El sistema inmune, con su parte innata, constituye nuestra primera línea de defensa. Así, nuestra barreras naturales y los mecanismos inespecificos se encargan de detener a los atacantes que pretenden invadir a nuestro organismo. La piel y las mucosas constituyen las primeras barreras que los invasores deben sortear al pretender ingresar. Pero dentro de estas estructuras existen además mecanismos ancestrales que se encargan de eliminar a los patógenos, y que actuan como antibacterianos naturales.
Aún asi, gran cantidad de microrganismos logran finalmente penetrar al organismo y son capaces de causar enfermedad. La mayoria de las veces sin embargo, un sistema inmune competente es capaz de eliminar estas incursiones. En los casos en que nuestro sistema inmune es incapaz de hacerlo, entonces es cuando estamos en problemas.
Anteriormente el resultado era casi siempre el mismo: la muerte. Sin embargo, desde el descubrimiento de la penicilina en 1942, fuimos capaces de matar a los microorganismos utilizando sustancias exógenas.
El advenimiento de la penicilina ha permitido que los seres humanos logremos sobrevivira infecciones que anteriormente eran mortales por necesidad en la mayoria de los casos. Sin embargo, el uso de antibioticos ha traído consigo otro grave problema para nosotros: la resistencia a los antibioticos. Este fenómeno se dá cuando algunos microrganismos logran sobrevivir a la administración de antibioticos. Estos supervivientes desarrollan mutaciones genéticas que les permiten evadir el efecto de los antibioticos. Lo grave es que esta informaciòn puede ser compartida con otros microrganismos, incluso de diferente especie, lo cual permite que la resistencia a antibioticos aparezca entre microrganismos anteriormente susceptibles.
Hay que considerar el uso indiscriminado de antibioticos y a hecho de que cada vez surgen nuevos antibioticos que pretenden utilizar nuevos mecanismos de acción, a fin de evitar el fenómeno de la resistencia. Así cada vez más y más en el mundo se van encontrando cepas de microrganismos que ahora son resistentes a antibioticos que anteriormente eran considerados de primera línea. Se habla incluso de que en la actualidad existen ya algunos microrganismos que son resistentes a todos los antibioticos existentes.
Ahora, contrario a la creencia popular de que son los antibioticos los que matan a los microrganismos, en realidad es nuestro propio sistema inmune el que se encarga de eliminarlos. Así, después de un ciclo de antimicrobianos, lo que hacemos en realidad es disminuir la carga bacteriana lo suficiente como para que nuestro sistema inmune pueda eliminar a los que quedan. De esta manera es como nuestro sistema inmune se convierte además en la última línea de defensa.
Ante lo anterior, surge la interrogante: ¿no sería acaso mejor intentar potenciar la respuesta inmune en vez de buscar nuevos antibioticos?
Pero... ¿hay alguna forma de potenciar nuestra respuesta inmune?
Quizá...
Se los contaré en la siguiente...
(Cualquier semejanza con situaciones politicas es mera realidad)
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