Monterrey, N.L., México.- Los primeros capitanes de las empresas más emblemáticas de Monterrey tuvieron inicios diferentes a los actuales líderes empresariales. Sus inicios fueron más modestos y aprendieron, sobre la marcha, el funcionamiento de los grandes almacenes comerciales.
Así inició en el mundo empresarial Don Francisco G. Sada Muguerza a quien en el 14 Aniversario de RegioNegocios, La Revista de los Empresarios de Monterrey, recordamos con admiración.
DURO TRABAJO
FISICO Y MENTAL
Basta recorrer los enormes Jardines de la Cervecería Cuauhtémoc para encontrar los majestuosos árboles que el mismo Francisco G. Sada ayudó a plantar como otros cientos que plantó en haciendas, en su residencia y en su casa de campo.
Pero fueron las empresas más emblemáticas que ayudó a fundar las que representan su actividad fabril en los negocios: Cervecería Cuauhtémoc, de la que tenía acciones desde 1891 y a la que llegó dos años más tarde para ser el gerente general que la impulsara.
La Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, en 1900 y Vidriera Monterrey, en los inicios del siglo pasado.
La gráfica de portada corresponde a 1900, año en que se tomaron fotografías del primer Consejo de Administración de tan señera empresa que cerró sus puertas en 1986 y que desde la década de los setentas era propiedad del Gobierno.
Padre de destacados empresarios neoloneses y tío de Eugenio Garza Sada, Francisco G. Sada Muguerza nació en 1856 en Monterrey y a los 17 años emigró a Matamoros, Tamaulipas, para trabajar en la Casa Comercial de Don Francisco Armendáiz, en ese entonces el principal importador de mercancías de la región. Le toca a Sada Muguerza ser el encargado de las importaciones durante cinco años.
Sobresalió por su dedicación al trabajo y el dueño del negocio, de origen español, contrataba jóvenes que emigraban de España, pero la predilección era para el joven regiomontano.
Matamoros se convirtió en el punto comercial más importante de la época dada la Guerra de Secesión que se llevó en territorio norteamericano de 1861 a 1865. Fue un boom comercial para la región y una escuela comercial sin precedente para cualquier joven. Sada Muguerza trabajó ahí de 1873 a 1878.
Solicitado por la Casa Comercial J. González Treviño Hermanos, emigró a la ciudad de Chihuahua en donde aceptó el reto de convertir tierras ociosas en una verdadera comarca agrícola con edificaciones, maquinaria de la época y hasta una fábrica de azúcar.
De la primera ola, la agricultura, la economía mundial entraba a la segunda ola, las factorías, para empujar a los pueblos al desarrollo económico.
Dos años trabajó para Don Lorenzo González Treviño y después emigró a la ciudad de Saltillo, Coahuila.
EL GRAN RETO:
CERVECERIA CUAUHTEMOC
la muerte de su padre Francisco Sada, Francisco G. Sada Muguerza tomó su lugar en la Cervecería Cuauhtémoc en 1891 en calidad de Comisario.
Aunque la circular dentro de la empresa tiene fecha del primero de septiembre de 1984, Sada Muguerza empezó a trabajar un mes antes como Gerente y un año antes, en 1893, logró la introducción del primer producto cervecero en la ciudad de Saltillo.
En ese lapso liquidó los negocios que tenía en Saltillo para hacerse cargo, plenamente, de la gerencia y la conducción de Cervecería Cuauhtémoc. Cuatro años atrás la empresa inició con un capital de 150 mil pesos y una elaboración mensual de 45 mil botellas. Don Francisco G. Sada tenía sólo dos empleados de confianza: Don Eutimio López, encargado de contabilidad y Don Manuel Lira, el rayador o el de recursos humanos en la época actual.
Era difícil la encomienda. La cerveza no era un producto de gran demanda, sólo algunos extranjeros la consumían y la materia prima escaseaba. Pero fue la perseverancia y el trabajo arduo, de adeveras, lo que sacó adelante a la empresa.
DOS GRANDES,
DOS GENERACIONES
Punto importante para la venta de los productos de la Cervecería fue la publicidad. Ese departamento era toral para la supervivencia de la empresa. Y a ese departamento llegó un jovencito de apenas 17 años: Manuel L. Barragán Escamilla.
Sada Muguerza le dio la oportunidad al joven Barragán, como a él se la habían dado tiempo atrás en Matamoros, Tamaulipas.
Barragán entraba temprano y en horas de comida aprendía taquigrafía y aprendió publicidad de una Academia Comercial de los Estados Unidos, vía correo.
Pronto Sada Muguerza vio madera en el joven Barragán que a la postre se convirtió en uno de los industriales humanistas más grandes que ha tenido Nuevo León y que en otra biografía del recuerdo abundaremos con detalle. Está también disponible en la edición 78 de mes de septiembre del año 2002 que pronto estará disponible en PDF.
EL ADIOS A UN GRANDE
rancisco G. Sada Muguerza fue en vida un ejemplo para todos: trabajador incansable, cortés y de un espíritu señorial que era admirado desde el más encumbrado socio al más modesto trabajador.
A los 88 años, a las 8:45 de la noche del sábado 31 de marzo de 1945, Francisco G. Sada Muguerza falleció en su casa, rodeado de sus hijos dejando una estela de trabajo duro que se refleja aún en las fábricas decanas de Monterrey.
Un Capitán de Empresa que dejó un legado a las futuras generaciones que continuaron con su labor y que proyectaron el nombre de Monterrey a nivel mundial.
Sin duda, Francisco G. Sada Muguerza es piedra angular de las familias industriales más representativas de Monterrey empezando como empleado en una Casa Comercial fuera de Monterrey y dejando, a su muerte, enormes factorías difíciles de igualar.