El Plan Municipal por la inclusión Social en Barcelona: Una lectura a la luz de los Principios Fundamentales de la Democracia Participativa

Posteado: 29/01/2009 |Comentarios: 0 | Vistas: 305 |

   UN BREVE RECORTE HISTÓRICO

 

La inclusión de Barcelona en el proceso de la agenda Social de la Unión Europea, fue el marco histórico referencial para construcción del Plan Municipal por la inclusión Social.

 

El Consejo Europeo de Lisboa en 2000, incentivó a los estados miembros y a la Comisión a adoptar medidas que generasen un impacto directo en la reducción de los riesgos y las situaciones de pobreza y exclusión social antes de 2010. En continuación  el Consejo Europeo de Niza dio un paso adelante en la Agenda Social Europea y fijó los objetivos de las estrategias públicas para la inclusión social:

 

• Fomento de la participación en la ocupación.

 

• Promoción del acceso universal a recursos, derechos, bienes y servicios.

 

• Prevención de los riesgos específicos de exclusión.

 

• Actuación en favor de los colectivos más vulnerables.

 

• Movilización de todos los agentes: institucionales, sociales y privados.

 

El mismo Consejo de Niza elaboró una declaración de orientación programática en la que explicitaba las dimensiones que debería tener en cuenta el tratamiento integral de las situaciones de pobreza y exclusión. Este tratamiento previa:

 

• La política laboral para incremento de las tasas de actividad y de empleo.

 

• Protección a la salud, atención a las dependencias y garantía de ingresos.

 

• Derecho a la vivienda, movilidad y a un entorno urbano de calidad.

 

• Educación, la cultura, el tiempo libre y el acceso a la información.

 

• Priorización de los grupos especialmente vulnerables.

 

• Igualdad entre las mujeres y los hombres.

 

• El criterio operativo de subsidiariedad territorial y de actores.

 

Para la puesta en práctica de los objetivos de lucha contra la pobreza, el Consejo instó a los estados miembros a elaborar Planes Estatales de Acción en favor de la Inclusión Social que debían tener los mismos objetivos en el ámbito de los estados por medio de un mecanismo de coordinación abierta. La elaboración de estos planes permitió a la Unión Europea desarrollar un enfoque más estratégico e integrado en materia de inclusión social.

 

En este marco, el Estado español ha impulsado y aprobado el Plan Nacional para la Inclusión Social y, aunque se elaboró sin la participación de los gobiernos locales, adoptó los objetivos del Consejo de la Unión Europea.

 

En Cataluña, el Departament de Benestar i Família de la Generalitat se comprometió a reconvertir el Plan de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en un Plan para la Inclusión Social con la colaboración de los municipios y otros agentes sociales. En este sentido presentó en octubre de 2003 el Plan de Acción para la Inclusión Social en Cataluña.

 

En el Estado español varias comunidades autónomas han aprobado sus planes de inclusión. Entre esas la ciudad de Barcelona se destaca por su plan estratégico participativo, donde se despliegan acciones en ámbitos competencias muy importantes para el desarrollo humano, social y productivo de su ciudadanía.

 

EL PLAN MUNICIPAL DE BARCELONA

 

El plan Municipal fue construido siguiendo los fundamentos constantes en la descripción de perfiles sociales de la ciudad, tiendo como eje estratégico básico el reconocimiento de su realidad para la construcción colectiva de soluciones innovadoras para sus problemas, enfocando el desarrollo humano y reducción de las desigualdades.

 

En su primera parte el plan hace una aproximación de la realidad, describiendo sus desigualdades y vulnerabilidades. En la segunda parte el plan apunta los compromisos del Ayuntamiento y las políticas estructurantes de la ciudadanía en Barcelona.

 

Presenta en fin la estructura de os servicios y los indicadores de las políticas que enfocan la lucha contra la pobreza y la exclusión en Barcelona y su conjunto de estrategias de inclusión social en Barcelona. Por fin se encuentran los mecanismos propuestos para formulación de un gran acuerdo ciudadano.

