Espero No Contentar A Nadie
No es éste el primer libro recopilatorio de artículos que publico ni, probablemente, será el último. Si lo fuese, supondría que me habría muerto. El vicio de escribir, lo saben todos quienes lo practican, sólo se cura ejerciéndolo, como argüía Oscar Wilde respecto a las tentaciones, que la única manera de superarlas es cayendo en ellas, según el exquisito escritor inglés.
Como a mi edad uno se priva ya de demasiadas cosas, de la única que no pienso prescindir en lo sucesivo es la de escribir lo que me venga en gana. No siempre ha sido así, claro está. En distintos momentos de la vida, uno ha debido asumir diversas responsabilidades laborales, sociales, empresariales, familiares,… que han limitado su libertad de expresión. Siendo padre, o vecino, o director de periódico, o empleado de oficina… se tiene que tener cuidado con lo que se dice. Hay que sopesar las palabras para evitar susceptibilidades ajenas, por supuesto; pero, sobre todo, uno no debe jugarse su futuro alegre e irresponsablemente, porque luego pasa lo que pasa.
Por eso, ahora que ya no me queda apenas futuro y que si me sobra algo es pasado, me doy cuenta de que voy contra corriente. Es decir, que me da por contar cosas que otros callan, en hacer reflexiones que otros evitan y en pensar sin sujeción a modas, grupos, creencias o banderías. Semejante actitud, ya lo comprenderán ustedes, no suele contentar a nadie y sí, en cambio, concitar la ira de todos. “No es de los nuestros”, dicen en su fuero interno, y a veces en el externo, y le satanizan a uno sin más.
Algún lector avisado me replicará que estoy asumiendo un papel injustificado de víctima, ya que si las cosas van tan mal como proclamo ¿cómo es posible que escriba en tantos medios distintos y con orientaciones tan diferentes? Ni yo mismo lo sé, créanme. No obstante, ni son tantos como parece, ni son todos los que uno quisiera, ni sus lectores están inequívocamente de acuerdo con lo que escribo. Soy tan consciente de ello, que algunas de mis columnas de opinión habituales llevan nombres alusivos a esa condición: “Fuera de juego”, “A contracorriente”… Y si no hay más expresiones de ese tenor es porque mis otras colaboraciones carecen de título de sección, que si no…
Es verdad que a uno la historia le ha cogido a contrapié. Nacido durante el franquismo, me opuse a él desde que tuve uso de razón política. Como también conservo en buena forma mi memoria, no recuerdo que muchos de los progres de ahora, de los nuevos izquierdistas conversos, militasen en aquella lucha en la que quienes lo hacíamos nos jugábamos el tipo. Sin estar afiliado a ningún partido —y, precisamente, por no estarlo—, pude prestar servicios a la causa democrática en Bilbao, primero, y en Barcelona, después, en acciones que no es cosa de pormenorizar ahora. Dos apuntes, tan sólo. Uno, que mi domicilio barcelonés acogió las primeras conversaciones clandestinas para la fusión de Bandera Roja y el PSUC. Otro, que más tarde milité durante dos años y medio en el partido resultante de esa fusión —el más eficaz en la lucha antifranquista— hasta justo una semana antes de las primeras elecciones democráticas, en junio de 1977. Acabada ya la dictadura, ¿para qué ejercer de político, cuando uno no está hecho para la disciplina partidista?
Desvelo aquí estas intimidades no para arrepentirme de ellas ni, menos aún, para presumir de nada. Sólo, para reforzar esa idea de que uno va a contracorriente, recogida en el título de este libro.
Ahora me sucede al revés. Lo que se lleva son los progres a la violeta, es decir, la gente que confunde con el progresismo su falta personal de valores, la inanidad de sus creencias, la crítica injustificada a la concordia, la paz social y el derecho de expresarse de quienes no opinan como ellos y demás memeces seudo democráticas. La apuesta por el progreso, por el futuro, es justamente lo contrario: supone la denuncia del fanatismo islámico o el que fuere, de las dictaduras comunistas o teocráticas, de la corrupción y de la falta de libertades, del abocamiento a la marginación o la delincuencia de una inmigración indiscriminada y sin control que no permite su integración satisfactoria en las sociedades de acogida.
Pues bien: resulta que quienes opinamos de esa guisa somos tildados de reaccionarios. ¡Vaya por Dios! Abogar ahora por el desarrollo y por la generalización de los derechos y libertades, por la seguridad jurídica para todos y por el imperio de la ley en vez de la arbitrariedad y la algarada callejera es ir contra la historia. Preconizar la igualdad frente al particularismo, la solidaridad frente a la exclusión de los nacionalismos, la supremacía de los valores democráticos de Occidente frente al fanatismo religioso y feudal del Oriente es justo lo que no se lleva hoy día.
