuando el duelo no tramitado de una madre hace que ella y su hijo devengan inseparables. Para ello se partirá de un caso clínico

Miriam consulta porque su hijo Martín de 11 años presentó una situación inquietante en el colegio. Cuando la maestra le pidió una tarea y vio que la misma estaba incompleta, Martín se puso de rodillas y mientras se golpeaba en la cabeza con la carpeta, pedía a la maestra que “por favor, no dijera nada a los padres.”

Este hecho y la derivación por parte del colegio, para que Martín comience terapia, angustian mucho a la madre. A la primera entrevista asisten ambos padres. Miriam toma la palabra y manifiesta su preocupación por la dificultad que presenta Martín para aceptar los límites. Refiere que en la infancia, madre e hijo, fueron muy compañeros y que ahora “todo es mamá, siempre es mamá”. Comenta como dato picaresco que, durante el embarazo de Martín, se hizo difícil saber el sexo del bebe, porque “en la ecografía no se dejaba ver”. Cuando se la interroga sobre la alimentación del niño en sus primeros días de vida, Miriam remarca su sufrimiento por haberse quedado sin leche en el quinto mes. Dice: “nunca lo termine de llenar”.

En la actualidad, lo que aparece, en palabras de la madre, es que su hijo tiene un miedo tremendo a no poner contento al entorno. “Le cuesta mucho lengua” “le cuestan las consignas” “le pregunta todo a la maestra”.

El entorno familiar de Martín se completa con una hermana un poco mayor que él, 12 años. Su madre comenta que “ambos hermanos se viven peleando”, “Andrea es una luz”, “es normal, no como Martín” “nunca estuvo avergonzada del hermano”. Miriam comenta haber tenido una caída de panza, durante el embarazo, que motivó la cesárea. Aclara: “le hecho la culpa a esta caída”. 

¿Qué referir de la figura del padre? Jorge deja hablar a su mujer; pero interviene cuando se trata de mostrar sus expectativas respecto de Martín. Comenta que fomenta el que su hijo se pelee antes que se deje pegar. Se trata, según sus palabras, de abrirle los ojos para que se vaya defendiendo, ya que no todo es juego: “siempre fue el que cobró”. Alude, también, al cariño que Martín demuestra por su madre: no se va a dormir sin, antes, darle un beso y decirle: “te amo”. Jorge aclara que se hace el celoso, aunque agrega que ve con agrado que su hijo no se muestre igualmente afectivo con él: “no me gusta porque lo hace muy maricón”.

Y, ¿qué decir de Martín? Su interés principal pasa por los dinosaurios. Sabe los nombres de los mismos y tiene su cuarto lleno de ellos. Es por ese resquicio por donde el analista se inserta. En el interés por revistas de dinosaurios se abre la posibilidad de escenificar un juego con algunas figuras proporcionadas por el analista. El juego principal, con el que se abre la sesión, consta de un dinosaurio que es ubicado en el medio, mientras otros dos intentan devorarlo. Uno por la cabeza, otro por cola. El dinosaurio ubicado en el centro es una figura cuya boca está cerrada. Respecto de los otros dos dinosaurios que intentan devorar al ubicado en el centro, se observa que siempre hay presente un “triceratops” que intenta incorporarlo, comerlo, devorarlo por detrás. Agreguemos como dato central que el “triceratops” es un dinosaurio con cuernos y el favorito de Martín.

Es notable observar como Martín fuerza la boca de ambos dinosaurios para que entre la mayor parte de la figura que se encuentra en el medio. Lo que ocurre posteriormente es que un cuarto dinosaurio carnívoro: “T Rex”, ataca desde el medio al dinosaurio central y así logra su objetivo. Que consiste en devorarlo o trasladarlo a su territorio. Esto lleva a una lucha contra el “T Rex”, en la cual los dinosaurios son heridos, muertos y revividos con lo cual continúa la pelea, hasta que deben cooperar entre ellos, para evitar lo que acaece finalmente… la muerte de todos a manos de un meteorito o de una caída en la lava, desastre natural que termina con todo. Este punto marca el fin del juego, y el pedido, por parte de Martín, de un juego de mesa, especialmente “Damas”, donde paciente y analista juegan en forma conjunta. Martín presenta dificultades para elaborar su estrategia, en tanto pequeñas dosis de angustia aparecen tras la pérdida de las fichas.

