Turquía y la cuestión del Kurdistán
Londres.- Este fin de semana Turquía bombardeó aldeas kurdas del norte de Iraq advirtiendo que podría enviar allí tropas. Lo ocurrido puede generar una mayor crisis en el Medio Oriente.
El Kurdistán es la nación sin Estado más grande del mundo. Hay 25 millones de kurdos repartidos entre Turquía, Iraq, Irán, Siria y la ex URSS. En el único de todos esos países donde los kurdos han conseguido autonomía es en Iraq.
El presidente de Iraq es el kurdo Jalal Talabani y en el norte de esa república impera la bandera y el idioma kurdos. Turquía es quien más recelo tiene de ello pues su república es la que más kurdos tiene (los mismos que allí dominan su sudeste y pueden sobrepasar los 10 millones de personas).
El imperio otomano, que tradicionalmente alentó la diversidad lingüística y religiosa, durante la I Guerra Mundial (1914-18) fue cambiando radicalmente su política hacia una que impulse la homogeneidad étnica. Su país, quien fue la sede de la segunda Roma (Constantinopla) y de dos de las comunidades cristianas más antiguas (la armenia y la ortodoxa), terminó librándose de casi toda su población no musulmana en 1915-23. Primero se exterminaron a un millón y medio de armenios y luego se expulsaron a más de un millón de griegos que vivían en sus costas desde hacía tres milenios.
La única minoría importante que hablaba otra lengua materna ha sido la de los kurdos. Oficialmente Ankara les considera como otra tribu turca aunque el idioma que hablan se le parece más a uno de Europa o India que al suyo propio.
Desde 1984 el Partido de los Trabajadores Kurdos (PKK) inició una insurgencia separatista, en cuya guerra ya han muerto más de 35,000 personas. Uno de los factores que impide que Turquía entre a la Unión Europea (UE) es la forma en la cual ésta trata a sus minorías. La UE quisiera que Ankara siguiese el camino de Madrid o Londres resolviendo el conflicto brindando cierta autonomía territorial, cultural y lingüística a los kurdos.
Turquía ha sido un aliado clave de los EEUU. Las bases norteamericanas que ésta permitió colocar en su suelo apuntaron contra el vecino soviético. La ayuda de Ankara fue vital para que Washington gane la guerra fría y se derrote a los soviéticos en Afganistán. Hoy le es esencial en las invasiones a Afganistán e Iraq. El 70% del suministro norteamericano que llega a este último país pasa por su república.
Turquía, a su vez, es el modelo republicano y secular que Occidente quisiera para el mundo islámico. Tras haber sido durante medio milenio la sede del Califato islámico, Turquía abolió los poderes hereditarios y la subordinación del poder a la mezquita. También remplazó el alfabeto arábigo por el latino y buscó una sociedad más europeizada y occidentalizada. Esta ha sido uno de los primeros estados mahometanos en llevarse bien con Israel y también representa el ejemplo opuesto que Al Qaeda encarna.
Washington nunca se ha hecho de muchos problemas ante las constantes denuncias que Turquía masacra poblaciones kurdas o cuando esta república ha incursionado en el norte de Iraq. El PKK es considerado en EEUU como una organización terrorista.
Sin embargo, la cuestión kurda ha ido dando cierto giro tras la invasión anglo-americana en Iraq en el 2003. De las tres etnias que componen Iraq (árabes chiitas, árabes sunitas y kurdos) la última es la que más tolera a los EEUU. En sus zonas es donde menos atentados hay y donde más simpatías pueden contar los ocupantes. Los dos grandes partidos kurdos (el ‘patriótico’ y el ‘demócrata’) son aliados indispensables de la Casa Blanca y sin ellos se desplomaría su gobierno aliado en Bagdad.
Ankara cree que si ésta incursiona en el norte de Iraq, EEUU podría verse obligado a aceptar ese hecho consumado de la misma manera que lo hace con Israel. No obstante, los kurdos de dicha zona no son palestinos liderados por ‘anti-imperialistas’ e islamistas, sino la población menos anti-norteamericana de Iraq y posiblemente de todo el entorno.
La hostilidad turca al Kurdistán iraquí tiene otro trasfondo. Ankara teme que el ejemplo autonómico nor-iraquí pueda contagiar al sudeste kurdo de su república. Además, el Kurdistán iraquí pretende anexarse Kirkuk y su entorno donde está la segunda reserva petrolífera de la Mesopotamia. De lograrse ello el poder económico de dicha región sería mucho mayor y podría sentar las bases para una futura independencia.
En Kirkuk y su entorno hay una fuerte minoría de habla turca que es hostil al Kurdistán y que Ankara quiere azuzar contra los kurdos.
