La Trilogía De Beckett, La Última Aventura Literaria Modernista
Quizás el autor más modernista y más moderno de Occidente (que así se llama) sea Samuel Beckett. Y la obra culminante de Samuel Beckett es la trilogía a que pertenecen Molloy (1951), Malone Dies (Malone muere) (1951) y The Unnamable (El innombrable) (1953). Al leer estar novelas, uno tiene un poco la impresión de encontrarse con lo mismo que en las otras del autor . Asistir a la representación de Esperando a Godot, obra representada por primera vez en París en 1953, o de su obra Fin de partida (1956) deja en la memoria una huella similar que la lectura de Molloy. Se advierte una suerte de uniformidad, homogeneidad, que permite que luego de la lectura de textos del autor de épocas y géneros diferentes, el lector se quede con una impresión residual de una inacabable búsqueda / evasión de una identidad. Por ejemplo, uno de los caracteres a que se refiere el Innombrable, personaje central de la novela homónima, es Manhood, un ente sin extremidades, que vive en un frasco ubicado en una esquina. En el teatro del autor irlandés y por razones genéricas del género, es más notoria la restricción o carencia física de los personajes, que llega al extremo en Nagg y Nell en Fin de partida.. Molloy, Malone y el Innombrable, personajes centrales que dan nombre a las novelas de la trilogía, entran en esta categoría de personajes.
Pero no se trata de una marginalidad social, o preferentemente social, aunque supongo que nada puede impedir por otro lado una lectura de este tipo. Aquí falta una referencia explícita o directa al entorno social. Pero esto no significa que el referente social esté ausente. Muy por el contrario. Parece imposible dejar de pensar en un referente aunque este no aparezca tematizado centralmente. Ciertas instancias por ejemplo de Esperando a Godot o de la relación de Molloy con las autoridades (la policía) no pueden sino verse como apuntando, fuera de sus otras connotaciones y denotaciones, a un ámbito político-social, pese a que la crítica ocasionalmente contrapuso el teatro de Beckett al teatro social de Jean Paul Sartre.
Los personajes de Beckett desde More Pricks than Kicks(1934) y Murphy(1938), pasando por How it Is (1961) y llegando a What Where (1983), corresponden, para usar un juicio impresionista a vagabundos, hobos, clochards, físicamente reducidos a un mínimo, mentalmente claudicantes, cuya actividad principal es el discurso permanente e incesante, la especulación, el inventario de sus 'posesiones' materiales y psicológicas, básicamente a nivel de la conciencia, y que evidentemente se encuentran reducidos materialmente a los márgenes de la vida social. Sin embargo, estos personajes presentan en su marginalidad un alto grado de conciencia o lucidez que contrasta con las expectativas y presuposiciones que el lector podría tener respecto a su estatus social y modo de vivir físico, eso hace al personaje accesible para el ‘lector culto', que también presupuestamente se identifica con el lector universal. Se puede afirmar que las novelas de Beckett, así como todo su proyecto de escritura, apuntan al 'hombre universal', apelando a un lector también universal
Y lo que está ligado con lo anterior: en las novelas, y otra vez en toda la obra del autor, es muy evidente la presencia de la degradación, y su radio y profundidad se relaciona con el carácter problemático de la identidad de los personajes. Aquí empleamos el término ‘degradación' para indicar un estado de cosas en el universo ficticio construido en la novela y que se percibe implícitamente o explícitamente en la lectura como contrapuesto a otro no degradado. Entonces, no es la pura negatividad o carencia, sino su percepción en relación a un estadio no degradado. Si enumeramos las características principales de un hipotético mundo no degradado, no sólo hipostasiado en esta lectura de las novelas de Beckett, sino presupuestas en el ‘mundo' del lector contemporáneo,--y quisiéramos decir occidental, aunque no tenemos la seguridad de que las siguientes categorías no sean más o menos universales--, estás serían la unidad, la plenitud, la delimitación, la univocidad, la inmediatez, como opuestos a la multiplicidad y el caos, la carencia, la ambigüedad y la confusión, la mediación. La degradación parece inundar o permear o ser parte constituyente del mundo ficticio/representativo de la totalidad de la obra de Beckett, aunque se centra fundamentalmente en sus héroes, en el caso de las novelas de su trilogía y se extiende al mundo en el sentido de espacio en el caso de su producción teatral. Pero otra vez, quizás por la necesidad de un entorno físico para la representación teatral que hace al mundo más evidente para el espectador.
