ArticuloZ.com – Directorio de artículos gratis
Directorio de artículos gratis
20.11.2008 Iniciar sesión Registrarse Hola Invitado
Correo electrónico:
Contraseña:
Recuerdeme 
¿olvidaste la contraseña?


El Planetario

De: Jorge Rozencvaig Ranking de Autores Green | Publicado: 08-06-2008 | Comentarios: 1 | Vistas: 38 | Rating:  (73) Ranking de Artículos Green (?)

El Planetario

El año 1964, Escuela 189 de Punta Gorda, yo cursaba cuarto año.

Paseo programado al Planetario del Zoológico Municipal. Antes de subir al ómnibus, maestra informa a viva voz y en forma lenta que el paseo comienza y termina en la escuela. A nadie lo pueden venir a buscar antes, ni nadie se puede bajar antes en ningún lugar.

Llegada, sentarse todos los alumnos. Directora pedir silencio mientras el salón oscurecerse. Lucecitas simulando estrellas llenaban todo el cielo ficticio. Encargado del Planetario se puso  a describir nombre de la estrella que representaba cada lucecita, acompañado para ello de una linterna señalizadora. No sé si por nervios o por algo ingerido durante el desayuno, comencé a sentir un movimiento sísmico dentro del estómago. Algo así como un volcán a punto de entrar en erupción, sólo que en dirección contraria. Me resultaba curioso pues yo no solía desayunar mucha cosa,  además que  casi nada me hacía mal, o por lo menos eso creía hasta ese día. Faltaba aún media hora para finalizar y lejos de poder concentrarme en las palabras del disertante, mi mente se largó a realizar el siguiente complejo cálculo:

Capacidad de aguante a las puntadas que producían el deseo de movilización intestinal, más rechazo a poner la colita en cualquier baño sucio, más la vergüenza que me daba informar a mis maestras que me estaba haciendo caca. A la ecuación debía restarle el tiempo que duraría la oratoria sobre las estrellas, en la cual cada minuto se me estaba transformando en horas.

No era  fácil la decisión. No podía levantarme pues las autoridades escolares nos habían amedrentado con   sanciones  por mal comportamiento. Además yo estaba situado en medio de una larga fila de alumnos, todos apretados y casi sin espacio para caminar. Por otra parte, si hubiese hecho prevalecer mi impulso, de todas maneras no se veía nada y no sabría hacia donde ir. En algún momento sentí aflojarme, pero por suerte logré aguantar. Un accidente allí haría que me recordaran por varios siglos, incluso más que a la Vía Láctea.

Dada mi corta edad y por no haber conversado nunca hasta ese momento con alguna mujer casada, no sabía como serían los dolores de parto. Pero hoy tantos años después, no tengo duda que mis retorcijones cíclicos superaban de a poco a los de cualquier parturienta de quintillizos.

Final de la tortura “estrellística”. Encendido de luces, directora que nos hace subir rápido al ómnibus pues se había hecho tardísimo. Yo pedir para bajar en la esquina de mi casa, pero maestra repetir su frase tan bien estudiada:

_El paseo empieza y termina en la escuela

_ Pero señorita, necesito llegar urgente a casa (nunca entendí la razón por la que nos obligaban a llamar "señorita" a mujeres mayores ya casadas y con varios hijos)

_ El paseo empieza y termina en la escuela

_ Pero...

_ Em-pie-za y ter-mi-na en la es-cue-la, ¿qué parte de la frase no entendiste?

Más que una, tardamos dos vidas en llegar. Como correspondía pasamos a una cuadra de mi casa y estuve tentado en tirarme por la ventana. Aún con el frío invernal, yo sudaba cada vez más  mientras me concentraba en el control de esfínteres, tomando especial recaudo de las curvas pronunciadas y las frenadas repentinas  del inconsciente chofer.

No sé cómo pero llegué integro a la escuela, y desde la puerta del ómnibus hasta el baño bajé un récord mundial de velocidad para los cien metros en 9,72 segundos, el cual nunca fue homologado por el Comité Olímpico. A pesar de que este edificio era relativamente nuevo, sus arquitectos, o desconocían que se debe colocar inodoros en los baños escolares, o no les había alcanzado el dinero aportado por Primaria. Y al igual que en esos bares atorrantes que siguen pululando en nuestro país, donde hay que ingresar conteniendo la respiración por fragancias nocivas, los baños de nuestra escuela  tenían el famoso pozo negro y un par de lozas a sus lados de tamaño igual a los zapatos del Yeti. Reconozcamos que para un varón, orinar allí resulta fácil. Pero hacer caca ya es cuestión de capacidad para mantener el equilibrio, cuadriceps  y rodillas trabajados en un gimnasio para lograr reincorporarse, y por supuesto excelente puntería a distancia.

