LOS MENORES, VÍCTIMAS DE LAS DROGAS
Aunque el problema de la droga en España se remonta a 1973, es en 1975 cuando deja de ser para el tráfico de drogas un país de tránsito para convertirse en un país de destino, generando un mercado propio. Fue en 1974 cuando aparecieron los primeros indicadores indirectos sobre este problema: robos en farmacias, muertes por sobredosis, incautación de alijos, etc.
Los delitos y tensiones familiares en instituciones y colegios provoca en 1979 una presión social fuerte para que se tomen las medidas oportunas ante un problema que ya está en la calle. Pero llegados a 1980 nos encontramos con que la Administración todavía no había llegado a tomar las medidas oportunas a nivel de prevención, tratamiento o rehabilitación.
Hoy en día, a pesar de que existe un Plan Nacional sobre Drogas y Planes Autonómicos, todavía se continua aislando la drogodependencia como un problema en sí mismo, y no se le está dando respuestas efectivas desde todos los ámbitos de la vida social: familia, escuela, trabajo, ocio, vida comunitaria... sin hacer compartimentos estancos como si de una epidemia que afecta a ciertos individuos de tratase.
Así nos encontramos con que el problema de las toxicomanías afecta principalmente a muchos adolescentes y jóvenes de nuestro país, por ser estos más vulnerables. Aunque las drogas se consumen en todas las capas sociales, bien es cierto que los miembros de las capas más bajas sufren con mayor incidencia y estragos este azote de la era del consumismo.
En estos niveles socioeconómicos bajos o muy bajos, existen menores que sufren un largo camino de incomprensión, delitos y abandono. Son menores “de la calle”, de esas calles que han perdido la connotación de lugar de convivencia, calles de barrios dormitorios, de la inmigración, de las minorías étnicas, de los despreciados. Estas estructuras urbanísticas, de apelotonamiento, hacen que la situación no sea fácilmente modificable, pues las características fundamentales son: la falta de zonas verdes y de recreo, falta de políticas serias de juventud y de ocupación del ocio, escasez de perspectivas laborales, ningún recurso sociocultural y un largo abandono provocado por políticas sociales de carácter benéfico.
Es relativamente fácil encontrar en estos barrios niños y jóvenes marcados por una familia desestructurada, por un altísimo índice de fracaso escolar y por el rechazo social. Así, los jóvenes, están ante una indefensión total ante un problema tan real como son las drogas, que ofrecidas para su consumo por muy diversos canales.
Bastaría con dar lectura a algunas cifras sobre producción, venta y consumo de alcohol, anfetaminas y tabaco, los ingresos en Hacienda por estos conceptos o los números que mueve la industria de seguridad para empezar a considerar en sus justos términos la importancia social, económica y política de ese problema que luego se ofrece a la opinión pública disfrazado como un problema de jóvenes peligrosos, en peligro, inadaptados, delincuentes, etc. No estaremos muy desencaminados si consideramos las drogas y la inseguridad ciudadana como un problema de producción y consumo.
Cuando se comienza hablando de la peligrosidad de las drogas y de los toxicómanos, se termina el discurso sobre cómo encerrarlos o perseguirlos. De esta forma, el tráfico al por mayor queda fuera del discurso, lo que beneficia a los verdaderos delincuentes: los traficantes.
Hay niños entre 12 y 15 años que ya consumen alguno de los tipos de drogas, ya sea tabaco, alcohol o hachís, y muchos otros han tenido ofertas múltiples para aceptar o probar estas drogas. Esta oferta se presenta casi siempre en su medio habitual de relación, entre compañeros, por amigos o colegas (algunos de mayor edad que ellos). No se trata en los comienzos del consumo de un mítico traficante, sino que la incitación a probar se produce de forma natural entre el grupo de barrio o de la escuela o instituto.
¿Qué otra opción le ofrece a estos adolescentes el entorno para poder rechazar este riesgo, cuando los medios de comunicación (sobretodo la TV) le insiste diariamente que es mucho más importante tener que ser?. De ahí la incidencia alarmante de las drogas en este período de la adolescencia.
El papel de los educadores (padres, maestros, vecinos) resulta cada día más una necesidad social que debe ser cubierta con urgencia. La experiencia profesional en el trato con chavales avala esta afirmación. Por eso decimos que hay un hecho claro e indiscutible: la calle está contaminada y nadie parece tener querer darle solución al problema. Imaginemos el Río Lagares de Vigo, donde había distintos tipos de peces con más o menos defensas. Estos últimos sin apenas protección son los que nos interesan. Ellos no seleccionan lo que deben o no comer; sin embargo se adaptan mejor que el resto al río contaminado porque no han conocido otro río mejor. Estos peces son los que precisamente se comen los detergentes, las materias contaminadas que arrojan las fábricas de alrededor.
