Las Mentalidades Naturales Combaten Y Persiguen A Las Espirituales
Desde un punto de vista bíblico-intelectivo, cada uno de los seres humanos podría auto clasificarse dentro de una de las tres siguientes categorías: necio, natural o espiritual (cf. Romanos 1:22, 1 Corintios 2:14-15). Además, desde un punto de vista bíblico-termodinámico, el necio es considerado como frio, el natural como tibio, y el espiritual como cálido (cf. Apocalipsis 3:16).
A las mentalidades necias no les importa, ni les interesa, las cosas de la divinidad. Dice el necio en su corazón: no hay Dios (Salmos 14:1). Mientras que a las mentalidades naturales, si les importa e interesa las cosas de Dios. Por lo cual, el hombre natural trata de escudriñarlas mediante elocuente sabiduría teológica y elaborada doctrina eclesiástica, ambas, expresadas a través de excelentes discursos persuasivos. Sin embargo, el hombre natural no sabe, que en realidad, no percibe, ni entiende, las cosas profundas de Dios (1 Corintios 2:14). ¿Por qué? porque las cosas profundas de Dios, además de ser invisibles e inaudibles, se encuentran cubiertas de misterio (1 Corintios 2:9). Y para entenderlas, hay que discernirlas espiritualmente, es decir, acomodando lo espiritual a lo espiritual (1Corintios 2:13), ya que las cosas ocultas de Dios son cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre (a pesar de que Dios ya las ha revelado por medio de su Espíritu), porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios (1 Corintios 2:9-10).
Las cosas profundas de la divinidad, es decir, su eterno poder y deidad, se encuentran (escondidas y reveladas) en la persona de Jesucristo (cf. Romanos 1:20). Dios hecho hombre (deidad) es el poder y la sabiduría de Dios (cf. 1 Corintios 1:24). Por eso, el apóstol Pablo escribe: Jesucristo es la sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, la que ninguno de los príncipes (naturales) de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria (cf. 1 Corintios 2:7).
De manera que la sabiduría de Dios está velada al entendimiento del hombre carnal y a la comprensión del hombre natural, pero está claramente revelada para el hombre espiritual.
La sabiduría de Dios está escondida y revelada en el gran libro de la naturaleza: los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos (Salmos 19:1), y está escondida y revelada en la palabra de Dios. Está escrita con tinta para el hombre natural, y está escrita "entre líneas" por el Espíritu, para el hombre espiritual. En otras palabras, las cosas profundas de Dios, están escritas con tinta para condenación y muerte, mientras que están escritas con Espíritu para redención y salvación. Porque la letra mata, pero el Espíritu vivifica (cf. 2 Corintios 3:3-6).
¿Porqué el hombre natural no percibe, ni entiende, las cosas profundas de Dios? Porque cuando lee el antiguo pacto, lo hace con un velo puesto sobre los ojos (el cual por Cristo es quitado) y ese velo no les permite comprender el verdadero significado espiritual de la letra (cf. 2 Corintios 3:14-16). En otras palabras, cuando leen la historia de Adán, Abraham o Moisés, ven de todo, menos a Cristo Jesús; perciben de todo, menos del maravilloso plan de redención. Por ejemplo, el hombre natural mientras sacrificaba el cordero pascual, no consideraba a Cristo como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Más aun, el hombre natural, mientras defendía y veneraba el cuarto mandamiento, quebrantaba el sexto, acecinando al autor de la vida, quien es el único y verdadero reposo. El hombre natural percibe el oro, los diamantes, y las perlas de la tierra nueva como las cosas que "ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en pensamiento humano" y no se da cuenta que la verdadera belleza de la nueva Jerusalén es la persona de Jesús. Jesucristo es la perla de gran precio. Jesucristo es la luz que iluminará la eternidad.
