Latinoamérica Y Los Conceptos Literarios De Lo Fantástico, Lo Real Maravilloso Y El Realismo Mágico
- Siempre ha sido difícil delimitar las fronteras entre la manifestación literaria denominada realismo mágico y sus colaterales realismo maravilloso y literatura fantástica. Antes de realizar cualquiera lucubración sobre estos términos, se hace necesaria una conceptuación previa sobre el realismo. Para comenzar, diremos que la crítica ha calificado como realismo, un ensayo sobre la sociedad, hecho desde un discurso artístico. Tal situación hace decir que nace con Balzac y la novelística del XIX, en oposición a la visión romántica, preñada de sueños, fantasías, sujetos ideales. Ante esto último, el realismo adopta un tono más humano. Nos pone en contacto con seres normales. En síntesis, es una respuesta a la nueva sociedad burguesa en ascenso, un poco práctica y materialista, en el sentido amplio de la expresión. De ahí que Balzac llamó a su propuesta, La Comedia Humana. Ella fue un examen de la sociedad francesa de su tiempo, incluyendo sus aspectos execrables. Al ser analizada la realidad de esta manera, arribamos al naturalismo de Zolá. Tal evolución se va a hacer crítica, en el siglo XX, con la revolución soviética y el surgimiento del realismo socialista, porque éste dejó de ser pintura de la realidad, para transformarse en subjetividad, en donde el arte desempeñó una función secundaria. Por su parte, en Latinoamérica, el realismo ya balzaciano ya zolano se presentó bajo las formas de novela criollista, en algunas partes, y novela indigenista, en otras. En ambos conjuntos se plasman las necesidades de grandes grupos humanos marginados, como los son el aborigen y las comunidades rurales no indígenas. Tales necesidades, algunas veces, se hacen denuncias descarnadas, como sucede en Huasipungo, de Jorge Icaza o en Todas las sangres, de José María Arguedas. Otras, se convierten en descripciones desde la óptica de las clases dirigentes, como en la sonada temática de la oposición civilización-barbarie. Y esto fue así, porque la novela romántica europea, a lo Pablo y Virginia, de Bernardin de Saint-Pierre, en donde el idilio romántico era el eje conductor de la acción novelesca, fue continuada fielmente en nuestros, predios en obras como La cautiva, de Esteban Echeverría y María, de Jorge Isaacs. Igualmente, por el venezolano Manuel Vicente Romero García, con su Peonía, pero éste ya con visos contestatarios. Como nace en Europa la oposición realista a este discurso, lógicamente deberá continuarse en América. Así, el criollismo y el naturalismo, como la poesía nativista venezolana, son formas de expresión de la nueva onda europea. Nosotros agregaríamos la preocupación indigenista, lamentablemente analizada desde dos ángulos contradictorios e irreconciliables, dada la presencia de la lucha de clases, en el plano estético. Sobre este aspecto, el destacado investigador venezolano, Profesor Italo Tedesco (2004: 130), nos dice lo siguiente:
“En la narrativa indigenista confluyen posturas sociológicas. La alienación como sometimiento del hombre a lo iracional se documenta con los factores que la originan: la religión, el capital y el trabajo. Sumados a los sacerdotes y a los terratenientes, el juez de paz, el gobernador o el subprefecto, son el poder que actúa sobre la comunidad, vista como personaje-masa y sobre sus individualidades. La trinidad embrutecedora referida por González Prada no sólo contribuyó con la denuncia. Perfiló una sintaxis narrativa en la que funciona irreversiblemente como obstáculo para la andanza del aborigen.
Desde la conquista, la religión se empleó como arma de dominación. Sustituyó y creó mitos. Con el mismo discurso de Gómara y con una praxis generadora de temores divinos que llegan hasta el pavor colectivo, el sacerdote es una constante en la novela indigenista”.