Ankara teme una solución al problema kurdo que se de cómo la que resolvió la cuestión polaca al fin de la I Guerra Mundial. Después de 1918 se permitió la creación del estado polaco juntando territorios que anteriormente fueron parte de los imperios de Berlín, Viena y Moscú.
El asunto turco también ha generado una ‘guerra’ en el congreso de EEUU. Bush está interesado en mantener buenas relaciones con su aliado y busca llegar a un acuerdo con Ankara para evitar que ésta incursione en Iraq. La Casa Blanca les dice que ellos han hechos concesiones a los kurdos iraquíes pues son sus mejores aliados en ese país pero que quieren limitar su influencia.
Sin embargo, los demócratas (que quieren humillar a los republicanos para desplazarlos del poder) se oponen a la ocupación de Iraq y proponen otra política. Una forma de golpear a su rival Bush es queriendo hacer aprobar una resolución que condene a Turquía de ‘genocidio’ por que ésta ejecutó el exterminio de su población armenia hace 92 años.
El hecho que durante casi un siglo Washington no haya reconocido reconocer oficialmente al holocausto armenio es una contraposición a lo que hizo ante el genocidio nazi de más de seis millones de judíos. Esto último es algo esencial en la diplomacia y cultura norteamericanas y Washington se ha valido de ello para justificar su participación en la II Guerra Mundial (incluyendo haber sido el único país en la historia en haber lanzado bombas atómicas contra civiles) y para avalar la creación y desarrollo de Israel.
Mientras Alemania oficialmente se ‘avergüenza’ del holocausto nazi y ha reparado materialmente a sus víctimas, Turquía no quiere reconocer el genocidio armenio y persiste en un mal trato a sus minorías. Tanto Berlín como Ankara son claves socios de Washington. Más, en el primer caso esta alianza se dio en base a que los norteamericanos primero aplastaron militarmente a los nazis y a que luego ocuparon y re-estructuraron Alemania. En cambio, en el segundo caso Ankara nunca ha sido ocupada aunque tras la I Guerra Mundial varias ciudades suyas fueron ocupadas y su imperio fue repartido entre París y Londres.
En 1922-23 Turquía abolió formalmente el sultanato y se transformó en república. Las tropas de ocupación fueron obligadas a salirse a la par que Ankara aceptaba la desmembración de todos sus anteriores territorios que antes iban desde Iraq hasta el norte africano. Dicha república nació organizando junto a Grecia un intercambio de nacionales, el mismo que produjo el éxodo de más de dos millones (de turcos desde Grecia y de helenos desde la Anatolia). Desde su gestación esta república no fue cuestionada por practicar las limpiezas étnicas.
Si el holocausto armenio sirvió de ejemplo para que los germanos hicieran luego un exterminio con métodos más ‘modernos’, la expulsión masiva de nacionalidades sirvió de modelo para que la que después de la II Guerra Mundial sufrieran los germanos y magiares de Europa oriental y para la que India y Pakistán hicieran en 1947 y aún es vista como una inspiración para la que algunos ultra-nacionalistas hebreos quisieran hacer ‘transfiriendo’ totalmente a los palestinos.
Mientras Hollywood y la TV norteamericana constantemente producen filmaciones de alta calidad sobre los campos de exterminio de Hitler nunca han hecho nada sobre la manera en la que se ejecutaron a todos los niños y civiles armenios extinguiendo casi dos milenios de presencia armenia en la actual Turquía y sentando el ejemplo que luego la Esvástica haría en la II Guerra Mundial.
El giro de los demócratas podrá querer ser presentado como que por primera EEUU se ‘recuerda’ de ello o como un intento de corregir un error, pero es parte de una maniobra política para minar la diplomacia bushista. La forma en la cual los republicanos se oponen a la resolución congresal que calificaría como ‘genocidio’ al holocausto armenio es instructiva. Aducen que ello dañaría las resoluciones con un gran aliado en la lucha contra el terror. Sin embargo, la matanza de los armenios supera ampliamente en horror y números a la suma de todos los atentados hechos por minorías ‘terroristas’ en toda la historia.
Si antes Washington avaló tiranías anticomunistas como aliados en la guerra fría, hoy la Casa Blanca puede ignorar a ciertos países cuando practican el terrorismo de Estado a condición que le secunden en sus guerras contra Al Qaeda.
Si los demócratas antes avalaron buenas relaciones con Turquía ahora el tema del genocidio armenio y de la autodeterminación kurda puede servirles para socavar a sus contrincantes republicanos y para rediseñar una nueva política externa.
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"Los ciudadanos, muchas veces, no queremos que nos representen personas como nosotros, sino tipos inalcanzables que, vaya a saberse por qué, suponemos que son mejores que nosotros mismos".
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