Nada Bajo La Losa
NADA BAJO LA LOSA
CAPÍTULO I
POR ALGO SE EMPIEZA
El juez Garzagrande miraba hacia el exterior a través de la ventana de su despacho. El cristal ciertamente no estaba muy limpio y además llovía. Consecuentemente su Señoría, el Excelentísimo Señor Magistrado – Juez de la Audiencia Nacional, Don Melchor Garzagrande i Magina no veía claro el exterior.
En realidad, lo que no veía claro era por qué él estaba en su despacho sin hacer nada, él que estaba siempre necesitado de actividad.
Había tenido momentos gloriosos.
Pero ahora estaba parado.
¿Dónde estaban los periodistas acosadores?
¿Dónde los guardaespaldas jugando a las cuatro esquinas?
¿Dónde las comparecencias parlamentarias?
¿Dónde las cámaras de los telediarios?
Tenía que hacer algo, algo, algo…
- Algo grande. Tengo que hacer algo grande.
Y abandonó la ventana para dar un puñetazo sobre la mesa.
Se oyó un suave toque en la puerta del despacho.
- ¿Pasa algo, jefe? – pregunta Almudena Vallejo Pintado, oficial del juzgado que preside su señoría.
- Nada, Almudenilla. Solamente… que no puedo seguir así…
- ¿Cómo?
- Inactivo. No puedo seguir inactivo.
- Es verdad jefe. Estamos parados y eso es peligroso…
- ¿Por qué?
- Pueden pensar que sobramos…
- Cierto. “Accesorium sequitur principale”
- ¡Siempre tan oportuno, jefe! ¡Qué cita tan adecuada! – Almudena, peloteando.
- Psé… - concede Garzagrande.
Almudena Vallejo Pintado es… vistosa. Joven y vistosa. Terminó Derecho en la Complutense, con matrícula de honor, y luego sacó las oposiciones a oficial de la administración de justicia a la primera, con la boina que se decía. Podría haber aspirado a más. Notarías, judicatura, registrador, abogado del Estado e incluso la carrera diplomática que estaba mucho mejor que la Condolence esa, pero decidió eso. Era rica por familia y el funcionariado al que había entrado le iba como anillo al dedo. “Un moscoso aquí, otro más allá y las vacaciones que largas se vuelven…” cantaba, el día que se sentía alegre, cambiando la letra a la zamba “Paisajes de Catamarca”.
El juez Melchor Garzagrande i Magina se había atrevido con casi todas las memorias históricas más o menos recientes. Los argentinos, los chilenos, Kissinger, Berlusconi, Osama Bin Landen, los GAL, ETA y su entorno (que se dice), el narco gallego, el lavado de dinero, Guantánamo, etc., etc.
Pero…
- Me falta algo, Almudenilla – se dolió quedo.
- Jefe… yo… - dubitativa, Almudena.
- Di…di…
- Es que no sé…
- Suéltalo ya…
- Hay un tema que no ha tocado…
- ¿Cuál? – elevando su ceja derecha.
- Pues ahora que estamos con la Memoria Histórica… la elaboración de un censo de fusilados, desaparecidos y enterrados en fosas comunes a partir del golpe de estado del 18 de julio de 1936.
- ¡Joder! – se le escapó a Su Señoría.
- ¡Jefe! ¿Le parece bien?
- ¡Eres grande, Almudena! Recuérdame que te suba el sueldo…
- No. El sueldo no, jefe. Pero unas vacaciones para la temporada de ski no me vendrían nada mal.
- Eso está hecho – magnánimo, Garzagrande – Y ven aquí que te doy dos besos.
Almudena no dudó en acercarse. En este terreno el juez no se excedía mucho.
- Y ahora vayamos al grano – le gustaba “ir al grano” como a otros “ir por partes” - Empezaremos por…
Melchor se había sentado en su sillón de cuero y el bolígrafo de plata tamborileaba sobre la mesa.
- Quizá convendría empezar por los Ayuntamientos… - sugirió Almudena.
- Ayuntamientos, eso…
- Y seguir luego con las Parroquias…
- Eso. Las parroquias…
- Luego… Veremos luego… - prudente ahora, Almudena.
- Esto de las parroquias… no sé… no sé… – como meditando - ¿Qué dirá la Conferencia Episcopal?. El Cardenal Ronco Carela está muy belicoso últimamente…
- ¿Quién dijo miedo, jefe? Le vendrá bien una pasada por la memoria histórica desacralizadora…
- Sin duda… ¡Sus y a por ellos! Procedamos a redactar la “causa pretendi”.
- ¡Su Señoría “erga omnes”! – remachó Almudena que se libró, por muy poco, del viaje que le echó el magistrado.
Y así empezó a aparecer de nuevo en las portadas de los periódicos, en las noticias de los telediarios, en las ruedas denigratorias televisadas, en los comentarios radiofónicos…
CAPÍTULO II
POCO TIEMPO DESPUÉS
Y Su Señoría se declaró competente para investigar los desaparecidos del franquismo e instruyó la apertura de diecinueve fosas comunes diseminadas en todo el país.
Y de repente todo el mundo se puso a cavar.
“Estaba la playa igual que una feria…” dice el tanguillo gaditano. Solo que en esta ocasión no se buscaban las monedas del tesoro escondido por el pirata pontevedrés Benito Soto Aboal, el último y más sanguinario pirata gallego, nacido en 1805 en el barrio marinero de la Moureira en Pontevedra, cuando en 1830 embarrancó su barco en la playa gaditana.
España entera se puso a cavar y la gente se puso a hablar y la gente se puso a discutir.
La gente cavó en Galicia, en Navarra, en Valencia, en Andalucía…
Los había fascinados con el asunto de las fosas comunes. Irlandeses, británicos... incluso un japonés de 70 años que, en cuanto pudo cogió un avión desde su país para ayudar en las exhumaciones. Scott, el americano, tenía muy claro el por qué de esta atracción: “¡Es que es un problema de Derechos Humanos!”. ¡Jódete y baila!
Unos querían saber y otros no querían recordar.
Esa era, en definitiva, la cuestión.
Además no estaba claro si Su Señoría tenía o no autoridad suficiente para destapar aquella caja de los truenos. ¿Puede un juez “de motu propio” hacer esas cosas? ¿No existiría, ahí, un “error in iudicando”?
Porque, vamos a ver, puede ser que un muerto quiera salir a la vida y otro quiera estar tan a gusto allí con su ADN privado, sin exponer sus vergüenzas a nadie. Y ya se sabe “Neminen laedere”.
Y además siempre hay quien pasa.
Vamos, que les da lo mismo.
Otros, por aquello de incordiar, dirán que quieren llevar un ramito de violetas a la tumba de su poeta preferido del que apenas si habrán leído algo. Pero saldrán en el telediario.
¿Se imaginan ustedes que vinieran los moros ahora a buscar, de verdad, la tumba de Almanzor portando el estandarte de la memoria histórica?
Y así, a lo largo de jornadas marcadas por un tiempo desapacible, tuvieron lugar multitud de exhumaciones con intervención, arqueológica forense, unas sí y otras no, pero siempre con la colaboración de voluntarios que para todo hay en la viña del Señor. Debido a la imprecisión de los testimonios en situar el lugar exacto de la inhumaciones fue necesario efectuar catas arqueológicas y finalmente, los esqueletos salieron a la luz, unos con las características bioantropológicas deseadas y otros no. Estas exhumaciones contaron en muchas ocasiones con financiación oficial. Meses después se tendrían los resultados de los análisis identificatorios llevados a cabo y por fin se cerraría el duelo de la familia que podría enterrar a su ser querido.
¿Y el otro? ¿Qué se hará con el otro esqueleto que nadie reclama? Ése que no tiene ADN que comparar, ni familia afligida por la memoria histórica, ni siquiera familia. ¿Qué se hará con esa osamenta ciertamente disforme ya? ¿Se volverá a dejarla en el mismo hueco con el mismo pijama de tierra removida o se le aplicará lo dispuesto en el artículo 13 de la Ley de la Memoria Histórica (Ley 52/2007 de 26 de diciembre de 2007)? ¿Se creará otro Valle de los Caídos? El Valle de los Caídos por la Memoria Histórica que no “Por Dios y por España”. Todo el mundo sabía, en los pueblos, quiénes eran los caídos por Dios y por España. Allí estaban sus nombres en la fachada de la iglesia bajo el de un José Antonio Primo de Rivera omnipresente. ¿Y a estos caídos? ¿En dónde se pondrían sus nombres? Porque caídos sí que estaban, sí. ¿Y en donde se ubicaría el nuevo Valle? ¿Junto al antiguo? ¿Enfrente? ¿Lo reclamaría alguna autonomía para si? Y, desde luego, no podría ser menos mausoléico que el primero. ¿Tendríamos suficiente dinero en esta época de crisis? ¿Se atrevería la Memoria Histórica a contratar las tuneladoras del Alcalde de Madrid?