En la obra de Beckett el mundo degradado se configura en forma homogénea, fundamentalmente en dos niveles: la degradación del personaje principal y el aspecto de gratuidad y abstracción que el mundo ofrece a través de la perspectiva de este personaje. Aquí pareciera no haber niveles ontológicos y axiológicos diferentes y marcados que indicaran modulaciones de grado en esta condición degradada. Pareciera que la degradación del héroe se hubiera efectuado en un tiempo anterior distante, y que este personaje fuera vestigial, sin que se pueda calificar el mundo en que se desenvuelve más que a partir de su punto de vista. de todos modos y desde el momento Como el personaje vehiculiza la narración, el efecto es de una degradación del mundo, sobre todo en el plano social-institucional. El lector percibe este mundo a través de la 'conciencia' de los personajes principales, única fuente de conocimiento para el lector, ya que las novelas están narradas en primera persona.
No hay casi declaraciones del narrador/personaje sobre la condición degradada de su propia condición ni del mundo que presenta, sino que el lector 'construye' esta degradación al advertir carencias respecto a otro estado eventual más pleno y anterior al mundo representado en la novela, y que acaso interpreta como análogo al de su situación actual (la del lector). Los personajes aluden sin embargo a una condición física y psicológica previa superior, en un sentido más bien anecdótico, sin referencias a ningún 'estado de cosas general'.
Esta condición previa de una mayor plenitud no existe en todos los casos en que se presente un proceso de degradación, sino sólo si el proceso tiene lugar en un plano diacrónico, que implique un 'antes' de plenitud opuesto a un 'después' actual de la decadencia. En general esta dimensión diacrónica aparece como un presupuesto de la lectura en la obra de Beckett no tan sólo en cada novela en particular sino en las tres novelas, Molloy, Malone muere, y El innombrable, constituyen una serie progresiva.
La degradación de los personajes y el mundo asume un carácter residual, explícito en lo relativo al personaje/narrador central en cada caso, pero que se hace extensivo al mundo humano de las instituciones e incluso al natural, debido a la decantación y abstracción que han sufrido todos los elementos del contenido debido a su paso a través del tamiz del narrador-personaje. La falta de alusiones directas de los personajes a un estado anterior ontológicamente más pleno se relaciona con la violencia sufrida por el tiempo lineal, que en el caso de las obras del autor tiene la tendencia a la manifestación de un tiempo circular o cíclico
Ese carácter vestigial del mundo y los personajes en la obra del autor irlandés es muy patente por ejemplo en Fin de Partida y Esperando a Godot, más en la primera que en la segunda. El mundo anterior, y más pleno o real, se entrega a la competencia del lector por medio del entramado de los índices que conforman la textura del texto. Ciertas obras de teatro del autor en se que incluyen estas dos, forman una serie degradativa paralela a la que se establece en su trilogía de novelas.
La degradación no aparece declarada como proceso por el autor o los personajes. Tampoco es tematizada, pero permea las novelas de la trilogía en forma progresiva, habría un estado ontológico pleno anterior aunque en general implícito. A veces se manifiesta en la posibilidad de la 'bondad' del mundo natural, a veces y en tanto experimentado por él/los protagonistas, a nivel de sensación, pese a la dicotomía conciencia / mundo presente en la obra de Beckett:. Esta contradicción es un elemento que sitúa al autor continuador de la novela moderna y de la concepción moderna/ modernista de la subjetividad, del sujeto, incluso de la historia: En este proceso de degradación progresiva de la trilogía, los protagonistas/narradores se van degradando en su corporeidad, pero no así en su discurso. Hay un tiempo en el pasado de Molloy, por ejemplo, en que el funcionamiento físico y psicológico del personaje fue 'normal'. El problema de su identidad, al menos en tanto que conciencia, no se plantea, aunque sí en términos 'físicos', siendo aquí entonces la degradación un proceso más bien externo, que no compromete profundamente a la esencia humana. Este proceso degradatorio general no existe en el para sí del personaje, la conciencia, que es persistente. Escuchemos a Molloy:
"Here it is. It gave me a lot of trouble. It was the beginning, do you understand? Whereas now it's nearly the end. Is what I do now any better? I don't know. That's beside the point.....Here's my beginning. It must mean something, or they wouldn't keep it." (p.8)
A la vez que se entrega el mundo objetivo y humano a través de su punto de vista, se instaura la conciencia como la dimensión de alguna manera significativa.