Cuando el alcalde se plantea el problema decide esconder el río, tapando el problema. No se le ocurre coger los peces y meterlos en peceras para que, una vez curados, devolverlos al río. Sería un planteamiento ineficaz porque el río sigue contaminado. Lo que sí podríamos hacer, y no se hace, es poner depuradoras para el agua del río.
Si aplicamos esta historia a los chavales: ¿no parece claro que a veces se esconde o se ignora el problema por parte de los que detentan el poder?
(Articuloz SC #145658)
La calle puede ser un lugar educativo, de paz, de armonia, donde las personas se relacionen sin conflictos graves, pero cada vez se dejan oir mas voces que denuncian una inseguridad creciente que parece no tener limite.
Hablar de causas del consumo de drogas resulta cuando menos aventurado. A la diversidad de factores conocidos, se une el hecho de que ninguno de ellos parece ser requisito necesario ni suficiente para dar cuenta del inicio en el consumo. En cada caso se da una combinación original de factores que explica su recorrido particular.
Si el Tiempo Libre como acción preventiva resulta costosa, más lo resultan los gastos y daños diversos ocasionados por la actividad delictiva de los menores, ya que no se trata sólo de daños personales, sino también materiales. La delincuencia no prevenida a tiempo puede resultar doblemente más costosa que la realización de programas preventivos.
La atención educativa del niño enfermo ha de ser parte integral del programa de tratamiento médico y constituir una labor compartida de los padres, profesores y personal sanitario.
Hablar de causas del consumo de drogas resulta cuando menos aventurado. A la diversidad de factores conocidos, se une el hecho de que ninguno de ellos parece ser requisito necesario ni suficiente para dar cuenta del inicio en el consumo. En cada caso se da una combinación original de factores que explica su recorrido particular.
Los objetivos educativos dependerán de las prestaciones de la institución a la que pertenece, del sector de población atendida, de la problemática, del rol que esté dispuesto a asumir (concepto de sí mismo, visión de la realidad, filosofía de vida, implicación...), etc.
La intervención familiar se inicia a través de la consolidación de un programa que permite sistematizar las primeras actuaciones. En otras palabras, para llevar a cabo un proceso de cambio en las familias es muy importante elaborar previamente cuáles son los pasos que se van a seguir en la intervención, o lo que es lo mismo, el planeamiento de la intervención.
La actividad lúdica foverece, en la infancia, la autoconfianza, la autonomía y la formación de la personalidad, convirtiéndose así en una de las actividades recreativas y educativas primordiales. En todas las culturales se ha desarrollado esta actividad de forma natural y espontánea, pero para su estimulación precisa de educadores y educadoras especializados que la dinamicen, de espacios, de tiempos idóneos para poder compartirla con compañeros y compañeras.
En España, al final de la década de los setenta, algunas instituciones públicas decidieron crear o subvencionar Ludotecas de carácter permanente. Tras los primeros estudios y posteriores experiencias, la idea se ha ido extendiendo y consolidando con distinto ritmo en las diferentes zonas.
No es por casualidad que hemos sido creados como seres sociales
Si realmente quiere ser miserable, todo lo que debe hacer es gastar mas de lo que gana.
Conseguir una evaluación correcta del «Alcoholismo», no debe perseguir el único fin de extraer más y mayor información sobre los sujetos, para con ella etiquetarlos.
Hay acuerdo en considerar como consumo de riesgo un consumo diario de entre 40 y 70 gramos (entre 50 cc y 90 cc) de alcohol puro.
Con el paso de los años se va produciendo un deterioro de la capacidad del organismo para la regeneración de las células. Los cambios que se producen en el organismo por el envejecimiento son similares a lesiones que ocurren en las patologías.
Los objetivos de los programas de preparación psicológica a la hospitalización son Prevenir o reducir la ansiedad, el dolor, y la incomodidad, proporcionando información al niño; Alentar la expresión emocional; Facilitar la cooperación y la participación en las curas; Establecer una relación de confianza entre el niño y el personal sanitario, informar a los padres; Acelerar la recuperación.
La atención educativa del niño enfermo ha de ser parte integral del programa de tratamiento médico y constituir una labor compartida de los padres, profesores y personal sanitario.
Hablar de causas del consumo de drogas resulta cuando menos aventurado. A la diversidad de factores conocidos, se une el hecho de que ninguno de ellos parece ser requisito necesario ni suficiente para dar cuenta del inicio en el consumo. En cada caso se da una combinación original de factores que explica su recorrido particular.
Alcoholismo es el término médico que se usa para designar las lesiones patológicas que se producen en el organismo a consecuencia del consumo de alcohol durante largos períodos de tiempo.
Cuando una Sociedad de clases se convierte en una Sociedad de masas, el individuo pierde el sentido de la situación. En esta situación todo indicio de cambio se convierte en una fuente de inseguridad personal. Ante esto el individuo no hace más que encerrarse en un entorno propio en el que la mayor parte de información que recibe viene dada a través de los mass media, llegando a crear estados de aislamiento.
