El Contragolpe De 1956
EL LEVANTAMIENTO DEL GENERAL VALLE
El 9 de junio de 1956, se puso en marcha un levantamiento contra la dictadura que había derrocado a Perón, con la finalidad de recuperar las instituciones y reponer a las autoridades legitimas, pero la rebelión fue sofocada y los integrantes del movimiento fusilados.
Por Walter Gangi
EL GOLPE DE 1955.
El golpe del 16 de septiembre de 1955 impuso a Lonardi como presidente de facto, quien exponía desde el discurso una política moderada. Si bien sostenía el derrocamiento de Perón, consideraba que las conquistas sociales no debían correr la misma suerte.
El almirante Isaac Francisco Rojas, bautizado popularmente como la hormiga negra, que ocupaba el cargo de vicepresidente de facto, lideraba la posición más enérgica, sosteniendo que había que erradicar a Perón, al peronismo y a todos sus actos. Su enorme peso en la dictadura, permitió que se le atribuya la autoría ideológica de los mayores crímenes.
Lonardi fue destituido el 13 de noviembre de 1955 y reemplazado el general Pedro Eugenio Aramburu, a instancias de almirante, convirtiéndose en el brazo ejecutor de las atrocidades de la dictadura. Los 27 fusilamientos por el levantamiento del 9 de junio y la profanación del cadáver de Eva Perón, entre otros tantos crímenes.
Pero el destino le deparo distinta suerte a cada uno, y mientras Aramburu encontró la muerte, después de ser juzgado y sentenciado por una asociación que actuaba en la clandestinidad, curiosamente de la misma manera que el mismo lo había hecho, Rojas, recibió el abrazo de aquel presidente de la década de los noventa, que decía ser peronista, que privatizó empresas estatales, destruyo los ferrocarriles, cuyo nombre no recuerdo.
LA NUEVA RESTAURACION.
El golpe de 1955, como el de 1930, representa la restauración conservadora. La finalidad es dejar el poder en las manos de una minoría, que el peronismo llamaba oligárquica. En 1930 se proscribe al radicalismo y se impone el fraude sistematizado. La Revolución de 1943 había terminado con esa modalidad y entonces en 1955 se proscribe al peronismo y se impone el terror de la represión, con drásticas consecuencias para quien no renuncie a esa ideología. Se prohibió desde la lectura peronista hasta mencionar a Perón. Junto con el peronismo tenían que caer las medidas populares y nacionales alcanzadas durante el gobierno de Perón, que favorecían a la calase trabajadora y que eran el resultado de muchos años de lucha.
Se abolió la Constitución de 1949 en desmedro de la Nación, que en los términos de la proclama de Valle se hizo "con el evidente propósito inconfesable de abolir disposiciones como las del artículo 40 que impiden la entrega al capitalismo internacional de los servicios públicos y las riquezas naturales". Los que ocuparon el gobierno en 1955, renegaron de la soberanía económica y se encargaron de asegurar la dependencia, instalando un vínculo que se prolongará por años, con el FMI y el Banco Mundial.
Favorecieron la concentración del capital empresario y con evidente retroceso, favorecieron la explotación y opresión de los trabajadores. En el mismo sentido restauraron las relaciones con el campo, beneficiando a los latifundistas y provocaron un perjuicio deliberado en los sectores medios de la sociedad.
LA HORA "H" DEL SABADO 9 DE JUNIO DE 1956.
Los hombres que formaron el Movimiento de Recuperación Nacional, asumían el legitimo derecho de resistirse a la tiranía, falsamente invocado por los ideólogos del golpe de 1955, porque Perón era un presidente constitucional elegido por la voluntad popular que se expresó por medio de sufragio. Por primera vez en la Argentina, un levantamiento militar tenía la finalidad de reponer e las autoridades legitimas y no a deponerlas, como ocurre en las demás situaciones, con la salvedad de la revolución de 1943, que si bien no podía reponer a las autoridades (Yrigoyen había muerto hacía una década), vino a terminar con el sistema de fraude de la concordancia, dejando libre el camino para el movimiento social que tomo las banderas del peronismo.
