Pensando La Poesía

Posteado: 06/07/2009 |Comentarios: 0 | Vistas: 309 |

 

                                                                    Por Zulma Zubillaga

 

   En primer lugar, creo necesario intentar un somero abordaje sobre la  poesía como centro de expresión subjetiva, existencial. Y cuando digo existencial me refiero a la expresión poética como carnadura de lo humano, a ese centro de intimidad que el texto roza para convertirse en materia dicente, enriquecida, pero inconclusa. Porque la voz lírica se lanza a la aventura de captar aquello que no puede abarcar, lo que permanece mudo en el plano de lo inefable. Sobre esta irresolución esencial ha escrito Maurice Blanchot: La búsqueda de la totalidad, en todas sus formas, es la pretensión poética por excelencia, una pretensión en la cual está incluida, como su condición, la imposibilidad de su cumplimiento.(1) En este sentido, puede decirse que todo poema es un fracaso. Y en ello se fundamenta  su íntima fractura, que se nutre de lo que oculta o dice para callar, sustancia sensitiva que se repliega en sí misma para ser misterio. Pero de este lúcido, vidente destello que se vislumbra nos queda esa materia inconclusa que acaso revela un rastro de eternidad. Y es que en la imposibilidad de la plenitud radica su belleza, una belleza que roza el límite de su propia agonía, como un éxtasis.

       Esa sed de completud propia de lo humano se traslada a la escritura, que explora territorios alternativos dentro de los parámetros que impone el lenguaje , se subleva contra sus propios límites y busca ser revelación de lo secreto, acaso del arcano preexistente, del Verbo fundante. Crea, en el seno de su propia voz, una difusa geografía,  un eco de fuga paralelo al mundo.

      Y a modo de espejo de la existencia, en un juego de alumbramiento y aniquilación, el poema roza el límite de lo posible para ser, finalmente, silencio.

 

EL POEMA COMO ASCESIS   

   El texto poético no logra configurarse como perfección porque, construido en la incompletud, se niega a sí mismo. Aspira a la totalidad pero alcanza sólo a comunicar fragmento de fragmentos, ceñido a un andamiaje formal  que lo limita y sostiene. Y puede interpretarse su búsqueda como un proceso de ascesis que exige un progresivo despojamiento para alcanzar el todo. De ahí la necesaria austeridad que la madurez expresiva exige, la valoración precisa de lo esencial, el moderado equilibrio de las formas. Porque el poema indaga desde su precariedad, despeja los elementos que turban la armonía, pule el instrumento para la conversión de la palabra. Se nutre de interrogantes para decirse a sí mismo, como una voz afilada que se desliga del mundo para refundarlo. Y también en la negación de las estructuras de lo real confirma su propia ascesis: desprendido del acá, en una gesta sensible,  se lanza como una flecha al misterio de la palabra.

 

       Este despojo formal y expresivo que toda gran poesía admite puede apreciarse, quizás, en este breve texto de Juan Gelman:

 

comentario LIV (homero manzi)

amor que talla/pule/pone

última mano y perfección/

áhi no termina tu trabajo/

o derramás amparos como

leches de fuego para que

naides golpee su amargura/

su dolor/ niños que abrigás

contra los muros de la noche (2)

 

 

  LA PALABRA EN EL POEMA

     Los recursos propios del género, a modo de mecanismos de distorsión y acercamiento, representan un juego paradojal de simetrías y antítesis respecto de los componentes del mundo sensible; permiten comunicar una realidad alternativa que es símbolo y síntesis de lo evocado, como un espejo invertido que atraviesa el objeto para reconstruirlo. Porque la palabra en el discurso poético, despojada de un significado unívoco, se convierte en instrumento desasido de la semántica, sufre  una deserción del  sentido para adherir a la coherencia de la estructura. En este punto el poema rompe con las ataduras del lenguaje para ser una construcción autónoma, polisémica,  que se dice a sí misma para ser dicha.

     Y el interrogante que el mismo representa no admite respuestas, porque desde su perenne caducidad interpela a lo real, huye del lugar común para conquistar el territorio de la utopía.

