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Mamá Te Estamos Llamando De: Mónica beatriz gervasoni
A estas alturas del partido, madre primeriza ya es un título para el recuerdo. Ya soy mamá reincidente y consumada. Por culpa de una descendencia de cuatro años y chirolas. Como segundo desliz. Y el primer signo de habérmelo tomado a pecho. Aunque soy media pechuga, aclaro. Es que el rol que me ocupa todas las esferas, efemérides y estratosferas, es el ¿sustantivo?, ¿adjetivo?, ¿verbo? O acaso todo consumado en una sola palabra, mamá… o en su defecto la palabra devaluada por intereses varios: “MA”…que me bautiza por todo nombre y apellido, a todas horas, a diferentes voces y por, si fuera poco, por duplicado. Con lo cuál me interpelo, con una pregunta absolutamente retórica, porque de seguro quien me conteste ó comparte mi sentimiento ó, en su defecto, me manda a fregar platos. Busco tal vez mi identificación o compatibilidad en otras vidas, por toda explicación, antes de indagarme ¿qué hice yo, para merecer esto?... Molesto entonces, a los Dioses del oráculo para que revisen mi legajo karmático y traten de mandarme una señal en tono de respuesta. Que averigüen, si existe la posibilidad, en alguno de sus mamotretos universales, que yo haya sido una oveja, en alguna de mis existencias pasadas. Porque el “MA” que tengo incorporado, suena ya a balido de una familia ovejuna más. De tal manera que mi insomnio ya busca otro animal, descartando los borregos, para sacar la cuenta hasta que me duerma. Morfeo me confesó que se declara alérgico a los corderos. Mandándome a que vaya buscando otra cosa para contar, seducirlo y así concederme la gracia de poder hacer “noni-noni” en alguna hora de la madrugada antes que cante el gallo, si fuera posible y deje de volar cualquier mosquito, mosca, o insectos varios a riesgos que la tropa infantil despierte y se desvele. Ave María Purísima… Aunque el sucio bicho del gallo, en cuestión, se cansó de quiriquear junto con el reloj a cuerda y el digital, hizo piquete y se declaró en huelga. Total, los hermanos, mi cría, los reemplazan y no necesitan ni cuerdas ni pilas y les sobra energía para revolear hasta el techo.
Te escucho
No obstante habría que aclarar los diversos tonos del susodicho sustantivo, ¿propio?, ¿individual?, ¿único?, etc. con el que se me nombra... La más de las veces es suplicativo, mamá por favor. A la adolescente, muy de vez en vez, se le escapa un imperativo: mamá; que reprime ipso facto apenas le devuelvo una mirada capaz de asustar hasta un cardumen de pirañas o una manada de leones en celo. De todos modos el término oscila en sus gargantas visitando todo los matices de ambas modulaciones. Pero de un modo u de otro, no me salvo ni a place de que me recuerden el rol que asumí. En pleno uso de mis facultades mentales. Supongo.
Siempre quieren algo… Sino se lo concedéis que Dios y la patria os lo demanden Oíd, mortales
Soy mortal, ergo, escucho en estero la demanda proveniente de la conjunción de los pulmones y las cuerdas vocales del más chico con el aparato respiratorio de la más grande. Todo con tal de implorar con más énfasis. Cosa que sea imposible desoírlos, desatenderlos, negarlos o escuchar otra cosa fuera de sus reclamos. Las mayoría del tiempo, ese preciado algo por el cual cambiarían su reino por un segundo, porque al otro estarían suplicándole su vuelta y vociferan hasta dejarme sin sistema, auditivo, está al alcance de sus manitos. A expensas de ya estar cargoseando, me vuelvo a consultar, si quieren saber de mi presencia, me están cargando, o de puro vagos que estoy criando nomás… Porque por ejemplo, en un decir. La cama, generalmente está a centímetros de la mesita de luz, donde dejo el desayuno y generalmente se aloja el control remoto de la TV., del dvd y del cinco punto uno de la computadora. Cuando estos gozan del privilegio de tener pilas, claro está. Y funcionen como Dios manda. Seré insistente, por qué causa, motivo, o razón, me piden a mí que se los de, si están al alcance de sus anatómicas manos. Como generalmente en casa, suena todo, porque todo está prendido al mismo tiempo. La computadora es mi dominio. Porque aunque con el escobillón ya sabe Vd. donde, aún me guardo algunos segundos para mi inspiración. Sino mi musa renuncia. Ya me ha hecho llegar, un señor papiro en el que constan sus derechos y obligaciones. Estimando pertinente que si yo no escribo un renglón, apenas despuntada la mañana, envuelto en aroma de sahumerio, esterilizada la casa con lavandina disimulando la presencia gatuna con la cual no se lleva del todo bien y alguna música que suene a bolero, ella hace su retirada olímpica. Y como una diva reclamará lo que considere justo en concepto de indemnización y