Las Pensiones En España
En los últimos días se han producido diversos cruces de declaraciones acerca de las pensiones en España. Al debate lanzado por el Gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez se han unido varios miembros del Gobierno, de la oposición, de agentes sociales, economistas
Ordóñez afirmó que la Seguridad Social en España podría perder el superávit este mismo año, y se abrió la caja de los truenos. El presidente Zapatero negó esta posibilidad, y según el ministro de trabajo, Celestino Corbacho, hasta el 2025 las prestaciones de la Seguridad Social están garantizadas
La oposición se sumó a las críticas del Gobernador, recordando que cuando llegaron al Gobierno en 1996 la “hucha” de la Seguridad Social estaba vacía, y tuvieron que pedir un crédito para pagar las pensiones. También es justo recordar, no obstante, que durante los últimos cuatro años, el Gobierno de Zapatero ha multiplicado por cuatro el fondo que dejó Aznar, alcanzándose casi 60.000 millones de euros.
Sin embargo, este gran crecimiento de la hucha ser debió en gran medida a la buena marcha que tuvo la economía, que situó el número de cotizantes alrededor de los veinte millones, cifra que ahora está descendiendo.
Esta bajada, unida a otros factores, como el progresivo envejecimiento de la población española -con poca natalidad y con una esperanza de vida de las más altas del mundo, y en aumento- llevan a que cada vez hay menos cotizantes por cada pensionista, y el sistema será insostenible, tal y como está planteado.
Es decir, todo el mundo tiene claro que no se puede mantener como hasta ahora, y el debate en el que parecen estar inmersos los dirigentes es hasta cuándo puede aguantar.
Pero eso depende de varios factores, fundamentalmente de la situación económica. Al igual que lo que ha sucedido estos últimos años de bonanza, si la crisis se alarga y/o se vuelve más profunda, el superávit puede desvanecerse muy pronto.
Por eso, el debate debe centrarse en lo que nos interesa, es decir, cómo conseguir un sistema de Seguridad Social que garantice el cobro de las pensiones y otras prestaciones.
Fernández Ordóñez ha puesto sobre la mesa diversas posibilidades, desde retrasar la edad de jubilación, como ha hecho Alemania, a modificar la base reguladora para calcular la pensión, y utilizar ampliar a veinticinco los años para su cálculo en lugar de los quince actuales, o referenciar las pensiones al IPC real y no al previsto.
La primera de las medidas tiene cierta lógica, si tenemos en cuenta que hoy en día la esperanza de vida es muy superior a lo que lo era hace unos años (y en buen estado para trabajar), con lo cual tendríamos a personas de gran experiencia que cotizarían más años, y luego cobrarían menos años de jubilación.
El segundo punto supondría normalmente una bajada de las pensiones, puesto que lo habitual es ir cobrando más a medida que se tiene más experiencia, si bien en algunos casos habría trabajadores que saldrían beneficiados (por ejemplo, si han estado los últimos años de su vida laboral en situación de desempleo).
El tercer apartado surge por la situación actual de casi deflación que vivimos. En la actualidad, la subida anual de las pensiones se establece en función de la previsión de la subida del IPC, y si ésta es mayor, se revalorizan (se les da un complemento a los pensionistas por la desviación). Sin embargo, si la subida es menor no se les resta. Con la nueva propuesta, se ajustaría ya al IPC real, y así ya no habría desviaciones, ni hacia arriba ni hacia abajo.
Estas ideas (u otras similares) pueden suponer un alivio para el fondo de reserva, y posiblemente deban ser aplicadas, pero la pregunta que posiblemente hay que plantearse es otra.
¿Debe estar ligado el sistema de pensiones a las cotizaciones a la Seguridad Social, o debería estar ligado a toda la renta, a todos los ingresos del Estado? Es decir, incluyendo también rentas del capital, beneficios empresariales, impuestos…
De esta manera, al igual que en ocasiones se utiliza el dinero público de manera electoralista, y para otros fines, podrían utilizarse otros ingresos para atender las prestaciones de la Seguridad Social.
Porque así sí que estaría más garantizado el sistema (no quebraría a menos que quebrase el Estado), y porque quizás no tenga mucho sentido que el país genere riqueza, pero que el desequilibrio de la pirámide de población haga inviable su sistema de pensiones.
Un último apunte. Según un estudio publicado por la Fundación de Cajas de Ahorros (Funcas), el sistema de Seguridad Social genera superávits desde hace muchos años, pero sólo desde 1999-2000 se capitalizan en este Fondo de Reserva. ¿Qué quiere decir esto? Que si se hubiera hecho, superaría los 300.000 millones, con lo cual tendríamos un margen bastante más amplio.
Y por otra parte, que los importes no capitalizados de esta manera se han utilizado para otros menesteres más partidistas o electoralistas, por ejemplo, cuando el PSOE universalizó la sanidad en 1989 (que debería haber ido con cargo a los Presupuestos Generales del Estado, y no sólo a los cotizantes de la Seguridad Social). En el caso del PP los utilizó para realizar el complemento a mínimos de las pensiones más bajas y así facilitar la convergencia con Europa y la entrada de España en el Euro.
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Las exportaciones mexicanas están impulsadas principalmente por las grandes empresas; mientras solo 3.000 de 5 millones de pymes se dedican a este rubro
El desempleo es una realidad del capitalismo. En la actualidad existen cifras para aterrar a cualquier desprevenido.
En México estamos embobados con una edecán y el año electoral y no vemos los negros nubarrones que se ciernen sobre España que inició el rescate bancario más caro de la historia....
La situación económica española es difícil y los recortes anunciados por el Gobierno castigarán a la población.
"En vez de echarse la culpa unos a otros nuestros políticos deberían decirnos humildemente a los ciudadanos: "Lo sentimos, lo hemos hecho mal".
Hay que reconocerlo, además de un lógico deseo de mejorar, nos mueve la envidia, los deseos de ser mejor que el vecino, el compañero o el amigo. Esto da lugar a situaciones que, analizadas desde la fría perspectiva de los números resultan, cuando menos, curiosas.
He comentado ya en alguna ocasión que en muchos casos se produce una deficiente comprensión del mensaje que pretendemos transmitir, por diversos motivos, que en algunos casos serán achacables a nosotros mismos, en otros a nuestro interlocutor, y en ocasiones puede ser que el medio a través del cual se transmite el mensaje no sea el más adecuado.
Todos tenemos de vez en cuando una idea (que consideramos) genial. Es evidente que hay personas más creativas que otras, igual que hay gente que dibuja bien porque tiene ese don, y otros no lo tenemos. Sin embargo, la creatividad depende de otros factores, se puede “cultivar”, y existen diversas técnicas de generación de ideas.
La crisis trae consigo grandes dosis de nerviosismo y cambios de criterio por doquier. Las ventas no se concretan, las cuentas no salen, y la búsqueda de soluciones lleva en muchos casos a trabajar de un modo inadecuado. Hoy voy a hablar de una palabra un poco engañosa, la multitarea.
Las empresas punteras destacan por la búsqueda de la excelencia en todos los detalles...
Uno de los gurús de la gestión empresarial, Stephen Covey, autor del best-seller Los siete hábitos de la gente altamente efectiva, dice una frase perfectamente aplicable a la situación actual: “siempre hay que tratar a los empleados exactamente como queremos que ellos traten a nuestros mejores clientes". Y es que por mucha palabrería y mucho management de salón que queramos aplicar, si los empleados están desmotivados, desanimados o malhumorados, ¿cómo van a atender bien a los clientes?
Vivimos tiempos difíciles, y todas las ventas son buenas, todos los clientes son valiosos para las empresas y apreciados por éstas. ¿O no?
Decía un compañero mío, que era responsable de marketing, una frase que siempre me pareció –como mínimo- un poco extraña. “El caso es que hablen de nosotros, aunque sea mal”.