Posteriormente, aparece el realismo mágico como superación de las manifestaciones anteriores. Éste quiere mostrar lo irreal y lo extraño como algo que pertenece a la cotidianidad. Igualmente, posee una actitud respetuosa frente a los mitos y otras creencias de los pueblos precolombinos o afroamericanos. Lo mágico viene a constituirse en una forma de conocimiento del mundo. Como hay que dominar las fuerzas de la naturaleza para alcanzar la felicidad humana, lo cual ha sido una constante que no desaparecerá en el continuum temporal y como el hombre ha perdido la animalidad que lo caracterizaba, aparece el mago como ente eficaz. Con la magia se dominará la naturaleza. Una veces en su forma simpatética, en donde lo semejante atrae lo semejante. Otras, en su forma por contaminación o acercamiento, en donde la unión de los objetos hace que las propiedades puedan ser trasladadas a otros seres. Cuando todas estas prácticas comienzan a ser ineficaces, nace la personificación de los dioses, indudablemente superiores al mago. Es decir, nace el hecho religioso. Los límites entre lo mágico y lo religioso fueron desapareciendo, se fueron fusionando, durante el tránsito entre las comunidades primigenias del mundo antiguo y las comunidades semejantes que aún subsisten. Cuando la literatura horada este mundo, y lo aprehende, inicia el registro temático de su problemática. Ello se debe al establecimiento de las fronteras entre la explicación de una realidad interpretada como suma real-magico-religiosa y el conocimiento tradicional que se tenía ya en la literatura fantástica. Así nace, según nuestras apreciaciones, una teoría del realismo mágico latinoamericano.
También observamos en él, que la realidad presentada lleva dentro de sí una especie de cuestionamiento a la verdad existente. Tal cuestionamiento puede pasar del nivel del significado, en donde reposan los conceptos que se defienden o se combaten, al nivel del significante, para decirlo en palabras saussureanas. Es decir, al habla realizada, a la expresión lingüística. Cuando esto sucede, puede transformarse también en un elemento conceptual, lo cual fue muy frecuente en el discurso de los años 60 y 70, décadas en las cuales Latinoamérica estuvo plagada de dictaduras militares fascistoides. Se combatía, así, la realidad racional con la magicidad factible, por una parte, y la realidad política con el lenguaje y los tiempos dislocados, por otra. En otras palabras, se puso en práctica la crítica social y el examen de la realidad.
Pero el hecho más importante, para la literatura, está en la expresión de ciertos acontecimientos reales que trasponen las fronteras de la veracidad. Igualmente, hay explicaciones de geografías que van más allá del paisaje natural y acontecimientos que van más allá de la fenomenología natural normal. Veamos algunos ejemplos. Cuando Miguel Ángel Asturias coloca en el primer lugar de sus narraciones, las leyendas y los dioses mayas, en la manera de concebir el mundo por parte de los campesinos guatemaltecos, está basándose en hechos que para el pensamiento de ciertos estratos sociales populares del mundo latinoamericano, son reales. Asturias recrea los mitos, pero esos mitos en la cosmovisión de las comunidades indígenas guatemaltecas, representan una realidad como la cotidiana. No hay diferencias entre la suposición y el hecho práctico. No hay diferencias entre el objeto y el deseo. Todas las comunidades campesinas de América Latina mantienen una creencia mágica que hace suponer una identidad absoluta entre la cosa y el nombre de la cosa. Para Asturias, interpretando ese sentir popular ya enunciado, es tan indiferenciado el fenómeno de la realidad con el de los mitos, que en la construcción de su extraordinaria novela Hombres de maíz, regresa a las fuentes del Popol Vuh. Para los guatemaltecos y los centroamericanos en general, incluyendo a Asturias, las proposiciones del Popol Vuh configuran una realidad tan evidente como la realidad diaria. Por ello, los hombres fueron hechos de maíz. Por ello, también, Asturias asume una concepción circular del tiempo, a nivel de los antepasados mayas. Las cosas no comienzan y terminan una vez sino que cada instante puede ser repetido. Tales concepciones aparecen en sus narraciones, de la manera más normal. Así, el lector llega a considerar que el narrador tiene la plena convicción de que las cosas ocurren de esa manera. Gaspar Ilom, por ejemplo, es repetido en su vida por cada uno de los miembros de su comunidad. Este sentido mágico de los ciclos está tan presente en sus libros, que nadie duda de que se hayan desarrollado de tal modo. Para nosotros, el rol de Miguel Ángel Asturias es el del reinvindicador de todas estas situaciones dentro de la elaboración de la obra narrativa latinoamericana.