Desde el inicio de esta novela, que es a la vez el inicio de la trilogía y da la pauta del discurso a seguir, el lector no espera mayores alteraciones, eufóricas o disfóricas, en o del protagonista. El discurso asume y mantiene gran importancia respecto a los acontecimientos y a la condición o estado corporal del protagonista, cuya identidad física se ve contradicha por la conciencia 'intelectual' que encierra. Como ésta se revela lo esencial del personaje y en definitiva no varía sino 'gira', el mencionado proceso degradatorio no se produce respecto a esta esencia' del personaje, lo que no quiere decir que, como se afirmaba anteriormente, no se trate de un universo degradado.
"Three hundred and fifteen farts in nineteen hours, or an average of over sixteen farts an hour. After all it's not excessive. Four farts every fifteen minutes. It's nothing. Not even one fart every four minutes. It's umbelievable. Damn it, I hardly fart at all, I should never have mentioned it.Extraordinary how mathematics help you to know yourself" (p.30).
Quizás en esto residiría su humanismo, la degradación misma se revela como aparente o inescencial, ya que afecta al extremo material, incluido el cuerpo. Lo que permanece en última instancia es la conciencia en tanto entelequia, como fin en sí misma. De lo que se carece es del objeto o finalidad de esa conciencia, que es lo que en definitiva proporciona su 'valor'. La conexión intertextual posee la consistencia de una estrategia narrativa intencional. Los claudicantes caracteres evocan y especulan sobre caracteres traídos de otras novelas, así por ejemplo el Innombrable:
"All these Murphys, Molloys and Malones do not fool me. They have made me waste my time..."
"I am neither, I needn't say, Murphy, nor Watt, nor Mercier..."
"His life, what a mine, what a life, he can't have that, you can't fool him, ergo it's not his, it's not him, what a thought, treal him like that, like a vulgar Molloy, a common Malone..."
La creación de personajes por parte del narrador/personaje, que en Molloy se efectúa luego de intentos de evocación, reaparece en El innombrable, luego de sufrir hasta el extremo el proceso de decantación que se lleva a cabo por etapas en la serie de las tres novelas:
"So I saw A and C going slowly towards each other, unconscious of what they were doing...Perhaps I am inventing a little, perhaps embellishing...But perhaps I'm remembering things...But they knew each other perhaps. Now in any case they do, now I think they will know each other... (pp. 8-9)
"And I am perhaps confussing several different occasions...No, I will not lie,..." (p.14)
"Mahood, he was called Mahood....he was never there in his jar...It is I invented him, him and so many others, and the places where they passed...I invented my memories"
Hay un agostamiento y esencialización de una concepción inicial. La obra se desarrolla progresivamentes, en su intento de comunicar la realidad desnuda del hombre concebido genéricamente.Las novelas de Beckett, como se ha visto, están relatadas desde el punto de vista absoluto del personaje principal, cuya percepción es la fuente y tamiz de todo conocimiento del mundo que pueda atravesar hasta el lector, desde los elementos perceptivos hasta las especulaciones metacognoscitivas y metateóricas.
En las novelas de la trilogía, el espacio aparece cualificado por las mismas características abstractas y funcionales de estos protagonistas que lo refieren al vivirlo, o mejor, al recorrerlo, rememorarlo o inventarlo. La configuración grotesca o paródica, rayana en el absurdo, que asumen los elementos del mundo institucional humano presente en las novelas obedece a esta misma primacía del personaje / narrador.
"The speaker was a man, naturally, in the flower and the prime of life, his features stamped with mildness and severity in equal proportions, and he wore a scraggy beard no doubt intended to heighten his resemblance to the Messiah" (Malone Dies). p.256.
Pese a esta preponderancia del personaje, sus acaeceres, o carencia de estos, se sitúan en el extremo opuesto de los de la epopeya, o de la novela de formación: La noción de un tiempo progresivo ligada a los personajes se encuentra débilmente presente en los universos novelescos producidos por el autor irlandés, la categoría de 'desarrollo' no se encuentra presente, aunque sí podemos decir que se encuentra presente la noción de 'cambio' o 'proceso' en el mismo sentido o dirección. Sí podría decirse que existe una 'duración' en el sentido bergsoniano, un tiempo lineal de la conciencia de los personajes llenado por su discurso incesante. Así hay una clara inanidad de los avatares de los personajes.