Ya ven qué mala suerte la mía. Y supongo que la de muchos más. Si uno iba contra corriente en tiempos de Franco por pensar como pensaba y por obrar como lo hacía, vuelve a ir contra corriente otra vez. ¿Tanto ha cambiado uno? ¿No lo habrá hecho más bien una sociedad acomodaticia y acomplejada, obesamente ahíta mientras otros padecen hambre y con un difuso sentimiento de culpa por todo ello?
Confieso que no lo sé. La “mirada al mundo en que vivimos”, como se subtitula este libro, escudriña lo que está pasando en el mundo y en España —y perdonen mi empecinamiento en seguir hablando de “España”, en vez de “el Estado”, “el país”, “la península” o cualquier otro eufemismo a cual más absurdo— para ver más allá de la superficie y sacar alguna conclusión, si se da el caso.
Por eso mismo, por esa manera personal y heterodoxa de ver las cosas, incómoda y subjetiva, reflexiva y frívola a la vez, sé que este libro incordiará a muchos —¡qué más quisiera su autor!— y no contentará a nadie. Bueno, tampoco pretendí otra cosa cuando fui publicando uno a uno los artículos que lo componen. Lo que sí aventuro es que no habrá ningún lector que permanezca indiferente, en esa actitud pancista y pasota que resulta letal para cualquier escritor que se precie de serlo.
Hacer una pregunta
Tags del Artículo:
periodismo
,escritor
,articulos
,antifranquismo
,franco
,psuc
,espana
,progresismo
,fanatismo
,fundamentalismo
,nacionalismo
,libertad
,barcelona
Vamos a sintetizar el primer capítulo del libro Las guerras del Agua. Contaminación, privatización y negocio.
La Colección 5´de cuentos cortos de la Editorial Intangible, suma una nueva autora, Luciana Salvador Serradell.
Carlos siempre se sentía un vencedor de la página en blanco, especialmente si contaba con estos cuatro elementos: tener que contar una historia y hacerlo lo mejor que se pueda, con todas las herramientas y técnicas a su alcance. Sabemos que el entorno salvadoreño siempre fue suelo fértil, de historias que anhelaban ser capturadas y colocadas en papel, y Soriano estuvo atento a captarlas y lo ha hecho muy bien...
No se trata de ser automático, de correr al ritmo de otros, se trata de ir pausado, de confesarme a mí mismo mis temores, mis menguados ánimos y de inyectarme posibilidades. Se trata de renovarse, de quererse, de valorar mi ser.
Cuando la Vida se va agotando y uno reflexiona lo que hizo y lo que fue, queda en claro que no hay manera de recuperar el tiempo perdido.
Cuando veas a las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo. no podemos ni debemos quedarnos al margen de los acontecimientos, ya debemos entender que somos parte de la historia por nacer, que cada uno de nosotros tiene un papel que hacer y que su silencio en nada puede ayudar a la humanidad
Libros de Rafael Ballester Añón: Libro de las Solapas, Guía para ver y analizar: Con faldas y a lo loco, La Generación Valenciana Del 36: Antología, Enciclopedia, Manuales de construcción de guiones
La loca indecisa, la que se degusta el chocolate en vez de esperar, por virtud de auto control, el segundo… ¿qué pasaría si la muerte me sorprende en la espera? y por la espera no vivo más…
"Los ciudadanos, muchas veces, no queremos que nos representen personas como nosotros, sino tipos inalcanzables que, vaya a saberse por qué, suponemos que son mejores que nosotros mismos".
"En vez de echarse la culpa unos a otros nuestros políticos deberían decirnos humildemente a los ciudadanos: "Lo sentimos, lo hemos hecho mal".
"Ignorar a los mercados —y, pero aun, intentar "doblegarlos" — es un ejercicio tan inútil como oponerse a la ley de la gravedad".
"Las formas muchas veces son tan importantes como el fondo de cualquier cuestión. Los que tuvimos la oportunidad de conocer al presidente catalán Josep Tarradellas, defensor a ultranza del protocolo institucional y de la cortesía parlamentaria, le oímos decir más de una vez: "En política, cuando se pierden la urbanidad y las buenas maneras también se pierde la razón".
"Hasta hace bien poco, las opiniones y hasta los pensamientos de unos y de otros estaban condicionados por sus respectivas anteojeras ideológicas, como las de los forofos de cualquier equipo de fútbol".
"Si se generalizase de forma arbitraria el referendo como medio directo de acción política, el caos acabaría imponiéndose sobre el sentido común".
"El abandono de las respectivas carreras es el doble que en el resto de Europa, el paro entre los titulados superiores llega al 21% y no hay ninguna universidad española entre las 150 mejores del mundo".
"Nos guste o nos desagrade, aún somos un país de pícaros y trapisondistas, más parecido a la corte de los milagros de Valle-Inclán, que a una sociedad solidaria, equitativa y justa".

Comments on this article