A comunicadores sociales y periodistas
En Jutiapa, con un calor subido, veinte personas esperaban al “experto” en radio. Las palabras falseaban la realidad. Llegué a dictar un taller de cuatro horas. Hablé una y escuche tres. Noté que algunos sentían pena al hablar. Vi campesinos, comunicadores sin titulo, hombres y mujeres de burro, lancha, cicla, y bus.
La experiencia fue en Radio Viator, Honduras. El colega estaba sentado a un costado de la mesa con el cuaderno doblado, lápiz mordido, fuera de moda, dientes contados y manos marcadas por el sello del trabajo. El tipo habló de la temporalidad y periodicidad de la radio, sin tener ni idea de los pecados que se comenten sobre esta teoría que sustenta el medio.
A comunicadores sociales y periodistas
Radio Viator es una emisora de dos cuartos, sin aire acondicionado, sin computadora, un empleado y una gran programación. Allí repasé sobre la conciencia del medio.
Uno por uno se presentaron, y “sin voz de locutor” hablaron sobre sus programas. Todos llamaron mi interés, pero, en un costado del salón, me encontré con un testimonio que fui contando en cada lugar.
Primero se despachó con un discurso sobre la radio comunitaria. Me quedé mudo y tan solo me atrevo a reproducir este texto como si él – que a lo mejor no sabía leer – lo conociera de años. “la radio comunitaria es denominada de muchas maneras. Se la conoce como radio popular o educativa… estos nombres describen el mismo fenómeno, o sea el hacerse oír y democratizar la comunicación a escala comunitaria. [1]
Sin que decir, volví sobre los colegas comunicadores. Un hombre habló de la importancia del guión, de tener contacto con el control y de lo bueno que es tener invitados en estudio… “en mi programa de salud yo tengo algunos invitados… a veces viene el médico y hace sus aportes”. El director del programa es un sabio campesino sin cartones.
Y así, en el calor de un pequeño pueblo, todos fueron contando sus experiencias como entrevistadores, locutores, agentes de publicidad, técnicos y editores. Me senté a recibir la clase. El mismo del rollo de las radios comunitarias agarró confianza y, despacito, nos contó sobre su cariño y dedicación por la radio. “Para hacer este programa que le cuento, yo viajo dos horas en burro para llegar a una carretera y luego tomar un bus o cicla que me traiga cinco minutos antes de que empiece el programa. Mire, yo creo que la puntualidad es muy importante porque…
Dieron las doce del medio día. Nos reímos durante todo el almuerzo y me despedí de una experiencia impactante.
Desde Viator se ve con mayor claridad que: “una de las tareas relevantes de una comunicación comprometida en construir una “otra” América Latina, más solidaria para ser más soberana, es estimular la construcción de sueños en el imaginario social de las familias, comunidades, grupos sociales y sociedades. Como decía Dom Hélder Cámara, el fallecido Obispo de la ciudad de Olinda, estado de Pernambuco, Brasil: “cuando uno sueña individualmente, es apenas un sueño; cuando muchos comparten el mismo sueño, es el inicio de la realidad”. Pero no será suficiente construir un sueño compartido. Debemos cultivarlo, coherente y consistentemente, porque, como en la vida real, cuando la emoción disminuye se reduce la pasión, y cuando se reduce la pasión el compromiso termina”[2]
Y eso lo saben los campesinos de Viator, claro sin Cervantes.[1]
Radioapasionados. Experiencias de radio en el mundo[2] José de Souza Silva. ¿Quo Vadis?, comunicación?. Construir una “otra” América latina, indignada, solidaria y soberana