En las novelas de la trilogía el mundo o espacio existe en forma vestigial, ya que incluso en el proceso de decantación que sufren los personajes de la trilogía en forma progresiva, su elemento para nosotros definitorio, la conciencia, va llenando el lugar que el estrechamiento del mundo va dejando, llenándolo de su discurso y paradójicamente recreándolo a partir de su propia actividad. Esta minimización de la instancia propiamente 'narrativa' es muy presente en la obra de Beckett, pese a los esbozos de estructuras narrativas que pueden encontrarse*. La reiteración del mismo tipo de personaje y la misma concepción (del hombre, del mundo) a través de toda su obra, con variaciones que podríamos llamar de intensidad, ha permitido el decantamiento del espacio y las acciones hasta un nivel esencial y abstracto, tanto en su prosa como en su teatro, como es el caso de la obra Acto Sin Palabras (1964), considerada por los críticos como muestra del teatro del absurdo. Esta decantación del aspecto narrativo es además correlativamente un propósito metaliterario o estético del autor y una presencia permanente en su escritura, cuyo discurso e incluso lenguaje aparecen intencionalmente empobrecidos con propósitos estéticos, que incluso definen la elección de su lenguaje de escritura.
No se pretende decir que falte elemento narrativo, acontecimientos y trama.. Es innegable que en el caso de Molloy el personaje emprende un viaje en busca de su madre que, cargado de simbología mítica puede ser interpretado incluso en términos psicoanalíticos. Pero creemos que la misma actitud paródica en el caso de la trilogía impide que se tomen esos acontecimientos en serio, siendo los posibles discursos de origen cultural entremezclados en el texto otro elemento de la parodia. Curiosamente es la presencia del humor en la obra de Beckett un elemento que nos parece dificultar que un lector pueda dar importancia al nivel narrativo, ya que las situaciones épicas, en que los héroes son importantes, se caracterizan por la relevancia de sus acciones. Un enfoque que pretenda encontrar las estructuras profundas de un relato subyacente al nivel de superficie tendrá en una instancia posterior que relativizarse en la medida que la posibilidad de un dicho enfoque se encuentra parodizado en el nivel mismo en que abiertamente y en el universo presentado por el narrador/personaje se parodizan las ciencias y epistemologías. El tono mismo de la narración tendría en su eventual comicidad que ser superado o neutralizado
En las novelas de la trilogía, el espacio en tanto entorno, distancia y lugar de objetividades y personas tiene características de ambigüedad y nebulosidad progresivas, y tiende a ir siendo reemplazado por otro que es la emanación de la conciencia del narrador/personaje. Desde el momento en que la realidad exterior es nebulosa e insegura y no constituye un objeto de preocupación del personaje, por ejemplo respecto a su verdadera realidad etc., esa paulatina decantación o abstracción del espacio ficticio se da como hecho en la lectura, incrementando el efecto de distanciamiento. Como categoría entonces, el espacio tiende a reducirse correlativamente con la otra intuición básica, el tiempo.El espacio y el tiempo en la trilogía sufren entonces un proceso parecido de decantación, sin no se quiere usar el término abstracción:
"The supreme artistry behind this highly condensed form of writing lies in Beckett's ability to concentrate without ever becoming schematic or abstract". Martin Esslin, Mediations. Essays on Brecht, Beckett, and the media, Lousiana State University Press, U.S.A., 1962, pág. 121.
Beckett nos presenta todavía, aunque en una versión límite y decantada, los avatares de un individuo y el hombre genérico en tanto que individuo, concebido en términos de una identidad compuesta de un en sí (materia) y un para sí (conciencia). La tarea propuesta en la trilogía es la del paulatino despojamiento del yo en tanto conciencia, despojado de sus accidentes y la mostración, o su intento, de sus componentes básicos en funcionamiento. La conciencia beckettiana es empero una conciencia trascendental, que despojada de su entorno lo necesita para generar una oposición respecto a sí mismo, que lo entregue en esa contraposición con la alteridad. Este proceso existiría porque sí, sin una justificación externa. De ahí su absurdo. Las novelas del autor constituyen una de las formas de expresión que el autor ha elegido. Pese a su reticencia frente a las declaraciones de todo tipo, Beckett como autor a través de sus narradores/personajes, problematiza y comenta en forma abundante sobre estos temas, lo que permite atribuir a su trilogía, y por lo demás al conjunto de su obra, un cierto carácter programático.
