nací un 26 de mayo de 1986, siendo segunda hija de cuatro hermanas, he pasado mi vida sin meritos y elogios. a temprana edad empece a crear cuentos, novelas y relatos fantasiosos hasta psicologicos, odio ser dependiente... casi soy adicta a las pastillas de dormir. he pasado la mayor parte de mi vida encerrada en casa, no tengo muchos amigos, amo el cine.
La mañana se había vuelto pesada, el tráfico estaba congestionado por lo que las calles estaban llenas de monóxido y un ardiente calor que exasperaba a los transeúntes, uno de ellos: Esther, que se encaminaba con mochila al hombro para llegar al campus, no estaba retrasada pero le urgía salir de casa, para no entablar una conversación directa con su madre, una conversación que no saliera de: un hola, como estas, la vecina dijo u otros.
Había llevado casi tres días evadiéndola, ya que para esa fecha la desaparición de Julia, era mas que notoria, sus padres que se encontraban preocupados ya habían alzado su ausencia en la comisaría y pegado afiches de se busca, tema que la madre de Esther tocaba con el extraño presentimiento de que su hija había cambiado a raíz de aquello.
Estaba preocupada y esto le molestaba, por lo que en repetidas ocasiones se armo de valor para hablar con ella y narrarle lo ocurrido, pero no sabia si ella le creería o si fuese correcto hacerlo ante la desaparición de su amiga.
Había ingresado al salón, para darse por enterado de que la alumna transferida no había asistido a clases, ya era el cuarto día que faltaba y esto alzo una serie de conspiraciones sobre el asunto: como que había desaparecido como Julia, pues se hallaban desde hace unos meses en una ola de desaparecidos ó que en los resultados le habían diagnosticado un tumor maligno en la cabeza, lo que explicaría sus constantes dolores.
Algo que era de poca y mucha importancia para ella, pues tenia en la idea de que Karen, la alumna transferida era el monstruo que ataco a su amiga y otros, pero si fuese así, no la habría reconocido, pero, la había visto morir en las manos de un extraño personaje con los rasgos parecidos a su compañera, se hallaba indecisa.
–Que estas pensando –le pregunto una compañera, que se había acercado a Esther sin que esta la percibiera, pues se hallaba sumida en sus pensamientos mientras observaba por la ventana al patio del campus.
–Ah, lo siento –se disculpo –que decías... lo siento, Elena –recalco.
–No te preocupes –le respondió al instante en que se sentaba en el asiento de al frente –te encuentras bien, hace días que te veo distante con el grupo... estamos preocupados por ti.
–De verdad –esbozo –no me había percatado.
–Debe ser por la desaparición de Julia –dijo –no debes preocuparte por lo rumores, a caso no recuerdas que una vez desapareció así –informo –se había fugado de casa por los problemas que tenían sus padres y al final, apareció, se había quedado en la casa de una amiga de su prima... debes creer que ella volverá, pronto.
–Claro –respondió –por que no seria igual ahora, no –trato de sonreír sin éxito.
Había comenzado la clase de lenguaje para lo cual la profesora había preparado una práctica calificada, basado en un cuento irlandés que era de su preferencia, por lo que mando aun alumno a repartir una hojas donde solo indicaba el nombre del curso y datos por llenar como: nombre, número de salón, el ciclo, fecha, y el título de la lectura.
–Bueno –llamo –pueden comenzar la redacción del cuento que les mande a leer la semana pasada, no deseo que escriban todo... solo lo que han podido entender y, los que todavía no han terminado de leerla, hasta donde se han quedado estaría bien.
–El título –exclamo un alumno para risa de todos y la de Esther.
–Si solo eso han leído –declaro la maestra, tratando de ver desde su puesto al gracioso.
El tiempo fue cruel para Esther, que no había tocado el libro en toda la semana y menos tenia idea de quien habría sido el autor, la semana había sido agobiante y traumatizante, en el momento en que creyó oler cenizas... algo que la mortifico, el olor no era fuerte, pero podía sentir que no era lejos, por lo que decidió oler con más distinción y observar por sobre las cabezas de sus compañeros.
Solo podía observar a la profesora leyendo una novela y que al segundo la observo, por lo que tuvo que sentarse y volver a la hoja, que se encontraba en blanco, pero el olor parecía hacerse fuerte y se percato al instante de que no era la única en darse cuenta.
La mayoría de sus compañeros habían dejado de escribir para olfatear el olor a ceniza caliente, lo que también interrumpió la lectura de la profesora, que alzo la vista y se levanto para observar los rostros de desconcierto de todos.
