Hacía Una Evaluación Para El Aprendizaje
En la actualidad sabemos que la educación formal es un fenómeno complejo que involucra muchos elementos interconectados dentro y fuera de las instituciones educativas. En el que los procesos de evaluación cobran gran relevancia pues definen la estructura y dinámica que estas presentan en todos sus niveles, siendo la evaluación de los aprendizajes, una constante de la vida institucional.
Desde un punto de vista estrictamente administrativo, pero con profundas implicaciones, los profesores se ven obligados como parte de su práctica docente, a realizar evaluaciones a sus alumnos con la intención de entregar cuentas a la institución, acerca del índice de aprobación y reprobación de un curso. Las formas de llevar a cabo este procedimiento son de diversa índole y naturaleza, pero todas ellas ineludiblemente decantan en la idea de acreditación.
Lamentablemente, esta concepción es tan generalizada, que los propios alumnos la han asumido como parte de su identidad, impactando seriamente su desempeño académico, es decir, a lo largo de su trayectoria estudiantil, se les ha mostrado la evaluación de sus aprendizajes como sinónimo de calificación y objetivo primordial del proceso educativo, luego entonces, sus esfuerzos son encaminados a acreditar la materia, sin que ello involucre necesariamente un aprendizaje verdadero.
Consideramos que este fenómeno tan común en la mayoría de las escuelas, tiene su origen en gran medida en el tipo de evaluación que se implemente, la concepción que se tenga de la misma y sobre todo, la forma en la que se presente a los alumnos. Así pues, si se opta por una evaluación que a partir de ciertos instrumentos de cuenta de productos finales como un reflejo de los aprendizajes y se les diga a los alumnos que en función de ellos estará determinada su calificación, entonces, promoveríamos el los alumnos el tipo de conductas inadecuadas que anulan cualquier proceso educativo.
En este trabajo partimos de la idea de que, si queremos cumplir cabalmente con las funciones delegadas a las dependencias educativas en la formación de los estudiantes, y de las cuales, somos en buena medida responsables, es necesario entre otras cosas, modificar las prácticas tradicionales de evaluación, instaurando en su lugar, formas más efectivas que trasciendan la vieja idea de la acreditación.
Para lograr lo anterior, primero debemos ser conscientes de la diferencia que existe entre acreditación y evaluación, de acuerdo con Díaz Barriga (1998:74), la primera de estas tiene que ver con un proceso de verificación acerca del grado en el que se cumplieron los criterios estipulados en los programas de estudio, a partir de los cuales se considera, reflejan el nivel de información adquirido por los estudiantes, y al que nosotros añadiríamos, son traducidos en términos cuantitativos mediante una calificación. Mientras que la evaluación en su sentido más amplio es definida como una actividad que permite emitir juicios de valor respecto al proceso de enseñanza y sus resultados en términos cuantitativos y cualitativos (Bellido y González, 2009). En la actualidad, varias son las funciones que se le han concedido a la evaluación del aprendizaje, Gimeno (1992), señala las siguientes:
1) Definición de significados pedagógicos y sociales como rendimiento educativo, éxito y fracaso escolar, buen y mal estudiante, calidad de la enseñanza, progreso escolar, buen y mal profesor, buen y mal centro escolar.
2) Social: acreditación y certificación de los estudiantes
3) Organización escolar: determina el acceso a los diferentes niveles escolares
4) Control: es un medio para ejercer la autoridad
5) Proyección psicológica: modela el auto concepto e influye en los aspectos como la actitud ante el estudio, generalización de la ansiedad, acentuación de conflictos, rasgos patológicos, manejo de la motivación extrínseca e intrínseca
6) Apoyo a la investigación en relación a la calidad de la enseñanza, bondad en los métodos educativos, constatación de éxito y fracaso escolar, validez de los currícula
7) Pedagógicas: Creadora del ambiente escolar, diagnostico, individualización, afianzamiento del aprendizaje, orientadora, ponderación del currículum y socialización profesional.
Como podemos notar, la evaluación es un proceso complejo que tiene repercusiones tanto al interior como al exterior del aula e involucra a todos sus integrantes, así pues, debemos entender que esta se sitúa por encima de los sistemas de acreditación.
Ahora bien, en relación a su función pedagógica, deseamos enfatizar la relevancia que tiene para el proceso educativo, esto es, coincidimos con la idea de que, a partir de la información obtenida, tanto docentes como alumnos, pueden llegar a comprender los elementos que afectaron positiva y negativamente el aprendizaje, y en consecuencia emprender acciones para optimizar el proceso de enseñanza y aprendizaje. Desde esta perspectiva, la evaluación como sistema de realimentación provee verdaderos beneficios a sus integrantes orientándolos hacia lo que deben hacer para lograr un mejor aprovechamiento académico.
Al presentar a los alumnos de esta manera los objetivos de la evaluación, y no solamente como suele hacerse la forma tradicional, lograríamos una nueva actitud hacia este proceso, y lo que es aún más importante, modificaríamos sustancialmente la tarea de los educandos, ya que ahora, sus esfuerzos estarían encaminados a aprender los contenidos plasmados en el programa de estudios y en consecuencia lograr la acreditación de la materia. Recordemos lo que señalan Benito y Cruz (2005:87), cuando indican que es necesario pasar del enfoque tradicional de la evaluación a uno que sea más enriquecedor, uno que se centre no en la evaluación del aprendizaje, sino, en la evaluación para el aprendizaje. Y continúan diciendo, la evaluación determina el qué y el cómo se aprende, de ahí que de acuerdo a la forma en que se plantee la evaluación a los alumnos, es que se conseguirán unos resultados de aprendizaje y no otros.
Para tal fin, es necesario implementar evaluaciones en las que participen los alumnos, pues desde esta perspectiva, se percibe a los estudiantes como los últimos responsables de sus aprendizajes, por lo tanto debe proporcionárseles la información necesaria para que tengan conocimiento acerca de su desempeño y así puedan descubrir lo que les falta por hacer.
Antes de terminar, queremos señalar, que de ninguna manera pretendemos restar importancia a los sistemas de acreditación, ya que después de todo, cumplen una función social, sino únicamente, puntualizar que las evaluaciones deben adquirir una nueva identidad en el aula, en aras de alcanzar un verdadero aprovechamiento académico por parte de los alumnos, lo que implica forzosamente, abandonar la vieja idea de evaluación como sinónimo de acreditación. De hacerlo así, nos aproximaríamos cada vez más, a lograr los objetivos para el que fueron diseñadas las instancias educativas y cumpliríamos nuestra función como docentes.
REFERENCIAS
Bellido, C y González, M. (2009). Trascendencia de la evaluación del aprendizaje. En C. Bellido (Coord.), Evaluación del aprendizaje (pp.1-15). UNAM Facultad de Estudios Superiores Zaragoza.
Benito, A. y Cruz, A. (2005). Nuevas claves para la docencia universitaria: En el espacio Europeo de Educación Superior. Madrid: Narcea.
Gimeno, S. (1992). La evaluación en la enseñanza. En S. Gimeno y G. Pérez (Eds.), Comprender y trasformar la enseñanza (pp.334-397). Madrid: Morata.
Díaz Barriga, A. (1998). Didáctica y currículum. Paidós: México.
http://www.desdelasubjetividad.blogspot.com
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