En la obra del autor irlandés nos encontramos que se vehiculiza a través de los personajes la concepción de una subjetividad material y psicológicamente reducida a un mínimo que se mueve (preferimos decir en lugar de 'actúa') en un mundo correlativamente despojado y abstracto que ya caracterizábamos como vestigial. Este carácter vestigial del mundo aparece como tal en tanto mediado o visto por el lector a través del punto de vista del narrador/personaje. El grado de imposición de la perspectiva del personaje y el desnivel de desarrollo entre la conciencia del mismo y el mundo en que éste se desenvuelve, incluyendo su cuerpo como entidad 'mundana', que es presentado como soporte material, manifiesta una situación de casi absoluto predominio del sujeto frente al objeto. En El innombrable, proceso que se continúa el Cómo es, el mundo permanece solamente en tanto contenido de la conciencia. Este es un estado que sería inmediatamente anterior al solipsismo, nivel difícil de expresar literariamente desde el momento en que para escribir se necesita lenguaje, donde la conciencia perdería su autoidentidad al dejar de estar confrontada por lo otro que ella, aunque sea a nivel de la conciencia en que eso otro se manifiesta.
Esta sería la condición límite, que en el curso de las tres novelas de la trilogía (y de la trilogía paralela de las obras de teatro ) se va llevando hasta sus extremos. Pero esa subjetividad se manifiesta como siendo en última instancia inamovible y resistente. El universo y la misma existencia del ser humano parece carecer de sentido, pero la 'esencia' de esta subjetividad se muestra como un elemento sólido, entregada al ejercicio de la manifestación (no 'desarrollo') de sí misma.
El proceso de búsqueda parece detenerse en un límite, que sería también un presupuesto inicial más allá del cual era imposible progresar: una conciencia encarnada y trascendental que en ausencia de un mundo tiende a secretarlo, o mejor, tiene que secretarlo mediante un discurso que se objetiva, que se reifica. Luego de este proceso nos quedamos (en tanto lectores) con una esencia irrefutable, un residuo último, una conciencia que existe para sí misma y cuyos procesos se desarrollan con una perfecta morosidad circular y sistemática en la (casi) ausencia del mundo
El proceso que tiene lugar en las obras de Beckett es claro e indiscutible. El mundo se encuentra en un proceso de máxima degradación en tanto es materialidad. El personaje principal carece de una identidad establecida, pero su subjetividad, su carácter de sujeto, de su propio discurso, que equivale a la conciencia y es como en Sartre negatividad, es un remanente básico e inamovible. Reiterativo y con tendencia a una autosuficiencia imposible. La conciencia es la realidad última pero pese a todo y en tanto 'trascendental' no puede funcionar en el vacío. Se revela como siendo la realidad original y final.
Nos encontramos con el proceso de decantamiento del postulado constitutivo del pensamiento occidental, o mejor eurocétrico, sobre el ser humano, organizado en términos binarios y opuestos; espíritu-materia; res cogitans-res extensa; para sí-en sí.
La mirada a la postre 'occidental' de Beckett, desde la roca segura, pese a su precariedad y problematicidad, de la subjetividad en tanto conciencia, contempla a la historia y al hombre como proceso lineal, aunque la historia presente en las novelas de la trilogía sea la del despojamiento desde la pululación de índices hacia la escencialidad, se hace circular cuando se vuelve hacia los avatares de sus caracteres en progresiva escencialización: la dividida esencia de la mónada; res extensa-res cogitans, se vuelve a revelar como esencia pivotal y persistente en cada avatar de la realidad.
Nos encontramos con la realidad última de la mónada cogitante, ante la alternativa siempre presente de la disolución general, que sería la revelación del original absurdo del ser. El narrador/personaje puede proyectar otra realidad nacida de recuerdos, pseudopensamientos, invenciones, generalmente marcadas de una ambigüedad que no elimina el proceso, afirmando de esta manera su absoluto carácter volitivo, 'creando un mundo o 'secretándolo'.
En las novelas de Beckett el distanciamiento tajante entre sujeto y objeto que surge de la asunción del sujeto como conciencia (y volición, para-sí, cógito, opuesta al mundo ( res extensa), tiende a producir en un sólo movimiento la afirmación de sí y la negación de la realidad (que se transforma y delimita como repetición, objetivación, mensurabilidad, obstáculo, materia dispuesta). Esta concepción dramática del ser humano y su estadía en el mundo pierde su dramatismo y tremendismo, que la harían grandiosa en su carácter trágico, por tanto instaurando en ese universo ficticio un 'valor' de contrabando, por medio del recurso a lo cómico, que banaliza todo intento de una mimesis dramática. El espectador se separa así del objeto mimético así como la conciencia se separa o niega su objeto:
La afirmación del yo en una situación límite produce en Beckett una realidad de ensueño, por su específico grado de distanciamiento, ya que se ve presupuesta en su carácter de constructo bañándose en elementos psicológicos subjetivos. De algún modo la contradicción o la pareja de opuestos yo/mundo se soluciona mediante la preponderancia absoluta de la conciencia, el espacio y el mundo y sus objetividades adoptan un carácter carente, nebuloso. Esta realidad vestigial o fragmentaria parece ordenada por una fría lógica sin otro propósito que el propio funcionamiento de las 'facultades' de la subjetividad, en ultima instancia la conciencia. Así, en estas novelas se produce una combinación de caos y rigor simultáneos correspondientes en forma burda a conciencia y realidad, y que reproduce a nivel formal, homólogamente, la concepción beckettiana y occidental, universal y abstraída al máximo, sobre el hombre y el mundo. Sería difícil referir la situación de las novelas y la obra en general de Beckett a un referente espacial o geográfico específico.