Todas estas preguntas y otras muchas más empezó a hacérselas Su Señoría. Quizá había obrado un tanto a la ligera. ¿Tendría la culpa Almudena? Le había tentado en su vanidad. Otra Eva. Eso es lo que era Almudena Vallejo Pintado. Otra Eva tentadora. Pero él, Melchor Garzagrande i Magina, no se escudaría en nadie. Si había que asumir responsabilidades allí estaba él.
Pero el 16 de noviembre de 2008, por si acaso, decidió inhibirse del caso. Explicó a los “medios de comunicación” que dejaba de instruir la causa porque ya no había responsables vivos contra los que dirigir la acción penal, aunque consideraba que los delitos "permanecían" y no habían prescrito. Dijo que ahora correspondía a los juzgados provinciales en los que se encontrasen las fosas investigar las miles de personas desaparecidas durante ese periodo.
¡Toma la pelota y chuta tú que a mí me da la risa!
CAPÍTULO III
¿ESTÁ SEGURO, JEFE?
- ¿Está seguro, jefe? – preguntó Almudena.
- No lo sé…
- ¿Y si…? – insistió Almudena, ajustándose la falda de punto en la cintura.
La falda tenía cierta tendencia a girar y no había forma que la cremallera estuviera en su sitio.
- Es notorio que siempre ha estado allí… - pensativo Su Señoría.
- ¿Y las pruebas?
- Mira el certificado de defunción que me han remitido. “En el folio 151 del tomo 4.649 del Registro Civil del distrito de Fuencarral (Madrid) consta que el finado, de nombre “Excmo. Sr. D. Francisco” y apellidos “Franco Bahamonde”, con último domicilio en “Madrid. Palacio de El Pardo”, nacido en El Ferrol del Caudillo el 4 de diciembre de 1892, murió a las cinco y veinticinco horas del 20 de noviembre de 1975 en la “Residencia G. de la C.S. La Paz” por una “parada cardiaca. Choque endotóxico peritonítico”. Igualmente, el documento anuncia que el enterramiento será en la “Basílica de la Santa Cruz Valle de los Caídos”. Firmaron como declarantes los “Excelentísimos señores D. Ernesto Sánchez-Galiano y Fernández y D. Fernando Fuentes de Villavicencio”, en su calidad de Tte. Gral. Primer Jefe de la Casa Militar de S.E. y General Jefe de la Casa Civil e Intendente General respectivamente. Todo, bajo la comprobación del médico D. Vicente Pozuelo Escudero. Colegiado número 6.943. Número del parte 198.074. Otros títulos y datos, añade el acta del Registro: Jefe del Estado Español y Generalísimo de los Ejércitos”.
- ¿Se suicidó Hitler? – era como un perro de presa, Almudena.
- Sabes lo que ha dicho la Presidenta autonómica – ignorando la pregunta de Almudena – Pues ha dicho que “Ahora que estamos en el centenario del Dos de mayo, que se están publicando los bandos del general que mandaba aquí a las tropas napoleónicas, por qué no pido yo el certificado de defunción de Napoleón, porque es que ahí se decía con toda claridad que había que proceder a fusilar inmediatamente a todos los españoles de los que se sospechara que hubieran llevado un arma. Que eso sí que fue genocidio".
- ¿Está Napoleón en los Inválidos? – erre que erre, Almudena.
- ¿Dónde quieres ir a parar? – preguntó Garzagrande que ya había caído.
Y miró a su oficial por encima de las gafas arqueando las cejas interrogatoriamente.
- Que hay cosas que todo el mundo considera evidentes pero que necesitan ser probadas físicamente. No basta con la prueba documental. Veamos “ad exemplum” ¿Murió Napoleón en la isla de Santa Helena? ¿Qué fue de aquel barco que zarpó desde Sandy Bay el 9 de Mayo mientras le inhumaban al Emperador cerca de una fuente en el valle de Geranium al que se llamó más tarde Valle de la Tumba? ¿Es su cadáver el que está en el mausoleo de París? ¿Y qué me dice del búnker de Berlín? ¿Por qué sacaron los cuerpos fuera del búnker para quemarlos? Incomprensible. En plena lluvia de obuses rusos sacan a los cadáveres al aire libre. ¿Para qué? ¿Dónde están Adolf y Eva? ¿Qué pasó con Joseph Stalin entre el 3 y el 5 de Marzo de 1953 o, mejor dicho, qué pasó en aquellas veinticuatro horas del día 1 en las que nadie entró, se dice, en su dacha? ¿Se acuerda de la obra de Vizcaíno Casas “… y al tercer día resucitó”?