 

De esta manera, se ha hecho de la participación y la transversalidad los vehículos del proceso de desarrollo y de efetivación de la governance[1] de proximidad en Barcelona. La Participación ha permitido  incorporar un conjunto de actores institucionales, asociativos y comunitarios que actuan desarrolando acciones enfocada en la invclusión. Y la transversalidad para integrar las acciones que desde los diferentes sectores y distritos del Ayuntamiento se impulsan para la inclusión social.

 

   BARCELONA

 

Barcelona es una ciudad singular. Es considerada la segunda ciudad de España en importancia económica. Con más de 1.600.000 habitantes se destaca como una región económica estratégica en la Unión Europea. Es una ciudad con altos índices poblacionales y tasas elevadísimas de inmigración, todo eso en una relativamente pequeña extensión geográfica de 92 km2, lo que refleje una altísima diversidad social económica y cultural.

 

A pesar de toda esa complejidad la ciudad de Barcelona se destaca en el escenario internacional por su plan de gestión que la transformó en paradigma de una ciudad inclusiva do ponto de vista social, político y económico.

 

A través del plan y del acuerdo popular la ciudad aseguró medidas de gestión descentralizadas, estimulando una mayor cohesión social, promoviendo mejoras en todas las dimensiones. Todo eso confirió un factor diferencial de la ciudad no contexto de las ciudades españolas como un modelo de gestión urbana para todo el mundo.

 

LA PARTICIPACIÓN Y LA INCLUSIÓN SOCIAL

 

La pobreza aparece como componente central de la dinámica de la exclusión social, pero en el tanto corresponde a un concepto basado en la estimación de ingresos y posibilidades de consumo. Una persona considerada pobre por referencia a sus ingresos, puede encontrarse en situación de inclusión debido a que su condición socioeconómica le garantiza el acceso a redes familiares de subsistencia y apoyo o a mecanismos compensatorios de política pública. De otra banda un individuo situado en condiciones de ingresos superiores a la línea de pobreza puede considerarse excluido de comunidades específicas como de la “población asalariada” y sus beneficios colaterales, porque sobrevive como resultado del encadenamiento cotidiano de ocupaciones informales.

 

La exclusión social es el proceso por el que determinados individuos y grupos tienen sistemáticamente bloqueado su acceso a posiciones que les permitirían una subsistencia autónoma dentro de los niveles sociales determinados por las instituciones y los valores en un contexto dado (Castells, 1998, p. 97 - 99).

 

La definición expresa un fenómeno dinámico que puede afectar a colectivos diferentes en diferentes momentos de su trayectoria vital, y que contiene una gran diversidad de factores explicativos. Para Ricard Gomá y Joan Subirats (2003, p. 127 – 128), como fenómeno estructural implica en el “surgimiento de una nueva escisión social en término de dentro/fuera” y como fenómeno multifactorial y multidimensional apunta “un cúmulo de circunstancias desfavorables fuertemente interrelacionadas” – género, edad, origen étnico, discapacidad, tipo de hogar, clase social: fracaso escolar, precariedad laboral, debilidad de vínculos afectivos, infra vivienda y sobre incidencia de enfermedades.

 

UN PARADIGMA DE PARTICIPACIÓN

 

Los cambios vividos en Barcelona fueran influenciados por la crisis vigente en el sistema de representación política de la actualidad que fue exigiendo la conformación de nuevos modelos democráticos que contemplasen la necesidad de los individuos de ejercitar su participación en las deliberaciones de los gobiernos.

 

Como afirma Celso Capilongo (1987, p. 96 – 97), se queda latente el envejecimiento de las prácticas tradicionales de hacer política y en general el sistema de representación política fue al largo de lo tiempo se revelando poco habilitado para la función de integración social y de producción de identidades colectivas, mostrando cada vez más aguda su incapacidad de filtrar las demandas sociales y transfórmalas en decisiones políticas.

