Esculpidos En Cristo Jesús
El excelso y sagrado nombre de Dios se halla esculpido en cada elemento de la naturaleza. Por ejemplo, los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos (Salmos 19:1). Cada gota de roció, cada flor de la pradera, y cada fruto de la arboleda, a una, dan testimonio del poder creativo de su hacedor. El libro del Génesis documenta que durante el tercer día de la creación, Dios llamó a la existencia a una fructífera y majestuosa vegetación, entre la cual se encontraba el árbol de la vida eterna, y el árbol de la ciencia del conocimiento del bien y del mal. A estos dos peculiares árboles, Dios los ubicó en medio del huerto del Edén (cf. Génesis 1:11-13, 2:9).
El árbol de la vida era y es el árbol destinado a mantener la salud y la vida en el planeta tierra (Génesis 3:22, Apocalipsis 22:2) mientras que el árbol de ciencia del conocimiento del bien y del mal, era un árbol prohibido, por ser el potencial causante de enfermedad y muerte eterna. Por este motivo, Dios prohibió tocar o comer del fruto del árbol de la ciencia del conocimiento del bien y del mal, a pesar de poseer un fruto apetecible, agradable a la vista, y codiciable para alcanzar sabiduría (Génesis 3:6). De manera que, no comer del fruto del árbol del la ciencia del conocimiento del bien y del mal, constituyó el primer y único mandamiento que tenía que cumplir Adán y a Eva, para no morir. Dios había dicho: porque el día que comieres del fruto del árbol prohibido, ciertamente morirás (cf. Génesis 2:17).
En resumen, antes de la entrada del pecado la única prohibición para Adán y Eva fue el libre acceso al árbol de la ciencia del conocimiento del bien y del mal. Sin embargo, después de la entrada del pecado, el libre acceso hacia el fruto del árbol de la vida también paso a ser prohibido. De hecho, Dios colocó querubines y una espada encendida para guardar el camino al árbol de la vida. Dios prohibió el acceso a comer del árbol de la vida, a fin de evitar que el pecado viva para siempre (cf. Génesis 3:22-24).
Mil quinientos años después de la creación, tanto el jardín del Edén como los dos árboles prohibidos desaparecieron de la vista del hombre. El árbol de la ciencia del conocimiento del bien y del mal desapareció como consecuencia del diluvio universal, mientras que el árbol de la vida fue trasportado al paraíso de Dios (Apocalipsis 22:2). Sin embargo, dos mil quinientos después de la creación, Dios volvió a colocar en el medio del campamento de Israel algunos símbolos representativos de los árboles prohibidos del Edén. De hecho, en medio de la soledad y sequedad del desierto del Sinaí, Dios entregó a Moisés dos tablas de piedra que contenían la ley escrita, a fin de dar a conocer el bien a ser efectuado y el mal a ser evitado: porque por medio de la ley, que es santa, justa y buena (bien) es el conocimiento del pecado (mal) (cf. Romanos 3:20, 7:7-12). Dios entrego la ley dando precisas especificaciones acerca de la ubicación física de las dos tablas de piedra, las que junto a la vara de Aarón que reverdeció y al mana venido del cielo, tenían que permanecer lejos del alcance de la vista y de la mano del ser humano. Por eso Dios los escondió "bien escondidas" dentro del arca sagrada del pacto. Además Dios colocó dos arcángeles para que guarden el acceso a la ley, a la vara sacerdotal, y al mana. Más aun, Dios colocó el arca sagrada adentro del lugar santísimo, que era un lugar a donde ningún ser humano podría entrar, salvo el sumo sacerdote, una vez por año, y no sin sangre (cf. Levítico 16:2, Hebreos 9:7).
Así como el árbol del conocimiento del bien y del mal fue colocado en medio del Edén, así la ley Sinaí-tica para el conocimiento del bien y del mal, fue colocada en medio de la morada del pueblo de Israel. Así como Dios prohibió acercarse al árbol prohibido, así Dios prohibió acercarse a la ley ubicada dentro del arca del pacto. Así como Dios, después de la entrada del pecado, prohibió el acceso al árbol del la vida, de la misma manera Dios prohibió comer del almendro de la vara reverdecida de Aarón o del mana colocado dentro del santuario.