     Y para concluir, intentaré abordar el tema de la transfiguración del lenguaje poético. El significante, la palabra asociada a un significado, al  sufrir la aludida transmutación de sentido, al relacionarse con otros componentes que adquieren, también,  coherencia sólo en el propio contexto, opera,  a menudo, en el poema, una función gramatical que no se corresponde con la normativa, y pasa, entonces, a integrar una estructura transformadora, cohesiva, que renueva su significación en una construcción polisémica, pero compacta. Así, esta mecánica sensible solidariza elementos antagónicos, simétricos o paradojales que interaccionan para comunicar. Y ello me hace pensar en una necesaria  indagación  sobre la ductilidad de la palabra, capaz de flexibilizar su función hasta superar los límites de lo imaginable y volverse instrumento vital, ligado a la misma existencia, como el poema.

 

  LA POESÍA DE NUESTRO TIEMPO, AQUÍ

     La poesía, a partir del siglo pasado,  ha atravesado un largo derrotero de movimientos, que, a partir de la génesis surrealista de 1924, en Francia,  se han ido sucediendo en un proceso evolutivo cargado de proclamas, líneas directrices,  con los previsibles gestos de repulsa y reafirmación de nuevas líneas estéticas que han intentado redefinir la materia en cuestión.

      De los movimientos o tendencias que dejaron fuertes marcas en la lírica vernácula de del siglo XX, citaré algunas hitos que signaron, a mi parecer, la crónica poética de su tiempo: el neorromanticismo, las generaciones del 40 y post 40, ésta última con su variante regionalista y urbana, el movimiento poesía Buenos Aires, surgido como ruptura con el interiorismo vigente, el surrealismo e invencionismo del 50, la poesía del 60, signada por una pérdida de fe en el lenguaje poético, y por cierta carga nihilizante, a lo que puede sumarse un insurgente coloquialismo de profunda raíz intimista.

      Hoy lo poético, en nuestro país,  salvando las previsibles excepciones, parece transitar por otros caminos. Con una marcada desacralización temática que involucra el plano formal, nos encontramos con una tendencia que se orienta hacia el plano de lo concreto, con una revalorización de la oralidad, del paisaje urbano, sin intentos de sublimación  ni  ambiciosas búsquedas. Una poesía fragmentada que elide toda influencia, que veladamente parece haber censurado su propia historia. Me pregunto si no nos encontramos, hoy,  con un discurso poético de masas cuya hegemonía parte de los grandes centros urbanos para expandirse, a modo de movimiento reflejo, al interior, al otro país. Me digo, también, si este decir cuasi-homogéneo, como una sinfonía que ejecuta el obstinato de lo cotidiano, no responde a un gesto comunitario, que desde un implícito mandato de indiferenciación, garantiza, al menos, una  forma alternativa de pertenencia. En una virtual clausura del ser, del íntimo coloquio con la palabra - de su herencia -, parece haberse sustituido la propia voz por una construcción común, que sin proclamas ni manifiestos, en una suerte de muda gesta, ha buscado fundar, acaso como el poema, aquello que no se nombra. En consecuencia, también es posible pensar si esta elisión de lo dicho, de nuestra rica tradición literaria, no puede relacionarse, a modo de paralelo simbólico, con un necesidad vital de barrer con la propia historia, que bien sabemos, en éste, nuestro pasado reciente, signado por el autoritarismo y el genocidio, ha dejado estigmas de saqueo y  silencio.

 

 

(1)    De “El Movimiento Poesía Buenos Aires 1950-1960” , Editorial Fraterna,        Buenos Aires, 1979.

(2)    Gelman, Juan, “Interrupciones 1”, Seix Barral Biblioteca Breve, Buenos Aires, 1997.

 

 

Zulma Zubillaga nació en Coronel Mom, provincia de Buenos Aires, en 1959. En el 2005 publicó su primer libro de poemas: “El tiempo que deslumbra”. Es profesora en Lengua, Literatura y Latín. Desarrolla su actividad literaria en Chivilcoy, ciudad donde reside. Co-dirige e integra el staff de la revista literaria Fledermaus.

 www.revistafledermaus.com.ar

zulma_zubillaga@yahoo.com.ar

 

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