- “Exceptio firmat regulam” – aventuró Melchor.
- “Quod initio vitiosum est, non potest tractu temporis convalescere” – replicó Almudena.
- ¿Entonces…?
- Levantemos la losa.
CAPÍTULO IV
¿HAY ALGUIEN AHÍ?
Había dejado pasar el 20-N para no suscitar expectativas y lo habían hecho conforme a la legalidad vigente, pero en secreto.
Y es que aquel año había estado fina la cosa no dejando pasar a los falangistas.
Estaban presentes: el Notario de San Lorenzo del Escorial (término municipal al que pertenece el Valle); el médico-forense del Instituto Anatómico Forense de Madrid (IAF); un juez de Jueces para la Democracia en representación de las cuatro asociaciones (APM, JPD, AJFV y FJI); el Abad del Monasterio del Valle; un miembro de cada partido político con representación parlamentaria y otro de Falange Auténtica, por aquello de la proximidad joseantoniana.
De la familia no quiso asistir nadie. Argumentaron una apretada agenda de actuaciones televisivas y sociales diversas.
De la Fundación tampoco.
Se había seleccionado, con cuidado, la discreción y profesionalidad del equipo componente de la unidad de técnicos de construcción y demolición. O sea se había contratado a los albañiles de mantenimiento del Monasterio que tendrían que abrir y presumiblemente volver a colocar la pesada losa que llevaba la escueta inscripción “Francisco Franco”. No hacía falta más. ¿Podría haber otro?
Hoy, sobre la losa, había un pequeño ramo de claveles rojos y blancos, sobre fondo de grandes helechos verdes. Alguno de los allí presentes en el acto mencionó un posible atentado histórico-floral de la ETA pero nadie le hizo caso.
Había demasiado nerviosismo en el ambiente.
El primer y cuidadoso golpe de piqueta, en aquella fría mañana de diciembre serrano, retumbó en toda la galería, evidentemente cerrada al público. Los golpes fueron dados con mimo y se levantó la losa con unos polipastos casi artesanos evitando así la publicidad que, innecesariamente, habrían causado unas grúas de mayor envergadura.
Cuando hubo un espacio suficiente para paso de hombre el Juez Garzagrande se asomó al hueco y preguntó en voz alta y firme:
- ¿Hay alguien ahí?
El eco o la reverberación o quizá ambos fenómenos a la vez respondieron:
-… alguien ahí, alguien ahí, ahí, ahí, hí, hí, i…
La oscuridad interior y la claridad exterior producto de unos focos portátiles no permitían ver nada.
- ¡Que apaguen las luces! – tronó Su Señoría.
Sus ojos se acostumbraron ahora a una oscuridad apenas rota por un par de linternas.
- ¿Qué se supone que debía de haber aquí? – salió la voz de Garzagrande desde lo hondo.
- Un ataud… - se atrevió el Abad, inclinándose para tratar de ver algo.
- Dadme la mano – pidió el Excmo. Señor Juez Magistrado.
Raúl Habilla Menéndez, el representante de Falange Auténtica y, quizá, el más joven de todo los presentes, a excepción de Almudena, tendió su fornido brazo al Juez quien, por un momento, estuvo a punto de rechazar aquella fuerza tan de derechas que se le ofrecía.
Al fin lo aceptó.
- Pues ahí no hay nada – dijo, una vez arriba, mientras se limpiaba las gafas y se sacudía ligeramente el polvo.
Consternación.
Esa es la palabra exacta de lo que sintió aquel nutrido grupo en aquel momento.
Y, a la consternación, siguió un cruce múltiple de miradas interrogatorias.
- ¡Arriba toda, Mariano! – ordenó, por iniciativa propia, el jefe de los albañiles, Artemio Bustos Olivares, con el mismo acento y decisión del Capitán Sir Horacio Hornblower cuando decía aquello de: “¡Largad la mayor, Señor Bush!”.
Los polipastos chirriaron ante el esfuerzo que se les exigía, mientras Mariano Gravilla Bermejo, subjefe de la cuadrilla, como si fuera Herbert Von Karajan, dirigía con su mano derecha la cadencia elevatoria.
