Reconciliacion Y Expiacion
1. Influencia Moral
Los siguientes versos hablan definidamente de la muerte de Cristo en términos de sustitución, y en términos de atracción moral:
"Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí sino para aquel que murió y resucitó por ellos" 2 Cor. 5:14,15.
Indudablemente, la cruz de Cristo es una fuerza compelente que mueve a los seres humanos hacia el amor a Dios. Es más, es un misterio contemplar la cruz sin sentir la poderosa fuerza de atracción que ejerce el Dios crucificado. Cristo mismo declaró:
"Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mi mismo. Y decia esto dando a entender de qué muerte iba a morir" Juan 12:32.
Hay una fuerza de atracción irresistible en la comprensión del evento de la cruz, pues el conocimiento del crucificado lleva invariablemente a experimentar la vida eterna:
"Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado" Juan 17:3.
2. Sustitución penal
Cuando el apóstol Pablo dice: "...si uno murió por todos, luego todos han muerto" (2 Cor. 5:14), está hablando del valor sustitutivo de la muerte de Cristo. Su muerte es la muerte de toda la humanidad; su muerte es el castigo del pecado de la raza humana. El verso 21 explica claramente que la sustitución es de una naturaleza legal y penal.
"Al que no conocio pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él" (2 Cor. 5:21).
La sustitución no puede ser de una naturaleza espiritual debido a que claramente Cristo "no conoció pecado," y sin embargo fue hecho pecado. La naturaleza de la sustitución es punitiva, legal, penal debido a que el pecado, aparte de ser un problema espiritual es un elemento legal y penal. El profeta Isaías describe las aflicciones del Siervo de Jehová con las siguientes palabras:
"Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados, el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados" Isa. 53:5.
La segunda epístola a los Corintios enseña claramente que el inocente sustituto divino fue imputado con la culpa del pecado de la humanidad a fin de que su justicia pudiera ser imputada a los que estan en él, pero es en el quinto capítulo de la epístola a los Romanos donde el apóstol Pablo explica en detalle la idea de la sustitución.
En primer lugar, Pablo expresa que la humanidad es una entidad corporativa cuya cabeza no solamente representa a todo el cuerpo, sino que sus decisiones afectan a toda la humanidad legalmente, espiritualmente, y fisicamente. Luego el apóstol explica que Cristo es el segundo Adán, el segundo representante de la humanidad que revierte los efectos de la desobediencia del primer Adán:
"Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituídos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituídos justos" (Rom. 5:19).
La gran verdad es que Cristo es mayor que el primer Adán, pues Cristo es más que el representante de la humanidad; Cristo es el sustituto de la humanidad. Ningun hombre puede llevar los pecados de otro hombre, como esta escrito:
"El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo sera sobre él, y la impiedad del impio será sobre el" (Ezeq. 18:20).
Pero la verdad básica en la economía del Antiguo Testamento es que la culpabilidad, tanto como el castigo, pueden ser transferidos del adorador hacia la víctima expiatoria, y este concepto es fundamental en la comprensión del mensaje del capitulo 53 de Isaias:
"Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados" (v.5). "Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros" (v.7). "... y por la rebelión de mi pueblo fue herido" (v.8). "...aunque nunca hizo maldad, ni hubo engano en su boca. Con todo eso, Jehova quiso quebrantarlo sujetándole a padecimiento (vs. 10,11). "Fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores" (v.12).
De manera que el concepto de la sustitución penal de Cristo es claramente una verdad basada en el Antiguo Testamento y Pablo lo expresó con una ecuación aritmética: uno por todos, igual todos: "...si uno murio por todos, luego todos murieron" (2 Cor. 5:14). Todos los hombres fueron castigados en la persona de su sustituto, en la cruz.
3. Reconciliación histórica
La reconciliación histórica es descrita por Pablo con las siguientes palabras:
"Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación" (2 Cor. 5:18,19).
En este texto, Pablo nos esta hablando de dos reconciliaciones. La primera reconciliación fue un acto poderoso de Dios que ocurrió en un punto en la historia del mundo, y es una reconciliación consumada, completa y terminada, pues fue hecha por Dios en Cristo hace veinte siglos, cuando su amado Hijo pendía de la cruz. La otra reconciliación es presente, y ocurre cuando el creyente es hecho "justicia de Dios en él" (v. 21). Dios es el autor de las dos reconciliaciones. Dios en Cristo reconcilió a la humanidad consigo mismo, y Dios, por su Espíritu, revela a la conciencia humana el gran acto consumado de reconciliación, con el propósito de que el pecador se aferre a los méritos de la reconciliación consumada por la fe, y sea contado entre los que son "justicia de Dios en El" (2 Cor. 5:21). En la reconciliación histórica el mundo entero estaba siendo reconciliado con Dios por medio del sustituto de los hombres. Dios estaba "no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados" (v. 19), porque estaba tomando en cuenta los pecados de la humanidad en la persona de su Sustituto:
"Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él" (v.21).
El acto legal de Dios en Cristo es llamado reconciliación debido a que la barrera que separó a la humanidad del Creador era la condenación legal que el pecado merecía, y esa misma condenación estaba siendo satisfecha por el Hijo de Dios. En la cruz del Calvario la reconciliación fue consumada, y el que se aferra al evento del Calvario como su única esperanza, recibe dicha reconciliación:
"...nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación" (Rom. 5:11).
La reconciliación consumada fue el medio por el cual Dios satisfizo su propia justicia, a la vez que dignificó su misericordia, su amor, y su gracia,pues se realizó por medio de la imputación de culpa y la ejecución de castigo. Cristo recibió la transferencia de la culpabilidad a fin de poder recibir la transferencia del castigo. Esta verdad está claramente explicada en el contexto:
"Dios estaba en Cristo, reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados..." (2 Cor. 5:19).
"No tomando en cuenta" significa "no imputando pecado." El verbo logizomai es utilizado por el apóstol Pablo en Romanos 4 a fin de explicar la imputación de justicia: "pero al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada [logizetai] por justicia" (Rom. 4:5). En la cruz del Calvario, Dios estaba imputando, atribuyendo, transfiriendo la condenación de los hombres sobre su amado Hijo. Por tal motivo, en la cruz, Dios estaba "no tomándoles en cuenta [me logizomenos] a los hombres sus pecados..." (2 Cor. 5:19).
La reconciliación consumada fue realizada y terminada por Dios en Cristo como Sustituto de la humanidad. Esta reconciliación histórica es explicada en el Nuevo Testamento con el término "propiciación" [hilasmos]:
"Y él es la propiciación [hilasmos] por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo" (1 Jn. 2:2).
En el siguiente capítulo analizaremos en detalle el término "propiciación". Por ahora volvamos al locus classicus de la doctrina de la reconciliación para estudiar la reconciliación presente.
4. Reconciliación presente
"Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él" (2 Cor. 5:20,21).
Estos dos versículos nos explican algo acerca de la relación entre las dos reconciliaciónes. En primer lugar, el apóstol ruega a los hombres que se reconcilien con Dios (aquí y ahora), y en segundo lugar explica que Cristo fue imputado con la culpa del pecado de los hombres, lo cual es la reconciliación histórica (consumada hace veinte siglos en el monte Calvario). En la reconciliación consumada, "Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados..." (v. 19). La reconciliación se consumó en la cruz "para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él" (v.21), lo cual es la reconciliación presente.
La reconciliación se consumó en la cruz para poder imputar la justicia de Dios a los que estan "en él". Dios reconcilió a sí mismo a la humanidad entera "por la muerte de su Hijo..." (Rom. 5:10), pero no toda la humanidad ha "recibido ahora la reconciliación" y se glorían "en Dios por el Señor nuestro Jesucristo" (v.11). Cristo fue hecho pecado en favor de todos los hombres, pero no todos los hombres han sido "hechos justicia de Dios en él" (2 Cor. 5:21). Todos los hombres fueron reconciliados con Dios en Cristo, en la cruz; pero no todos los hombres han sido hechos una "nueva criatura" (v.17).
La reconciliación consumada [katallaxantos emas eauto] es un aoristo activo: "nos reconcilió consigo mismo" (v.18); y la recepción de la reconciliación consumada [katallagete to Deo] "sed reconciliados con Dios" (v.20), es un presente pasivo. Dios es el Reconciliador, y el hombre es el beneficiario de la reconciliación consumada por medio de la participación en el evento histórico de la cruz.
El evento de la cruz es legalmente meritorio, pero la participación personal en el evento del Calvario, es un acto de fe no meritorio, es decir, usufructuario. Por medio de la fe, el creyente se beneficia del usufructo del evento del Calvario. El pago fue consumado, y el derecho ha sido comprado en forma exclusiva por Jesucristo.
La fe es el primer usufructo o beneficio dado al hombre a fin de que éste pueda ejercerla aferrandose de la reconciliación consumada como su única esperanza de salvación.
"Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe..." (Efe. 2:8,9).
Katallaxantos es meritoria; katallagete es usufructuaria. La reconciliación fue consumada en el pasado, la recepción de la reconciliación ocurre en el presente continuo. En la reconciliación consumada los pecados de la raza humana fueron imputados a Cristo; en la recepción de la reconciliación, la justicia de Cristo es imputada al creyente. La reconciliación consumada es la causa, la recepción de la reconciliación es el efecto. La reconciliación consumada es "propiciación," y la recepción de la reconciliación es "justificación." Las dos reconciliaciónes son forénsicas, lo que significa que por derecho, no de hecho, la humanidad fue juzgada y condenada en la cruz; y por derecho, no de hecho, los creyentes somos justos ante Dios:
"Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él" (2 Cor. 5:21).
5. Reconciliación corporativa y universal
Hemos analizado ya la reconciliación consumada, y la recepción de la reconciliación. Ahora nos toca analizar la reconciliación "corporativa," y la reconciliación futura o "universal."
El término griego ápokatallasso (reconciliar) es un término técnico político-escatológico utilizado en el griego profano para expresar una restauración final y total en el futuro, y el apóstol Pablo utiliza este término para expresar las bendiciones derivadas del sacrificio de Cristo, a saber, la unidad de los creyentes como un cuerpo, y la unidad de la iglesia terrenal con la iglesia universal. Todo creyente formará parte de una incontable muchedumbre de seres que gozosamente viven para la alabanza de la gloria del crucificado. Escribiendo a los cristianos de Efeso, el apóstol Pablo dijo:
"Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar [apokatallasso] con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estábais lejos, y a los que estaban cerca..." (Ef. 2:14-17).
No existe ley o ceremonia religiosa que tenga la autoridad de dividir a los descendientes de Abraham, a los hijos de la promesa, a los justificados mediante la fe. La reconciliación consumada en la cruz es apokatallasso en el sentido de que toda diferencia étnica, social, nacional, religiosa, y ceremonial ha quedado aniquilada para siempre, y ahora, por medio del sacrificio de Cristo, todos los creyentes han sido reconciliados unos con otros en Cristo.
"Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa" (Gál. 3:28,29).
Más aún, la reconciliación consumada en la cruz es apokatallasso en el sentido de que la iglesia terrenal llegará a ser una con la iglesia universal gracias al sacrificio supremo de Cristo. Dice la Escritura:
"El es la imágen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es ántes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar [apokatalláxai]consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz" (Col. 1:15-20).
Apokatallasso es la reconciliación consumada hace dos mil años en Palestina, desde la perspectiva legal de que toda la humanidad, sin distinción de casta, orígen, nacionalidad, o religion, se han beneficiado de la gran reconciliación histórica de la cruz, y también apokatallasso es la reconciliación consumada hace dos mil años en Palestina desde la perspectiva usufructual de que Dios es el Rey de la historia que se mueve lenta, pero ciertamente hacia la consumación de la reconciliación universal. Esta dimensión lineal y contínua de la doctrina de la reconciliación está claramente tipificada en la doctrina del santuario. Todo el plan de redención estaba representado e ilustrado en las actividades diarias y anuales del santuario. El año religioso judío se iniciaba con la Pascua, el día catorce del primer mes, pues el nacimiento de Israel, como nación libre y teocrática coincidía con la muerte del cordero pascual. El sacrificio sustitutivo y vicario era aceptado en lugar del primogénito de cada familia de creyentes. Por la gracia de Dios el pueblo de Israel sobrevivió no sólo al juicio ejecutivo de Faraón, sinó también al juicio ejecutivo de Dios. La sangre del cordero pascual marcó el momento de la adopción de una nación de esclavos para ser transformada en pueblo de Dios.
A través del calendario anual religioso, cada celebración de la nación de Israel se iniciaba con un sacrificio cruento, sustitutivo, y vicario, incluyendo el último día del año religioso judío, el día de la expiación, el día 10 del séptimo mes. La gran lección de la doctrina del santuario es que la sangre sustitutiva, vicaria, y redentora, permanece a través de la historia de la salvación, como la única fuente de la reconciliación, tanto al comienzo, como al final del año litúrgico.
6. Conclusión
La reconciliación cruenta, sustitutiva y vicaria que ocurrió "una sola vez y para siempre" en la cruz, es la base, la raíz, el derecho desde donde ocurre la reconciliación individual, la participación en el evento del Calvario por medio de la fe, y es también la base de la reconciliación étnica, social, nacional, religiosa, y ceremonial. Por medio del sacrificio de Cristo, todos los creyentes han sido reconciliados unos con otros en Cristo.
Más aún, los "beneficios" del evento del Calvario van más allá del presente. El Calvario se proyecta hacia el futuro de la historia cósmica, cuando tronos, dominios, principados y potestades mundiales y universales sean reconciliadas por medio de la "sangre de su cruz" (Col.1:20).
Hacer una pregunta
Jesucristo es la única perla de gran precio a ser descubierta en todas las Sagradas Escrituras, y su maravilloso plan de redención es el único hilo de oro que integra toda la teología bíblica.
Todas las disciplinas del conocimiento humano en la historia hasta la actualidad, no son exhaustivas para explicar en su totalidad el universo y su sentido, de manera que satisfagan las inquietudes del espíritu y del alma humana.
Hoy día el ser humano, quien muchas veces se ha sentido orgulloso de "su" civilización, está siendo dominado por ella misma, y por eso se olvida de Dios. No toma conciencia -en su locura cotidiana- que todos somos pequeñísimas gotas de ese imponente océano que es Dios.
Para intentar comprender un destello de la infinita gracia creadora y redentora de Dios, tendiéramos que imaginar aquellos momentos cuando Dios creó todo con el aliento de su boca y cuando Dios redimió todo con el desaliento de su alma.
Algunos teólogos modernos aceptan la creación divina, pero solamente en forma parcial, es decir, creen que Dios creó una primera partícula o una primera célula, y luego se adhieren al evolucionismo ateo a fin de explicar el origen de la vida y el génesis del universo. En otras palabras, estos filósofos de la teología, descartan la creación de las especies en el jardín del Edén y aceptan la evolución de las especies en el jardín zoológico.
En el capítulo 17 del Evangelio narrado por San Juan, Jesús nos dejó una de las más bellas y emocionantes páginas de Su Sublime Existencia – la Oración al Padre Celestial, en la que muestra toda la fuerza de Su Amor por aquellos que Le fueron entregados por Dios para cuidarlos. Y como dedicado Pastor del rebaño humano, enseñó Su Mandamiento Nuevo – "Amaos como Yo os he amado. Solamente así podréis ser reconocidos como mis discípulos".
La dimensión espiritual de cada persona es la realidad más importante entre los valores de una axiología autentica en medio de todo el universo. Sobre todo en el contexto de la revelación divina, actualmente en la conciencia de la humanidad toda, de oriente a occidente conciente de Cristo y su resurrección
Las Sagradas Escrituras presentan a Dios como un ser sublime, eterno que está presente en todo tiempo y lugar (omnipresente), inconmensurablemente sabio (omnisapiente), e inconmensurablemente poderoso (omnipotente). En otras palabras, Dios todo lo sabe, todo lo puede, siempre existió, y está presente en todo tiempo y lugar. Por lo cual, Dios no está limitado, ni condicionado, ni por el tiempo ni por el espacio
La Biblia utiliza muchas palabras claves para explicar la doctrina de la expiación. El Antiguo Testamento utiliza principalmente la raiz hebrea kaphar (expiar), y el Nuevo Testamento utiliza palabras griegas como hilasmós, katallagé, lútron (propiciación, reconciliación, rescate). Hay otros términos relacionados con la idea de expiación, pero analizaremos solamente los términos mas importantes en los dos Testamentos bíblicos.
El autor explica el orígen y fundamento de las principales teorías de la expiación, sugiriendo que la "teoría" de la sustitución penal, que fue propuesta por los reformadores del siglo XVI hace justicia a las analogías bíblicas que explican el propósito del sacrificio de Cristo.
El autor analiza algunas de las teorías de la expiación, y explica por qué debe entenderse la muerte de Cristo como un evento sustitutivo y penal. El autor explica las imágenes bíblicas que explican el sacrificio de Cristo, demostrando que tanto la reconciliación, la propiciación, y la redención son figuras que se centran en el sacrificio de Cristo.
