El Parlante – La Pieza Angular Del Sistema De Sonido
Recrear, con naturalidad, el sonido de un concierto en vivo o el sonido producido en una sala de grabación es, probablemente, el paradigma de muchos entusiastas de la alta fidelidad. La mayoría de ellos invierte costosas sumas de dinero en equipos de audio que prometen una mejor y más realista experiencia auditiva. Pero, más allá de las especificaciones técnicas y de la calidad de cada componente por separado, el sonido que escuchamos es el resultado de la conexión en serie de todos los elementos que componen la cadena de audio. Entonces, si el objetivo es un sonido más natural y realista ¿A qué parte de esta cadena debemos darle mayor importancia y asignarle más recursos? ¿Existe algún elemento crítico en esta cadena que pueda afectar fuertemente el sonido final que percibimos? Yo creo que la mayoría de los audiófilos no analiza estas interrogantes en forma objetiva y se dejan seducir por la propaganda, el diseño y las especificaciones técnicas de alguno de estos componentes, sin vislumbrar que el sonido final es el resultado del conjunto y que cada etapa de la cadena debe ser consistente con las demás en calidad y prestaciones. El sonido que escuchemos será tan bueno como el sonido del elemento más débil de esta cadena.
En forma simplificada podemos identificar tres etapas en la cadena de sonido: la señal de entrada (típicamente un reproductor de CD), la etapa de amplificación (pre amplificador + amplificador de potencia o amplificador integrado) y finalmente la etapa de transducción de la señal eléctrica alterna en ondas sonoras: el sistema de parlantes (o audífonos). Algunos conceptos técnicos básicos que están presentes en las especificaciones de estos equipos y que permiten hacer comparaciones, son: respuesta de frecuencia, relación señal/ruido (S/R), distorsión armónica total (THD), potencia nominal y eficiencia.
La respuesta de frecuencia representa el ancho de banda en que el equipo responde en forma lineal y debe ser mayor o al menos igual al espectro audible humano, que va de 20Hz a 20.000Hz. La relación S/R representa la proporción de señal limpia (música) en relación al ruido de fondo producido por el equipo: mientras mayor es esta relación menor es el ruido. La distorsión armónica representa el nivel de armónicos introducidos por el equipo, que distorsionan la señal de entrada original (música). A menor THD el sonido es más puro y significa que el equipo es de mayor calidad. Hay que considerar que el oído humano percibe la distorsión armónica sólo cuando escucha tonos puros de ondas sinusoidales, con distorsiones superiores al 0.1%. Si se trata de música es imposible que la note debido a la complejidad y mezcla de los sonidos involucrados.
Para la primera etapa de la cadena de sonido, la señal, un reproductor de CD de buena calidad y precio moderado exhibe como promedio las siguientes características: respuesta de frecuencia plana de 10Hz a 20kHz a +0.5 dB, Relación S/R mayor que 90 dB y TDH menor que 0.05%. La diferencia entre marcas y modelos, por lo general, radica en la calidad de sus circuitos para la conversión digital a análogo y en el nivel de jitter que indica la precisión del reloj que genera los pulsos internos del aparato digital. Estas características comunes, del equipo promedio, exceden por amplio margen el nivel de percepción de error del oído humano, por lo que la diferencia entre un tocadiscos bueno y uno muy bueno pasará desapercibida aún para un auditor exigente.
En la segunda etapa existe un mayor rango de variación para la THD dependiendo del tipo de amplificador. Los amplificadores a tubo generan una gama extra de armónicos y su THD y pude llegar al 0.5%. En los de estado sólido la TDH es mucho menor y, por lo general, está en el rango de 0.005% a 0.1% dependiendo si es de clase A, B, AB, etc. La respuesta de frecuencia de un amplificador de audio de buena calidad puede abarcar de 10Hz a 200kHz a +1 dB y su relación S/R puede ser superior a 95 dB.
Estas dos primeras etapas están en el dominio “electrónico” de la cadena de sonido donde la señal se puede procesar y amplificar con gran precisión.
En la tercera etapa, sin embargo, la situación es notoriamente diferente. La cadena de sonido pasa del dominio electrónico al dominio físico, al aire. La señal eléctrica se transforma en ondas sonoras por medio de los transductores o drivers en los baffles. Aunque, por lo general, no se incluye en las especificaciones técnicas, la TDH de los parlantes (de los drivers) varía entre 1% y 5% lo que es un orden de magnitud varias veces superior al de las etapas anteriores. Esto significa que toda la perfección alcanzada en las etapas precedentes deja de ser relevante y queda subordinada a la etapa final. En el ancho de banda ocurre algo similar. Los parlantes de rango completo son muy poco usados en alta fidelidad por su pobre desempeño en los extremos del espectro audible. La respuesta de frecuencia es, entonces, el resultado de la superposición de 2 o 3 segmentos (bajos, medios y agudos) escasamente lineales y medidos a -3dB, que es donde la potencia cae a la mitad. El transductor electro acústico (driver) no funciona tan linealmente como se pudiera desear: su impedancia varía con la frecuencia, su eficiencia decae a medida que se aumenta la carga del amplificador (Watt), el cono no es un pistón ideal y ondula en modo radial y concéntrico produciendo crestas y valles en la respuesta de frecuencia.