 

Ismael Blanco y Ricardo Gomá (2002, p. 7) describen la crisis del modelo de gobierno tradicional como punto de partida para una nueva lógica de gobernabilidad:

 

“[…]El gobierno democrático tradicional se encuentra hoy con dificultades crecientes para reaccionar de manera eficaz y eficiente ante un entorno cada vez más complejo, incierto y dinámico, y la legitimidad democrática de las instituciones públicas se va deteriorando ante una ciudadanía cada vez más reflexiva y crítica, con nuevos valores  que no pueden satisfacerse con la simples provisión tecnocrática de servicios públicos.”

 

El momento histórico ha producido en Barcelona como en muchos otros lugares en el mundo, la necesidad de legitimarse a actuación de nuevas instituciones políticas que pasara a integrar nuevos sujetos emergentes y que universalizaran la estrategia de ciudadanía participativa. Así, a medida que la crisis de legitimidad, de credibilidad y de eficiencia y eficacia de la representación se agudiza, más se ha fortalecido la idea de combinar la representación con participación ciudadana (WOLKMER, 1997, p. 211 – 212).

 

Ese cambio de paradigma propició la formación del “nuevo sujeto colectivo como colectividad donde se elabora una identidad y se organizan practicas comunes”. Retomando así el concepto de “comunidad” (SADER, 1988) presentado como espacio público afirmad pela legitimación de nuevas fuerzas sociales que buscan juntos materializar sus intentos básicos.

 

El modelo de democracia participativa fue muy bien captado por el gobierno de Barcelona al movilizar una complejidad de actores sociales articulándolos y integrándolos en alrededor de uno plan común donde todos aportan sus capacidades y talentos para el desarrollo eficaz de las políticas públicas, haciendo surgir un poder local potente y estratégico de dimensión territorial.

 

En ese modelo  de participación hay a capitalización de todos los talentos y recursos locales para el incremento de las políticas. Cada una de las personas pueden aportar capacidades porque la idea de bienestar en ese modelo de democracia exige la participación de todos que juntos se completan.

 

La participación integrada de las personas y instituciones como se compone el acuerdo ciudadano en Barcelona tiende a se expandir cada vez más y se conectar entre si y con otras estructuras, constituyendo una masa de participación social muy fuerte y muy difícil de debilitarse o deteriorarse. Esas redes intersectoriales se fortalecen tanto más se desarrollan y se comunican con otras redes porque san complementarias.

 

El papel del Estado con su poder convocatorio y la efectividad de una política pública de desarrollo de la red social en ese proceso san muy importantes. Es relevante el impulso y la motivación para la participación. El gobierno en red puede traer muchas contribuciones para el enfrentamiento de los problemas de la sociedad, lo que ciertamente el Estado, o el Mercado y mucho menos la sociedad lograrían solos.

 

Todavía, no basta sólo crear normas o leyes. No se cambia una sociedad a toque de leyes o decretos. El cambio hay que surgir de un poder que se anima en la sociedad. Es algo más profundo y que un gobierno  comprometido con el desarrollo humano, social y productivo hay que estimular.

 

El miedo de la sociedad, el temor del poder de la ciudadanía hace muchas veces un alejamiento, crea un gran hiato entre los gobiernos y los ciudadanos, haciendo con que las políticas públicas no reflexionen efectivamente las necesidades de los ciudadanos. En muchos casos eso temor por la fuerza que surge de la sociedad hace con que los gobiernos auto intitulados democráticos desarrolle acciones de neutralización del Poder Local en una actitud totalmente contraria a la que se espera en uno gobierno democrático, que exige en su concepto más original una comunión muy sencilla con la ciudadanía.

 

En muchos gobiernos hay una cultura organizacional basada en la jerarquía y la verticalidad impidiendo el surgimiento y fortalecimiento de una experiencia de gestión efectivamente compartida con la sociedad, como exige el principio de la participación que está implícito en la comprensión do que sea la democracia.

