La Guerra Civil Española Parte 3: La Instauración Del Estado Franquista
La infructuosa toma de Madrid brindó una importante lección a Franco de cara al futuro de la guerra: Proseguir con la toma de una ciudad tan bien defendida como la capital de la nación, no parecía muy sensato. Lo mejor entonces era cimentar su poder sobre todo en el Norte del país, lo cual le daría la ocasión de culminar el cerco que preparaba hacía tiempo. El Alto Mando Nacional, decidido a terminar con los últimos focos republicanos en las provincias del Norte, enfocó su atención en la conquista de Bilbao, Santander y principalmente Asturias, donde los republicanos se habían hecho fuertes. El 31 de marzo de 1937 se inició la ofensiva. Los nacionalistas pusieron lo mejor de su ofensiva en la operación. Si podían asegurar el Norte, las manos les quedarían libres para reagrupar sus fuerzas en torno a Madrid.
Los preparativos para la expedición del Norte se hicieron con meticulosidad. Franco se apoyaba en su división de elite (la división Navarra) formada por 4 brigadas con 18.000 hombres. Al mismo tiempo, recibía la ayuda de la brigada de los “Flechas Negras”, batallón compuesto por 8.000 españoles al mando de oficiales italianos. El dominio aéreo fue garantizado por aviones italianos y alemanes; y el bloqueo por mar por la escuadra nacional con el crucero “Canarias” al frente. La conquista del Norte estaría supervisada por el general Llano de la Encomienda, quien como primera tarea, tenía por misión asegurar la conquista del país Vasco (norte de España, frontera con Francia). Comenzaba así, la famosa Campaña del Cantábrico.
Los republicanos, cuyas posesiones fuera del centro español pendían de un hilo, habían intentado reagruparse mientras Franco atacaba Madrid. En el País Vasco, los republicanos consiguieron conformar una fuerza respetable de 30,000 hombres entre vascos voluntarios, socialistas, ateos, anarquistas, republicanos y comunistas. Sin embargo, adolecían de apoyo aéreo y de tropas motorizadas pues el grueso de la ayuda soviética fue destinado a la capital. Esa debilidad fue decisiva. Los bombarderos alemanes Junker 52 iniciaron el cañoneo de la ciudad de Durango y la destrucción fue casi total. De nada valió la preocupación terrestre de los republicanos; sin defensa anti aérea, fueron presa fácil y prácticamente no pusieron resistencia.
El Control del Norte y la instauración del Franquismo
El siguiente punto fue la ciudad de Gernika, un punto del mapa de irrisorio valor para los nacionalistas. Tal como ocurrió con Durango, la ciudad fue devastada. En apenas 3 días, sus 7,000 habitantes fueron hechos prisioneros y la ciudad, entregada al poder nacionalista. En aquel tiempo, la ofensiva aérea era una práctica aún nueva y el grado de destrucción lograda por los bombarderos alemanes causó una gran conmoción. El hecho, condenado por todas las naciones europeas, sirvió de acicate a Franco que en adelante, no consintió arruinar de aquella forma ninguna ciudad. Luego del desastre de Gernika, los republicanos retrocedieron sus líneas hasta Bilbao, donde pensaban ser capaces de detener la presión enemiga. Un hecho detuvo la ofensiva nacional: La muerte de Emilio Mola, acaecida el 3 de junio. El suceso reviste de mucha importancia. A partir de ese momento, Franco quedaría como único y supremo jefe de las fuerzas golpistas.
La ofensiva se reinició a partir del 11 de junio. Una tras otra, las defensas de la gran ciudad fueron cayendo. Seis días después los vascos, viendo ya imposible la defensa, empezaron la evacuación de mujeres y niños que fueron enviados a Inglaterra. Al mediodía del 19 del mismo mes, los tanques nacionales convergieron sobre el centro de Bilbao y lo encontraron vacío. La República de Euskadi había caído. La toma de esta ciudad fue quizás el golpe más duro que los republicanos sufrieron en el norte. Sin fuerzas para proseguir, la conquista del resto de ciudades fue más sencilla. El 16 de agosto se tomó Reinosa; el 23 de agosto, Santander; el 15 de octubre, Asturias; El 21 de octubre cayó Gijón y también Oviedo. Esta última victoria marcó el fin de la lucha por el Norte. El supuesto “cinturón” del norte republicano había fracasado. Y el peso de la victoria se había inclinado irrevocablemente al bando nacional.
Dueño ya del Norte y casi todo el sur, el Alto Mando Militar de los nacionalistas comprendió la necesidad de brindarle una nueva legitimidad a sus conquistas. Dado que eran una fuerza golpista, no podían pretender usar los símbolos de la República a la que estaban enfrentados; por ello debieron partir prácticamente de cero. La fundación del Estado Franquista no fue fácil, pero siendo Franco el único vivo de los líderes golpistas originales, aún pese a la oposición de algunos generales, era quien tenía las de ganar. Así que se impuso de inmediato. Aisló a todos los que le pudieran hacer sombra y apoyó más que nunca a la Iglesia, su aliada principal, para que imponga otra vez su rol en la educación y valores ciudadanos.
Los planes de un país nuevo de Franco también incluyeron la creación de una bandera, la cual fue establecida el 15 de agosto en un acto solemne celebrado en Sevilla. Luego, el espaldarazo obtenido gracias al apoyo de Hitler y Mussolini no dejaron más dudas sobre quien debía ser el nuevo “caudillo”. Puestas todas las esperanzas del pueblo nacionalista en él, Franco sabía perfectamente la necesidad de satisfacer a todos los inconformes y escépticos. Así que sin demoras, inició su primera lista de leyes: Se decretaba la devolución de las tierras expropiadas, se prohibían las actividades sindicales, se anulaban las libertades de la República y se declaraban ilegales todos los partidos políticos incluso los de derechas. Además, se establecía un nuevo estado cuyos pilares básicos serían el Ejército, la Falange, los carlistas, los monárquicos ortodoxos y la Iglesia.
El centralismo desmedido de este nuevo Estado en torno a la figura de Franco fue perjudicial para España. Concentrando todo el poder en un solo hombre, fue evidente que el paso a una dictadura, si ganaban los nacionales, sería indetenible. En la primavera de 1937 el panorama político de la España nacional llegó a su clímax. Durante el invierno se había dado algunos casos de división en el seno de sus apoyos civiles, principalmente falangistas y carlistas. Franco estaba dispuesto a acabar de una vez por todas con la autonomía que disfrutaban dichos grupos en su régimen. Para poder someterlos se valió de un personaje que llegaría a los puestos de más alta responsabilidad en la España nacional: Ramón Serrano Súñer. Cuñado del Generalísimo, debió su triunfo político a su inteligencia, poder de decisión, temeridad y también a su encanto personal. El "Cuñadísimo", guía político de Franco, se encargó de doblegar incluso por medios no muy santos, toda oposición. Con él, la España Nacionalista tuvo una sola dirección: La de Franco.
Aragón, el Levante y la Conquista del Ebro
Hacia 1938, el segundo año de la guerra, el panorama favorable a Franco era cada vez más evidente. Los republicanos, agotados económicamente, privilegiaban la táctica defensiva. El 22 de febrero de 1938, los nacionalistas conquistaron Teruel (provincia de Aragón). Ante la débil posición sostenida ahora por la República en Aragón, Franco decidió iniciar una ofensiva general en todo el frente. Sabía que ante él se encontraba un ejército republicano desmoralizado e insuficientemente armado. Los nacionales por el contrario, reponían rápidamente todo el material con la inestimable ayuda de Italia y Alemania.
El 10 de marzo se reconquistaba Belchite (Zaragoza). La superioridad aérea era aplastante a favor de los nacionales lo que posibilitaba un avance rápido. El 17 de marzo cayó Caspe (Aragón) ante el empuje de 3 divisiones nacionales que arrollaron a las Brigadas Internacionales enviadas para resistir. En 10 días el ejército nacional había avanzado 110 km. de su posición inicial de partida. En el norte la ofensiva se inició el 22 de marzo en las líneas de Zaragoza y Huesca ante las posiciones ocupadas por fuerzas catalanas desde 1936. En un sólo día, Huesca fue liberada de su cerco y al norte de Zaragoza se conquistó Alcubierre y Tardienta. Desde el sur el Cuerpo de Ejército Marroquí con el general Juan Yagüe al frente, cruzó el Ebro y conquistó Pina.
El 25 de marzo, al mismo Yagüe ocupó Fraga (Huesca) y entró por primera vez en suelo catalán. Por el norte se ocupó Barbastro pero los Pirineos constituían una zona ideal para la defensa y el avance era más lento. El 8 de ese mes cayeron Balaguer, Camarasa y Tremp (Cataluña) lo que dejaba las plantas hidroeléctricas que abastecían a Barcelona en manos nacionales. A finales de abril dio comienzo la ofensiva de Levante que debía culminar con la caída de Valencia, la nueva capital republicana de la guerra. La resistencia republicana sorprendió a Franco, que decidido a conquistar la zona, lanzó una ofensiva para someter toda la cuenca del Ebro. El 30 de octubre dio comienzo la contraofensiva final.
El día 7 caía Mora de Ebro lo que significaba que el flanco derecho nacional ya había alcanzado el Ebro. El responsable de las operaciones republicanas en la batalla, teniente coronel Juan Modesto, decidió que la batalla estaba perdida y ordenó a sus unidades que cruzaran de nuevo el río en sentido contrario. El día 16 el puente de hierro de Flix (el más importante acceso a la región) fue dinamitado y el día 18 Yagüe entraba en Ribarroja de Ebro, última cabeza de puente de los republicanos. La batalla del Ebro había terminado con 4.500 muertos en el bando nacional, y entre 10.000 y 15.000 en el republicano. Las fuerzas del gobierno republicano estaban a punto de perder la contienda. El camino hacia Cataluña, última zona del conflicto, estaba descubierto.
Entonces se precipitan los últimos acontecimientos, cayendo Barcelona el 26 de enero y Gerona el 5 de febrero. En fechas sucesivas, las tropas nacionales avanzan hacia la frontera francesa y toman los pasos desde Puigcerdá hasta Portbou (Gerona). La pérdida de Cataluña supuso para la República el aislamiento total de la frontera francesa y la dolorosa pérdida de las industrias, materias primas y alimentos que aportaba al esfuerzo bélico republicano. En la zona aún controlada faltaba de todo y la inferioridad bélica era cada vez más clara. Aparecieron los primeros actos de disidencia dentro de la propia República. En Madrid, aquella ciudad improbable para las huestes de Franco, la situación se volvió insostenible. Los comunistas de Madrid empezaron a prepararse ante los rumores de una posible traición de los comandantes del Ejército Popular, quienes incluso habían contactado a Franco que fue claro en su posición: El cese de hostilidades se daba sin condiciones.
La caída de Madrid y el final de la Guerra
Finalmente el 26 de febrero se produjo el triunfo de Franco en la esfera internacional. Franceses y británicos se avinieron a reconocer al gobierno nacional. Fue el último golpe que pudo soportar la República porque esto significaba que el gobierno de Juan Negrín había perdido todo su poder. Este hecho fue el golpe final. El Coronel Republicano Segismundo Casado da un golpe de Estado anticomunista en marzo, creándose el Consejo Nacional de Defensa, mientras que el presidente republicano Juan Negrín, sorprendido por la actitud de Casado, y siguiendo su criterio de mantener la resistencia, se refugia en Elda y Petrer (Alicante), en la llamada “Posición Yuste”.
Perdido Madrid, el final de la guerra fue solamente cosa de días. El 27 de marzo de 1939, Franco dio orden a sus ejércitos que iniciaran la ofensiva por la victoria. Ante el hecho consumado, Casado sólo pudo ordenar que sus fuerzas izaran la bandera blanca al paso de las tropas nacionales. A lo largo de ese día fueron capturados 2.000 kms cuadrados de terreno y 30.000 prisioneros. La auto-desmovilización del ejército republicano fue automática, los soldados abandonaron sus posiciones y equipo y volvieron a sus casas. El 29 de marzo cayeron Cuenca, Ciudad Real, Albacete, Jaén y Almería en manos nacionales. Valencia cayó definitivamente al día siguiente.
Todos los republicanos que no pudieron embarcar fueron detenidos al día siguiente y llevados a campos de concentración para su ajusticiamiento. El 31 de marzo, a media tarde, cayeron las últimas localidades republicanas, Murcia y Cartagena. El 1 de abril de 1939, terminada la resistencia republicana, se produjo el último parte militar lanzado por el Alto Mando Nacional Nacionalista. Este decía lo siguiente:
En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado. Burgos, 1º de abril de 1939, año de la victoria.
El Generalísimo. Fdo. Francisco Franco Bahamonde.
La guerra había terminado. Durante los primeros días, unas 50.000 personas que quedaron atrapadas en el bando contrario fueron ejecutadas mediante los llamados paseos. Estos eran realizados por grupos armados que iban a buscar a la gente a sus casas o las cárceles donde se hallaban presos y bajo el eufemismo de vamos a dar un paseo los llevaban a cualquier carretera o a las tapias del cementerio y los ejecutaban (entre ellos el famoso escritor y poeta Federico García Lorca).
El número de muertos en la Guerra Civil española sólo puede ser estimado de manera aproximada. Las fuerzas nacionalistas pusieron la cifra de 500.000, incluyendo no sólo a los muertos en combate, sino también a las víctimas de bombardeos, ejecuciones y asesinatos. Estimaciones recientes dan asimismo la cifra de 500.000 o menos. Esto no incluye a todos aquellos que murieron de malnutrición, hambre y enfermedades engendradas por la guerra.
Las repercusiones políticas y emocionales de la guerra trascendieron de lo que es un conflicto nacional, ya que, por muchos otros países, la Guerra Civil española fue vista como parte de un conflicto internacional que se libraba entre la religión y el ateísmo, la revolución y el fascismo. Para la URSS, Alemania e Italia, España fue terreno de prueba de nuevos métodos de guerra aérea y de carros de combate. Para Gran Bretaña y Francia, el conflicto representó una nueva amenaza al equilibrio internacional que trataban dificultosamente de preservar, el cual se derrumbó en 1939 (pocos meses después del fin de la guerra española) con el estallido del conflicto más terrible que se recuerde jamás: la Segunda Guerra Mundial.
Hacer una pregunta
Luego del fallido golpe de Estado protagonizado por Franco y sus tropas militares, España quedó fragmentada entre las zonas que apoyaban el derrocamiento del régimen republicano, y las que no. Tal bipolaridad generó, previsiblemente, el recrudecimiento de la lucha. Se gestaba ahora, una lucha atroz y fratricida. España temblaba de pavor.
La memoria histórica continúa aportando verdades y enmarañamientos a la cultura intelectual y tradicional de un país desarrollado y moderno, como lo es España.
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