demás intereses por el aguante y el trabajo forzado de despertar mis neuronas y encima lograr el contacto entre unas y otras. Pero ante tanta escasez de inspiración, una hace algunas concesiones. El resto de chupetes electrónicos son de canilla libre a disposición de mi prole. Entre otras cosas para que distraigan a su aburrimiento y no osen hacerlo conmigo que estoy primera en su lista. Bien. Hay que tener en cuenta que los oídos de los integrantes de la casa son tan susceptibles que apenas deposito un pie fuera de las frazadas me escuchan y ya están confeccionando su lista de pedidos diario y varios. Que se inaugura, con lo primero en la orden del día. Algún manjar para el desayuno, estaría dentro de las consideraciones de sus estómagos famélicos, inmediatamente después de la noche sin ingerir bocado alguno. Ocupados en roncar, claro está. Pero sopesan que les juega en contra, porque inmediatamente después de digerido, se levantan en un santiamén o los levanto y no suele ser una terapia aconsejable que lo haga yo. Pero igual lo intentan, chantaje mediante. “Lavamos las tazas y demás enseres del chocolate mañanero y de la merienda”. Contraoferta, presurosa de mi parte, retruca: concedo remoloneo contra lavado de los platos del almuerzo y cerramos. Grrrrrrrrr. Eructa la mayor. Pero concede de mala gana. Sino hay más remedio. El holgazaneo no tiene precio, remedita. Usualmente suelo organizar sobre la cama, de un lado la ropa de la nena, del otro, la del varón, empezando por el calzado hasta la bufanda. Si bien eso implica un esfuerzo extra, invalida, que me estén persiguiendo por toda la casa, para saber donde diablos está cada prenda de lo que irán a ponerse. Como si fueran mancos solicitan, MA, me abrís el agua caliente. Ma., ahora está muy, caliente, una vez abierta. Ma., ahora está fría. Ma., me alcanzas la toalla la que dejaste sobre la estufa. Ahora bien, el viceversa no estaría demás. Una, además de madre, y además de unas cuantas cosas más, es un ser humano que también le encantaría una toalla seca en lo posible, sino fuera demasiado pedir, después del baño reparador. Pero sucede que están tiradas y desparramadas, juntos con las huellas mojadas chicas y medianas por toda la casa. En esos instantes en que una suele congelarse buscando en qué parte de los dos ambientes está lo que debería servir para secarla, suele sonar el teléfono y uno que no atiende de puro escarchada nada más, no por otro motivo, escucha un reclamo de la madre. ¿Por qué no atendiste? Bueno ya que no lo hiciste, en la otra vida nos vemos. Uno mira al teléfono con ganas de estrolarlo contra la bañera a pesar de quedar incomunicado de por vida, antes de volver a escuchar un mensaje de semejante tenor. Mientras le pide a la madre de una madre, un poco más de imaginación y que dicha actividad de incluir al contestador como parte de la charla sería bueno que saliera premeditado y no espontáneo por no encontrar con qué diablos secarse. Al final del día una conclusión absolutamente personal, subjetiva y relativa, sostiene, que ser mamá y ama de casa es un trabajo parecido al de una congregación. Una se entrega con alma y vida. Resignémonos. A veces se convierte en una tarea absolutamente estridente para los oídos. Gratamente insalubres para el olfato, por los tiernos olores que despiden de párvulos los hijos. Se podría adjuntar, por el mismo precio también, que tener una familia incluye de vez en cuando, planteos irrisorios de algunos de sus componentes y siempre, pero siempre, incluir todos los decibeles en los que pueda decirse y/o reclamarse. Aunque son más esperables de la madre de la madre y otros especimenes de la progenitora, que de los hijos. Incorporar desalojar de la cama la pila de juguetes y presencias varias, incluida la gata, antes de ir a dormir, aunque uno proceda a ello, casi reptando, fruto del cansancio. Incorporará, dentro del plan A, B y C, las luchas diarias entre la mascota y el más chico en proceso de sociabiliazación. Con lo cual curará heridas cuadriculadas sino su más pequeño quedará como cara cortada. Y procederá a dirigirse a apoltronarse en sus aposentos con una sonrisa en la boca. Porque muy en sus adentros sabrá que como yo, para con los suyos tiene el sí, absolutamente fácil…Y la macana de este asunto, es que ellos; ellos, también lo saben.
Mónica Beatriz Gervasoni Morocha urbana.
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Fuente: Artículos Gratuitos Online de Articuloz.com Acerca del autor:
Mi nombre es Mönica, soy periodista free lance y escritora. He publicado en la revista Uno MIsmo, kiné, clarín, La nación on line, www.enplenitud.com,www.sosperiodista.com, www.gacetillaspopulares.com
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