Otro ejemplo es el de Juan Rulfo, quien registra la realidad mexicana, en El llano en llamas y en Pedro Páramo. Este autor pasa de lo tangible a lo intangible sin arribar a una solución de continuidad. Uno, como lector de Pedro Páramo, encuentra momentos en que no sabe cuándo hablan los vivos y cuándo, los muertos. Estas situaciones rulfianas no son otra cosa que maneras de ser y de entender el mundo en gran parte del continente americano, en donde aparecidos y seres reales son elementos de un mismo paradigma. Por ello, en una inmensa mayoría de relatos, leyendas y tradiciones del mundo americano, los fantasmas se entrecruzan con los seres vivos. Recordemos que cuando Juan Preciado regresa a su pueblo, en busca de su padre, Pedro Páramo, las conversaciones con los fantasmas son percibidas por el lector como si se tratara de conversaciones reales.
Es esto, justamente, lo que García Márquez recoge en Cien años de soledad. El río de sangre que corre debajo de la iglesia es un río de verdad. El hecho de que Remedios, la bella, se vaya en cuerpo y alma hacia el cielo, es un hecho verdadero. No hay quien lo dude en Macondo ni tampoco en otra comunidad real latinoamericana. Por todos estos ejemplos, se ha pensado, y no sin razón, que el fenómeno del realismo mágico es cultivado con mayor intensidad en el continente americano.
Todas estas características, que muestran la imbricación entre la geografía latinoamericana y la expresión literaria, hicieron que apareciese una discusión sobre el hecho de que en Latinoamérica debería hablarse más bien de lo real maravilloso. “¿Qué es la historia de América Latina sino una crónica de lo maravilloso en lo real?” Con esta interrogación, Alejo Carpentier (1983 : 5) se convierte en el iniciador de una nueva visión sobre lo que sería la sustitución del realismo mágico. En una entrevista concedida a BBC.Mundo.Com, en 1976, explicó las razones por las cuales prefería esta nueva denominación:
“La palabra realismo mágico fue traída a nuestro idioma por la publicación, si no me equivoco, por las ediciones de la Revista de Occidente hacia el año 1926, de un libro de un crítico alemán llamado Franz Roh, titulado "El realismo mágico", donde analizaba la producción de los pintores expresionistas alemanes".
Podríamos decir también que cuando André Breton en su primer manifiesto del surrealismo dice que todo lo maravilloso es bello, lo maravilloso siempre es bello, sólo lo maravilloso es bello, ya en cierto modo definía lo maravilloso”.
Frente a estas premisas, Carpentier considera que en Latinoaméricadebe hacerse una aprehensión un poco diferente, dadas las características ideosicrásicas que poseen sus habitantes. Ello lo expresa de la siguiente manera:
... “el realismo mágico, tal como lo veía Franz Roh, (...) venía fabricado por el artista, (...) se colocaba ante una tela y al representar una calle de una ciudad moderna, la llenaba de elementos misteriosos, extraños, contrastados, en una atmósfera exenta de aire, exenta de espesor, transeúntes misteriosos que nunca se miran a la cara, que nunca dialogan... es un elemento maravilloso fabricado, un realismo mágico fabricado.
Los surrealistas también, en la mayoría de los casos, producían lo maravilloso combinando objetos en una mesa, creando contrastes. Es decir, es un mundo maravilloso fabricado, premeditado.
