El Calendario Maya Y El Fin Del Tiempo
El calendario maya se hizo famoso para el gran público a finales de los 80, cuando el profesor José Argüelles lo rescató y reinterpretó buscando una acción colectiva que le diera impulso. Fue lo que se llamó la "Convergencia armónica" de 1987. Desde entonces, son pocos los que no han escuchado hablar del 2012 como fecha tope para el fin de los tiempos. Pero, ¿realmente hemos sabido interpretar correctamente ese "fin de los tiempos"? Son muchos quienes han aprovechado el tirón catastrofista, entre ellos Hollywood, por supuesto, y se han encargado muy bien de que no sea así.
Lejos de explicar el complejo sistema de ciclos de que está compuesto el Tzolkin, nombre que los arqueólogos dieron a este calendario a principios del siglo XX, y que está perfectamente explicado por doquier, vamos a centrarnos en lo que creo que es la cuestión fundamental y que apenas se trata, pues es motivo de controversia y no ha terminado de calar en los estudiosos del tema. Precisamente por ello, y porque, guste o no guste, es la idea de la que parte todo este embrollo del fin de los tiempos que tanto morbo da, me parece justo dedicarle un espacio a las ideas básicas del profesor Argüelles, culpable de airear todo este movimiento, y que quedaron recogidas en su libro El factor maya, en 1986.
El tzolkin parte de una tabla de trece columnas y veinte filas en las que se repiten secuencialmente los números del 1 al 13, que originan 260 combinaciones. Para Argüelles, esto es más que un calendario de uso cotidiano, es un legado de conocimiento dejado por los mayas para la posteridad, un código que daría las pistas para saber qué está ocurriendo en el Universo. El primer punto es entender que el tiempo no era, según esta idea, un conteo de unidades, una suma de días, meses y años. Más bien, el tiempo era una frecuencia, en sentido literal, que rige los ciclos del cosmos y que es emitida desde un centro al que llamaron Hunab Ku, "Dador de movimiento y medida", el cual se corresponde con el centro de nuestra galaxia. El movimiento es la energía, y la medida es el principio del ritmo, cuyas variaciones transforman esa energía en formas y preceden a la materia.
Esa resonancia que parte de Hunab Ku se expande en todas direcciones y se transmite a través de los diferentes sistemas estelares, los cuales podríamos interpretar como las lentes de un canal de comunicación, de manera que las frecuencias son adaptadas y retransmitidas por medio de soles y campos planetarios. En última instancia, nosotros seríamos la última lente de ese sistema.
Según esto, la esencia del Universo es la información, y el objetivo final es que cada sistema esté sincronizado con la frecuencia emitida por la fuente para así establecer la armonía cósmica. Es lo que los occidentales hemos conocido como la "música de las esferas" de que hablaban los griegos.

En cuanto a la materia, ésta representa los diferentes tonos, frecuencias sostenidas, que puede adoptar la energía vibratoria. Así, siendo todo compuesto por estructuras de onda de diferente frecuencia, es posible traducirlo en términos matemáticos. De esta manera, y llegamos al punto clave, los números mayas no serían la representación de cantidades, sino la representación de tonos. Y estos números, o tonos, no tendrían por tanto una relación secuencial entre sí, es decir, 2 es más que 1, 3 es más que 2, etc., y su suma no sería una acumulación de cantidades, sino cualidades surgidas de relacionar tonos entre sí.
El tzolkin, por todo lo dicho, ya no sería interpretado como una cuenta, sino como la matriz matemática que define las diferentes frecuencias cósmicas. Los trece números representan los tonos existentes, algo así como nuestra octava musical (do, re, mi, fa, sol, la, si), y las veinte filas representan las posibilidades para cada tono, las posiciones direccionales que pueden adoptar. Todo lo cual da lugar a 260 permutaciones.
La galaxia se describiría, según todo esto, como un circuito de corrientes de energía cuyas posiciones son descritas por el tzolkin. El tiempo sería el movimiento de esas corrientes, y tendría un carácter fractal. Es decir, al no ser cantidades lo que se representa, la fractalidad implica que lo importante es la proporción. Por ejemplo, 2 es a 1o lo que 20 es a 100, o 36º serán siempre 36º independientemente del tamaño del círculo. Esto supone que los tonos describen desde el ciclo más pequeño formado por días, kin, hasta los ciclos superiores que abarcan las grandes eras, surgidas de la agrupación de ciclos inferiores. Como si ascendiéramos en la escala musical, los mismos 13 números resuenan en diferentes octavas, trayendo diferentes rangos de información superior. Así, los 5200 tunes (un tun es cercano a nuestro año) que suponen el gran ciclo galáctico (5125 años de los nuestros) tienen una relación fractal con 52, que es la rueda que rige el tiempo a nivel humano.
Ese gran ciclo galáctico de 5125 años es el que acaba el 22 de diciembre de 2012. ¿Qué querían decir los mayas con esto? El fin de los tiempos, entendiendo "tiempo" como el movimiento de una corriente energética, implica que es el paso de una frecuencia a otra. Durante ese tiempo, la Tierra transcurre por un mismo campo vibratorio de la galaxia, rayo sincronizador, y luego entra en otra zona afectada por otro tipo de frecuencia, provocando la necesidad de ajustes para que todos los sistemas implicados se armonicen con la nueva corriente. Es lo que podríamos llamar "resonancia armónica".
Para pensar en esto, imaginemos un rayo que emana del núcleo galáctico. Imaginemos que esto es como el rayo luminoso de un faro, que mientras mayor sea la distancia, más ancho es el rayo. Imaginemos que un bote alejado en el mar pasa a través del rayo. Aún cuando el bote y el rayo estén en movimiento, habrá un intervalo de tiempo durante el cual el bote sea realmente bañado por el rayo de luz. Así ocurre con la nave espacial Tierra, al pasar como un bote a través del rayo de sincronización galáctica. Desde la perspectiva de los armónicos mayas, este rayo tiene un diámetro de 5.200 tun. Esto se traduce aproximadamente en 5.125 años terrestres de diámetro. (Fuente: El factor maya)
Habremos de suponer que las ideas de catástrofes y transformaciones son debidas a ese cambio vibratorio que afectaría, según la idea de transmisión a través de lentes, a nuestro Sol primero, a la Tierra después, y a nosotros finalmente.
Y este ha sido mi intento de resumir las ideas de Argüelles sobre todo este asunto de 2012. Los conceptos del tiempo como movimiento, el Universo como información, los números como representaciones de energía, etc., no dejan de ser lo más parecido a la Teoría vorticial que algunos matemáticos, con Marko Rodin a la cabeza, vienen desarrollando desde la década pasada y de la que ya hemos hablado en un artículo anterior.
Feliz cambio de frecuencia.
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