Es de tener en cuenta una particularidad del juego de los dinosaurios, que consiste es que el “T Rex” nunca podrá devorar al “triceratops”, lucharán, y ante la presencia de la lava o el meteorito, será el triceratops quien intentará salvar infructuosamente al “T Rex”, puesto que, o los alcanzará la lava o el meteorito los aplastará. Cabe aclarar que, en las últimas sesiones, se trabaja por la supervivencia del dinosaurio con cuernos.

Hasta aquí el extracto clínico. Es momento de desarrollar algunas consideraciones en relación a lo expuesto.

Conforme los tres tiempos del Edipo, el niño comienza como súbdito, sometido al capricho materno, hasta que la palabra del padre interviene allí para aclarar las cosas. Es su prohibición dirigida a la madre: “no reintegrarás tu producto” lo que reubica al niño en lo que respecta a ser el objeto de la madre. Para que esto se produzca, es condición que el Padre, en su dimensión imaginaria, opere. “Es Un padre entonces, Sostén y Transición desde lo Imaginario a lo Real, privando y permitiendo a la madre el uso de algún objeto sustituto en su lugar.” “Ese padre como piso, sostiene y separa al niño de la madre como Suelo, hace corte”, dice Mónica Peisajovich en su  texto: “Más acá o más allá de Un Padre”.

¿Qué muestra Martín? Que el PI opera en déficit, en tanto se encuentra obstaculizada la separación necesaria entre Madre e hijo. “Del imaginario de la madre va a depender la estructura subjetiva del niño” (Lacan, Seminario XIV). Martín no es “normal”, no se ve del todo, porque su madre tapona allí donde el padre flaquea.

La privación materna: el sujeto infantil la asume o no la asume, la acepta o la rechaza. Que el padre imaginario haya operado en menos, debe articularse con la posición del sujeto respecto de la privación sufrida por la madre. Martín “pregunta todo a la maestra”, “debe contentar al entorno”, salvar al “T Rex” del desastre natural. Si no lo logra, aparece la angustia.

¿Por qué aparece allí la angustia? En el seminario 10, al retomar el estadio del espejo, Lacan dirá que la angustia surge en el lugar del menos-phi, punto donde tiene lugar la castración imaginaria. Conforme el esquema óptico, lo que el sujeto tiene frente a él nunca es más que la imagen virtual  i´(a) ya que la imagen real, soporte del deseo del Otro, no pasa al otro lado del espejo.

En el lugar del menos-phi es donde algo del objeto puede aparecer. Presencia del lugar de objeto que somos para el Otro. Dirá Lacan: “El objeto a (…) es también el cebo con el que retienen al Otro.” Cuestión que se articula con lo anteriormente expuesto. Miriam no pudo llenar a Martín. Punto de frustración donde no respondió. Angustia de la Madre donde Martín desfallece ante la demanda materna constituyéndose en ese objeto que debe colmar, revelando el no colmamiento de su madre en los primeros tiempos de su vida.

¿Qué lugar presenta Martín para su madre? El lugar del no normal. No es una luz como su hermana, está a la sombra de su madre. Toda falta lo confronta con la imposibilidad de colmar la falta materna. No se puede faltar, ni en la escuela ni en el juego de mesa.

Así, hay madre que no puede llenar, e hijo que no logra colmar: banda de Moebius en donde no hay corte.

Abordando el juego de los dinosaurios, se observa, en el decir de Martín, que el “T Rex” es la hembra madre; el dinosaurio que no puede abrir la boca es macho, representa al padre, y el lugar del propio niño es el del triceratops que intenta devorar al padre y poner un coto a la madre. Triceratops significa: “cara con tres cuernos”, los tres cuernos que mantienen a raya al “T Rex”, que lo hiere, pero que no lo mata. Y es porque también es dable pensar tri (padre-madre-niño) cero. Allí donde el padre no abre la boca, la madre devora pero no-todo. Porque, en su cuarto con los dinosaurios, y en sesión con el analista, Martín se sustrae en parte de esa voracidad. En parte, porque la muerte del “T Rex” en el juego es seguida por la muerte del triceratops que lo representa. Muerta la madre, muerto el niño en tanto “objeto a” de la madre.