El despojamiento a nivel indicial y el carácter exhaustivo de las 'facultades' y modos de ser del ser humano, incluyendo la cultura, tienden a proporcionar la impresión de universalismo a la obra de Beckett. La referencialidad en el caso de las novelas de la trilogía de Beckett disminuye de una novela a otra, como parte de un proceso de escritura fuertemente programático.
.
La alienación adquiere un sentido opuesto en las obras del autor irlandés. En la trilogía las fantasías, voliciones, recuerdos, elementos del mundo en tanto vivenciados o percibidos por el personaje, se desprenden del sujeto o este los maneja, los combina, se deja llevar por ellos, pero es el mundo quien está ausente, quedando el sujeto sin entablar real conexión con aquel: Existe una gran 'lucidez' y claridad de propósitos del autor en sus comentarios sobre su obra en este punto:
"Nor is any direct and purely experimental contact possible between subject and object, because they are automatically separated by the subject's conciousness of perception, and the object loses its purity and becomes a mere intellectual pretext or motive" Samuel Beckett, 'Proust' [1931] *
El personaje becketitano se vincula con el mundo mediante dos elementos mentales o psicológicos funcionales: el hábito y la memoria:
"Habit is the ballast that chains the dog to his vomit. Breathing is habit. Life is habit. Or rather life is a sucesion of habits, since the individual is a succesion of individuals; the world being a projection of the individual's conciousness (an objectivation of individual's will, Schopenhahuer would say), the pact must be continually renewed, the letter of safe-conduct brought up to date'Proust' [1931]
La memoria aparece ligada a los hábitos, formando su combinación una coraza de muy difícil ruptura. El objeto esta ahí, pero a una distancia kantiana:
..."Voluntary memory...is of no value as an instrument of evocation, and provides an image as far removed from the real as the myth of our imagination or the caricature furnished by direct perception 'Proust' [1931] *
El mundo puede sucumbir, pero el hombre (mónada, conciencia) permanece. El yo es "...the imprisoned microcosm"* Esa parece ser, a nuestro entender, la urgencia básica de la escritura en Beckett.
En Beckett, la dimensión física de los personajes, como en el caso de Malone , es una reducción al extremo y los elementos concretos proporcionados a través de la descripción y el accionar de los personajes son una muestra de las alternativas de la conciencia, sus voliciones y movimientos. Está construido con el mínimo de los rasgos necesarios para cumplir su función. Esto puede aplicarse correlativamente a las objetividades presentes en del espacio del mundo beceketiano, debido al proceso al que se ha aludido de la 'entrega' de la objetividad a través de ese mismo personaje. Este carácter de pobreza y abstracción, quizás de escencialidad del personaje abarca sus rasgos físicos y psicológicos, pero no implica una limitación en radio sino en número. Si nos fijamos en la psudoepistemología o pseudifilosofía de Molloy por ejemplo vemos que se produce una suerte de escencialización negativa. Las clases y categorías fundamentales se mantienen, no así su importancia y variedad. Es el experimento de empujar, en el proceso de creación de una máquina horrible, el marco físico hasta el limite de desposición de lo que podría denominarse 'accidental', no relevante
Es el reino indiscutido de la conciencia siempre igual a sí misma, cartesiana, que ha decorado su opuesto (en sí, res extensa), solo con las mínimas comodidades necesarias para el propio funcionamiento de la conciencia que encierra. Pero estos personajes no se diluyen hacia el ámbito de la cosificación ni anuncian psicología por completo extraña al hombre (vale decir al lector). Este reconoce al, personaje hasta cierto punto como semejante y se identifica en algún nivel con él. De ahí proviene el efecto dual que estas novelas proponen: Dados la existencia de una identificación o reconocimiento entre lector y personaje, la situación extrema de miseria o despojamiento óntico, no opaca sino resalta la presencia ontológica, si queremos jugar con esta pareja de términos heideggerianos, esencial del elemento humano, reconocible e identificable con el de estos personajes.
