El Significado De Los Sueños Griegos

Posteado: 08/06/2009 |Comentarios: 3 | Vistas: 3,991 |

EL SIGNIFICADO DE LOS SUEÑOS ENTRE LOS GRIEGOS

 

 En la monumental “Ilíada” cuando Zeus necesita comunicar una advertencia al rey Agamemnón utiliza al difunto Néstor como emisario[i apareciéndosele confundido entre las sombras de la noche, (sombra entre las sombras) advirtiéndole que es “un mensajero de Zeus” como después el arcángel Gabriel será el mensajero de Yahveh. Otras veces el dios Hermes (Mercurio de los romanos, de pies alados y volátil rebajado después por los pragmatistas liberales a cadete de la Bolsa o acaso agiotista) mediador de los sueños se aparece al soñante; o esto puede ser interpretado al revés siguiendo las enseñanzas de los órficos y pitagóricos: al dormir, el alma se fuga provisoriamente de la tumba que es el cuerpo y puede visitar libremente el mundo de los dioses tal como nos lo advierten Homero[1] Esquilo[2, Eurípides, Píndaro[3]y Jenofonte[4. Si esto es verdad la oniromancia tiene tanto prestigio como el psicoanálisis ya que se convierte en una comunicación sagrada tan temible cuando advertía catástrofes que debía conjurarse por medio de sacrificios a los dioses apotropásicos.

Eurípides hace decir a la vencida reina de Troya, la augusta Hécuba, “¡Tinieblas de la noche! ¿Por qué cada oscurecer me vienen a llenar de terror? ¡Tierra sagrada, madre de cuantos sueños que revolotean con alas negras! [5 De manera que los sueños son hijos de la Tierra, germinan de ella como la simiente en la humedad. Aristóteles comparaba a los sueños con las imágenes reflejadas en el agua: cualquier movimiento las distorsiona creando fantasmas a partir de un objeto real.

En “El Banquete” de Platón participa una extraña visita que debate entre filósofos y es uno de los pocos ejemplos en los que la Antigüedad reconoce a la mujer un plano de igualdad para discutir con hombres ilustres. Diótima opina allí que los sueños son provocados por démones. “Deben provenir de ellos” deduce después Aristóteles ya que “si vinieran de Dios sólo soñarían los hombres probos y es sabido que los peores canallas también sueñan”.  

Los estoicos dividieron los sueños según esta curiosa escala acorde a su procedencia:

a)     Sueños que vienen de Dios

b)    Sueños originados por demonios

c)    Sueños provenientes del alma humana

Ignoro las bases en las que asentaron sus teorías acerca de las fuentes oníricas pero dentro de sus mellizas correspondencias entre el macrocosmos del Mundo y el microcosmos del alma no veían objeción alguna para una continua comunicación entre el Cosmos y cada persona de la que los sueños eran una expresión renovada noche a noche. Según el finado Posidonio de Rodas el componente divino del alma puede conocer por sí mismo el futuro en virtud de su naturaleza; además, agregaba como si fuese algo tan obvio que no fuese necesario recordarlo “todo el aire está cargado de espíritus que conversan con el alma” y lo que ya es sabido, “si quieren, los mismos dioses pueden hablarnos mientras dormimos” en un acto de rufianería onírica sorprendente. Por lo que cuenta gente que ha dormido a mi lado, tal vez los dioses se mantengan mudos pero yo me pongo muy conversador al cerrar los ojos. No recuerdo haber hablado con Jahveh, Júpiter ni Alá. Es bien sabido que dioses subalternos o sus cadetes usurpan el trono del cielo y seguramente ellos platican en las noches con mi menguado espíritu, si es que lo tengo.

Esta teoría de las “correspondencias” entre el macro y el microcosmos puede parecer antojadiza y peregrina y sin embargo no es más que la confirmación de la cadena causalista que la Física acepta sin reservas y que Hume no duda en catalogar entre nuestros malos hábitos. Cuando Cicerón trató de traducir del griego “lo indiviso” creó la palabra individuo. De los átomos de Demócrito se la adjudicó después a las personas pero Demócrito la usó para describir las cualidades de sus díscolos y oscuros átomos que al oscilar continuamente en el vacío llevan consigo mensajes que explican los sueños en los que Apolo me advierte de un peligro o una enfermedad: soñar con un plácido arroyo deslizándose entre piedras puede ser la bucólica notificación de que padezco litiasis renal, según el libro de Hipócrates en el que todos los sueños líquidos o acuáticos diagnostican los males urinarios.

