Nada Es Lo Que Parece (Brevísima Reflexión Sobre El Relato Corto)
El cuento no es mejor ni peor que la novela, sino algo distinto. Dicha esta obviedad, debo explicar por qué me atrae ese género breve, como una ráfaga de viento, que sabe a poco a quienes gustan de esos vendavales literarios que son las novelas.
La primera ventaja es que, por el ritmo a que le obliga su brevedad, uno sabe en seguida si le gusta o no el relato. En la novela, en cambio, uno debe adentrarse en ella para calibrar si vale la pena o no el esfuerzo de su lectura, si encontrará al cabo la justa recompensa de una satisfacción intelectual y estética.
No es éste un condicionante menor en los tiempos que corren: con tantos temas que reclaman nuestra atención y tan poco rato para dedicar a cada uno de ellos, la frustración de haberse enfangado en una mala novela no resulta recomendable. Si, por contraste, eso acontece con un cuento, no pasa nada, pues apenas le habremos dedicado unos minutos antes de dejarlo.
Ya ven que no pretendo realizar aquí una justificación teórica, ni epistemológica ni lingüística —¡qué más quisiera yo que poder hacerlo!—, sino que se trata de una consideración práctica y, a la postre, nada banal.
La otra razón por la que uno se halla prevenido ante determinadas novelas es que las susodichas no son tales, sino que consisten en leves argumentos que se mueven en espiral hasta alcanzar una mínima extensión que justifique su publicación como obra única y diferenciada. En el fondo, no son más cuentos alargados artificialmente y que, por ese mismo motivo, han perdido la cadencia del relato corto sin aproximarse ni por asomo a la hondura narrativa que requiere una novela como Dios manda, que decían nuestros mayores.
Por eso mismo, también, por su obligada brevedad, el cuento precisa y hasta exige una técnica de quiebro narrativo, de sorpresa en su desenlace, para dejar un gusto placentero en el lector.
Si la novela es como un río sobre el que confluyen fuentes y afluentes diversos y que se va ensanchando y ganando caudal hasta su desembocadura, el cuento, a su vez, es como el agua de un grifo, que fluye bruscamente y que con la misma brusquedad acaba. La novela reclama hondura, complejidad y saber encajar piezas y materiales muy diversos que al final conformen un todo armónico. Por el contrario, el cuento no permite semejantes digresiones, sino que le urge tomar un camino directo hacia el desenlace. Si éste resulta obvio, si es previsible, la historia no suele ofrecer entonces ningún interés ni va mucho más allá de poderse apreciar como una anécdota más o menos intrascendente...
Hacer una pregunta
una historia, una autobiografía, un sentir, una experiencia y sus consecuencias
La corrupción desde la perspectiva de la psicología y su efecto en la sociedad. La manipulación del poder, violencia, pobreza y demás derivados de este flagelo.
Literalmente corremos detrás y en franca desventaja en el intento de acompasar el frenesí de los medios disponibles para comunicarnos los unos con los otros, con las realidades operativas que la convivencia nos exige, los nuevos "amigos" que diariamente se incorporan a nuestro "vecindario virtual" ya no viven en la casa lindera, ni en la acera de enfrente, o en la otra cuadra, ni siquiera compartimos la misma ciudad, el país, la región o el continente.
Cuando la ruta es conocida y se tiene claro el lugar al cual nos dirigimos, casi no es necesario prestar demasiada atención a nuestro entorno, recorremos largas distancias sumidos en la abstracción, con la mente puesta en la ansiada llegada, en el punto de encuentro con lo que es el objetivo de nuestro viaje.
Es una novela que refleja nuestra forma de vida, lugar para hacer volar nuestra imaginación creativa
Es, por tanto, una amenaza contra la integridad personal, y es desplegada por los gobiernos, pero también por organizaciones internacionales o por grupos profesionales; es decir, por aquellas instituciones dotadas de autoridad legítima o de facto, y de medios coercitivos para hacer respetar esa autoridad como parte de un ordenamiento legal en vigor.
La intolerancia a lo externo nos ha atrapado como la caparazón a la tortuga, y nos comportamos con la ignorancia del avestruz, la cual intenta evadirse ocultando su cabeza dentro del hueco que ha perforado en la tierra, pareciera que rechazando lo obvio, por el simple hecho del rechazo deja de existir, nos evadimos como quién se aferra a un sueño placentero y se niega a abrir sus ojos y despertar
Finalmente, algún díase comenzará, se dará inicio al verdadero cambio, a dar solución a este grave problema, que es la falta de ideología, recuperando de esta manera, la estructura política, que hoy en día se mantiene descuartizada, y, que según lo que se ve, puede desaparecer, pero, quizá sea el principio de una nueva forma de hacer política con pensamiento ideológico.
Siempre hemos tenido campeadoras, que han dicho voy, en busca de eso que me falta. Saharianas que supieron enfrenar alacranes y tormentas de arenas. No negamos que en determinado momento nos sentimos representadas, lo agradecemos. Pero fue hermoso descubrir que éramos capaces de representarnos por nosotras mismas. ¡Y de hacerlo bien!
"Los ciudadanos, muchas veces, no queremos que nos representen personas como nosotros, sino tipos inalcanzables que, vaya a saberse por qué, suponemos que son mejores que nosotros mismos".
"En vez de echarse la culpa unos a otros nuestros políticos deberían decirnos humildemente a los ciudadanos: "Lo sentimos, lo hemos hecho mal".
"Ignorar a los mercados —y, pero aun, intentar "doblegarlos" — es un ejercicio tan inútil como oponerse a la ley de la gravedad".
"Las formas muchas veces son tan importantes como el fondo de cualquier cuestión. Los que tuvimos la oportunidad de conocer al presidente catalán Josep Tarradellas, defensor a ultranza del protocolo institucional y de la cortesía parlamentaria, le oímos decir más de una vez: "En política, cuando se pierden la urbanidad y las buenas maneras también se pierde la razón".
"Hasta hace bien poco, las opiniones y hasta los pensamientos de unos y de otros estaban condicionados por sus respectivas anteojeras ideológicas, como las de los forofos de cualquier equipo de fútbol".
"Si se generalizase de forma arbitraria el referendo como medio directo de acción política, el caos acabaría imponiéndose sobre el sentido común".
"El abandono de las respectivas carreras es el doble que en el resto de Europa, el paro entre los titulados superiores llega al 21% y no hay ninguna universidad española entre las 150 mejores del mundo".
"Nos guste o nos desagrade, aún somos un país de pícaros y trapisondistas, más parecido a la corte de los milagros de Valle-Inclán, que a una sociedad solidaria, equitativa y justa".

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