La Solución Al Alto Precio Del Materialismo
La solución al alto precio del materialismo
¿Está obsesionado con todo lo que tiene? Seguramente sí. Nos hemos vuelto un país de consumidores, esa es nuestra principal seña de identidad. Según el libro Opulencia[I] vivimos para consumir: lo cierto es que compramos y después tiramos tantas cosas, que nuestro gasto únicamente en bolsas de basura es mayor de lo que suponen los gastos totales del 90% de los 210 países que componen el planeta.
Esta continua búsqueda por acumular cosas se ha convertido en una especie de enfermedad de transmisión social que acaba infectando el espíritu y amenazando con destruir no sólo el medio ambiente, sino también familias y sociedades. Y lo que es más: para lograr aquello que desean, muchos han dejado a un lado sus escrúpulos y no dudan en recurrir a todo tipo de actos despiadados.
A modo de ejemplo: las empresas llevan a la práctica una eficaz estrategia a la que llaman “obsolescencia planeada”, o dicho de otra manera “diseñado para ir a la basura”. Esta estrategia podría parecernos lógica si pensamos en bolsas para desperdicios o quizá en productos de papel, sin embargo, en la actualidad se lleva a cabo en la producción de bienes de alto coste como cámaras u ordenadores. Es más, la tecnología informática está diseñada para que los ordenadores fabricados hoy resulten obsoletos lo antes posible, y que dentro de un par de años queden convertidos en un auténtico estorbo para la comunicación.
Y sin embargo, al mismo tiempo, estas compañías pretenden que los consumidores depositen toda la confianza en sus productos. Aquí es donde entra en juego otra técnica llamada “obsolescencia percibida” y que va a encargarse de convencernos para que desechemos productos que son todavía perfectamente utilizables. ¿Cómo se las apañan para conseguirlo? Cambian el aspecto de las cosas. Y la moda es el mejor exponente de esto. Nos anima a valorar a la gente en función de las ropas que visten o los coches que conducen, y a seguir las tendencias, ¡no sea que vayan a decir por ahí que no las seguimos!
Una ojeada al estado actual de la economía debería bastar para darnos cuenta de que hay algo que desde luego no va bien en nuestros sistemas financieros. Si hay cien economías potentes en el planeta, cincuenta y una son de grandes empresas. Pero lo realmente inaudito es el hecho de que tanto la falta de honradez como los métodos poco transparentes que utilizan estas compañías se presenten ante la sociedad como prácticas honestas, como algo a lo que todos los seres humanos deberíamos aspirar. De algún modo nos han lavado el cerebro para que acabemos pensando que “tenemos que estar a la altura del vecino de enfrente” y tener, como mínimo, lo mismo que él.
Pero ¿cómo hemos llegado a este punto en el que el ciudadano medio de los Estados Unidos consume el doble de lo que consumía hace cincuenta años? Según Story of Stuff[II] “Poco después de la Segunda Guerra Mundial, no sabían muy bien qué hacer para que la economía entrara en un ritmo de crecimiento. El analista de negocios Victor Labow formuló la solución que se ha convertido en la norma que ahora rige todo el sistema. Explicó que “una economía tan tremendamente productiva como la nuestra exige que hagamos del consumo una forma de vida, que convirtamos la compra y adquisición de bienes en un ritual, que el consumo proporcione satisfacción a nuestro ego y a nuestro espíritu. Necesitamos que las cosas se consuman, se usen, que se vuelvan innecesarias y se sustituyan cada vez con más rapidez”.
Y quizá lo peor de todo es que esta enfermedad del alma está arrasando el país contagiando también a otras naciones. Nunca antes la gente se sintió tan vacía como ahora – nos estamos dando cuenta de lo cierto que era aquel proverbio que decía “el dinero no trae la felicidad”. Mientras que nosotros tenemos todo aquello que queremos y más, catorce millones de Americanos han caído en el consumo de estupefacientes y doce millones son bebedores empedernidos. Depresiones, suicidios, enfermedad… todo ello acecha sobre nosotros y sobre la próxima generación. Y no entendemos por qué.
Según la sabiduría de la Cabalá, la actual crisis es el resultado de la evolución de nuestro deseo de recibir. ¿Qué queremos decir con esto? Que por naturaleza, nuestras vidas se rigen por deseos y por nuestros intentos de satisfacerlos.
Uno de los textos cabalísticos más importantes, El Libro del Zohar, afirma que precisamente en nuestro tiempo surgirá en la humanidad un nuevo deseo espiritual y la sabiduría de la Cabalá será el único método capaz de satisfacerlo. Un método que nos permitirá descubrir una nueva fuente de plenitud: el mundo espiritual que se encuentra más allá de este mundo material que nos rodea.
A medida que nos adentramos en el estudio de esta milenaria enseñanza, vamos siendo conscientes no sólo de las auténticas razones para el consumo desenfrenado, sino de tantos otros problemas nuestros en particular y del mundo en general. Empezamos a entender que existe una ley que opera en cada sistema de la Naturaleza: la ley del otorgamiento. Empezamos a entender que toda esta agitación por la que ahora atravesamos es el resultado de nuestra forma de actuar egoísta y en contra de esa ley. Gracias a la sabiduría de la Cabalá llegamos a comprender, a existir en armonía con las leyes Naturaleza. Cuestiones tales como “¿Cuál es el sentido de mi vida?” o “¿Por qué nunca me siento plenamente satisfecho?”, que han acompañado al hombre durante miles de años, no vuelven a suponer una incógnita para nosotros.
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