Para los espartanos ajenos a la espiritualidad, los sueños eran hechos tan objetivos como las batallas. Los sueños “los visitaban” no eran algo propio, y esta audiencia no siempre se anunciaba con claridad dependiendo de la puerta que el sueño había escogido según Homero. Si los sueños entraban por la puerta de marfil eran confusos y triviales; si abrían la puerta de cuerno eran claros mensajes que convenía atender. ¿Por qué en la Antigüedad sólo soñaban reyes, príncipes y dignatarios?, nos preguntamos leyendo las obras literarias y estamos en un error, no es que los reyes hayan tenido cautivos a los sueños sino que únicamente se registraban por escrito los sueños políticos y Artemidoro, Sinesio y Macrobio no podían recopilar los sueños de toda la Hélade, bastante tenían con las pesadillas de los Atridas que cada noche se acostaban a sumarle trabajos. El escritor Sinecio de Cirene fue obispo cristiano y redactó su Peri Enhypnion en una noche siguiendo una orden de Dios que escuchó mientras dormía. En su opinión, deberíamos aplicarnos a escribir nocturnarios con el relato de los sueños en vez de los ridículos diarios donde se describen las trivialidades de la vigilia. Aunque fuera obispo cristiano, Sinesio asegura que los sueños vienen del alma que contiene en sí el futuro tanto como el pasado siendo eterna como es; a través de la reminiscencia, conmina, podemos llegar hasta los días de Sócrates porque cada alma estuvo allí si es eterna. A través de los sueños puede anticipar el futuro donde también estuvo antes que en el cuerpo que bañamos, alimentamos y adornamos frente al espejo ignorando que toda la utilería que usamos no son más que nuestros pobres recursos para enmascarar la muerte que lo espera. El único ajuar que correspondería ofrecerle, dice Sinesio, es la mortaja, pero tampoco es cuestión de seguirlo al pie de la letra e ir vestido con un vulgar sudario al cine y mucho menos al templo comercial del shopping. Siguiendo a Artemidoro en su Onirocritica  el obispo analiza los sueños guiado por la semiología médica: anamnesis, catapnesia y epicrisis los mismos pasos que hoy seguimos todos los médicos al escribir en la historia clínica. Siendo revelaciones divinas los sueños necesitan ser analizados usando de ciertos criterios; mientras el numen aparezca en el sueño con su aspecto y atributos habituales asegura su buena fe pero cualquier cambio o disfraz debe ponernos sospechosos: si, por ejemplo, soñara que Santa Catalina de Alejandría se me apareciese en sueños en ropa de playa y tomando una Coca-Cola en vez de vestir la túnica griega y pegada a la rueda del martirio, debe inducirme a desconfiar del mensaje cifrado que me entrega. Obviamente es una impostora indecente y no la santa alejandrina quien se entrometió en mi descanso merecido después del arduo trabajo diario. Va más lejos el ínclito Sinesio: nos previene avisándonos que todo sueño debe interpretarse en función del porvenir y que muchas veces el dios que lo anima (o el santo, virgen o ángel)  se presenta pars pro toto únicamente a través de sus atributos, es decir,  puede que usted soñare una de estas noches con un lirio que le habla. Sepa que por la extraña metonimia de los sueños ha recibido un mensaje del mismísimo arcángel Gabriel que en toda la iconografía no parece haber cultivado otra cosa que lirios blancos.    

 Artemidoro aseveraba que un mismo sueño puede tener distinto significado en dos personas diferentes. Y expone el ejemplo de soñar con un burro (algo que sólo excepcionalmente podría sucedernos ahora que tenemos medios de transporte mecánicos) si lo sueña un sabio es de buen augurio porque el burro no acepta fácilmente órdenes ni sugerencias; pero si lo sueña una matrona es abiertamente hostil y crítico ya que le está sugiriendo que su inteligencia es dudosa. Autores contemporáneos critican en Artemidoro su escaso repertorio de significados para cada sueño; yo disiento: he leído que a siete grávidas que soñaron que parían un dragón les dio siete respuestas diferentes, una para cada embarazada atendiendo a su condición, el horario en el que soñó, el temperamento del marido y hasta el clima. Mucho más pobre es a mi juicio el catálogo  freudiano que todo lo reduce e penes, vulvas, coitos e incesto. La onirocrítica requería especialistas, por esa razón en cada templo de la Hélade había un iniciado en los misterios oníricos que atendía ese negocio con exclusividad como el que disponía el templo de Aslepios en Epidauro donde los pacientes se acostaban a incubar el sueño en un abaton. La palabra incubar proviene del griego incubare  que significa “dormir en el templo”; en el mejor de los casos el enfermo curaba mediante la epifanía de Aslepios que se le aparecía en sueños o al dormitar, en la forma de un anciano venerable, o en sus  metamorfosis de víbora, águila o perro. Cualquiera podía ser admitido menos los agonizantes y las grávidas a término, ya que tanto la muerte como el nacimiento eran considerados impurezas de las que había que preservar al recinto sagrado. Como ya se puede advertir con estos simples datos, estas clínicas griegas prescindían de los médicos y sus honorarios, las prepagas y el coseguro. Además la hipnoterapia duraba poco, en la mayoría de los casos no alcanzaba la semana; los que se habituaban al fanum o templo eran llamados fanáticos y la comunidad no alentaba estas costumbres insanas, lo mismo opinaba mi padre de las viejas santularias que vivían en la parroquia del barrio: “ésas arpías entregaron la carne al Diablo y ahora que están viejas y decrépitas le traen los huesos a Dios”, decía.

En la Ilíada sueñan los hombres y en la Odisea, las mujeres. Tal vez Homero nos esté diciendo que el ámbito condiciona los sueños; la epopeya de la Ilíada pletórica de militares y contiendas requería guerreros soñantes mientras el pudor del deseo de Odiseo que en toda la obra anhela regresar a la intimidad del hogar en la ansiada Ítaca, facilita el sueño de las mujeres que se despiden o lo esperan, que es lo mismo. Píndaro dice que nosotros, humanos, no somos más que el sueño de una sombra lo que es mucho peor que la presunción del obispo Berkeley que aseguraba que somos el sueño de Dios; la oda pindárica me inquieta porque nos instala en la caverna platónica, nuevamente somos aquellos prisioneros que sólo conocen apariencias mientras ignoran qué cuerpos o fantoches proyectan las sombras de la realidad frente a nuestra ignorancia engañada. Pero no sólo engaña la realidad, también los sueños, según Artemidoro pueden resultar confusos y hasta aparentemente contradictorios. Un hombre, escribe Artemidoro, describe, soñó que era inmensamente rico e interpretó que lo esperaban tiempos felices y se equivocó; las desgracias se abatieron sobre el pobre soñador desde aquella noche; el sueño se lo anticipaba, asevera Artemidoro ya que la riqueza acarrea preocupaciones y desvelos, ¿por qué esperar la dicha si el sueño mostró una señal de alarma? Otro hombre gravemente enfermo preguntó en sueños a Zeus[6 si curaría y el dios sonrió asintiendo mientras miraba fijamente al suelo; poco después el hombre murió contrariando lo que dijo en el sueño, pero el sagaz Artemidoro nos revela la clave: al mirar la tierra le indicaba la morada de los muertos. No olvidemos tampoco la embustera puerta de marfil de la Odisea por la que emergen los sueños timadores que estarían inspirados por criaturas y dioses arcaicos, previos a la civilización: Gigantes, Cíclopes, Titanes y Centímanos. Los nombres de Polifemo, Atlas y Tifón aparecen en el horizonte turbulento de los villanos celestiales en las oscuras épocas en las que Gaia y Urano, que es otro modo de decir la Tierra y el cielo sostenían en un abrazo la respiración del universo impidiendo todo movimiento y más atrás, la noche de los tiempos en la que únicamente existían las carencias: Caos (falta de orden), Noche (falta de sol) y Erebo (falta de luz).  Para la Hélade el centro estaba en su propio tiempo y en un lugar preciso, el Ómphalos mundi del templo de Apolo en Delfos rodeado por Atenas, Esparta, Tebas, Micenas, Argos y la Magna Grecia de las colonias. Más allá estaban los bárbaros es decir aquellos que no hablaban el griego ni participaban del fuego de Prometeo. Si un viajero se aventuraba atravesando los límites del mundo conocido lo aguardaban tierras ignotas como la patria de los lestrigones, el reino de los cíclopes, los llanos donde pacían los centauros y hasta las Islas de los Bienaventurados donde arriba Vasco de Gama en el siglo XV, según el poeta Luis de Camoens. En el confín de todo estaba el Okéanos que circundaba la Tierra y fuera de él, es decir fuera del mundo, el Reino del Hades. Este vasto, ancho y rugiente Océano separaba el mundo de Zeus (que es decir el mundo del ethos humano, del bien y del mal para todos los mortales) de la patria mortuoria donde otras leyes, otra comunidad y otra realidad imperaban.

 

 

El canto XXIV de la Odisea nos revela el viaje de Ulises allende el Océano. Ya sabe la resignada lectora, el descorazonado lector mi método de traducción de poesía extranjera; renuncien ambos a quejas y alaridos de consternación, no es para tanto, hay versiones peores se los juro a ambos:

Hermes convocaba consigo a las almas de los muertos

Portando la vara dorada que aduerme a los ojos o los aparta del sueño

Despiertas por medio del caduceo, se lleva las almas que lo siguen

Dando aullidos como murciélagos en un antro inmenso, marchan en Grupos siguiéndolo en las lóbregas rutas

Hasta dar con el ondulante océano, al cabo de Leukas, a las puertas del Sol, a la aldea  de los sueños.

Y van a descender a la pradera de los afódelos

Donde se cobijan las almas como imágenes de los difuntos 

A pesar de su brevedad el fragmento con el que inicia el canto XXIV vemos que ahí donde la realidad se diluye el tiempo, los sueños, la muerte y la eternidad  recrean un mundo fantástico que está más allá del Océano. Tal vez por esta razón en la antigüedad se delimitó el mundo con las Columnas de Hércules, el Finisterre, Hesperia y las Islas Fabulosas es decir las puertas del Mare Nostrum. Más allá, cualquier forma de sinrazón acechaba a los intrépidos e incautos.

Odiseo visita el trasmundo guiado por el dios Hermes, mensajero del cielo. La Peña Blanca existe (Leukas petre) pero ignoramos dónde se sitúan las puertas del Sol y el Demos Oneiron (país o aldea de los sueños) pero estábamos buscándolo desde que empezamos este apartado. Vemos que es más vecino de la muerte que del mundo real de Grecia o sus colonias. Los sueños están fuera del cosmos: cerca del caos, de allí su desordenada arquitectura llena de caprichos y armazones absurdos. La progenie lo confirma: Hypnos y Oniros son hijos de Érebo y Nix, hermanos incestuosos que además compartieron la cuna con Tánatos (muerte natural), Némesis (venganza), Moros (el destino), Oisis (angustia), Éride (discordia), Geros (vejez), Caronte (timonel del Infierno) y las Moiras o Parcas. ¿Por qué Hypnos y Oniros? Hypnos es eldormir, Oniros el soñar. Se puede dormir sin soñar y al revés, no pocas veces soñamos despiertos.

 

[1] Ilíada, X, 496; Odisea XVI, 21-25 y XX, 32.

[2] Esquilo, Prometeo, 496.

[3] Píndaro, fr 116.

17 Jenofonte, Ciropedia, 8, 7.

[5] Eurípides: Hécuba, 70 ss.

[6] ¿Han observado la razón de mi envidia primaria? ¿Por qué los griegos soñaban constantemente diálogos con dioses, confesiones a Zeus y yo me limito a soñar con vecinos anodinos, gatos y pacientes?

 

[i]Ilíada, II, 26.

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    Comments on this article

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    MarianoT 03/01/2010
    Me sorprendió este magnífico artículo, esperaba más de psicoanálisis pero como dice el autor "siempre dice lo mismo de los sueños", desconocía estos otros adivnos de la antigüedad. MarianoT
    0
    Alcina 08/12/2009
    me interesa mucho el tema de los sueños, hay sueños que se repiten, insisten, gente que me dice cosas que después se confirman en la vida y me hacen dudar.
    Quisiera leer más sobre el tema de este autor.
    0
    luis 20/09/2009
    soñe una mujer hermosa pero era ciclope me decia q ue viva en holanda
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