Duelo. El Horror De La Pérdida Del Objeto De Amor: La Muerte Propia En La Finitud Del Otro

Posteado: 21/12/2011 |Comentarios: 0 | Vistas: 405 |

 

«Pues
la muerte no es algo que hayamos rosado, con lo que nos hayamos codeado, de lo
que nos habríamos librado, como un accidente del cual se saliera ileso. La
hemos vivido…No somos supervivientes, sino aparecidos […] pues no es algo
creíble, no es comparable, apenas comprensible, puesto que la muerte es, en el
pensamiento racional, el único acontecimiento del cual jamás podremos tener una
experiencia individual… que solo puede ser aprehendido bajo la forma de la
angustia, del presentimiento o del deseo funesto…En el modo del futuro
anterior…"». Jorge Semprún

Uno de los acontecimientos ideológicos y socioculturales más importantes de México ocurre a principios de Noviembre, cuando se habla en acto sobre la muerte, sobre nuestros muertos, sobre aquellos a quienes nos tocó enterrar o hacer el ritual correspondiente que depende igualmente de la ideología de sus condolientes.

Hablar de muerte en México pareciera ser una cosa sencilla, que en esa fecha, deja a un lado el llanto y el dolor de la pérdida para convertirse en un día festivo que conmemora a los difuntos y de los que sólo tenemos la certeza de que ya no están. Y es justamente una promesa la que inhibe el dolor en esas fechas, pues según la ideología es cuando las almas regresan a compartir un día con nosotros, los vivos.

Esta idea, costumbre, tradición, de la que aparentemente se habla no es más que la negación de la muerte, por lo irreparable que resulta la pérdida humana, y entonces pensar en su regreso implica pensar en que está en algún otro lugar, sin cuerpo, aunque en esa completud (cuerpo y alma) se le recordara siempre, hasta que llegue el día en que a otro le toque hacer el mismo ritual por uno mismo. De esta manera se niega la finitud del otro, nos negamos a quedarnos sólo con  la representación del otro, de lo que el otro nos significaba y de lo que el otro nos constituía, y es que el hablar en acto de la muerte de los demás  es la única posibilidad que tenemos ya que estamos impedidos a hablar de nuestra propia muerte, pues ese duelo ya le tocará a alguien más.

Decía Freud en Duelo y Melancolía (1917[1915]) que "El duelo es, por regla general, la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción." Esta reacción puede darse de distintas formas, algunas veces desgarradoras imágenes de dolor nos  royectan los demás cuando la pérdida en reciente, es menos común que pasado el tiempo se recurra a semejantes actos desesperanzadores en el sujeto doliente, pero esta actitud es lo que Freud denominó melancolía, que según sus propias palabras "se singulariza en lo anímico por una desazón profundamente dolida, una cancelación del interés por el mundo exterior, la pérdida de la capacidad de amar, la inhibición de toda productividad y una
rebaja en el sentimiento de sí que se exterioriza en autorreproches y autodenigraciones y se extrema hasta una delirante expectativa de castigo.
" Pero al duelo, Freud no lo considera un estado patológico.

La pérdida de un ser querido, por muerte, puede llevar a una persona a tomar una actitud patológica en su vida y que incluso llega a parecer una conducta normal ante el horror de la perdida de una persona amada, el duelo, dice Freud (1917[1915]) "trae consigo graves desviaciones de la conducta normal en la vida, nunca se nos ocurre considerarlo un estado patológico ni remitirlo al médico para su tratamiento. Confiamos en que pasado cierto tiempo se lo superará." Cuando el trabajo de duelo no se hace, se corre el riesgo de entrar en un
estado de melancolía y esa actitud, en su crudeza, revela el dolor insoportable
de la pérdida.

Pero ¿por qué el duelo tiene tintes dolorosos?

La muerte llega a ser un acto que irrumpe, algo inesperado, que queda fuera del alcance de asimilación de los sujetos. Dice Fabiana  Rousseaux (2001)  "la muerte es un agujero que se produce en lo real. El duelo es un agujero en lo simbólico".

Hoy en día los duelos se viven de manera distinta, tal parece que la sociedad globalizada y la ideología contemporánea derivada del mercado ha dado pauta para que se viva distinta el duelo, nuestra actitud ante la pérdida, en primera considero que tiene que ver con lo que Luis Tamayo (2002) llama la cosificación del otro, donde al otro se le da la característica de cosa y se le apropia, en un sentido de pertenencia que tiene que ver con el egoísmo inherente a la
naturaleza del ser humano y por dicha cosificación y apropiación marcadas por el mercado también se les atribuye la característica de desechables, El amor u otro vínculo afectivo que se comparte con otro ser se ha vuelto desechable, fácil de intercambiar y de encontrar una nueva prótesis.

El sujeto siempre requiere al otro como auxiliar, modelo, objeto, enemigo. Nunca podrá ser autosuficiente porque va a depender del otro. El sujeto esta intrincado por el otro, esta constituido del otro y a su vez constituye al otro. La ideología posmoderna refleja que el amor hacia uno mismo nunca termina, pues, incluso, por lo anterior, amar al otro significa amarse a uno mismo.

En el malestar en la cultura Freud cuestiona el amor al prójimo, pues, el amor es algo valioso como para desperdiciarlo de forma indiscriminada, tomando en cuenta que el otro, además, ni siquiera lo merece y solo en medida en que el prójimo se parece a uno es que se puede amar, solo si funge como espejo, si hay identificación, a manera narcisista se logra el amor.  

Perder entonces al otro hecho del yo mio, es lo insoportable, es lo doloroso. Con la muerte del otro también se muere una parte del propio sujeto.

Freud en el malestar en la cultura (1930) señala que el sufrimiento viene de tres lados: desde el cuerpo propio, desde el mundo exterior o desde los vínculos con otros seres humanos. Hablar de duelo por pérdida humana significa hablar de dolor, de sufrimiento por la incapacidad de aprehender al objeto de amor, por el dolor que provoca la finitud del vínculo humano con otros seres y que implica que los actos de amor hacia ese objeto ya no podrán efectuarse más. La imposibilidad de acceder a ese objeto causante de deseo con la muerte (que hace corte en lo real) se da también el corte en lo simbólico.

 

"Cuando se atribuye al mundo exterior lo que se ha generado dentro del yo, y debiera ser reconocido por él,…nace la tendencia a segregar del yo todo lo que pueda devenir fuente de
displacer, arrojarlo hacia afuera, formar un yo placer al que se contrapone un ahí-afuera, ajeno, amenazador."[1]

Dicho de otra forma, el yo tiene la cualidad de deshacerse del mundo exterior, de todo lo que cause displacer  y atente contra su bienestar. Alcanzar la dicha, conseguir la felicidad y mantenerla es el fin y propósito de la vida de los sujetos, eso es lo que exigen de la vida, lo que quieren alcanzar, al mismo tiempo que tienen la meta de evitar vivenciar el dolor y displacer. Pero cierta parte de la pulsión es dirigida al mundo externo en forma hostil, agrediendo y destruyendo (pulsión de muerte). Así, esta pulsión está obligada a ponerse al
servicio del eros, en medida en que se aniquila a otro y no a uno mismo, si al contrario, la pulsión hostil hacia afuera se inhibe, no hay más consecuencia que la autodestrucción, pues esa pulsión de muerte que se descarga en el yo se remite a uno mismo y puede devenir en ansiedad, angustia, depresión y demás formas variadas de autodestrucción y displacer.

Todos los seres humanos vivenciamos en el cotidiano pérdidas, e incluso, hay duelos que pasamos por alto porque parecieran no causarnos mayor displacer, pero al final de cuentas, es la actitud desoladora que provoca  la pérdida lo que lleva a los sujetos a análisis, el duelo es la falta, el agujero simbólico muchas veces insoportable para el ser humano que puede dar cuenta del dolor, del malestar, de la pérdida, porque ya antes vivenció lo contrario.

Dice Lacan (1961) que el trabajo de duelo se realiza "pieza por pieza, signo por signo, ideal por ideal". Ese agujero simbólico que es el duelo dice Fabiana  Rousseaux (2001) "es el comienzo de un trabajo de movilización significante para intentar bordear algo de ese agujero".

La muerte es un acto  que puede desinscribirse una vez que el sujeto ha arribado  a su
reconocimiento dice Fabiana  Rousseaux (2001).

Lo que represento un muerto en la vida no puede sustituirse, no se puede hablar de olvido como forma de enfrentar la pérdida porque una persona nunca significa lo mismo que otra aunque pasen a cumplir "el mismo rol" en la vida de un sujeto. El objeto no se sustituye por otro, ni se olvida para superar el dolor que provoco su muerte, lo que propone el psicoanálisis es reelaborar la pérdida, simbolizar de manera distinta la pérdida del objeto y relacionarse de manera distinta con él para evitar el recuerdo doloroso. El duelo no tiene un fin, solo cambia la forma de inscripción de ese duelo. Se desisncribe de una forma para devenir en otra menos perjudicial.

Freud (1917[1915]) señala que en la labor del duelo "…el examen de realidad ha mostrado
que el objeto amado no existe ya" haciendo énfasis en la certeza de esa pérdida como punto importante en el trabajo de duelo. Es la certeza esa verdad necesaria para aceptar y reconocer la muerte. Es compleja de aceptar por el hecho de ser parte de una herida narcisista, porque nos manifiesta la no eternidad de nuestro ser corporal.

 "La muerte, al contrario de lo que comúnmente se piensa en la actualidad, es una
instancia dadora de sentido ... puede reorganizar positivamente el significado
de la existencia, permitiéndonos valorar y apreciar esta vida de un modo nuevo
y a la vez más real y profundo."

Desconocido

BIBLIOGRAFÍA:

Freud, Sigmund, (1917[1915])
"Duelo y melancolía". Tomo XIV. Obras Completas. Ed. Amorrortu

El psicoanálisis y el hospital. "El ser hablante y la muerte". Publicación semestral de practicantes en instituciones Hospitalarias. Año 10-Nº 20. Noviembre de 2001

Freud, Sigmund, (1930). "El malestar en la cultura", Tomo XXl. Ed. Amorrortu

Tamayo, Luis. (2002). "Del síntoma al acto". Cap. IV. La locura de Dionisio

Freud, Sigmund, (1920). "Más allá del principio del placer", Tomo XVlll. Ed. Amorrortu

Lacan, Jacques. Seminario VIII. La transferencia. Clase 28 de Junio de 1961


[1] Freud, Sigmund, (1930). "El malestar en la cultura", Tomo XXl.
Ed. Amorrortu

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