–Algo se esta quemando –se altero un alumno al distinguir el olor, poniendo nerviosos a los demás que se habían puesto de pie al instante y con la idea fija de un incendio.
–Tranquilos –dijo la profesora –no pasa nada, saldré a ver que ocurre y, todos tendrán que guardar calma... siéntanse –mando a sus alumnos –nada va pasar.
Para próximamente escuchar un estallido que los hizo levantarse de sus asientos, pues había venido con un fuerte remesón que alboroto el instituto por completo, haciendo que la profesora fuera la primera en salir. Los demás salones salieron aturdidos y gritando por el remesón del segundo estallido, que provenía del lado posterior del campus, lugar donde todo el tumulto de alumnos y profesores iban.
Al fondo del campus se hallaba la cancha de fútbol y balón mano, que estaba separado por una reja de mallas de las casas que lo bordeaban, la mayoría de antigua construcción y otras muy reformadas y de colores cálidos.
Pero la casa más antigua, era la que se estaba incendiando de forma desmesurada, hasta los vecinos habían salido y llamado a los bomberos, temían por la proliferación del fuego y mas aun cuando se dio la tercera explosión que hizo saltar los cimientos del primer piso, pues la casa contaba de tres y, el seguido remesón de su contorno.
Al parecer la casa estaba llena, pues los gritos y aullidos de dolor no se dejaron esperar, lo que lleno de miedo y ahogo a Esther y los demás observantes, que atónitos solo podían observar y escuchar el infierno que se había alzado en su interior y, más aun cuando de las ventanas superiores habían comenzado a saltar varios cuerpos envueltos en llamas.
La escena fue conmemorable y horrenda, algunos alumnos gritaban otros lloraban y unos cuanto cayeron desmayados, después de minutos había llegado tres patrullas de bomberos que tuvieron que ceder cuando estallo el segundo piso reventando algunos vidrios de ventanas, de casas vecinas.
Tardaron como media hora en apaciguar las llamas, momento en que los bomberos ingresaron sin esperanza, pues no había probabilidad de que hubiese alguien con vida en su interior, algo que todos lamentaron y que por sorpresa, salieron con una niña en brazos de apenas quince años de edad, lo que causo extrañes y una efímera felicidad.
–Eso si fue aterrador –le había dicho Elena, para cuando se hallaban regresando a sus respectivas casas, pues habían decidido que la salida se adelantara por ese día –como habrá iniciado el incendio, y esa niña... la viste –pauso –no tenia nada.
–Lo sé –respondió –Elena, puedo acompañarte a tu casa –le propuso –es que mi madre no regresara dentro de media hora, podría hacer hora si te acompaño –para lo cual su amiga asintió algo confundida, pero complacida ya que podrían seguir la conversación.
La madre Esther estaba en casa, ya que trabajaba de cajera en un casino, pero temía por Elena, ya había experimentado la pérdida de una amiga y no deseaba perderla, aunque sonara obsesivo, temía dejarla ir sola para luego oír sus gritos, algo que en verdad la marco y traumó de forma insana.
Después de dejar a su amiga y de comer unas galletitas ofrecidas por la madre de ella, Esther, se dirigió en el bus hasta el paradero, el bus estaba lleno por lo que tuvo que pasar al medio de un tumulto de personas que se hallaban de pie, para acercarse a la puerta donde el cobrador esperaba a que bajara todo desanimado.
Ya caía la noche cuando subió al ascensor, se hallaba algo turbada y perpleja por la escena, y la imagen del bombero cargando a esa niña intacta de las llamas, cuando se abrió la puerta del ascensor, pues al parecer alguien iba a subir, justo en el instante en que pudo divisar a Karen, parada esperando a que el ascensor abriera por completo, fueron los segundos más largos para Esther.
Que por el impacto de ver a su compañera casi al frente de ella pulso el botón rojo, haciendo que la puerta del ascensor cerrara antes de poder abrirse por completo dando tres pasos para atrás, pues apenas el ascensor cerrase Karen había alzado la vista.
Tomo aliento mientras esperaba, cuando por fin llego al piso indicado, aunque a los minutos tuvo la extraña sensación de que no era el piso, pues el pasillo estaba lleno de policías y sus vecinos estaban ansiosos ante la puerta de su departamento, lo que golpeo su pecho, pues era su departamento el que estaba lleno de agentes y policías.
–Esther, por fin llegaste... –le había susurrado una vecina al instante en que se acercaba, algo que obvio, pues su vista se había plantado sobre su puerta, sobre aquellos agentes que tomaban fotos en el interior y la policía que la observaron entrar sin decir nada.