Es como la comedia llevada al extremo y despojada de la distancia cómica.En todo caso, es posible reconocer, no un símbolo, sino de un ser humano despojado de atributos 'accidentales', entregado a la finitud y mostrando sus maneras (ways). En las novelas que nos ocupan, Beckett nunca suelta la primera persona, es decir, su narración básica es desde un yo, que puede adoptar un punto de vista descriptivo, pero se mantiene a lo largo del texto. Esta autorreferencialidad se ve contaminada por el carácter paródico de las referencias que los narradores-personajes hacen hacia el mundo del 'saber' incluida la literatura y, directa o indirectamente, la novela en cuestión que se está leyendo. El carácter grotesco en su presentación en tanto ente físico del emisor de estos juicios y comentarios al interior del universo ficticio de las obras del autor irlandés, desrealiza, parodizándolos, dichos juicios y comentarios. La minimización de los mismos por un proceso de contraposición con la situación de emisión y por la simplificación y sumarización devalúan la literatura como práctica discursiva intelectual al interior del universo ficticio de las novelas, y por ende, de la literatura en general. Se refuerza así la gratuidad de la existencia humana como tal, su intrascendencia, o mejor no trascendencia, en tanto su elemento privilegiado, la feracidad y volubilidad del discurso, y por tanto la conciencia, que por provenir de su lamentable envoltorio material ha sido insinuado como tal.
A la abstracción y escencialización que el organizador del texto presentaba a nivel de los contenidos, y confundiéndose o formando parte de la misma, correspondería por lo tanto una situación similar en el plano de la expresión linguística como parte del 'estilo':
El mundo de Beckett aparece entregado por la perspectiva del narrador / personaje, su conciencia y sus limitaciones, facultades y prerrogativas. La realidad espacial y sus objetividades dependen de este foco, pero en general, tanto en su dimensión social-institucional como física aparece como inescencial, como campo de juego al discurso secretado por el personaje. Pero la dimensión básica en Beckett es la temporal, siendo la evocación y repetición los pilares de una conciencia en ruinas pero en el fondo y básicamente perviviente. Esta conciencia se revela como la única realidad subsistente luego de proceso progresivo de abstracción y limitación tanto del carácter corporal del personaje como del radio de su conciencia
Vemos en las novelas de Beckett, siempre haciendo abstracción del pacto entre crítica, consumo e institución, una manifestación límite de la modernidad, en que el hombre es concebido como una mónada, un compuesto entre 'alma' y 'cuerpo', 'res cogitans' y 'res extensa', 'en sí' y 'para sí', siendo la porción realmente 'humana' la segunda.
Beckett pareciera proponer un después de la efectiva existencia histórica en que la única realidad que permanece es la diferenciación individual, la dualidad ser/consciencia, discurso/realidad, a la vez que predica la realidad última e inmodificable--porque no habría otro estado sucesivo--de la criatura humana, movimiento que carece de sentido pero que es su propio sentido. La realidad del cógito, que es a la vez la maldición de la razón y la búsqueda inútil de un sentido: una entelequia cuya finalidad es la proyección de su propio sentido en un una realidad por principio incognoscible y ajena. Esta tarea de re-presentación de la realidad o condición (humana) es el último y más radical intento modernista, moderno y eurocétrico, occidental, y el producto de un intento de plasmación literaria de la ideología secretada por el capitalismo en términos de la separación de la pura mónada conciente frente a un mundo, incluido el cuerpo y por ende a los otros en tanto corporeaidad, como materia opuesta, y por lo tanto mensurable y explotable. Históricamente conquistable en su doble dimensión de conciencias a evangelizar o convertir (a la religión, al progreso), y materia a dominar.
Hacer una pregunta
Este artículo hace una comparación entre aspectos de la novela 'El obsceno pájaro de la noche', del narrador chileno José Donoso (1970) y la trilogía de novelas del autor Samuel Beckett; 'Molloy', 'Malone muere' y 'El innombrable', (1955, 1956, 1958 respectivamente). Las novelas de Beckett representarían un grado extremo y terminal de una concepción de mundo 'occidental' y la de Donoso anunciaría o señalaría la presencia de otra que subyace a la forma de la novela.