Desde abril de 1956 el general Juan José Valle, acompañado por el general Raúl Tanco, comenzó a trazar un plan para terminar con la tiranía de Aramburu y Rojas. Un grupo de civiles y militares formaron un movimiento con el objeto de recuperar las instituciones, que se inició el 9 de junio de ese año. La contrarrevolución no tuvo éxito y se lanzo una feroz represión, que concluyo con los fusilamientos mencionados. Dice Rodolfo Walsh que "En junio de 1956, el peronismo derrocado nueve meses antes realizó su primera tentativa seria de retomar el poder mediante un estallido de base militar con algún apoyo civil activo".
El levantamiento estaba programado para el 9 de junio de 1956 a las 23 horas, simultáneamente en distintos puntos del país y la señal para que se iniciaran las tareas revolucionarias era la difusión radial de la proclama. Pero la noche del 9 de junio en Avellaneda, cuando el coronel Irigoyen y el mayor Costales, junto con un grupo de civiles, trataban de instalar un transmisor en una escuela, para difundir la proclama, fueron detenidos por la policía. Se los traslado al comando de Lanús, donde después de ser interrogados y torturados, todos fueron fusilados, incluyendo un pibe de catorce años. Otro grupo de civiles fue sorprendido en Florida y corrió la misma suerte. Los fusilaron en la madrugada del domingo 10 en un basural de José León Suárez.
LOS REVOLUCIONARIOS SON TRAICIONADOS.
En Campo de Mayo, los oficiales Berazay, Cortínez e Ibazeta, apoyado por varios suboficiales y un grupo de soldados a su cargo, ingresaron fácilmente al cuartel. En realidad se trataba de una emboscada, porque el movimiento tenía infiltrados que respondían a la dictadura. Entre ellos estaba Berazay, quien una vez en el interior, se pasó a las filas contrarias para colaborar en la represión de los conjurados. Valle lo advierte casi de inmediato y así lo manifiesta en su carta a Aramburu. Los oficiales recibieron un juicio sumario y fueron condenados a la cárcel, pero desde la casa de gobierno Aramburu ordeno el fusilamiento. Entrada la madrugada del lunes 11 de junio de 1956, la ejecución se llevo a cabo en uno de los patios de Campo de Mayo.
En La Plata, el teniente coronel Cogorno al frente de los revolucionarios, logra tomar el Regimiento 7 de Infantería, pero al quedar aislados y sin apoyo, fueron derrotados. En pocas horas, Cogorno y Abadie fueron fusilados en ese lugar. En los restantes focos, la solución no ofreció variantes. En la Escuela del Ejército de Constitución, los hombres del movimiento fueron fusilados en el patio y en el Regimiento 1 de Patricios, que se encuentra aún hoy en Palermo, los rebeldes fueron reducidos y trasladados a la Penitenciaría Nacional que se encontraba ubicada en avenida Las Heras, donde fueron pasados por las armas.
EL MOVIMIENTO FRACASA.
La dictadura de Aramburu y Rojas, hizo público el compromiso de suspender los fusilamientos si el líder del movimiento se entregaba. Para evitar que se siga adelante con ese innecesario derramamiento de sangre, el General Valle se entregó como un general, como un comandante, pero por sobre todas las cosas como un valiente, atributo que los dictadores no conocían. Lo trasladaron de inmediato a la Penitenciaría de la avenida Las Heras y Coronel Díaz y a las pocas horas fue fusilado, como los 26 compañeros que lo precedieron en el paso a la eternidad.
El terror se hizo presente y los militares reemplazaron el fraude por la fuerza, dejando de lado el principio de la legitimidad del sufragio. Los crímenes de los gobiernos de facto, que comenzaron en 1955 se repitieron con sublime impunidad durante los treinta años siguientes, hasta la llegada de la tercera democracia de la Argentina en 1983. Durante esos años, los militares se adueñaron del poder, con gobiernos propios en los que contaron siempre con la colaboración de civiles, y con gobiernos civiles estrictamente controlados, que sucumbieron siempre ante un golpe de Estado. Como Juan Domingo Perón en 1955, Frondizi es derrocado en 1962, Illia en 1966 y María Estela Martínez de Perón en 1976.