Más aun, para el hombre natural las cosas profundas de Dios, pueden llegar a ser percibidas como una verdadera locura, o como una grosera falta de respeto al orden eclesiástico o religioso (1 Corintios 2:14). Por eso, al igual que antaño, hoy en día muchos fieles hijos de Dios son perseguidos por sus hermanos y correligionarios. Y ¿por qué? porque los files hijos de Dios predican únicamente acerca de Cristo, olvidándose de los rudimentos doctrinales, como: arrepentimiento, fe, bautismo, resurrección, juicio, profecía, y otros temas doctrinales, misioneros, sanitarios o sociales (cf. Hebreos 6:1:2). Los hombres naturales no se dan cuenta que, como el apóstol Pablo, los verdaderos hijos de Dios se han propuesto ser ignorantes, es decir, no saber otra cosa que a Cristo, y a este, crucificado (1 Corintios 2:2). Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, es poder de Dios (cf. 1 Corintios 1:18). Cristo poder de Dios y sabiduría de Dios (1 Corintios 1:24).
Por otro lado, el hombre espiritual, a pesar de estar perseguido, conoce y entiende todas las cosas y no es juzgado por nadie, porque a pesar de conservar un cuerpo de barro, tiene la mente de Cristo (cf. 2 Corintios 4:7-10, 1 Corintios 2:16).
El último libro de la Palabra de Dios, le implora al hombre natural que se arrepienta y que deje de ser tibio. Más aun, lamenta que el hombre natural no es frio (necio) o caliente (espiritual). ¿Por qué? porque es más fácil que un frio-necio acepte la invitación del Espíritu de Dios para ser convertido en un cálido hijo de Dios (cf. Apocalipsis 3:14-20). De hecho, lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia (1 Corintios 1:27-29).
Por este motivo, cuando el apóstol Pablo viajo a la ciudad griega de Corinto, no fue con excelencia de palabras o de sabiduría humana, ya que se había propuesto no saber entre ellos cosa alguna, sino a Jesucristo, y a éste crucificado, para que la fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios (Cristo poder de Dios y Cristo sabiduría de Dios). Por eso Pablo escribió: hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen. Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta. Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo (cf. 1 Corintios 2:1-16).
Los hombres naturales predican de todo, menos de Jesús, y escriben de todo, menos de la luz que emana de su cruz. Todo mensaje que excluye a Jesucristo, es metal que resuena y símbolo que retine. Si hablase lenguas humanas y angélicas, y no predico acerca de Jesucristo, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe; y si tuviese profecía y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no pregono a Cristo Jesús, nada soy; y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no testifico acerca de Cristo, de nada me sirve (cf. 1 Corintios 13:1-3).
Jesucristo nunca deja de ser. El tema de estudio y meditación durante la eternidad, será el amor y la gracia de Dios, expresada a través de Cristo Jesús. Nos extasiaremos y deleitaremos estudiando y meditando en su maravillosa y milagrosa concepción, nacimiento, vida, muerte, resurrección, glorificación y coronación. Las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará, pero Jesucristo permanecerá para siempre. Amen (cf. 1 Corintios 13:8).
Jorge R. Talbot
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Jesucristo es la única perla de gran precio a ser descubierta en todas las Sagradas Escrituras, y su maravilloso plan de redención es el único hilo de oro que integra toda la teología bíblica.
Todas las disciplinas del conocimiento humano en la historia hasta la actualidad, no son exhaustivas para explicar en su totalidad el universo y su sentido, de manera que satisfagan las inquietudes del espíritu y del alma humana.
Hoy día el ser humano, quien muchas veces se ha sentido orgulloso de "su" civilización, está siendo dominado por ella misma, y por eso se olvida de Dios. No toma conciencia -en su locura cotidiana- que todos somos pequeñísimas gotas de ese imponente océano que es Dios.
Para intentar comprender un destello de la infinita gracia creadora y redentora de Dios, tendiéramos que imaginar aquellos momentos cuando Dios creó todo con el aliento de su boca y cuando Dios redimió todo con el desaliento de su alma.
Algunos teólogos modernos aceptan la creación divina, pero solamente en forma parcial, es decir, creen que Dios creó una primera partícula o una primera célula, y luego se adhieren al evolucionismo ateo a fin de explicar el origen de la vida y el génesis del universo. En otras palabras, estos filósofos de la teología, descartan la creación de las especies en el jardín del Edén y aceptan la evolución de las especies en el jardín zoológico.
En el capítulo 17 del Evangelio narrado por San Juan, Jesús nos dejó una de las más bellas y emocionantes páginas de Su Sublime Existencia – la Oración al Padre Celestial, en la que muestra toda la fuerza de Su Amor por aquellos que Le fueron entregados por Dios para cuidarlos. Y como dedicado Pastor del rebaño humano, enseñó Su Mandamiento Nuevo – "Amaos como Yo os he amado. Solamente así podréis ser reconocidos como mis discípulos".
La dimensión espiritual de cada persona es la realidad más importante entre los valores de una axiología autentica en medio de todo el universo. Sobre todo en el contexto de la revelación divina, actualmente en la conciencia de la humanidad toda, de oriente a occidente conciente de Cristo y su resurrección
Las Sagradas Escrituras presentan a Dios como un ser sublime, eterno que está presente en todo tiempo y lugar (omnipresente), inconmensurablemente sabio (omnisapiente), e inconmensurablemente poderoso (omnipotente). En otras palabras, Dios todo lo sabe, todo lo puede, siempre existió, y está presente en todo tiempo y lugar. Por lo cual, Dios no está limitado, ni condicionado, ni por el tiempo ni por el espacio
Jesucristo es la única perla de gran precio a ser descubierta en todas las Sagradas Escrituras, y su maravilloso plan de redención es el único hilo de oro que integra toda la teología bíblica.
Para intentar comprender un destello de la infinita gracia creadora y redentora de Dios, tendiéramos que imaginar aquellos momentos cuando Dios creó todo con el aliento de su boca y cuando Dios redimió todo con el desaliento de su alma.
Algunos teólogos modernos aceptan la creación divina, pero solamente en forma parcial, es decir, creen que Dios creó una primera partícula o una primera célula, y luego se adhieren al evolucionismo ateo a fin de explicar el origen de la vida y el génesis del universo. En otras palabras, estos filósofos de la teología, descartan la creación de las especies en el jardín del Edén y aceptan la evolución de las especies en el jardín zoológico.
Las Sagradas Escrituras presentan a Dios como un ser sublime, eterno que está presente en todo tiempo y lugar (omnipresente), inconmensurablemente sabio (omnisapiente), e inconmensurablemente poderoso (omnipotente). En otras palabras, Dios todo lo sabe, todo lo puede, siempre existió, y está presente en todo tiempo y lugar. Por lo cual, Dios no está limitado, ni condicionado, ni por el tiempo ni por el espacio
En un establo de Belén una joven madre dio a luz a un maravilloso niño. Aunque el peso, la talla y la fisionomía de ese niño, era similar a la de cualquier otro recién nacido en palestina, sin embargo había una gran diferencia: Ese Niño Era Dios.
Aceptando los meritos de la vida santa, pura y perfecta de Jesús, y aceptando los meritos de la muerte expiatoria de Jesús, la luz de su gracia nos iluminará, y Dios nos considerará perfectos en Cristo otorgándonos la luz de la vida eterna. Por eso Jesús dijo: Yo Soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Juan 8:12). Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él
Dios te ama y te ofrece perdón, aunque tus pecados sean rojos como el carmesí y aunque tus iniquidades sean purpura como la grana. Dios te ama y te ofrece perdón y vida eterna, aunque te sientas desnudo como Adán, ebrio como Noé, mentiroso como Abraham, engañador como Jacob, promiscuo como Rahab la ramera o Sansón, adultero como David, endemoniado como María de Magdala, muerto como la hija de Jairo, falso como Pedro, o amante de lo ajeno como el ladrón de la cruz.
Si la vida de Jesús, es considerada como si fuese nuestra vida, entonces espiritualmente hablando: nosotros nacimos en Belén, crecimos en Nazaret, y nos fortalecimos y llenamos de la sabiduría y de gracia en palestina. Además nosotros somos perfectos, porque Dios es perfecto, y porque la vida perfecta de Jesucristo es considerada como si fuese nuestra vida: No que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios
