Jesucristo Es La Luz De Mundo
El apóstol Juan resumió el mensaje que oyó, vio, contempló y palpó, acerca del Verbo de vida (Jesucristo), diciendo: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él (cf. 1 Juan 1:5). En una sola frase, el apóstol Juan, resumió cuatro grandes verdades: Jesucristo es el Verbo, el Verbo es Dios, Dios es luz, y no hay tinieblas en él. De hecho, los oídos de Juan habían escuchado decir a Jesús: Yo Soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Juan 8:12). Los ojos de Juan habían visto y contemplado la luz procedente de la vida santa y perfecta de Jesús, y las manos y el corazón de Juan habían palpado la presencia de Dios hecho carne.
En efecto, Jesucristo era aquella misma luz que había alumbrado en el principio, cuando la tierra estaba en tinieblas, desordenada y vacía, y cuando la luz de su divina presencia separó la luz de las tinieblas (cf. Génesis 1:2-3). En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres (Juan 1:3-4). Jesús también era aquella misma luz que había fulgurado desde la zarza ardiente, que había resplandecido en la cima del monte Sinaí, y que había iluminado el tabernáculo de reunión en el desierto. Cuando Jesús nació, la luz de la presencia divina brilló en Belén y la tierra fue alumbrada con su gloria (Lucas 2:9, 32). La luz de la santidad de Jesús iluminó Galilea, cuando el pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz, y cuando los que moraban en tierra de sombra y de muerte la luz de su divina presencia resplandeció sobre ellos (cf. Lucas 1:79, Isaías 9:2). La luz de Jesucristo dispersó las tinieblas espirituales cuando predicaba, curaba y hacia milagros en Samaria, Galilea, Perea, Gádara, o Judea. La luz de la presencia de Jesús brilló al salir victorioso de la tumba, y brillará para siempre jamás, al instalar su trono en la nueva Jerusalén. Por eso, la santa ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la iluminará, y el cordero es su lumbrera (cf. Apocalipsis 21:23).
Al igual que antaño, muchos creyentes de hoy, no se han percatado que la vida santa, pura y perfecta de Jesús, es la luz que brilla desde su humilde nacimiento en Belén hasta su resurrección gloriosa en Jerusalén, y que es la luz que iluminará toda la eternidad. Jesús, sigue siendo el verbo "Yo Soy" que brilla iluminando el Génesis, el Éxodo, y cada uno de los libros de la Palabra de Dios, incluyendo el Apocalipsis: El Verbo (Yo Soy) es la luz dl mundo y es el Alfa y el Omega, el principio y el fin, el primero y el ultimo, el que es, y que era y que ha de venir, el Todopoderoso (cf. Apocalipsis 1:8, 22:13).
Paradójicamente, la luz, al igual que Jesucristo, poseen dos naturalezas. La luz está integrada por ondas y al mismo tiempo por partículas (fotones). De igual manera, Jesucristo posee dos naturalezas, es divino y al mismo tiempo es humano (Dios hecho carne). Las hondas y los fotones de la luz blanca integran un arco iris de colores que incluye al violeta, azul, verde, amarillo, anaranjado y rojo, y que excluye al color de las tinieblas (negro); de la misma manera, Jesús es luz del mundo, y no hay ningunas tinieblas en él (1 Juan 1:5, Juan 12:36, 46).
Cuando la tierra estaba en tinieblas, desordenada y vacía, Dios creó la luz y el aire, y luego procedió a ordenarla llenándola de lagos, arroyos, ríos, peces, aves, arboles, plantas, flores, praderas, animales, y creando la raza humana a la imagen y semejanza de la divinidad. De la misma manera, cuando la tierra estaba en tinieblas espirituales, desordenada por el pecado, y vacía sin esperanza, Dios, enviando a su Hijo unigénito procedió a iluminarla y ordenarla, llenándola con su gloriosa gracia. Porque cuando el pecado abundó, sobreabundo la gracia, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna (cf. Romanos 55:20, Juan 3:16). Sin embargo, muchas personas rechazan la Luz, porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas, mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios (Juan 3:19).
Aceptando los meritos de la vida santa, pura y perfecta de Jesús, y aceptando los meritos de la muerte expiatoria de Jesús, la luz de su gracia nos iluminará, y Dios nos considerará perfectos en Cristo otorgándonos la luz de la vida eterna. Por eso Jesús dijo: Yo Soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Juan 8:12). Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él (cf. 1 Juan 1:5).
Jorge R. Talbot
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Jesucristo es la única perla de gran precio a ser descubierta en todas las Sagradas Escrituras, y su maravilloso plan de redención es el único hilo de oro que integra toda la teología bíblica.
Todas las disciplinas del conocimiento humano en la historia hasta la actualidad, no son exhaustivas para explicar en su totalidad el universo y su sentido, de manera que satisfagan las inquietudes del espíritu y del alma humana.
