Félix Varela Y Morales, Sus Ideas Pedagógicas Y La Necesidad De Su Presencia En La Educación Cubana Actual
Introducción:
La educación Cubana, ha centrado su interés en la formación científica, en la técnica mas avezada con fines humanísticos y no utilitaristas, sin perder de vista, mas bien centrándose en ellos, la formación de un hombre que responda a su época y a los más legítimos intereses de su país, que este dispuesto a la trascendencia, lo que es también inherente a la naturaleza humana.
Desde finales del siglo XVIII e inicios del siglo XIX, la enseñanza en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio, (1773), y en los centros privados cubanos, se centró en el enseñar a pensar. La esfera cognoscitiva resultaba de gran interés y progreso en el enseñar en comparación con el método memorístico imperante.
Félix Varela Morales (1788-1853), en un primer momento sentencio: "el hombre será-vicioso cuando sea-ignorante. Se hará más rectamente apasionado cuando se haga más exacto pensador."
Hijo de un militar español, a los seis años Varela se trasladó con su familia a La Florida, que por entonces se hallaba bajo la dominación española. Allí cursó la primera enseñanza. En 1801 regresó a La Habana, donde, al año siguiente, ingresó en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio. En 1806 obtuvo el título de Bachiller en Teología y tomó los hábitos. Recibió el sub diaconato en 1809 y el diaconato en 1810. Ese mismo año se graduó de Licenciado en Teología. En 1811 hizo oposición a la cátedra de Latinidad y Retórica y a la de Filosofía en el Seminario de San Carlos. Obtuvo ésta tras reñidos y brillantes ejercicios y pudo desempeñarla gracias a una dispensa de edad otorgada por el obispo Espada. También en 1811 se ordenó de sacerdote.
A partir de entonces y hasta 1816 desplegó una intensa labor como orador sagrado. Pese a que, según testimonio de José de la Luz y Caballero, dominaba el latín como su propia lengua, renovó la enseñanza de la época utilizando el español en sus clases y libros, en los que abandonó el escolasticismo imperante por la filosofía ecléctica e introdujo la experimentación en el estudio de las ciencias. En 1817 es admitido como socio de número de la Real Sociedad Económica, que más tarde le confirió el título de Socio de Mérito.
El presbítero Félix Varela Morales fue uno de los discípulos del Seminario San Carlo y San Ambrosio. Allí recibió clases del padre Agustín Caballero (1762-1835), el precursor de la filosofía cubana y el que estableció con sus ideales el frente de transición entre el escolasticismo tradicional y la reforma filosófica, que continúo después Varela, basada principalmente en el racionalismo cartesiano. Este ilustre pensador posee a su vez el mérito de haber sido uno de los primeros representantes de las ideas independentistas y abolicionistas en Cuba. Su devoción cristiana, su inagotable bondad, su claro talento y su vigorosa personalidad marcan un rumbo nuevo en la educación y en los destinos de Cuba.
Por eso, los años comprendidos entre 1811 y 1830, pueden recibir la denominación de período de Varela.
Luz y Caballero dijo que Varela fue el hombre que nos enseñó a pensar primero. Podemos agregar: Luz nos enseño a conocer, y Martí, en base a esa tradición, y a su genio, a actuar. Sobre estos fundamentos Fidel Castro nos ha enseñado, y nos continúa enseñando, a vencer. Pensar, conocer y actuar en función de los intereses de los más pobres y de toda la humanidad.
Desarrollo:
Las ideas pedagógicas.
Se afirma de Varela, en ese período inicial (1881-1822), de la formación de su teoría educativa enseñar a los alumnos desde los primeros años, se convertirá en la ley esencial de la educación que preconizaba.
Dentro de los valores que había que desarrollar estaba la precaución, la gratitud, la benevolencia, la beneficencia, la conmiseración, la prudencia, la alegría, la justicia, la fortaleza.
Varela perfiló mejor su sistema educativo-instructivo y centró su interés en la formación moral de la juventud. Para ello escribió cartas a Elpidio (1835-1836), especie de obra educativa no convencional, dirigida a la juventud cubana, a la que calificó como "la dulce esperanza de la patria".
Una de las obras más importantes de la producción vareliana la comenzó a publicar en su destierro newyorkino, en 1835, con el nombre de Cartas a Elpidio. Según el plan original de la obra, constaría de tres tomos. El primero, publicado en el año citado, trataba sobre la impiedad; el segundo, publicado tres años más tarde, se refería a la superstición, y el tercero, que no llegó a publicarse, trataría del fanatismo.
Desde los tiempos en que apareció la obra muchos se interrogaron sobre quién sería el destinatario de las Cartas. Algunos pensaron que estaban dirigidas a Luz; pero el hecho de que se escribiera asiduamente con éste y que Luz hiciera un extenso comentario de la obra, desmiente esta idea. La tesis más aceptable es la de que se trata de un personaje creado por la imaginación de Varela, como un símbolo que reflejase a la juventud cubana. Etimológicamente, Elpidio significa esperanza y, en los comienzos de la obra, Varela escribe, refiriéndose a la juventud: "Diles que ellos son la dulce esperanza de la patria".
Desde hacía tres años, Varela venía sosteniendo fuertes polémicas con los teólogos protestantes norteamericanos. En esas polémicas se hacían evidentes las diferencias entre la moral católica y la protestante. Paralelamente, recibía cartas de La Habana en que se expresaba la situación difícil existente en la Isla. De esta interacción surgió la idea de Cartas a Elpidio.
Escribió las cartas a Eusebio, contra las trabas más prefundas que se oponían a un cambio en la moral: la impiedad y la superstición, aunque deseo escribir una contra el fanatismo, no pudo concretarla nunca.
La obra pedagógica más importante de la producción filosófica de Varela, porque fundamentalmente sirvió de base para las enseñanzas de esa materia en Cuba y otros países de Hispanoamérica hasta 1842, es sus Lecciones de Filosofía. Varela inicia en 1818 sus publicaciones filosóficas con un suelto intitulado Lección preliminar, dirigido a los alumnos que ese año comenzaban su curso. La Lección preliminar de 1818 constituye el preámbulo de las Lecciones de Filosofía, conjuntamente con los Apuntes filosóficos, publicados también en ese año. Estos últimos constituyen el primer tratado de los que contienen las Lecciones de Filosofía. Aquí aparece la concepción de la Lógica del padre Varela, entendida ésta como teoría del conocimiento.
La experiencia pedagógica de Varela, su indiscutible estirpe de formador, lo llevan a defender presupuestos educativos que hoy constituyen verdades probadas.
La certeza de que una idea, un concepto, un modo de actuar o de ver, no pueden transmitirse con éxito sin el conocimiento del presertor, el convencimiento de que no es imponiendo un criterio o combatiendo al contrario como se llega a lograr que el otro piense lo que deseamos, sino que se trata de convertir al interlocutor, de ir poco a poco persuadiéndolo, no solo de que está equivocado, sino de que lo que se le propone es más razonable y mejor, era un concepto que Varela poseía entonces, y del que da prueba en las Cartas a Elpidio.
Decía Varela que el gran secreto de manejar la juventud, sacando partido de su talento y buenas disposiciones, consiste en estudiar el carácter individual de cada joven y arreglar por él nuestra conducta. La oposición que se hace a un joven, si queremos que produzca buen efecto, debe ser casi inpersectible y es preciso procurar que el mismo sea corrector.
Pero no se trata solamente de que defiendan la verdad como base del conocimiento que adquieren. Se trata también de proporcionar, mediante la gestión educativa, los instrumentos que le permitan descubrir la verdad por si mismo para que, a partir de convicciones enteramente personales, puedan vivir de cuerdo con éstas.
Enseñar a pensar con independencia y acierto es la motivación que los impulsa. No se trata de la formación de un pensamiento limitado a reducirlo a sus propios horizontes fundamentalmente en que se asiente la posibilidad y la permanencia de la condición y el sentido de esa libertad.El insigne pedagogo consagró su vida a la educación. Supo legarnos sus ideas y teorías que forman parte de los ilustres antecedentes de la realidad educacional revolucionaria. Destronó el latín de la enseñanza y basó la misma en la experiencia y la razón, introdujo el método explicativo, práctico y recomendó el análisis y la inducción, especialmente en la gramática, combatió la memorización, el abuso de las reglas, de la definiciones y de los libros, expresó brillantes ideas sobre la disciplina y sobre la educación de la mujer, y, por encima de todo, nos dejó un grandioso ejemplo en la enseñanza, de la que hizo un culto, y nos ofreció el primer modelo de lo que debe ser un maestro perfecto, ilustrado, paciente, bueno, virtuoso y patriota.
Conclusiones:
Considerado como el Padre de nuestra cultura, Varela generó una escuela de pensamiento, un estilo de convivencia social y una actitud hacía la patria que deben iluminar, también hoy, a todos los cubanos.
Para pensar según la escuela del Padre Varela es necesario conocer su propio pensamiento y entrenarse en su método de reflexión. Todo lo que sojuzgue las ideas, cree dependencia y manipule la reflexión personal, es extraño a la escuela de pensamiento del Padre Varela, cuya esencia pedagógica consiste en aprender el difícil arte de pensar correctamente con cabeza propia. Todo lo que fomente la autonomía personal, la autoestima, el ejercicio de la ciencia crítica, la transparencia y la libre expresión del criterio es propio de su magisterio.
Feliz Varela Morales sigue inspirando nuestro combate por una Cuba libre e independiente, con esa radicalidad que lo acompañó hasta su muerte y que él armonizaba y equilibraba con su bondad e inteligencia. Recordemos que en 1833, cuando la corona española le otorga el perdón que le permitiría regresar a Cuba, lo rechaza, por considerar que no había nada que perdonar, porque su acción era constitucional y no criminal.
Cuando ya casi había perdido la visión, y el temblor de las manos impedía escribir y tocar el violín, mantuvo hasta el último momento la fe en Dios y en la juventud cubana. Nosotros somos herederos y continuadores de su legado, en el que se conjugan los dos grandes planos del pensador cubano: La filosofía y la política.
La Educación cubana tiene que revitalizar esta concepción formativa y ponerla a la altura de la necesidad de la época, escuchar con más atención las opiniones que nos vienen de la tradición, las que marcarán el rumbo del futuro educativo del país.
En materia formativa, no podemos "hacer camino al andar", como dijera Antonio Machado. Ese sería pensar mientras se actúa o emprender la acción educativa sin pensar, que sería peor. La solución es la de accionar después de haber pensado, que es lo más conveniente, para seguir adelante en el propósito de construir nuestra sociedad como queremos y formar al hombre cubano que vivirá en el siglo XXI.
Bibliografía:
Emilia Gallego: "Para un estudio comparativo entre las cartas de Elpidio y la
Edad de Oro", en Revista de la Universidad de la Habana, no. 235, p.95.
Feliz Varela: El Habanero, Editorial de la Universidad de la Habana, 1962, p.21
Feliz Varela: "Patriotismo", miscelánea filosófica, Editorial de la Universidad de
la Habana, 1944, p. 235
Feliz Varela:Cartas a Elpidio, mas.1, p.117.
Jorge Sergio Batlle: Jose Marti Aforismos. Editorial centro de Estudios
Martianos, 2006.
Autores: Lic. Roberto Cruz Acosta
Lic. Yáskara Arafet Zaragoza
Centro de trabajo: Facultad Regional UCI "Mártires de Artemisa"
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