El poeta Arnulfo vigil recibió el Reconocimiento al Mérito Editorial en la ciudad de Monterrey. Muchas palmadas en la espalda, nada de apoyo económico.
sus primeros verdaderos éxitos ante el público datan de 1831, cuando aparece La Peau de chagrin, que aparece en la Revue de Paris. Esta novela, de carácter semifantástico, recibiría el elogio de la crítica (entre ellos, el anciano Goethe) y del público, y sellaría así el prestigio literario de Balzac
siempre se ha considerado a Shakespeare como una persona culta, pero no en exceso, y ello ha posibilitado el nacimiento de teorías según las cuales habría sido tan sólo el hombre de paja de alguien deseoso de permanecer en el anonimato literario
texto sobre ventas online y libros de segunda mano en España. Lea este artículo si le interesa este tema
Los hombres están solos debido a su orgullo y pérdida de valores y la amistad es la única solución para enriquecer la vida humana. Los hombres no pueden pararse, dedicar tiempo a los otros, de dejar de preocuparse por lo que les parece importante y tratar de comprender a los demás
¿Qué es el amor? Hoy toca analizar uno de los conceptos más universalmente usados por el ser humano. ¿Qué es el amor? Empezaremos diciendo que esta palabra tiene un sinfín de significados, pues cada persona le asigna el suyo. Sin embargo, para tener una idea clara de lo que esta noción se refiere. Debemos dejar de lado "al corazón" y centrarnos en los hechos comprobables. Primero que nada, nos sumergiremos en la raíz de la palabra amor:
El día de navidad, según nos lo han dicho una y mil veces, es un día de diciembre en el cual se conmemora, entre muchas otras cosas, el nacimiento de un niño Dios.
Porque hay distancias que se nombran, distancias de "te extraño" pero hay otras en donde eso solo se piensa, porque al parecer nombrarlo contraproduce, hay otras de intriga, en donde el silencio es tan escandaloso que de pronto no deja dormir; en cambio existen las distancias de olvido, y meses después uno recuerda la distancia y ella en si misma no produce nada, es el olvido el que produce un poquito de resaca moral.
Una de las notas enviadas a los participantes de un taller de poesía que hice, versa sobre la representación como forma de conocimiento/expresión y la poesía como forma de la misma, entre las otras artes. Se esbozan algunas condicionantes y características de la sí llamada expresión poética. Es una nota a medias de poética y a medias epistemológica, pero sencilla y puntual, que alguna vez se desarrollará (espero) con más profundidad y detalle
Se trata de una nota sobre el libro más reciente de la poeta chilena Cecilia Palma, que combina la concisión del estilo con una vertiente lírico reflexiva y acoge una variedad de temas de preocupación humana universal en un trasfono no ajeno al cosmopolitismo. Además se presentan algunos poemas iniciales de este libro
Una nota sobre la literatura chilena en Canadá, la que se inicia con posterioridad al golpe de estado en Chile an 1973 y que provocó un exlio considerable de chilenos, entre ellos escritores, a diversas partes del mundo. Con sus más de tres décadas de existencia, la literatura chilena en Canadá ha desarrollado un corpus valioso de obras y constituye todavía el núcleo central de la literatura en castellano en el país.
Esta nota es la traducción al español de la introducción a la antología "Chilean Poets. A new Anthology (Marick Press, 2011)", de la que aparezco como editor. Ahí me explayo sobre los criterios generales que me llevaron a este producto que quizás se aleje un poco de las antologías convencionales de poesía chilena
Este artículo hace una comparación entre aspectos de la novela 'El obsceno pájaro de la noche', del narrador chileno José Donoso (1970) y la trilogía de novelas del autor Samuel Beckett; 'Molloy', 'Malone muere' y 'El innombrable', (1955, 1956, 1958 respectivamente). Las novelas de Beckett representarían un grado extremo y terminal de una concepción de mundo 'occidental' y la de Donoso anunciaría o señalaría la presencia de otra que subyace a la forma de la novela.
Un breve recorrido humorístico de las menguantes opciones gastronómicas en Ottawa, Canadá, estableciendo conexiones con la situación mundial, la labor del poeta, las artes culinarias y la creación del universo
Una nota que ofrece una visión al cumplirse este año los doscientos años de la independencia institucional de Chile de la corona española
A través del comentario de algunos textos de autoras latinoamericanas residentes en Canadá, se pretende esbozar algunas constantes de esta parte de la literatura, más específicamente la poesía, de este dinámico grupo de poetas que integran la literatura hispanocanadiense. Se estudian principalmente aquellos elementos, presentes en poemas y fragmentos de poemas, relativos a la representación de la corporeidad y a su productividad textual en esta literatura trasplantada