 

La participación activa de las gentes en el proceso de creación, de gestión y evaluación de las políticas públicas, crea un ambiente mucho más propicio para su efectividad y éxito. Además la participación comunitaria legitima y fortalece las políticas asegurando mejores resultados con menores esfuerzos y gastos públicos.

 

En ese diseño de coparticipación de la comunidad favorece el surgimiento de liderazgo social y incentiva el protagonismo de la comunidad que agrega valor, esfuerzos y talentos para a acción estatal. Además impide la cooptación de fuerzas por las elites de poder porque reconoce lo espacio de la sociedad como una nueva instancia de poder local se tornando un importante método anticorrupción y se revela como un instrumento demasiado eficaz de evaluación.

 

El filo de la balanza de la democracia es desafiante y exige una actitud muy corajosa y especialmente mucho comprometida con el desarrollo de una sociedad. La ganaza por el poder total hace imposible el poder compartido con las fuerzas de la sociedad. Eso exige  una negociación permanente y continua que se establece entre el Estado y el poder local.

 

Conforme Daniel Delgado (1988, p. 140-141) para la efectividad de una democracia cada vez más participativa es relevante aglutinar en la red todos lo diversos actores sociales posibles: las comunidades religiosas, los sindicatos, los partidos, las Universidades, las asociaciones de vecinos, las ONG constituidas para trabajar en el campo social, y muchas otras de sus expresiones pueden aportar ideas, recursos humanos y recursos financieros invaluables.

 

Las redes ínter sociales son un tramado complejo de diversos actores con experiencias diferentes y lenguajes distintos y que necesitan añadir las múltiplas capacidades que implican, entre ellas, habilidades de concertación, de negociación, de planeamiento conjunto, de crear diseños organizativos muy ágiles y abiertos, imprescindibles para sedimentación de un Estado y una Sociedad de Bienestar y la efectividad de la democracia verdaderamente participativa, como ha hecho la ciudad de Barcelona que ha dado un ejemplo para todo el mundo.

 

 

REFERÊNCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

Ayuntamiento de Barcelona – Bienestar Social. BARCELONA INCLUSIVA 2005 / 2010 – Plan Municipal para la inclusión social, Barcelona, España.

 

Castells, Manuel. La era de la información. Economía, sociedad y cultura, vol. 3. Madrid: Alianza Editorial, 1998, pp. 97-99. Para una visión más exhaustiva del concepto id a: Instituto de Gobierno y Políticas Públicas de la Universidad Autónoma de Barcelona (2003), Un paso más hacia la Inclusión Social, Madrid, Ed. Plataforma de ONGs de Acción Social, 13-35.

 

CAMPILONGO, Celso F. Representação política e ordem jurídica: os dilemas da democracia liberal. São Paulo: USP, 1987. p. 96-97.

 

Gomá, Ricard y Subirats Joan. Estado de Bienestar y exclusión social: hacia una nueva agenda de políticas de inclusión. In:___. Políticas Públicas y Estado de Bienestar. España: FUHEM, 2003, p. 127 – 128.

 

Blanco, Ismael y Gomá, Ricard. La crisis del modelo de gobierno tradicional – reflexiones en torno a la governance participativa y de proximidad. España: Gestión y Política Pública, Volume XII, número 1, 2003, p. 9.

 

SADER, Eder. Quando novos personagens entraram em cena. Rio de Janeiro: Paz e Terra, 1988. p.53, 55 e 58.

 

WOLKMER, Antonio C. Pluralismo jurídico — Fundamentos de uma nova cultura no direito. São Paulo: Alfa Omega, 2. ed, 1997, p. 211-212.

 

DELGADO, Daniel García. Estado-nación y globalización. Buenos Aires : Ariel, 1988. p. 140-141.

 

[1] Explican Ismael Blanco y Ricard Gomá su preferencia pelo termo inglés governance por tener más base lingüística en la literatura académica.

 

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