Actitudes, aptitudes y deberes importantes del voluntario: Compromiso y respeto
Compromiso firme y responsable. Hay que considerar al menos cuatro vertientes en este compromiso.
El más importante es el que se contrae con el beneficiario del programa, posiblemente una persona acostumbrada a fallar y a que le fallen. Los voluntarios pretenden llevar a esas personas, entre otras cosas, un poco de honestidad. Su compromiso es limitado, sencillo, sin ofertas desmesuradas, pero radical.
Una segunda vertiente del compromiso es la exigencia de la organización que pretende cumplir unos objetivos para los que necesita saber con qué recursos y con qué personas cuenta. La Organización y los programas que lleva a cabo son herramientas para ofrecer continuidad en el servicio. La firma de un documento de compromiso, la aceptación de las normas de cada programa, la convocatoria de reuniones, etc. tienen como objetivo salvaguardar la confianza que la persona marginada tiene puesta en el voluntario.
Existe un compromiso moral con uno mismo que radica en la libertad de decisión de cada voluntario. Uno es voluntario porque quiere, acepta libremente las normas y las responsabilidades de manera que se compromete moralmente a cumplirlas. La libertad en la aceptación de una tarea es la mayor fuente de compromiso.
Puede hablarse también de un compromiso hacia la sociedad ya que el voluntario, en cierta manera, representa a ésta en los ambientes de la exclusión social. El voluntario asume una cierta responsabilidad como representante de la sociedad civil al ejercer su ciudadanía en beneficio de los más débiles.
Respeto
Más que tolerancia, lo que se precisa para ejercer el voluntariado en ambientes de marginalidad es un gran respeto por la vida, las opciones, las ideas o las actitudes de las personas. El respeto, más allá de la tolerancia, no “soporta al otro a pesar de...”, por el contrario aprecia en las diferencias de los otros una gran riqueza.
El respeto se manifiesta, en primer lugar, hacia los compañeros voluntarios. Hay que asumir que el compañero que tengo al lado puede moverse por razones diferentes a las mías y saber que esta diferencia de motivaciones jamás será un obstáculo para llevar a buen término un programa de voluntariado. El voluntariado no pone sus energías, normalmente, en la consecución de unas metas cuantitativas. La mayoría de las veces, su trabajo es difícil de medir y, de hecho, el voluntariado social se convierte en una manera de hacer las cosas, una manera de construir una sociedad democrática y una escuela de valores éticos. Para el cumplimiento de estos objetivos es imprescindible el diálogo entre personas que no tienen miedo a sus diferencias y sí una gran convicción en su igualdad como seres humanos dignos.
Si es importante el respeto hacia los compañeros voluntarios, más importante aún es el que se ha de mostrar hacia las personas marginadas. No es raro encontrarse situaciones jurídicas de ilegalidad, opciones sexuales diferentes a las mayoritarias, situaciones marginales, diferencias de cultura y de costumbres, etc. y, en todo caso, es muy poco sano y menos eficaz para el servicio de voluntariado escandalizarse por todo esto.
Respetar y comprender no significa justificar todas las actitudes, hay que matizar el respeto con una cierta firmeza y asertividad que requieren muchos programas y que no está reñida con el cariño. En un centro penitenciario, por ejemplo, la labor del voluntario no es juzgar el delito de los internos, para eso la sociedad ya tiene sus cauces judiciales. Pero tampoco la cercanía y el cariño hacia ellos debe interpretarse como aliento para las conductas delictivas. Un preso tampoco vería con buenos ojos que se le admirara por delinquir, sea cual sea su situación; aunque tampoco entenderá que se le pidan explicaciones por el delito por el que ya cumple condena.
Por último, el voluntario debe respetarse y aceptarse a sí mismo. La aceptación propia es imprescindible para transmitir ánimo y autoestima a los demás, ya que nadie puede dar lo que no tiene. Es una reflexión que deben hacer las personas que, no aceptándose, pretenden “querer al prójimo como a sí mismos”. ¡Pobre prójimo, si nadie nos enseñó a querernos!
J.C.G.F
Solidarios para el desarrollo
ccs@solidarios.org.es
(Articuloz SC #298143)
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