La Erudición Al Servicio De La Historia, Técnicas De Investigación
El conocimiento histórico no es solamente la obra del historiador propiamente dicha; integra también el aporte de toda una serie de equipos de eruditos especializados, cuya labor, de ambición limitada pero precisa y paciente, habrá juntado para provecho del historiador, o al menos le habrá hecho accesible los documentos, materiales de lo que será la historia, luego de haberlos reconocido, clasificado, publicado o al menos inventariado, analizado, criticado, comentado, dispuestos para publicar.
Los diferentes capítulos de las partes precedentes habrán familiarizado al lector con las diversas disciplinas que, frente a una experiencia que en algunos casos se remonta a tres siglos, y apoyadas sobre el rigor de sus métodos comparativos, constituyen los cimientos sobre los cuales reposa nuestra ciencia histórica.
El magnífico desarrollo que ha conocido desde hace un siglo no hubiera sido posible si estas disciplinas auxiliares no hubieran sido puestas inmediatamente a su disposición: se sigue su desarrollo desde las primeras tentativas de ediciones críticas de los texos clásicos por los filólogos del renacimiento; las primeras colecciones de antiguedades, los primeros intentos de tratados especializados, que se remontan a la misma fecha.
El dominio y la práctica de éstas técnicas de la erudición costituyen el armazón de la formación profesional del historiador de hoy, si por lo menos quiere asegurar al conocimiento que elabora, un status científico digno de su nombre. Es necesario repetir lo
incesantemente: hoy no se improvisa un historiador, como tampoco un botánico o un físico. La prueba a contrario nos es suministrada por esos aficionados, autodidactas, quienes aventurándose en la historia sin preparación suficiente, derrochan, casi siempre en pura pérdida de tiempo, tantos esfuerzos y buena voluntad.
Estas disciplinas, que hemos sucesivamente aprendido a conocer: filología, numismática, epigrafía, diplomática, etc.,(explicadas en el artículo referido a las técnicas de la investigación histórica) han recibido el nombre tan característico de ciencias auxiliares de la
historia. Así como los filósofos griegos de la época helenística consideraban a las artes liberales, literarias y matemáticas, como servidoras de la disciplina suprema, la filosofía, lo mismo estas ciencias auxiliares, aparecen como medios, fines subordinados a la elaboración de la historia.
Sin los recursos que ponen a su disposición las técnicas de la bibliografía, por ejemplo, ¿cómo podría conocer el investigador, lo que llamamos el estado del problema, tener acceso a la obra de sus predecesores?. Estaría reducida a una labor digna de Penélope, rehacer constantemente el trabajo ya hecho.
¿Cómo sin la existencia de repositorios especializados, podría saber que existen tales y cuales categorías de documentos, directamente conectados con el objeto de su investigación?. Imaginemos un historiador que comenzara sin tales apoyos el estudio de la
sociedad egipcia en la época greco-romana, ¿cómo podría llegar a relacionar y a manejar los miles de fragmentos de papiros, a menudo mutilados y oscuros, dispersos en las colecciones de los tres continentes y que, sin embargo, constituyen una de las mayores fuentes de información?.
Y aún ¿cómo sabría que esos documentos existen?. Y aquí no se trata más de unos millares de documento; apreciemos la importancia del historiador en presencia del conjunto colosal de piezas de todo tipo, que le ofrecen nuestros archivos modernos, si no tuviera para orientarse las reglas de la archivística, la existencia de guías, inventarios, etc.
En fin, las diversas ramas de la erudición, no tienen por función solo poner los documentos al alcance del historiador; le enseñan también el arte de sacar partido de ellos. Un profesor que hojea por primera vez los hermosos in-folio de las inscripciones griegas o del Corpus Inscription Latinarum, aún si conoce perfectamente el griego y el latín, está
completamente desarmado frenta a estos textos, a primera vista extraños, en los que las fórmulas estereotipadas, las abreviaturas, no tienen sentido más que para el iniciado; no es evidente a primera vista que las letras N.D.M.I designan a Cibeles (madre de los dioses).
En base a la experiencia acumulada por el estudio de miles y miles de inscripciones, la disciplina epigráfica aprende a leer, a desarrollar, eventualmente a reconstruir, y en una palabra a comprender con mucha seguridad, esta preciosa categoría de documentos. Lo mismo pasa con el resto de las disciplinas auxiliares.
¿La historia debe ser la obra de un solo o el resultado de un trabajo colectivo?; la respuesta es: aún una obra de carácter muy personal, concebida y elaborada directamente en base a las fuentes por un único trabajador, es sin embargo el punto final de un inmenso esfuerzo colectivo; sin la erudición, acumulada por generaciones de especialistas, trabajando cada uno en su categoría, esta síntesis solitaria hubiera sido irrealizable.
El historiador sería el arquitecto que para trazar sus planos debe recurrir a toda una serie de cuerpos de artesanos, aportando cada uno materiales y servicios, sin ellos, sus esfuerzos no alcanzarían más allá de sus fines inmediatos.
La historia exige por lo tanto una división del trabajo entre los trabajadores repartidos en diversos terrenos y lugares de estudio, empleados cada uno en su categoría. Sin embargo la división del trabajo entre especialistas no debe llevarse completamente hasta el final.
El rendimiento óptimo de la empresa exige, por un lado, que el erudito esté al día con los grandes problemas que plantean los historiadores a propósito del período, del medio de civilización al cual se refieren los documentos que reúne y controla, si no, se arriesga a dejar escapar, o a no tratar con bastante cuidado precisamente aquello que los historiadores utilizarán con más provecho.
Por ejemplo: el erudito que hace el inventario de un depósito de archivos, para que sus reseñas o su índice sean redactados con el máximo de precisión, es necesario que sepa que preguntas se plantearán de inmediato sus lectores.
He aquí un ejemplo: a partir de 1950 hemos visto multiplicarse trabajos de erudición consagrados a las ermitas que conoció la antigua Francia. Tales trabajos eran no solo pocos, sino prácticamente inexistentes hasta entonces; es que en esa fecha intervino un historiador que planteó el problema, revelando el interés orientando en esa dirección la investigación.
La erudición, buena servidora, de inmediato ofreció y aportó sus buenos servicios. Por el contrario es bueno que el historiador aún animado por las más altas ambiciones de síntesis, haya él mismo estado en contacto con la materia, es decir que se haya iniciado en las disciplinas técnicas que interesan a su documentación y como no se aprende bien sino por la práctica, haya comenzado por algunos trabajos sólidos y precisos, haciendo gala de la más estricta erudición.
Esto le permitirá juzgar con conocimiento de causa los trabajos cuyos resultados utilizará; no tener que recibirlos a ojos cerrados sino, siendo capáz de medir sus cualidades y sus limitaciones, criticarlos y corregirlos según sea necesario. Te invito a visitar la Librería Digital de http://www.magazineofsales.com dónde encontrarás artículos de calidad comprobada para tu desarrollo personal y espiritual: Salida Laboral (cursos de capacitación), Salud (Tratamientos Naturales), Deportes, Entretenimientos, Computación, Idiomas y mucho más.
Hacer una pregunta
La última gran propina de Moro no fue para su verdugo, sino para la humanidad. Cuando se le menciona en bando propio o ajeno las dudas acuden como latiguillos inevitables ¿Hizo este hombre algún aporte substancial al mundo jurídico? Una catarata de tinta ha bajado en más de una tesis, ensayo o libro. ¿Es uno de los precursores de la Criminología como afirma Rodríguez Manzarena? ¿Un contribuidor a la imagen bucólica del colonizado como afirma Zaffaroni? Lo han cuestionado, sospechado o aplaudido tanto a él como a su obra más famosa: Utopía ¿Es esta una disgresión literaria intrascendente? ¿Una obra maestra? ¿En qué época vivió este buen cristiano? ¿Cuándo escribió su relato sobre el mundo del nunca tal vez y por qué?
El surgimiento de la nanotecnología marca un hito histórico en el desarrollo tecnológico, ya que antes de esta tecnología el hombre construyó herramientas y objetos, modificando porciones de materiales que contienen miles de millones de átomos, pero ahora sería posible modificar átomos que en escala más grande se traducirían en la modificación de la materia en sí misma.
El término lo acuñaron Manfred E. Clynes y Nathan S. Kline en 1960 para referirse a un ser humano mejorado que podría sobrevivir en entornos extraterrestres. Llegaron a esa idea después de pensar sobre la necesidad de una relación más íntima entre los humanos y las máquinas en un momento en que empezaba a trazarse la nueva frontera representada por la exploración del espacio.
Es un hecho cierto, que se ha formado una nueva disciplina, la robótica pedagógica, con la finalidad de explotar el deseo de los educandos por interactuar con un robot para favorecer los procesos cognitivos.
No hay que olvidar, que el objetivo de la enseñanza de la Robótica, es lograr una adaptación de los alumnos a los procesos productivos actuales, en donde la Automatización (Tecnología que está relacionada con el empleo de sistemas mecánicos, electrónicos y basados en computadoras; en la operación y control de la producción) juega un rol muy importante.
El término robot se popularizó con el éxito de la obra RUR (Robots Universales Rossum), escrita por Karel Capek en 1920. En la traducción al inglés de dicha obra, la palabra checa robota, que significa trabajos forzados, fue traducida al inglés como robot
Atrás han quedado los días en que los padres tenían que para llevar a sus hijos fuera de la ciudad para enseñar a conducir.
Desde la autoescuela en Sevilla queremos aconsejarles que la mejor manera de asegurarse de que su hijo adolescente conduce con seguridad...
La posibilidad de pasar el examen de manejo sin que tardan años en alcanzar está dentro de la capacidad de cada controlador de proveer...
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El arco iris se produce cuando los rayos solares iluminan gotitas de agua suspendidas en la atmósfera. Formándose un arco que suele estar formado por los colores. rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul, añil y violeta, siendo los colores del espectro solar.
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La Mente Adivinación Sin Contacto Hiperestesia Indirecta. Investigaciones realizadas por el Padre Oscar González Quevedo. Personas que ven el pensamiento. Niños prodigiosos que lo saben todo sin estudiar. La "adivinación" sin contacto.
La Mente Hiperestesia Directa Agudeza de Nuestros Sentidos. Investigaciones realizadas por el Padre Oscar González Quevedo. La hiperestesia en personas normales: de alguna manera todos somos hiperestésicos; es decir, todos somos capaces de captar con los sentidos estímulos mínimos. Son sensaciones inconscientes.