En América Latina, lo maravilloso se encuentra en la vuelta de cada esquina, en el desorden, en lo pintoresco de nuestras ciudades, en los rótulos callejeros o en nuestra vegetación o en nuestra naturaleza y, por decirlo todo, también en nuestra historia”.
Atendiendo a tales consideraciones, Carpentier considera que lo real maravilloso no es una tendencia internacional, como el realismo mágico, sino que es un movimiento que muestra las creencias de los indígenas, con sus dramas y sus fantasías. Que lo que podría ser irreal para otras culturas, no tiene la misma significación en nuestro mundo americano. Los personajes, indígneas o negros, creen fielmente en los aspectos expresados, ya mitológicos ya espirituales de su propia cultura. Y en una como concepción actualizada, nos dice Racionero (2004: 3) que
“Cuando Hernán Cortés divisó la ciudad de Tenochtitlan, escribió en una carta a Carlos V: "Por no saber poner nombres a estas cosas, no las expreso". Se han necesitado cuatro siglos para que Carpentier, Rulfo o García Márquez, supieran poner nombres a lo real maravilloso, que es la clave barroca del alma iberoamericana”.
En el mismo orden de ideas, otra fuente de discusión ha sido la aparición del término realismo fantástico. Sin embargo, éste tiene su origen en la llamada literatura fantástica. Si aplicamos un criterio tradicional, terminaremos aceptando que lo fantástico fue siempre una fuente de creación literaria. Las primeras manifestaciones son los cuentos que, en otras oportunidades, nosotros hemos denominado como los de “había una vez”. Y ellos parten desde los viejos relatos hindúes como el Ramayana (los más viejos poemas épicos, atribuidos a Valmiki), el Hitopadesa, (obra compuesta por una colección de preceptos morales) el Mahabharata (Tal vez la más fascinante historia de hechos proféticos provenientes del hinduísmo, atribuido a Viassa) o el Panchantantra (Conjunto de máximas para enseñar todo aquello que pueda ser útil para la vida). Con raíces presentes también en la épica medieval alemana (Los Nibelungos). Ahora bien, si aquello que es fantástico se define en oposición a lo que es real, existirá también lo fantástico moderno. Y esta manifestación podríamos decir que nace con el surgimiento del paradigma racionalista . Decimos esto porque durante la Ilustración y con el desarrollo de la ciencia, aquella realidad del hombre del medioevo, para quienes las brujas y otros seres similares constituían realidades creíbles y nada sobrenaturales, se convierte, de repente, en prácticas y creencias supersticiosas. Así, desde comienzos del XX, la fantasía ha pasado a ser un ejercicio de la inteligencia, partiendo del hecho literario. Ejemplos de esta afirmación comienzan a verse en los relatos de Edgar Alla Poe.
Para finalizar, nos atreveríamos a decir que, para el hecho literario latinoamericano, pareciera que la expresión más acomodaticia estuviese en el realismo mágico. Si pensamos en los mundos maya, náhuatl o quechua, podremos apreciar que las fronteras entre lo real y lo que no lo es o no existen o son extremadamente difíciles de establecer. Si pensamos en los Cronistas de Indias, también nos encontraremos con relatos desorbitados que se acercan más a la literatura que a la crónica que pensaban hacer. Si conjugamos lo real mágico con lo real maravilloso, encontraremos esa naturaleza carpenteriana que tiene expresiones concretas, como las pirámides mayas o aztecas. O como las construcciones quechuas a lo Machu Pichu. O una flora y una fauna espectaculares, que hicieron creer a los conquistadores que habían llegado al paraíso. Pero también encontraremos expresiones nocionales como las que hemos citado o en esa otra imagen que nos presenta García Márquez, cuando nos habla de un acorazado del norte que permanece más de veinte años en el golfo que domina una gran parte de costa colombiana, en visita de buena voluntad.
Todas estas consideraciones nos conducen a pensar que el realismo mágico es la forma de expresión con mayores rasgos de legitimidad y de plenitud en el continente nostramericano.
B I B L I O G R A F I A
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