Sumado a lo anterior los parlantes son fuertemente dependientes del tamaño para obtener sonidos graves reales. Un sistema de parlantes pequeño puede perder hasta 2 octavas de bajos audibles llegando, en baja frecuencia, sólo a los 80Hz debido a la reducción en el tamaño de los drivers y del volumen del baffle, por aspectos de comodidad y diseño. Un parlante grande, por el contrario, entrega mejores bajos, puede manejar mayor potencia y es más eficiente, pero su sonido se vuelve más direccional al aumentar el diámetro del cono. Además, el sonido final está fuertemente ligado a la posición de los baffles en la sala, a las reflexiones del las ondas en el techo, los muros y el suelo y a la posición relativa del oyente. Un último punto a considerar es la eficiencia. Un sistema de baffles de calidad tiene una eficiencia, en promedio, de 90 dB/W/m y aumentará el nivel sonoro en 3dB cada vez que el amplificador doble su potencia ej.: 1, 2, 4, 8, 16 Watt y así sucesivamente. Esto significa que un parlante con eficiencia de 93 dB/W/m potenciado por un amplificador de 100 Watt RMS alcanzará el mismo nivel sonoro que uno de 90 dB/W/m con un amplificador de 200 Watt RMS. Entonces, la eficiencia es un aspecto realmente importante a considerar en un sistema de baffles.
De todo la anterior se deduce que el sistema de parlantes es la pieza más gravitante de la cadena de sonido y, probablemente, el aspecto menos comprendido por el común de las personas en cuanto a lo que se espera de él y a las limitaciones físicas de sus componentes, que condicionan sus aspectos de diseño. Entonces, para disfrutar del sonido más fiel y realista, es imperativo que lo hagamos a través del mejor sistema de baffles que podamos adquirir. Es esta última parte de la cadena la que realmente determina el sonido que escuchamos.
(Articuloz SC #1484351)
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Entre todos los componentes de audio, el sistema de parlantes es donde existen mayores diferencias. Se aprecian grandes diferencias en precio, estilos y tamaño: desde baffles tipo librero, que caben en una repisa a baffles de más de 2 metros de altura y que llegan a pesar cientos de kilogramos. ¿Existe alguna justificación tecnológica para esta diversidad o es simplemente capricho del diseño? El trabajo de Neville Thiele y de Richard Small nos dan una respuesta a este respecto.
Recrear, con naturalidad, el sonido es el paradigma de los amantes de la alta fidelidad. Muchos equipos de audio prometen una mejor y más realista experiencia auditiva. Pero, el sonido que escuchamos es el resultado de todos los elementos que de la cadena de audio. Entonces, si el objetivo es un sonido más natural y realista ¿A qué parte de esta cadena debemos darle mayor importancia? ¿Existe algún elemento crítico que pueda afectar fuertemente el sonido final que percibimos?
Si bien en la etapa anterior era necesario estar atentos, para no dejar ningún clic, ahora necesitaremos de nuestro mejor oído para eliminar el ruido de fondo, sin afectar el material musical. Como hemos señalado anteriormente, este es un trabajo que consiste en escuchar y volver a escuchar hasta quedar satisfecho con los ajuste. Los filtros totalmente automatizados para eliminar clics y ruido de fondo siempre dejan pasar algún detalle o cortan excesivamente las altas frecuencias.
Los clics y pops pueden ser un verdadero disgusto para el amante de la música. Arruinan una buena interpretación y se tiende a prestar más atención a las imperfecciones que a la obra. Existen variados filtros que los eliminan automáticamente pero no son soluciones realmente satisfactorias. Cada LP presenta variaciones del mismo problema y debe ser analizado en forma particular. Es necesario oír y “ver” los clics y pops para eliminarlos totalmente.
Si eres un entusiasta de la música, de la alta fidelidad del sonido, de escuchar en un buen equipo cada matiz de una interpretación musical, seguramente tienes una gran colección de CD y alguna parte importante de ella en vinilo. Entonces necesitamos llevar esos discos de vinilo al formato CD que es más manejable y cómodo. Pero lo que buscamos es algo más que solamente el traspaso del LP al formato digital. Buscamos que las pifias y los defectos propios del vinilo y de su deterioro por el uso de