El juego es la llave que abre la puerta al sentido del Otro, al permitir desprender el objeto sin horror porque constituye la ausencia. Articulando con los tres pisos de la división subjetiva, el Goce de la voracidad materna, representada por el “T Rex”, no alcanza al triceratops que le hace frente con sus cuernos, lucha primero e intenta salvarlo, pero no puede, pues se hunden en la lava o son sorprendidos por la repentina caída de un meteorito por sobre sus cabezas. Punto de angustia, cese del juego, barradura del Otro que debe ser sostenido aunque sea insoportable. Angustia frente a la cual surge la inhibición. Inhibición como defensa que oculta tras de sí la posición del deseo anal, en tanto deseo de retener el objeto primordial que se es para ese Otro, y que le dará su valor.

¿Qué agregar respecto de la madre, en tanto no se ha hablado todavía de su duelo? En una entrevista posterior con Jorge, se informa al analista de los problemas económicos de la familia. Miriam, según su esposo, “gasta más de lo que gana. Siempre fue así pero ahora se nota”. El dice que su mujer “está muy nerviosa”. Esto deviene en discusiones en las que Jorge prefiere retirarse porque “se pone muy loco.”

Al ser interrogado sobre la historia familiar de Miriam, Jorge comenta que hace cinco años murió su suegro, quien, según él  “era un maldito”: “Un hombre que no quiere ver a sus nietos, es una basura”. Según refiere, se separó de la madre de Miriam dejando a la misma y a las hijas. Posteriormente reapareció, estuvo presente en la boda y regaló el viaje de la luna de miel.

Estos pequeños comentarios permiten ubicar, del lado de Miriam, ese gastar más de lo que se gana, en tanto exceso, correlato del nerviosismo que la aísla de su partenaire. Detrás de Miriam se encuentra el agujero real que la muerte de su padre dejó en ella y que descoloca a su marido, que no sabe porque su mujer ya no sale con él, bajo la excusa de que sus hijos no pueden quedar solos.

En una entrevista posterior con Miriam, ella comienza diciendo que su hijo “es un dulce”; que le pregunta: “¿sos feliz?” y que se enoja si no le da un beso cuando se levanta. Luego, tras una interrogación por parte del analista sobre pérdidas familiares, Miriam refiere la muerte de su padre. Dice: “Me quedaron cosas pendientes” “siempre le voy a reprochar que se separó de sus hijos”. Comentario que la lleva al llanto y a su palabra: “todavía me cuesta”.

Entonces, del lado materno surge el duelo, el reproche a ese padre que se fue dos veces de su lado. Sufrimiento que convoca al niño a llenar el vacío presentificado en la locura de su madre. “¿Sos feliz?” es la pregunta incontestable que Martín intenta responder con su presencia, con sus notas en la escuela, con su ser.

En el  duelo se pierde la localización de la castración como falta paradigmática de la estructura neurótica, reenviando al sujeto a un lugar de privación. Pérdida de un objeto real, desastre natural que arrastra, tras de sí, a todos los dinosaurios.

Es preciso agregar que Martín viene a quedar ubicado en ese “todo que es mamá”, porque es diferente a los demás. Él es el que siempre “cobra”, al decir del padre, punto de identificación que implica el tener que pegar a otros para no ser menos. Allí donde la madre gasta de más, Martín cobra en más.

De lo que se trata, entonces, es de que Miriam pueda hacer el duelo por ese padre, subjetivar esa perdida, donde el objeto no es sustituible porque reviste la condición de único, para dejar ir a su hijo hacia la luz en vez de acunarlo en su sombra.

Será el duelo de la madre por la muerte de su padre y ese hijo y el duelo de ese hijo respecto del objeto que es para esa madre, lo que permitirá la constitución de este último como sujeto, para que la lengua le cueste menos y sostenga la seguridad de su decir.

El juego es una operación esencial, en tanto permite que la pérdida se produzca del lado del niño, o sea, que el juego se instituya como llave para su pequeña vida, justo ahí donde el Otro retaceó su donación.

Bibliografía

Lacan, Jacques: Seminario V, Las formaciones del Inconsciente. Edit. Paidós. 2005

Lacan, Jacques: Seminario X, La angustia. Edit. Paidós. 2006

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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