Su corazón comenzó a bombear de forma presurosa y un sudor frío empapo su frente, toda la casa estaba impecable, solo agentes que entraban y salían de la alcoba de su madre, en el instante en que se le hacia insoportable respirar y dar otro paso al frente.
Sus ojos ardieron y de ellos brotaron lágrimas –mamá... –estaba recostada en la cama, sobre un profundo fango de sangre, con veinticuatro puñales clavados en diferentes partes del cuerpo, uno de ellos entre los ojos. El cuarto se lleno de los gritos de Esther y, su desesperación por despertarla, por creer que era una broma, que ella se levantaría, que si la sostenía, abrazaba y lloraba al oído, la haría reaccionar.
La policía tuvieron que casarla del cuarto arrastras, mientras una agente le pasaba agua de azahar sobre la frente y el cuello, y el oficial le acercaba un vaso de agua fría, vaso que no pudo sostener, ya que había empezado a flaquearle las extremidades y dado vértigo, para luego caer desmayada, dejando que el vaso se hiciera trizas en el piso.
Despertó pasado dos horas, se hallaba recostada en una cama de hospital, en una sala angosta, de dos hileras y una puerta en la cual entraba escasa luz de la oficina de salas, solo una cama estaba ocupada a parte de la suya y era la de la niña del incendio.
Las otras doce camas estaban vacías, pero eso no importaba, estaba destrozada por la pérdida de su madre y no podía pensar en más que la casualidad de su muerte con su encuentro con Karen, tenía la obsesiva idea de que ella asesino a su madre.
–Hola –la saludo la niña del costado –que te ocurrió, por qué te trajeron aquí.
–Déjame en paz –le respondió dándose la vuelta, mientras aguantaba el sollozo.
–Mi nombre es Noelia –le dijo –somos las únicas de esta sala y, no puedo dormir, sabes.
Pero Esther, no deseaba entablar una conversación por lo que cerró sus ojos aunque no tuviera sueño, pues tenía la esperanza de que Noelia se cansara de hablar sola y se callara, dejándola en total silencio, que era lo que más deseaba en ese momento.
–Tengo miedo –le siguió diciendo –aquí, es muy oscuro... puedes desahogarte conmigo –pauso –a veces es bueno hablar. Por favor mírame –chilló.
Haciendo que Esther volteara a verla, se hallaba acurrucada en la cama y con las manos sobre el rostro, sus cabellos eran cortos y castaños y tenía las uñas de la mano mochas, al parecer por comerse mucho las uñas, lo que significaba que era nerviosa.
–Eres la niña del incendio –termino por preguntar –lo siento –sonrió.
–No tienes por qué, es normal que tengas dudas sobre mí –pauso para sonreír –los doctores quedaron sorprendidos al ver lo sana que estoy, pero tienen dudas y me ves.
–Estas aquí –confirmo –pero, como inició el incendio –pero al ver que su sonrisa cambiaba a una seriedad absoluta concluyo –lo siento, es que... necesito despistarme –pauso al ver el interés que despertó en la niña –mi madre falleció hoy día –termino la frase forzándose a si misma a no llorar, no podía y no debía.
Hubieran seguido platicando toda la noche pues estaban solas, y hasta quizás sonsacar de la niña la verdad del incendio, ya que tendría el tiempo suficiente como para repetir la pregunta cada vez que se presentara la oportunidad.
Pero en ese instante, había comenzado a oírse extraños ruidos en la planta baja y no era normal, pues se podía escuchar gritos y objetos volaban en el aire para caer bruscamente contra los muros y/o puertas, algo que puso en alerta a Esther, pues todavía no se sentía bien descansada y, menos lista para aquel tipo de situación.
–Qué crees que este pasando abajo –pregunto.
Pero la niña cuya nombre era Noelia estaba ida de la realidad, temblaba de pies a cabeza y no se podía prever si iba a llorar o gritar del susto, solo el ruido reinaba abajo, conjunto con la sirena de emergencia y el de la policía que estaba cerca.
–Tengo miedo –respondió al final, se hallaba acurrucada y las manos le ardían, sus pupilas estaban al rojo vivo y su tez de piel resplandecían, algo que asusto a Esther, pues había comenzado hacer calor alrededor de ella, mientras observaba absorta como su compañera de sala se le iba incendiando la piel.
Un estallido se dio en el piso tercero del hospital público, cesando la guerra que se había alzado en los pisos de abajo, la sala número 305 estaba ardiendo en llamas, los bomberos fueron al instante para hallar la sala vacía, solo camas quemadas.
Siguiente capítulo: Señora Viento



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