Hoy día el ser humano, quien muchas veces se ha sentido orgulloso de "su" civilización, está siendo dominado por ella misma, y por eso se olvida de Dios. No toma conciencia -en su locura cotidiana- que todos somos pequeñísimas gotas de ese imponente océano que es Dios.
Para intentar comprender un destello de la infinita gracia creadora y redentora de Dios, tendiéramos que imaginar aquellos momentos cuando Dios creó todo con el aliento de su boca y cuando Dios redimió todo con el desaliento de su alma.
Algunos teólogos modernos aceptan la creación divina, pero solamente en forma parcial, es decir, creen que Dios creó una primera partícula o una primera célula, y luego se adhieren al evolucionismo ateo a fin de explicar el origen de la vida y el génesis del universo. En otras palabras, estos filósofos de la teología, descartan la creación de las especies en el jardín del Edén y aceptan la evolución de las especies en el jardín zoológico.
En el capítulo 17 del Evangelio narrado por San Juan, Jesús nos dejó una de las más bellas y emocionantes páginas de Su Sublime Existencia – la Oración al Padre Celestial, en la que muestra toda la fuerza de Su Amor por aquellos que Le fueron entregados por Dios para cuidarlos. Y como dedicado Pastor del rebaño humano, enseñó Su Mandamiento Nuevo – "Amaos como Yo os he amado. Solamente así podréis ser reconocidos como mis discípulos".
La dimensión espiritual de cada persona es la realidad más importante entre los valores de una axiología autentica en medio de todo el universo. Sobre todo en el contexto de la revelación divina, actualmente en la conciencia de la humanidad toda, de oriente a occidente conciente de Cristo y su resurrección
Las Sagradas Escrituras presentan a Dios como un ser sublime, eterno que está presente en todo tiempo y lugar (omnipresente), inconmensurablemente sabio (omnisapiente), e inconmensurablemente poderoso (omnipotente). En otras palabras, Dios todo lo sabe, todo lo puede, siempre existió, y está presente en todo tiempo y lugar. Por lo cual, Dios no está limitado, ni condicionado, ni por el tiempo ni por el espacio
Jesucristo es la única perla de gran precio a ser descubierta en todas las Sagradas Escrituras, y su maravilloso plan de redención es el único hilo de oro que integra toda la teología bíblica.
Para intentar comprender un destello de la infinita gracia creadora y redentora de Dios, tendiéramos que imaginar aquellos momentos cuando Dios creó todo con el aliento de su boca y cuando Dios redimió todo con el desaliento de su alma.
Algunos teólogos modernos aceptan la creación divina, pero solamente en forma parcial, es decir, creen que Dios creó una primera partícula o una primera célula, y luego se adhieren al evolucionismo ateo a fin de explicar el origen de la vida y el génesis del universo. En otras palabras, estos filósofos de la teología, descartan la creación de las especies en el jardín del Edén y aceptan la evolución de las especies en el jardín zoológico.
Las Sagradas Escrituras presentan a Dios como un ser sublime, eterno que está presente en todo tiempo y lugar (omnipresente), inconmensurablemente sabio (omnisapiente), e inconmensurablemente poderoso (omnipotente). En otras palabras, Dios todo lo sabe, todo lo puede, siempre existió, y está presente en todo tiempo y lugar. Por lo cual, Dios no está limitado, ni condicionado, ni por el tiempo ni por el espacio
En un establo de Belén una joven madre dio a luz a un maravilloso niño. Aunque el peso, la talla y la fisionomía de ese niño, era similar a la de cualquier otro recién nacido en palestina, sin embargo había una gran diferencia: Ese Niño Era Dios.
Desde un punto de vista bíblico-intelectivo, cada uno de los seres humanos podría auto clasificarse dentro de una de las tres siguientes categorías: necio, natural o espiritual (cf. Romanos 1:22, 1 Corintios 2:14-15). Además, desde un punto de vista bíblico-termodinámico, el necio es considerado como frio, el natural como tibio, y el espiritual como cálido (cf. Apocalipsis 3:16).
Dios te ama y te ofrece perdón, aunque tus pecados sean rojos como el carmesí y aunque tus iniquidades sean purpura como la grana. Dios te ama y te ofrece perdón y vida eterna, aunque te sientas desnudo como Adán, ebrio como Noé, mentiroso como Abraham, engañador como Jacob, promiscuo como Rahab la ramera o Sansón, adultero como David, endemoniado como María de Magdala, muerto como la hija de Jairo, falso como Pedro, o amante de lo ajeno como el ladrón de la cruz.
Si la vida de Jesús, es considerada como si fuese nuestra vida, entonces espiritualmente hablando: nosotros nacimos en Belén, crecimos en Nazaret, y nos fortalecimos y llenamos de la sabiduría y de gracia en palestina. Además nosotros somos perfectos, porque Dios es perfecto, y porque la vida perfecta de Jesucristo es considerada como si fuese nuestra vida: No que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios
