Un Futuro Más Que Imperfecto
Aunque por razones cronológicas a uno ya le queda poco futuro, por deformación intelectual y hasta ética le preocupa el de los demás. Y la verdad es que lo veo poco halagüeño.
No se debe a que uno se comporte como un apocalíptico, en terminología de Umberto Eco, ante un mundo cambiante que le desborda, sino que el fin de la historia, que diría Francis Fukuyama, parece el preludio de otra que camine en sentido inverso: hacia la fragmentación del conocimiento, con el tribalismo y los prejuicios ideológicos como formas de conducta.
Dicha la parrafada que antecede con toda la pomposidad que se le supone, a nivel práctico significa que cada vez nos cuesta más entendernos a unos con otros. Eso no sucedía ni en los momentos más gélidos de la guerra fría, en que capitalistas y comunistas compartían una historia y una cultura comunes, que iba desde Adam Smith hasta Carlos Marx, pasando por la revolución industrial de Manchester. Tampoco en el plano de psicología social había diferencias mayores que entre psicoanalistas y conductistas, herederos los primeros de Sigmund Freud y los segundos de Ivan Pavlov, primos hermanos, como quien dice.
Ahora, en cambio, hemos multiplicado nuestros prejuicios con creencias excluyentes, que van desde las irreconciliables escisiones del islamismo hasta nuevas religiones a la carta que predicen catástrofes milenarias que, aunque no ocurran, sí que llevan a la catástrofe personal a muchos de sus fieles creyentes.
En nuestro ámbito más doméstico, puestos a buscar antagonismos hasta hemos recreado la historia a gusto de cada grupo, facción o individuo y hemos parcelado el patrimonio común, intentando poner no ya puertas al campo, sino a los ríos que, pese a nuestro tozudo empeño patrimonialista, no dejan de fluir hasta el mar, que es el morir, como decía el poeta.
Ya ven cómo estamos complicando las cosas, en vez de hacerlas más sencillas, que era lo que se suponía había de aportar la revolución tecnológica, desde las escaleras mecánicas de los grandes almacenes hasta la red de redes del conocimiento global.
Pues no. Muchos de nosotros, por no compartir, no queremos hacerlo ni con la nacionalidad. En algún viaje de tour operators, uno oye a veces al guía de turno que pregunta al grupo: “¿Españoles?”. Entonces suele haber alguna airada protesta: “No. Somos catalanes”. O “vascos”. O extremeños, o de Ciempozuelos. La absurda competición consiste en ser tan diferente como el que más, como si eso comportase algún elemento añadido, alguna ventaja, siquiera moral, cuando no simplemente una presunta superioridad intelectual, cultural, étnica o histórica.
De eso, sin pretenderlo, tratan bastantes artículos de este libro, publicados aquí y allá y que, por fortuna, no se han topado con cancerberos ideológicos que hayan pretendido proteger de su lectura a los inocentes compradores del periódico respectivo. Gracias por ello.
Claro que en estos tres últimos años, pese a una selección bastante estricta, ha habido otros temas y otros problemas que, de una u otra forma, han quedado recogidos en este libro. Su mismo índice evidencia ya que, entre la amnesia de aquello que no nos interesa y la memoria de aquello otro que no nos conviene, son bastantes los despropósitos que se suceden día a día en nuestra vida.
Finalmente, el haberlos recopilado aquí resulta una última impertinencia, lo sé, porque en sí mismos constituyen un muestrario de impertinencias varias. Pero qué le vamos a hacer si así es el mundo en que vivimos o, al menos, cómo ve un servidor este mundo en que le ha tocado vivir.
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Un llamado de atención hacia la tendencia a delegar la solución de nuestros problemas en otros. Algo que puede llevarnos a la ruina personal y nacional.
Las elecciones que se avecinan, para el próximo primero de julio donde elegiremos al próximo presidente de la república mexicana, se presentan como una contienda cerrada donde los candidatos deberá jugarse sus mejores cartas, y donde la ciudadanía con su voto ejercerá supuestamente el papel protagónico.
Las peligrosas similitudes de la Unión Europea con algo más que un club de países. Sus requisitos a menudo irracionales y el riesgo de cumplirlos o abrirse.
Una historia verídica que ilustra la indefensión del trabajador frente a un despido improcedente cuando aún no se había aprobado la actual reforma laboral. La incertidumbre de qué pasaría con el actual marco legal en una situación similar.
un análisis de la entrada de los neo nazis en el Parlamento griego, y el peligro del alza de los extremismos en Europa, teniendo en cuenta la percepción del votante de falta de otras alternativas políticas
Yo estoy indignado porque los políticos se jubilan con maravillosas pensiones por ellos creadas, yo estoy indignado porque cuando salen los políticos de esos lujosos edificios donde se asientan las autonomías españolas (en número de diecisiete, que existen en nuestra "España pobre"),ellos y ellas van elegantemente vestidos como jamás pensaron: con trajes de alpaca los primeros, con modelos ‘loewe' las segundas: todos, desde luego, últimos modelos, y pagados con los dineros de los contribuyentes
Para nosotros los mexicanos hablar de política es casi casi un suicidio por que como quiera que sea nos tienen llenos de miedo para no poder decir nada al respecto, pero…. ¿Hasta donde es capaz de aguantar el mexicano esta represión?... con tantas alzas en la gasolina y en los productos de la canasta básica, con tanto asesinato, con tanta delincuencia…. Pero como siempre nunca decimos nada.
"Los ciudadanos, muchas veces, no queremos que nos representen personas como nosotros, sino tipos inalcanzables que, vaya a saberse por qué, suponemos que son mejores que nosotros mismos".
"Los ciudadanos, muchas veces, no queremos que nos representen personas como nosotros, sino tipos inalcanzables que, vaya a saberse por qué, suponemos que son mejores que nosotros mismos".
"En vez de echarse la culpa unos a otros nuestros políticos deberían decirnos humildemente a los ciudadanos: "Lo sentimos, lo hemos hecho mal".
"Ignorar a los mercados —y, pero aun, intentar "doblegarlos" — es un ejercicio tan inútil como oponerse a la ley de la gravedad".
"Las formas muchas veces son tan importantes como el fondo de cualquier cuestión. Los que tuvimos la oportunidad de conocer al presidente catalán Josep Tarradellas, defensor a ultranza del protocolo institucional y de la cortesía parlamentaria, le oímos decir más de una vez: "En política, cuando se pierden la urbanidad y las buenas maneras también se pierde la razón".
"Hasta hace bien poco, las opiniones y hasta los pensamientos de unos y de otros estaban condicionados por sus respectivas anteojeras ideológicas, como las de los forofos de cualquier equipo de fútbol".
"Si se generalizase de forma arbitraria el referendo como medio directo de acción política, el caos acabaría imponiéndose sobre el sentido común".
"El abandono de las respectivas carreras es el doble que en el resto de Europa, el paro entre los titulados superiores llega al 21% y no hay ninguna universidad española entre las 150 mejores del mundo".
"Nos guste o nos desagrade, aún somos un país de pícaros y trapisondistas, más parecido a la corte de los milagros de Valle-Inclán, que a una sociedad solidaria, equitativa y justa".

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