Carta A Un Paíto
Según tú nos hiciste saber éramos la razón de tu vida, llegamos al hogar para llenarlo de alegría, inicialmente con el llanto de las recién nacidas: jojoticas, frágiles, olorosas a la pureza de la piel tierna, siendo la admiración de propios y extraños por tan enorme parecido entre esos dos pequeños seres, cuyos movimientos hacían posible que esos cuerpecitos se unieran como imán a su hierro y se convirtieran en un todo que emanaba paz, tranquilidad y despertaba la más grande ternura que ser humano alguno hubiera experimentado.
Fuimos creciendo junto a dos hermanos, bajo tu amparo, acompañándote en tus juegos locos de fin de semana, celebrando cada cosa que hacíamos, enseñándonos, haciéndonos partícipes de tus vivencias. Estuviste allí en la primera comunión, en cada acto del colegio, donde presenciaste el casamiento de una hormiga (personificada por una de nosotras) con su príncipe azul, que orgulloso te sentiste!
Nos hablabas de tu pasado: que entre otras cosas navegabas en mar adentro, nos decías que cada pez tenía su nombre y su encanto, que ese mar que albergaba tantas especies era proveedor de alimentos, se auto limpiaba y para un marinero constituía parte de su vida que transcurría entre ese mundo que le daba múltiples oportunidades y la inevitable nostalgia por los seres queridos que quedaron en tierra firme.
Por razones estratégicas de tu trabajo debimos separarnos ya que ibas en búsqueda del sustento diario –como tú mismo lo decías- pero ese distanciamiento apenas lo notamos porque te encargaste de mimarnos, de hacerte sentir desde la distancia. De manera que esa situación particular fue de gran fortaleza para unir esos lazos de adoración, fue una ocasión de oro para que supiéramos que contábamos contigo no importa lo lejos que te encontraras.
Siempre estuviste atento al diario desempeño de tus hijas, al tanto de cuanta cosa se decía en televisión o radio de las labores que desempeñamos, pendiente ante las innumerables visitas de una para cuidarle el sueño hasta tarde y los besos en tu pelona (cabeza) de la otra.
El cariño que te profesamos es tan grande, tan grande que no hay palabras para describirlo, es un sentir, una emoción, es el miedo a que algo malo te suceda, y por ese mismo temor, silenciosamente sin que nadie se enterara, mantuvimos un enojo hacia esos años que caían sobre ti y nos alejaban de la posibilidad de tus apapachos, de tus cariños, de tus sueños, te queríamos siempre presente.
Entendimos que eran muchas tus ganas de vivir, que luchaste, que no te rendiste con la enfermedad que mermaba tus fuerzas, porque sabías que ante la más pequeña señal que nos necesitabas, cuál soldados estábamos allí, a tu lado, velando tus sueños, cuidándote esmeradamente, tal como lo hiciste tú con nosotras durante años.
Día tras día estuvimos aquí a tu lado y desde tu lecho de enfermo te volviste silencioso, con la mirada perdida como en búsqueda de ese bienestar que te permitiera volver a compartir con tus muchachas. Mientras tanto, viéndote distante, una de tus retoños lucha con sus lágrimas que van fluyendo cual manantial, y la otra besa tus brazos, tu pecho, tu cabeza, intentando arrancarte de esa realidad que nos arropa pero que no queremos asumir. EL HOMBRE GRANDE ESTÁ A PUNTO DE PARTIR. Daríamos la vida si fuera posible para que eso no sucediera.
Nada quedó por hacer, horas tras horas, noche tras noche al pie de tu cama, esperanzadas en que te levantarías y volveríamos a verte sentado en tu silla favorita, bajo la mata de mango en ese patio que se pierde en la distancia, preocupándote por cuanto acontecía a tu alrededor. Pero fue inútil, digo, no fue inútil, te dimos todo: siempre contigo.
Sentimientos encontrados: ley de la vida, te tuvimos por muchos años, nunca suficientes para disfrutarte. Quizás somos egoístas pero te queremos haciendo presencia aquí, sin embargo no podemos contradecir la voluntad de Dios que decide tu partida a otro plano.
Desde esta tribuna, a tu lado, acompañándote como siempre, junticas en perfecta armonía con esta naturaleza verde donde yaces, te decimos, tal como tú lo decías respecto a nosotras: Pa' te queremos, eres nuestro orgullo.
Y… en este día de la mano de la guía le pedimos a Diocito que nos cuide a mi Paíto.
Tus hijas gemelas
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