Y se calzó la losa por seguridad.
Alguien trajo una escalera.
Descendieron primero el Notario y el Abad.
Luego el resto, a excepción de Almudena Vallejo Pintado que se regodeaba interiormente porque aquella ausencia era la prueba irrefutable de su teoría. La teoría del “Presente ausente”. Su mirada se dirigió hacia la lápida de José Antonio Primo de Ribera. Tanto “José Antonio ¡Presente!” ¿Y si también estuviera ausente? No. Decició no tentar a la suerte. Ya tenía suficiente la Memoria Histórica si se confirmaba aquella inexistencia. Nadie, por el momento, había hablado de José Antonio.
Una vez reconocido aquel sitio por todos los asistentes, éstos fueron ascendiendo educadamente y se procedió a levantar el acta correspondiente.
Se habían prohibido los teléfonos móviles, así que todo marchó con rapidez.
Leyó el Notario: “En el Valle de Cuelgamuros (Guadarrama), en la Abadía denominada de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, término municipal de San Lorenzo del Escorial, a tantos de tantos de dos mil tantos, en presencia de los señores cuyas firmas, nombres y cargos figuran al final del presente acta se procede al levantamiento de la losa que cubre… etc., etc., no hallándose en la susodicha cripta ningún rastro de existencia actual o previa de féretro, ataúd o caja mortuoria alguna, por lo que no podemos acreditar la ubicación actual de quien fuera Francisco Franco Bahamonde, Caudillo, Jefe del Estado Español y Generalísimo de los Ejércitos. Colocamos la lápida en su posición primitiva, procediendo a su sellado y dejando el espacio interior vacío”.
Seguían las firmas…
Retiraron polipastos, focos y utensilios y cada mochuelo a su olivo.
CONTINUARÁ.
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Jorge Rendón Vásquez, respetado catedrático de derecho, es también un prolífico escritor, autor de varios libros de cuentos. ahora nos sorprende con una vasta novela. La poeta y crítico literaria Rosa Luz Miranda, nos ofrece en este comentario su autorizada visión de este libro.
El Gran Capitán decia que mas vale morir dando cien pasos hacia delante que vivir cien años dando uno solo hacia atrás. Ahora se dan pasos hacia atrás y son buenisimos.
analisis historico y algunas relfexiones. las cuales nos permiten relflexionar a nivel historico y de conciencia.
La memoria individual no es sólo personal: “...los recuerdos que constituyen nuestra identidad y proporcionan el contexto para cada pensamiento y acción no sólo son nuestros, sino que también los aprendemos, tomamos y heredamos en parte de unas reservas comunes, construidas, sostenidas y transmitidas por las familias, las comunidades y las culturas a las que pertenecemos...” (Prólogo de R.I. Moore a FENTRESS, J. y WICKHAM, Ch. (2003): Memoria social. Madrid: Cátedra, p. 12).
Un compromiso con la historia, la identidad, la verdad, la justicia y el conocimiento del país
"Por suerte para Zapatero, él ha exhumado el franquismo y otros fúnebres espantajos de nuestro pasado colectivo para tener entretenido al personal en rencillas históricas en vez de afrontar los problemas del presente. Así, con un poco de suerte, corre el tiempo y puede llegar en mejores condiciones a las próximas elecciones generales".
EN DONDE SE DESVELA QUÉ EXISTE BAJO LA LOSA
La cuestión sería aquí si hay prisa ahora después de 37 años de la muerte de Franco para hacer justicia. No hay que olvidar que hacer justicia no necesariamente supone abrir fosas cavadas para enterrar republicanos sino también fascistas.
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Un viaje por los salones recreativos de principios de los 90, donde no falta ni uno de los diferentes personajes que pululaban alegremente por aquellos antros donde nos dejábamos las pagas.
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EN DONDE SE DESVELA QUÉ EXISTE BAJO LA LOSA
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AURORA, MÉDICO, AMIGA DE GONZALO Y NOVIA DE JOSEMARI, EL CHICO QUE LO TENÍA TODO, REGRESA A MADRID DESPUÉS DE ENTERRARLE A ÉSTE Y CUENTA A GONZALO Y A CORO LO OCURRIDO.
dEOGRACIAS SE CONVIRTIÓ EN MANOLO. EL HOMBRE QUE SE REÍA DEL AMOR EN SU JUVENTUD CAYÓ EN ÉL AL FINAL

