
Desde hace unos años, incorporé este procedimiento terapéutico a mi arsenal de tratamientos para curar a mis enfermas. La homeopatía ha sido siempre muy criticada en España por la clase médica, siendo como una especie de tratamientos propio de curanderos. De hecho, hoy día todavía hablar de homeopatía a otros colegas, para algunos, nos supone un verdadero esfuerzo pues nos arriesgamos a ser “tachados”de médicos poco recomendables. Pero con el tiempo la homeopatía va ocupando su espacio; no en vano es una ciencia que lleva subsistiendo en el mundo de la medicina desde hace más de 200 años.
Debo decir que aplicar estos tratamientos supone una gran formación y conocimientos de medicina pues no es fácil utilizar el medicamento adecuado para cada patología teniendo en cuenta que un síntoma se puede tratar con diferentes fármacos. Por lo tanto el conocimiento de la Materia Médica (que es donde se recogen todos los productos, sus acciones y modalidades) se debe dominar y conocer como la palma de la mano. Además investigar en profundidad al enfermo en todas sus facetas (físicas y psíquicas) es fundamental para poder administrar el tratamiento adecuado.
El descubridor de todo esto fue un médico alemán llamado Samuel Hahnemann , que descontento con los tratamientos tradicionales, comenzó a experimentar con productos naturales, extraídos de la propia naturaleza aplicándolas a dosis tóxicas y observando los resultados que obtenía de todo esto. En no pocas ocasiones incluso lo experimentó en su propio cuerpo. Comprobó que determinados medicamentos que producían un síntoma a dosis tóxicas, se utilizaban para curar esos síntomas; de aquí nació el concepto de Similitud. Lo observó con la quinina que se utilizaba en su época para tratar la fiebre y cuando se administraba a dosis altas, producía también este síntoma. Toda esta observación le llevó a estudiar diferentes sustancias y ver sus efectos para luego aplicarlos a dosis muy bajas.
Hoy día disponemos de más de 3500 cepas de medicamentos que actualmente se procesan en laboratorios específicos y se obtienen los productos adecuados para su utilización.
La homeopatía tiene la ventaja de que no produce efectos secundarios por lo que se puede aplicar a mujeres embarazadas, ancianos e incluso a niños lactantes. Mi experiencia con esta terapéutica me dice que es muy útil para enfermedades banales en donde la medicina alopática fracasa estrepitosamente.
Otra de las peculiaridades que tiene este tratamiento es que lo utilizamos a dosis infinitesimales (de ahí su carencia de efectos secundarios) a través de un proceso de dilución y dinamización del producto. Con esto se consigue que el resultado final sea un medicamento no tóxico pero que contiene la información necesaria para que el organismo reaccione ante el fármaco. Es decir, con la medicina homeopática lo que conseguimos es que el individuo se cure a sí mismo estimulando su reacción ante el producto adverso que le produce los síntomas que en ese momento sufre su enfermedad.
Con ello, entramos en el concepto para mí más importante de esta Medicina. Es el de la individualidad. Los avances tecnológicos que constantemente estamos consiguiendo en la medicina contemporánea, nos lleva a fragmentar al enfermo, de tal manera que nos olvidamos de estudiarlo en su conjunto y nos centramos en el órgano o los órganos afectados. Esto es un error, pues el individuo es un todo tanto físico como psíquico y de hecho existe una interacción entre esta dualidad del enfermo, de tal manera que muchos procesos patológicos físicos nos conducen a unos comportamientos psíquicos anormales o viceversa. Este concepto es el que más me gusta de la medicina homeopática, pues mantiene el trato del enfermo como un ser humano en vez de verlo como un órgano exclusivamente.
Cuando un individuo enferma, todo su cuerpo responde a esta enfermedad, porque se establece un desequilibrio en todo su organismo, pues todo él está interaccionado. El hígado funciona porque la sangre circula por él, el corazón se mueve porque el cerebro lo determina al igual que el sistema endocrino interviene en éste y el resto de los órganos. Por lo tanto el concepto de enfermedad se produce como consecuencia de una afectación de la energía vital del individuo que es la que mantiene la salud.
No todos cuando tenemos un dolor lo percibimos de la misma manera, ni tampoco todos los que estamos alrededor de un enfermo enfermamos por contagio. Unos superamos enfermedades graves y otros con idénticos síntomas no logran superarlo. Esto es porque cada individuo es un organismo diferente y por lo tanto la respuesta a una idéntica patología también va a ser diferente. Además constitucionalmente también tenemos unos patrones diferenciales. Es decir cada uno vivimos la enfermedad de una manera distinta y ese comportamiento es el que va a establecer que el tratamiento homeopático de una misma enfermedad sea diferente para cada individuo.
La medicina homeopática lo que busca es curar al enfermo en su totalidad, desde dentro hacia fuera restableciendo su salud completamente. Con la medicina alopática muchas veces hacemos un tratamiento sintomático pero no profundizamos en la enfermedad. Por lo tanto, podemos afirmar sin ningún género de dudas que la homeopatía cuida la salud.
Que nadie me interprete mal. Yo no desprecio ni rehuyo de la medicina alopática, pues también ha demostrado a lo largo de la historia su efectividad. Además muchas enfermedades de cierta gravedad se deben tratar con este tipo de medicina. Pero tampoco quiero renunciar a la medicina homeopática pues en enfermedades banales, me va a solucionar el problema y en enfermedades más graves me va a complementar la medicina tradicional.
Como médico creo que debo utilizar todos los medios terapéuticos a mi alcance y saber compaginarlos para que mis pacientes se beneficien de ello y consigan restablecer su salud. No despreciemos la homeopatía porque no sepamos cual es su mecanismo de acción. Tampoco conocemos el de muchas patologías y no por ello renegamos de la medicina tradicional.