Por desesperación creo que no conseguí cumplir con casi ninguna de estas reglas. Si bien pude bajarme los pantalones a tiempo y ponerme en cuclillas, logrando una satisfacción inminente por la descarga, no había hecho la previsión para la limpieza post- caca. Ni un pequeño papel se veía en el lugar.

 Giré mi cabeza en todas las direcciones, al estilo Linda Blair en

“El Exorcista” En ese momento me habría conformado con un cuaderno Tabaré, algún  paquete vacío de cigarrillos, un trozo de diario,que sé yo, hasta una simple serpentina. Debí apelar a las hojas mimeografiadas que nos habían repartido en el Planetario, las cuales creo contenían información complementaria a la charla  recibida.

Para coronar el mal día debía apurarme porque me esperaba la “bañadera” que nos llevaba a casa a diario. Apurado me levanté los pantalones, notando en el camino que una estela de excrementos casi líquidos había quedado depositada desde la altura del bolsillo hasta casi el talón de mi pierna derecha. Subí al ómnibus y me senté adelante, apretando la pierna contra el asiento. Al instante un ingrato olor profundo invadió todo el ambiente. No había sitio allí adentro donde se pudiera respirar aire puro, y ninguno de los niños se abstuvo de  quejarse a todo decibel  por el aroma reinante. Yo me uní a la chusma para ver si lograba desviar la acusación hacia otro sector del vehículo, tapando mi nariz con dos dedos  igual que el resto. Al llegar a casa, me paré  y giré para quedar de frente al resto y de espalda a la puerta. Bajé  los escalones yendo  marcha atrás, haciendo la gran Michael Jackson  con su “caminata lunar”  en la canción “Billy Jean”. Ni los otros niños ni el chofer me descubrieron

jamás (eso creo hoy). Entré a casa llorando al grito de “me hice”, y mi madre viendo el desastre  me metió vestido a la ducha. Lo peor de todo fue que al otro día hubo un escrito  sorpresa sobre lo que se supone debimos haber leído en las hojas mimeografiadas. Me comí  flor de cero.

Tan sólo  recuerdo  que hay en las estrellas una Osa mayor y una Osa menor, además de las tres Marías, y hasta  hoy en día sigo buscando dónde y cuando  yo podría aplicar estos conocimientos tan valiosos sobre el Cosmos.

Una pregunta final para todas las maestras del país:

Queridas señoritas, cuando ustedes sienten fuertes retorcijones estomacales y se encuentran en el Planetario o en otro paseo escolar, ¿se aguantan hasta llegar a sus hogares, o van a cualquier baño por sucio que se encuentre?

¿No les parece  también que a veces hay que ponerse en el lugar del niño y pensar que quizás sí se encuentra en una emergencia y le puede dar vergüenza decirlo? ¿Qué hablan los libros de Psicología, esos   que ustedes estudian  tanto para recibirse de maestras respecto a este tema?

Puntaje: Current: 5 / 5 stars - 1 vote(s).

Etiquetas del artículo: El PLANETARIO

Fuente: Artículos Gratuitos Online de Articuloz.com

Imprimir este artículo Imprimir artículo   Enviar por correo electrónico a un amigo Enviar a un amigo   Listo para publicar artículo Publicar   Enviar comentarios del autor Información del autor  
Acerca del autor:
Publicar artículos se ha convertido en uno de los medios más populares para generar vínculos de retroceso de calidad, así como tráfico dirigido a tu sitio Web. Únete hoy mismo: ¡es gratis!

Comentarios del artículo

Comentario sobre este artículo Comentario sobre este artículo
Tu nombre
Tu correo electrónico:
Cuerpo del comentario
Escribe el código de validación: Captcha

0
1. ivi y eze (05:13, 23.07.2008)
nos cagamos d risa!!!! no como en el cuento, pero nos reimos mucho!!!
t queremos

Últimos artículos de Humor

Yendo La Super
De: Jorge Rozencvaig | 01/09/2008
Espero que a algún hombre más en este mundo le toque hacer los mandados

Más de Jorge Rozencvaig

Yendo La Super
De: Jorge Rozencvaig | 01/09/2008 | Humor
Espero que a algún hombre más en este mundo le toque hacer los mandados

La Feria Artesanal
De: Jorge Rozencvaig | 01/05/2008 | Humor
¿Es realmente divertida la Feria artesanal o el asunto es ir a perder un poco el tiempo?

El Pasaporte
De: Jorge Rozencvaig | 05/04/2008 | Humor
Como es la primera vez que escribo en este medio, quiero dejar claro que no tengo la menor idea de qué escribir aquí. Supongo que debe ser algo referente al cuento. Es una anécdota que me sucedió exactoamente así, sin exagerar

Categorías de artículos





Información Comercial

Publicidad
Redacción Artículos