De manera que, así como en el Edén la vida era el resultado de no comer del fruto del árbol prohibido, y de comer del fruto del árbol de la vida, de la misma manera, en el campamento de Israel, la vida era el resultado de no tocar el arca del pacto, porque el día que la tocares moriréis, y de presentarse delante de Dios, no desnudos, sino cubiertos por la sangre del cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Al igual que antaño, hoy en día la serpiente antigua trata de enroscándose en el árbol de la ciencia del conocimiento del bien y del mal, y desde allí, trata de contradecir a Dios, diciendo: aliméntense del fruto del árbol de las prohibiciones, a fin de que puedan alcanzar sabiduría para llegar a ser como Dios, y para no morir. En efecto, por gustar del fruto del árbol prohibido se ingresó al conocimiento del pecado, así como por intermedio de la ley, se llega al conocimiento del pecado (Romanos 3:20). Dios creó el árbol prohibido, así como Dios también creó el decálogo de prohibiciones. El árbol prohibido no era pecado, así como la ley no es pecado, por el contrario, la ley es santa, justa y buena, así como el árbol prohibido también era bueno en gran manera (Romanos 7:12, Génesis 1:12, 31).
La ley, al igual que el árbol prohibido, nos condena. No nos salva (Gálatas 2:19, 3:10).El pecado es la infracción de la ley, es decir, pecado es comer del árbol prohibido. En otras palabras, pecado es alimentarse de la ley para obtener la sabiduría necesaria para intentar llegar a ser como Jesús, o para no morir. Por eso Jesús dijo que pecado es creer en cualquier cosa, menos en El (cf. Juan 16:9).
Por otro lado, Jesús levantado como la serpiente en el desierto dice: miradme a mí y sed salvos todos los términos de la tierra. Jesús dijo: todo aquel que come mi carne y bebe mi sangre, viviera para siempre (cf. Juan 6:56-58). El que cree en Jesucristo, tiene vida eterna (Juan 3:16).
Dios te ama y te ofrece perdón, aunque tus pecados sean rojos como el carmesí y aunque tus iniquidades sean purpura como la grana. Dios te ama y te ofrece perdón y vida eterna, aunque te sientas desnudo como Adán, ebrio como Noé, mentiroso como Abraham, engañador como Jacob, promiscuo como Rahab la ramera o Sansón, adultero como David, endemoniado como María de Magdala, muerto como la hija de Jairo, falso como Pedro, o amante de lo ajeno como el ladrón de la cruz. Al aceptar a Jesús, el Santo Espíritu te cubrirá con su sombra, dándote como fruto del árbol de la vida: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; para tales cosas, no hay ley (Gálatas 5:22-23). De hecho, en la tierra nueva no estará más el árbol del conocimiento de la ciencia del bien y del mal, porque Dios lo destruyó por medio de Jesucristo, y como prueba de ello, Jesús llevará las marcas de los espinos en sus sienes, de los clavos en sus manos y pies, y la marca de la espada en su costado. En medio de la tierra nueva estará solamente el árbol de la vida, para la sanidad de las naciones (Apocalipsis 22:2-3).
Jorge R. Talbot
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Jesucristo es la única perla de gran precio a ser descubierta en todas las Sagradas Escrituras, y su maravilloso plan de redención es el único hilo de oro que integra toda la teología bíblica.
Todas las disciplinas del conocimiento humano en la historia hasta la actualidad, no son exhaustivas para explicar en su totalidad el universo y su sentido, de manera que satisfagan las inquietudes del espíritu y del alma humana.
Hoy día el ser humano, quien muchas veces se ha sentido orgulloso de "su" civilización, está siendo dominado por ella misma, y por eso se olvida de Dios. No toma conciencia -en su locura cotidiana- que todos somos pequeñísimas gotas de ese imponente océano que es Dios.
Para intentar comprender un destello de la infinita gracia creadora y redentora de Dios, tendiéramos que imaginar aquellos momentos cuando Dios creó todo con el aliento de su boca y cuando Dios redimió todo con el desaliento de su alma.