LA IDEOLOGIA DEL MOVIMIENTO.
Los ideales de aquellos hombres que dieron su vida por el estado de derecho, han quedado plasmados en "La proclama del Movimiento de Recuperación Nacional" y "El Programa del Movimiento de Recuperación Nacional", documentos que sobrevivieron al gobierno de facto que conocemos como la "revolución fusiladora" y que nos revelan un hecho histórico de una enorme importancia, cuyo olvido ha sido forzado como tantos otros, pero merece ser recuperado para la memoria y la cultura de los argentinos.
Los principales documentos históricos son la "La proclama del Movimiento de Recuperación Nacional" y "El Programa del Movimiento de Recuperación Nacional", las cartas de Valle y la investigación de Rodolfo Walsh llamada "Operación masacre", este último, que permitió conocer los alcances de la sangrienta represión, con los fusilamientos clandestinos de civiles, en los basurales de José León Suárez.
PROCLAMA DEL MOVIMIENTO DE RECUPERACIÓN NACIONAL.
Las horas dolorosas que vive la República, y el clamor angustioso de su pueblo, sometido a la más cruda y despiadada tiranía, nos han decidido a tomar las armas para restablecer en nuestra patria el imperio de la libertad y la justicia al amparo de la Constitución y las leyes.
Como responsables de este Movimiento de Recuperación Nacional, integrado por las Fuerzas Armadas y por la inmensa mayoría del pueblo -del que provienen y al que sirven- declaramos solemnemente que no nos guía otro propósito que el de restablecer la soberanía popular, esencia de nuestras instituciones democráticas, y arrancar a la Nación del caos y la anarquía a que ha sido llevada por una minoría despótica encaramada y sostenida por el terror y la violencia en el poder.
Conscientes de nuestra responsabilidad ante la historia, comprendemos que nuestra decisión es el único camino que nos queda para impedir el aniquilamiento de la República en una lucha estéril y sangrienta entre hermanos, cada día más inevitable e inminente.
Deploramos que precisamente desde el gobierno se haya cerrado sistemáticamente toda posibilidad de pacificar la República y alcanzar la armonía entre los argentinos, en contraposición con el sentido de responsabilidad, la tolerancia y la paciencia patriótica del pueblo.
La Nación entera, y con ella la tranquilidad, el bienestar y la dignidad de los argentinos han caído en manos de hombres y de fuerzas que aceleradamente retrotraen a la patria a épocas de sometimiento, de humillación y de vergüenza.
Su acción nefasta ha desquiciado y lesionado profundamente el orden político, económico y social de la República.
Este Movimiento de Recuperación Nacional, se lanza a la acción revolucionaria con objetivos claros y un programa concreto para restablecer la soberanía y la justicia social y devolver al pueblo el pleno goce de su libertad y sus derechos.
Declara los objetivos fundamentales de su acción:
En lo político.
Han violado y desconocido el imperio de la Constitución y de las leyes, sustituyéndolo por un llamado "derecho de la Revolución", que no es otra cosa que el entronizamiento de la arbitrariedad, sin más normas ni vallas que la omnímoda voluntad de los que detentan el poder.
Se han avasallado así las garantías y derechos individuales, sustituyéndose a instituciones y personas de la jurisdicción de sus jueces naturales, sometiéndolos a tribunales y comisiones especiales expresamente prohibidas por la Constitución.
Se ha perseguido, encarcelado y confinado en verdaderos campos de concentración a miles de argentinos no sometidos a proceso y privados del derecho a la defensa, por razones ideológicas o políticas.
Por idénticas razones se ha privado a miles de argentinos de derechos esenciales, como el acceso a los empleos públicos y la participación activa en la vida cívica de la Nación, sin que tan graves penas provengan de la decisión de la justicia y ni siquiera del juzgamiento de la conducta de los inculpados.
Como consecuencia de esta arbitrariedad discriminatoria, que divide a los argentinos en réprobos y elegidos, se ha privado de sus empleos a miles de ciudadanos, sin tenerse en cuenta ni su antigüedad, ni su idoneidad, ni su conducta.
Se ha excluido de la vida cívica del país a la fuerza mayoritaria con el pretexto de inmoralidades y desviaciones en la conducta de algunos sus dirigentes; verdadera aberración jurídica y moral que podría llevar a la exclusión de todos los partidos, desde que todos padecen o padecieron en algún momento de males similares.
Se ha fomentado y organizado desde el gobierno la delación y el espionaje contra personas e instituciones, inclusive contra las Fuerzas Armadas.
Se ha impedido la libertad de prensa, uniformada al servicio del gobierno, interviniendo y entregando arbitrariamente los diarios y revistas a sectores políticos minoritarios adictos al mismo, clausurando los desafectos e impidiéndose la aparición de nuevos órganos de opinión independiente.
Todo ello unido a la monstruosidad totalitaria de un decreto-ley que bajo penas gravísimas prohíbe a los ciudadanos hasta el uso o empleo individual de palabras, fechas, símbolos, fotografías, nombres y expresiones que se proscriben, configuran los hechos más salientes de un plan siniestro, destinado a ahogar la libre expresión de la ciudadanía, y entronizar en el poder a minorías antinacionales que en su hora enajenaron el patrimonio del país y traficaron con el hambre y el dolor de los trabajadores argentinos.
Este desborde de la arbitrariedad ha culminado con la abolición de la Constitución Nacional vigente, sancionada por una Convención Reformadora libremente elegida por el pueblo, con la participación de los mismos sectores políticos que apoyan a la tiranía, Constitución que juraron acatar y defender los mismos que hoy la vulneran y suprimen a espaldas del Pueblo y al margen de su libre voluntad soberana, con el evidente propósito inconfesable de abolir disposiciones como las del artículo 40, que impiden la entrega al capitalismo internacional de los servicios públicos y las riquezas naturales del país, juntamente con otras también fundamentales como las que sancionan los derechos del trabajador y las que estatuyen la función social de la economía y la riqueza.
Por un acto arbitrario y despótico se reimplanta una Carta Fundamental ya superada por la realidad política, económica y social de la República, al amparo de cuya imprevisión y laxitud fue posible en otras épocas la entrega del país a las fuerzas internacionales del capitalismo y el sometimiento, el hambre y la humillación de nuestro pueblo.
Y para hacer más evidente la burla a la ciudadanía y la prepotencia de la arbitrariedad, ni siquiera se la reimplanta en todo su vigor como norma de convivencia o valla del poder, sino "en tanto y en cuanto no se oponga a los fines de la Revolución", vale decir, en cuanto no se oponga a la voluntad omnímoda e Incontrolada del gobierno. Jamás, en toda la historia, gobierno alguno ha tenido el descaro de hacer semejante profesión de tiranía y despotismo.
En lo económico.
Se han tomado medidas tendientes a quebrantar la industria nacional, depreciar la moneda, crear el desaliento en la inversión de capitales útiles, elevar los precios acentuando el desequilibrio entre éstos y los salarios, provocar sectores importantes de desocupación, que llevarán por hambre a los obreros a someterse a la voluntad del capitalismo.
Todo ello unido al desprestigio internacional de nuestra economía por el propio gobierno, a la acelerada contratación de empréstitos extranjeros y a la adopción de determinados compromisos anteriores, constituyen etapas de un plan destinado a retrotraer al país al más crudo coloniaje, mediante la entrega al capitalismo internacional de los resortes fundamentales de su economía.
En lo social.
Se han desconocido legítimas conquistas de los trabajadores, se ha destruido la organización sindical -base indispensable de la paz social y del progreso del país- mediante la intervención a la Central Obrera y a todos los sindicatos.
Se ha perseguido, encarcelado y confinado a miles de trabajadores, y se los ha privado arbitrariamente del derecho elemental de intervenir activamente en la vida de las organizaciones a que pertenecen.
En síntesis, desde el propio gobierno se ha realizado una acción sistemática tendiente a destruir la organización sindical y anarquizar a los trabajadores, acción que persigue la finalidad inconfesable de debilitar el frente social para posibilitar el camino del sometimiento del pueblo, y con él, del sometimiento de toda la Nación.
En las Fuerzas Armadas.
Se ha tratado en toda forma de minar su unidad y su armonía y se han desquiciado sus cuadros con la baja o retiro obligatorio de centenares de jefes, oficiales y suboficiales que honraban a la institución por sus virtudes morales y su capacidad profesional.
Al mismo tiempo se ha obligado a muchos oficiales al desempeño de funciones civiles incompatibles con su estado militar, creándose hacia la institución un lógico resentimiento y desconfianza del pueblo, difícil de superar, y que es la semilla más criminal que podía haberse sembrado para dividir y anarquizar a la Nación.
Esto es, en lo fundamental, el panorama trágico de las horas difíciles que vive la República. La proliferación de conflictos sindicales, los actos diarios de sabotaje en todo el territorio del país y el continuo descubrimiento en toda la República de planes subversivos o actos de insurrección, denunciados por el propio gobierno, no son (como él pretende, para encubrir su responsabilidad y engañar a la opinión) fruto de la acción aislada de personas perturbadoras, sino síntoma del clima de opresión y subversión en que vive la República y expresión evidente del espíritu indomable y de la decisión del pueblo de reconquistar su libertad.
Tan grave estado de cosas impulsa nuestra determinación y nos decide a recoger el clamor unánime del pueblo, antes de que la República desemboque en una lucha fratricida que terminará por destrozarla.
EL PROGRAMA DEL MOVIMIENTO DE RECUPERACIÓN NACIONAL
I.- En lo político
Restablecer el Estado de derecho mediante la vigencia plena de la Constitución Nacional y el imperio de la justicia en un ambiente de real libertad y pura democracia.
Consolidar la soberanía popular mediante la realización de elecciones generales en todo el país en un plazo no mayor de 180 días, con plenas garantías para todos los partidos políticos en el proceso electoral y preelectoral, incluida la utilización con iguales derechos de todos los medios de expresión y difusión.
Prescindencia absoluta del gobierno en materia electoral y fiscalización de los comicios por las Fuerzas Armadas.
Libertad efectiva y absoluta de prensa para todos los sectores de la opinión.
Amnistía general y derogación de todos los decretos y medidas discriminatorias dictados por razones ideológicas o políticas.
Libertad de todos los presos políticos y sometimiento a la justicia competente de los que hubiesen cometido delitos comunes.
Reincorporación de los empleados y obreros eliminados arbitrariamente por razones ideológicas o políticas.
Levantamiento de las interdicciones a personas y empresas e intervención de la justicia en los casos de violación de las leyes en vigor.
Rehabilitación de los partidos políticos privados de personería v plena libertad para la formación de nuevas fuerzas, dentro de las normas establecidas por la legislación vigente.
II.- En lo económico.
Revisión de las medidas de carácter económico y financiero que pudieran lesionar los intereses nacionales.
Revisión de las medidas económicas y financieras que afectan seriamente el desarrollo de las actividades productivas.
Restablecimiento de la plena ocupación y adopción de medidas para contener el alza del costo de la vida.
III.- En lo social.
Devolución del gobierno de los sindicatos a los trabajadores y elección por los mismos de las autoridades de la Central Obrera en un plazo de 45 días.
Libertad inmediata a todos los dirigentes y obreros detenidos por razones políticas o gremiales.
Renovación de los convenios de trabajo, de común acuerdo entre los trabajadores y empresarios, mediante los procedimientos determinados por la legislación vigente al 20 de setiembre de 1955.
Derogación de los decretos y medidas discriminatorias que impiden a miles de obreros su participación en la vida de los organismos gremiales.
IV.- En las Fuerzas Armadas.
Reestructuración de las mismas con vistas a las necesidades de la defensa nacional.
Reincorporación de jefes, oficiales y suboficiales que poseyendo valores profesionales y morales hayan sido dados de baja o retirados por razones políticas o ideológicas.
Mantenimiento de los actuales cuadros con la única excepción que determinen los tribunales y organismos competentes que establece la ley.
V.- En el orden internacional.
Respeto y cumplimiento de todos los convenios, pactos y compromiso internacionales concertados por el país dentro de las normas constitucionales y legales.
Suspensión de la ejecución de aquellos compromisos contraídos en violación de tales normas, a fin de que oportunamente sean considerados por las autoridades legalmente constituidas por los órganos y procedimientos que estatuye la Constitución Nacional.
Sosteniendo tales principios y comprometiendo ante el pueblo de la República el fiel y estricto cumplimiento de los objetivos señalados, el Movimiento de Recuperación Nacional toma las armas, en defensa de la patria, decidido a pacificar la nación por el camino de la verdadera libertad, en el respeto de la Constitución y la Ley.
No hacemos cuestión de banderías porque luchamos por la patria que es de todos. No nos mueve el interés de ningún hombre ni de ningún partido.
Por ello, sin odios ni rencores, sin deseos de venganza ni discriminaciones entre hermanos, llamamos a la lucha a todos los argentinos que con limpieza de conducta y pureza de intenciones, por encima de las diferencias circunstanciales de grupos o partidos, quieren y defienden lo que no puede dejar de querer y defender un argentino: la felicidad del pueblo y la grandeza de la Patria, en una nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.
Viva la Patria!
Buenos Aires, 9 de junio de 1956.
LA CARTA DEL GENERAL JUAN JOSE VALLE DIRIGIDA A SU VERDUGO, EL GOLPISTA PEDRO EUGENIO ARAMBURU, HORAS ANTES DE SER FUSILADO.
Como aquel 13 de diciembre de 1828, cuando Lavalle le hizo saber a Dorrego de su inmediato fusilamiento, sin juicio previo, casi ciento veintiocho años después, se le comunico la misma suerte al general Valle, que iba a ser pasado por las armas, sin permitirle su defensa en juicio. Durante las horas previas a su muerte, le escribió una carta a quien lo había condenado a la pena capital.
W.G.
"Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado. Debo a mi Patria la declaración fidedigna de los acontecimientos. Declaro que un grupo de marinos y de militares, movidos por ustedes mismos, son los únicos responsables de lo acaecido. Para liquidar opositores les pareció digno inducirnos al levantamiento y sacrificarnos luego fríamente. Nos faltó astucia o perversidad para adivinar la treta. Así se explica que nos esperaran en los cuarteles, apuntándonos con las ametralladoras, que avanzaran los tanques de ustedes aun antes de estallar el movimiento, que capitanearan tropas de represión algunos oficiales comprometidos en nuestra revolución. Con fusilarme a mí bastaba. Pero no, han querido ustedes, escarmentar al pueblo, cobrarse la impopularidad confesada por el mismo Rojas, vengarse de los sabotajes, cubrir el fracaso de las investigaciones, desvirtuadas al día siguiente en solicitadas de los diarios y desahogar una vez más su odio al pueblo. De aquí esta inconcebible y monstruosa ola de asesinatos. Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía. Mi esposa y mi hija, a través de sus lágrimas verán en mí un idealista sacrificado por la causa del pueblo. Las mujeres de ustedes, hasta ellas, verán asomárseles por los ojos sus almas de asesinos. Y si les sonríen y los besan será para disimular el terror que les causan. Aunque vivan cien años sus víctimas les seguirán a cualquier rincón del mundo donde pretendan esconderse. Vivirán ustedes, sus mujeres y sus hijos, bajo el terror constante de ser asesinados. Porque ningún derecho, ni natural ni divino, justificará jamás tantas ejecuciones. La palabra ‘monstruos' brota incontenida de cada argentino a cada paso que da. Conservo toda mi serenidad ante la muerte. Nuestro fracaso material es un gran triunfo moral. Nuestro levantamiento es una expresión más de la indignación incontenible de la inmensa mayoría del pueblo argentino esclavizado. Dirán de nuestro movimiento que era totalitario o comunista y que programábamos matanzas en masa. Mienten. Nuestra proclama radial comenzó por exigir respeto a las Instituciones y templos y personas. En las guarniciones tomadas no sacrificamos un solo hombre de ustedes. Y hubiéramos procedido con todo rigor contra quien atentara contra la vida de Rojas, de Bengoa, de quien fuera. Porque no tenemos alma de verdugos. Sólo buscábamos la justicia y la libertad del 95 de los argentinos, amordazados, sin prensa, sin partido político, sin garantías constitucionales, sin derecho obrero, sin nada. No defendemos la causa de ningún hombre ni de ningún partido. Es asombroso que ustedes, los más beneficiados por el régimen depuesto, y sus más fervorosos aduladores, hagan gala ahora de una crueldad como no hay memoria. Nosotros defendemos al pueblo, al que ustedes le están imponiendo el libertinaje de una minoría oligárquica, en pugna con la verdadera libertad de la mayoría, y un liberalismo rancio y laico en contra de las tradiciones de nuestro país. Todo el mundo sabe que la crueldad en los castigos la dicta el odio, sólo el odio de clases o el miedo. Como tienen ustedes los días contados, para librarse del propio terror, siembran terror. Pero inútilmente. Por este método sólo han logrado hacerse aborrecer aquí y en el extranjero. Pero no taparán con mentiras la dramática realidad argentina por más que tengan toda la prensa del país alineada al servicio de ustedes. Como cristiano me presento ante Dios que murió ajusticiado, perdonando a mis asesinos, y como argentino, derramo mi sangre por la causa del pueblo humilde, por la justicia y la libertad de todos no sólo de minorías privilegiadas. Espero que el pueblo conocerá un día esta carta y la proclama revolucionaria en las que quedan nuestros ideales en forma intergiversable. Así nadie podrá ser embaucado por el cúmulo de mentiras contradictorias y ridículas con que el gobierno trata de cohonestar esta ola de matanzas y lavarse las manos sucias es sangre. Ruego a Dios que mi sangre sirva para unir a los argentinos.
Viva la patria.
Juan José Valle.
Buenos Aires, 12 de junio de 1956".
CARTA DE DESPEDIDA DEL GENERAL JUAN JOSE VALLE A SU ESPOSA.
"Querida mía:
Con más sangre se ahogan los gritos de libertad. He sacrificado toda mi vida para el país y el ejército, y hoy la cierran con una alevosa injusticia. Sé serena y fuerte. Dios te ayudará y yo desde el más allá seguiré velando por ustedes. No te avergüences nunca de la muerte de tu esposo, pues la causa por la que he luchado es la más humana y justa: la del Pueblo de mi Patria. Cuida mucha a Susanita, y que después de este amargo trance encuentren resignación y mucha felicidad. Tenemos muy buenos amigos; confía en ellos, yo les he pedido que te ayuden. Muchas cosas tendría que decirte pero las sintetizo en una sola; me has hecho muy feliz y por ello me voy de la vida con esa serenidad que me has sabido inspirar siempre. Despídeme de todos: de tu mamá que tan buena ha sido conmigo. Te deseo mucha resignación. Sé fuerte y continúa la vida con mi recuerdo y con la frente alta, pues de nada debemos avergonzarnos. Hoy se difama la honra y el honor; pero yo he procedido siempre con integridad. Solo pienso, que no terminamos nuestra obra en común: la felicidad de nuestra querida hija. A ti te queda el hacerlo. Sé fuerte para ello. Y por eso debes hacer frente a la vida con entereza y mucha confianza en tus fuerzas, que las sé muchas. No me dan tiempo ni siquiera a despedirme de ti con un gran beso. Aquí te lo envío. Pongo en él mi corazón, que ha sido siempre de mi mujercita querida. En los últimos momentos no quiero tener amargura con los hombres que se olvidan de todo lo que es humano. Mi viejita, perdóname este final de nuestra vida. Pido a Dios que te reconforte pronto para seguir luchando por nuestra hija y por vos misma. Un tropel de emocionadas palabras son las de mi despedida definitiva. Que Dios te proteja y en la resignación encuentres alivio a esta tortura. Besos y besos de tu Juanjo. Adiós mi amor.
Juan José".
Dice -con absoluta razón- Rodolfo Walsh en Operación Masacre, que la memoria del general Valle "crecerá justicieramente en la memoria del pueblo, junto a la convicción de que el triunfo de su movimiento hubiera ahorrado al país la vergonzosa etapa que le siguió".
Por Walter Gangi.
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