Algunos teólogos modernos aceptan la creación divina, pero solamente en forma parcial, es decir, creen que Dios creó una primera partícula o una primera célula, y luego se adhieren al evolucionismo ateo a fin de explicar el origen de la vida y el génesis del universo. En otras palabras, estos filósofos de la teología, descartan la creación de las especies en el jardín del Edén y aceptan la evolución de las especies en el jardín zoológico.
En el capítulo 17 del Evangelio narrado por San Juan, Jesús nos dejó una de las más bellas y emocionantes páginas de Su Sublime Existencia – la Oración al Padre Celestial, en la que muestra toda la fuerza de Su Amor por aquellos que Le fueron entregados por Dios para cuidarlos. Y como dedicado Pastor del rebaño humano, enseñó Su Mandamiento Nuevo – "Amaos como Yo os he amado. Solamente así podréis ser reconocidos como mis discípulos".
La dimensión espiritual de cada persona es la realidad más importante entre los valores de una axiología autentica en medio de todo el universo. Sobre todo en el contexto de la revelación divina, actualmente en la conciencia de la humanidad toda, de oriente a occidente conciente de Cristo y su resurrección
Las Sagradas Escrituras presentan a Dios como un ser sublime, eterno que está presente en todo tiempo y lugar (omnipresente), inconmensurablemente sabio (omnisapiente), e inconmensurablemente poderoso (omnipotente). En otras palabras, Dios todo lo sabe, todo lo puede, siempre existió, y está presente en todo tiempo y lugar. Por lo cual, Dios no está limitado, ni condicionado, ni por el tiempo ni por el espacio
Jesucristo es la única perla de gran precio a ser descubierta en todas las Sagradas Escrituras, y su maravilloso plan de redención es el único hilo de oro que integra toda la teología bíblica.
Para intentar comprender un destello de la infinita gracia creadora y redentora de Dios, tendiéramos que imaginar aquellos momentos cuando Dios creó todo con el aliento de su boca y cuando Dios redimió todo con el desaliento de su alma.
Algunos teólogos modernos aceptan la creación divina, pero solamente en forma parcial, es decir, creen que Dios creó una primera partícula o una primera célula, y luego se adhieren al evolucionismo ateo a fin de explicar el origen de la vida y el génesis del universo. En otras palabras, estos filósofos de la teología, descartan la creación de las especies en el jardín del Edén y aceptan la evolución de las especies en el jardín zoológico.
Las Sagradas Escrituras presentan a Dios como un ser sublime, eterno que está presente en todo tiempo y lugar (omnipresente), inconmensurablemente sabio (omnisapiente), e inconmensurablemente poderoso (omnipotente). En otras palabras, Dios todo lo sabe, todo lo puede, siempre existió, y está presente en todo tiempo y lugar. Por lo cual, Dios no está limitado, ni condicionado, ni por el tiempo ni por el espacio
En un establo de Belén una joven madre dio a luz a un maravilloso niño. Aunque el peso, la talla y la fisionomía de ese niño, era similar a la de cualquier otro recién nacido en palestina, sin embargo había una gran diferencia: Ese Niño Era Dios.
Desde un punto de vista bíblico-intelectivo, cada uno de los seres humanos podría auto clasificarse dentro de una de las tres siguientes categorías: necio, natural o espiritual (cf. Romanos 1:22, 1 Corintios 2:14-15). Además, desde un punto de vista bíblico-termodinámico, el necio es considerado como frio, el natural como tibio, y el espiritual como cálido (cf. Apocalipsis 3:16).
Aceptando los meritos de la vida santa, pura y perfecta de Jesús, y aceptando los meritos de la muerte expiatoria de Jesús, la luz de su gracia nos iluminará, y Dios nos considerará perfectos en Cristo otorgándonos la luz de la vida eterna. Por eso Jesús dijo: Yo Soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Juan 8:12). Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él
Si la vida de Jesús, es considerada como si fuese nuestra vida, entonces espiritualmente hablando: nosotros nacimos en Belén, crecimos en Nazaret, y nos fortalecimos y llenamos de la sabiduría y de gracia en palestina. Además nosotros somos perfectos, porque Dios es perfecto, y porque la vida perfecta de Jesucristo es considerada como si fuese nuestra vida: No que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios
