Envuelto En Pañales Y Acostado En Un Pesebre

Posteado: 10/05/2011 |Comentarios: 0 | Vistas: 174 |

Un grupo de sencillos y humildes pastores conversaban y meditaban acerca del Mesías prometido, mientras apacentaban sus ovejas bajo la tenue luz de la luna. De repente, la noche fue iluminada con un maravilloso resplandor de la gloria de Dios, ante lo cual, los pastores se espantaron y se llenaron de un gran temor… Por este motivo, un ángel del cielo les dijo: no se atemoricen, porque ustedes han sido elegidos por Dios para recibir una de las noticias más maravillosas y gloriosas de todos los tiempos: Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, que es CRISTO el Señor (cf. Lucas 2:8-12).

Es sorprendente que para anunciar esta maravillosa noticia, Dios haya elegido a un grupo de sencillos y humildes pastores, y haya pasado por alto a las autoridades eclesiástico-religiosas de la época; pero Dios, en su infinita sabiduría, había elegido a un grupo de creyentes que velaban y oraban, y no a un grupo de ilustres doctos que inconscientemente dormitaban física y espiritualmente. También es sorprendente, el tipo de señal que el ángel eligió para facilitar a los pastores la búsqueda del Salvador del mundo. El ángel dijo: Hallaréis al Niño a) envuelto en pañales y b) acostado en un pesebre.

a) Hallareis al niño envuelto en pañales

Muchas personas podrían calificar a esta señal como muy inespecífica, algo inocente, y un tanto extraña. Sin embargo, es una señal divina y plena de connotación espiritual. De hecho, los pastores iban a encontrar al Mesías envuelto (atado) e inmovilizado por pañales. Si, el creador del universo había nacido atado a la raza humana con lazos imposibles de romper. Jehová había nacido como Emanuel, que significa: Dios con nosotros. La majestad del universo había nacido, y ahora por sus venas corría sangre divina y humana.

Por otro lado, no hay que olvidar que en el oriente, a todos los bebes se los inmovilizaba envolviéndolos con pañales; sin embargo, la mente de los pastores habían sido iluminada por la gloria de Dios, por lo cual estaban en condiciones espirituales de diferenciar, con claridad meridiana, entre lo que era Salvador-salvación, de lo que eran los pañales que envolvían e inmovilizaban al rey del universo.

Numerosos pueden ser los pañales que limiten o dificulten el libre movimiento del Salvador, o el libre acceso hacia la salvación, como por ejemplo: credos, ritos, ceremonias, costumbres, ordenanzas o reglamentos; y para ilustrar esta alegoría, recuerdo que un pastor comentaba que cuando él era niño, le habían enseñado que para ser salvo tendría que cumplir a la perfección con diez reglamentos (10 pañales); cuando fue adolescente el numero de pañales había sido incrementado a 20; cuando llegó a la edad adulta había aumentado a 28, y actualmente el numero de pañales estaba bajo revisión eclesiástica, para ser  nuevamente incrementado. En otras palabras, el Salvador y la salvación, estaban cada vez más lejos y más inaccesibles. Finalmente y gracias a Dios, un día bienaventurado, el pastor se dio cuenta que el único paso hacia el salvador y la salvación, era creer. Creer en el Niño de Belén, creer en el adolecente de Nazaret, creer en el Señor Jesucristo [1].

Es verdad que los pañales son útiles y necesarios para proteger al niño de la humedad o de la suciedad, pero no para envolverlo ni para inmovilizarlo. De hecho, al niño Jesús lo ataron con pañales cuando nació, pretendieron atarlo con tradiciones durante su misterio, lo ataron con cuerdas en el Getsemaní, lo inmovilizaron con clavos en la cruz, lo envolvieron con sabanas al morir, y al final de su misión salvadora el enemigo pretendió encadenarlo al Seol para siempre. Sin embargo, Jesús rompió todas esas ataduras, resucitando victorioso. Jesucristo venció al mayor enemigo, que es el pecado que nos encadenaba y condenaba a la muerte eterna.

De hecho, aunque Jesucristo fue, es y será el gran protagonista del plan de salvación, sin embargo, muchas personas se pasan la vida perdiendo de vista al Salvador y enfocan la mirada en los pañales. Creen en pañales, piensan en pañales, y defienden los pañales. Por ejemplo, creen que para acceder al Salvador el creyente debe ser primeramente envuelto con pañales bautismales, olvidándose que el ladrón crucificado estará en el paraíso, sin haber sido sumergido en el agua. Otros creen que para ser salvos primeramente tienen que ser atados con pañales sabáticos o dominicales. Otros viven amordazados por docenas de pañales Sinaíticos, o por los cientos de pañales fabricados por los rabinos de Israel, o por los prelados de Roma, Washington, Londres, Tokio o Pekín. De hecho, muchos inocentes y hasta sinceros pañales, tratan de ocultar al Salvador: bellos credos, maravillosas doctrinas, adecuados reglamentos, interesantes ceremonias, justas leyes, o solidas instituciones, tratan de impedir el libre acceso al Salvador y a la salvación. Jesús dijo: Vengan a mi todos los que estén trabajados, cargados, agotados, sedientos, hambrientos, desesperados, o amordazados por pañales…, que yo les haré descalzar. Dios ofrece sin dinero ni precio paz y perdón. Vayamos a Jesús todos los que estemos sedientos de perdón, hambrientos de paz interior, y agotados de luchar. Jesucristo hará brotar dentro de nosotros ríos de agua viva, para gloria y honra de su santo nombre.        

b) Hallareis al niño acostado en un pesebre

El pesebre era un lugar destinado para los corderos, becerros o bueyes. Sin embargo, en un humilde pesebre nació el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. El pesebre estaba cubierto por la paja proveniente de la cosecha del trigo, y sobre esa paja estaba recostado el Salvador del mundo. De manera que el Salvador, al igual que el grano del trigo, estaba recostado y rodeado por las espigas que conforman la paga.

Al igual que los doctos de antaño, muchas personas de hoy se dedican a estudiar y a escudriñar la paja que rodea al trigo. Centran la mirada en la paga, y se olvidan del Trigo. Por ejemplo, estudiando la vida de Adán (paga) se olvidan que sobre esa historia descansa Jesucristo (trigo), o estudiando la historia del diluvio, centran la mirada en las dimensiones geométricas del arca o en las evidencias arqueológica del diluvio, y se olvidan que sobre ese relato descansa la historia del salvador del mundo y del gran conflicto entre el bien y el mal. Por este motivo, muchos discípulos de hoy y de antaño, incluyendo a los apóstoles, fueron considerados por Jesús como insensatos, tardos de corazón, ciegos, sin entendimiento y embotados (Lucas 24:25-49); porque únicamente se dedicaban a observar la paga en las Escrituras. Los doctos y legos de entonces, leían los libros de Moisés, los Salmos y los Profetas, pero solamente para encontrar información, consejo, consuelo o esperanza, y sobre todo, los leían para obtener lecciones de vida, provenientes de los grandes hombres y mujeres de la historia. De hecho, el pueblo de Israel veneraba a Abraham, Moisés y David, seguía al pie de la letra todos los preceptos y ordenanzas levíticas, defendía la santidad de la Ley, celebraban todas las fiestas solemnes, y eran defensores de la santidad del día de reposo; pero no entendían que las Escrituras fueron escritas para dar testimonio del trigo: Jesucristo. Por esto Jesús les dijo: «Escudriñen en profundidad  las Escrituras, y se van a dar cuenta que en realidad ellas dan testimonio de mí» (cf. Juan 5, 39). En otras palabras, Jesús les invitó a leer las Escrituras para que comprendieran que fueron escritas únicamente para dar testimonio del trigo, y no de la paja, donde se recuesta el trigo [2].

Podríamos decir que Moisés, los profetas, David, y todos los demás escritores de la Biblia describieron a Jesús (trigo) recostado sobre la paja. Y así, las sagradas escrituras revelan que el niño Jesús es el autentico creador y redentor del universo; que Jesucristo era el segundo Adán, que sin haber sido engañado, había aceptado ser hecho pecado; que Jesucristo era el verdadero Noé, que salvaría a su familia de la inundación del pecado y que evitaría la extinción de la vida del planeta tierra. Jesucristo era el verdadero Moisés que libraría a su pueblo de la esclavitud del pecado. Él era el sumo sacerdote, el cordero, el lugar santo y el santísimo. Él era el gran «Yo soy» hecho carne. Por eso Jesús decía y repetía constantemente: yo soy la puerta, yo soy el camino, yo soy la verdad, yo soy la vida, yo soy el pan, yo soy el agua, yo soy la luz, yo soy la Shekina, yo soy el cordero, yo soy el sumo sacerdote, yo soy el templo, yo soy la pascua, yo soy el descanso, yo soy el único, yo soy el primero y el último, yo soy el principio (Génesis) y el fin (Apocalipsis), yo soy el alfa (A) y el omega (Z) de la palabra de Dios. Jesús también dijo: «si creyeseis a Moisés, me creeríais también a mí, porque de mí escribió él» (Juan 5, 46). De la misma manera, Jesús podría haber manifestado: si creyeseis a Isaías, me creeríais también a Mí, porque de mí escribió él; o si creyeseis a David, me creeríais también a mí, porque de Mí escribió él (Isaías 35, 5-6  - Lucas 7, 22; Isaías 53 - Salmos 22, 1-18) [2].

Es verdad que, al leer las Escrituras, nosotros podemos encontrar consuelo, paz, consejos, promesas, sabiduría y muchísima información. Pero si no encontramos a Jesús en cada pasaje, en cada capítulo o en cada libro, nos quedaremos sin encontrar el único y verdadero tesoro escondido: la perla de gran precio. [1] En efecto, «Una persona puede leer toda la Biblia y sin embargo puede quedarse sin ver su belleza, ni comprender su significado profundo y oculto; un pasaje estudiado hasta que su significado parezca claro y evidentes sus relaciones con el plan de salvación (trigo), es de mucho más valor que la lectura de muchos capítulos sin un propósito determinado y sin obtener ninguna instrucción positiva (paja)» [3]

Jesucristo fue la verdadera luz, la verdadera expansión (aliento de vida), la verdadera agua que salta para vida eterna, el verdadero árbol de la vida, el verdadero sol de justicia, la verdadera paloma de la paz, el verdadero León de Judá, que moriría como un cordero en el matadero. Él  verdadero Adán, que, sin haber sido engañado, comería del fruto del árbol de la muerte eterna, cargando sobre sí el pecado de todos nosotros, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna. Jesucristo es el verdadero descanso para una humanidad cargada y agobiada por el mal. El es el verdadero Noé, que, por ser el único varón justo y perfecto, salvaría a su familia de la muerte eterna (cf. Génesis 6, 9-ss.). Cristo es la auténtica arca, el auténtico arco iris de la promesa y el auténtico sacrificio inocente ofrecido después del diluvio. Jesucristo es el verdadero padre de la fe (Abraham), que había dejado la casa de su padre para ir a la tierra de Canaán (cf. Génesis 12, 1). Él es el verdadero hijo de la promesa que sería ofrecido por su Padre en sacrificio (cf. Génesis 22). Él es la escalera de Jacob, que uniría el cielo con la tierra (cf. Génesis 28, 12); Jesús aceptó que Él tendría que luchar con Dios y con los hombres, y que vencería en Nazaret, Judea, Samaría y Jerusalén (cf. Génesis 32, 28). Él es el verdadero José, que sería vendido por Judas, traicionado por Pedro y abandonado por sus hermanos. Jesús, al igual que José, pisaría solo el lagar (cárcel), sería castigado sin causa, y salvaría a su familia de la muerte; Jesús perdonaría nuestra traición y pecado, así como José perdonó a sus hermanos diciéndoles: «Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra y para daros vida por medio de gran liberación» (cf. Génesis 37; Salmos 80; Génesis 45,7).

Dios ama al pecador y aborrece el pecado. Ama tanto al pecador, que entregó su vida por él, para ofrecerle perdón y vida eterna junto al trono de Dios. Aborrece tanto al pecado, que cargándolo sobre su hombros, lo llevo cautivo hasta lo más profundo del Seol, para sepultarlo para siempre junto al trono de Lucifer.

Es muy sorprendente que al ser rodeados por el resplandor de la gloria de Dios, los pastores de Belén hayan sentido un gran temor, es decir, una especie de susto, miedo, terror, o pánico. Los pastores posiblemente sintieron el mismo miedo que sintieron nuestros primeros padres, cuando escondidos y desnudos escucharon la voz de Dios que los buscaba en Edén (Génesis 3:10); o tal vez, sintieron el mismo terror que sintió el pueblo de Israel en Sinaí, cuando Dios les rebeló su maravilloso y grandioso plan de redención (Éxodo 20:18-21); o el mismo temor que había sentido la virgen María al escuchar la voz de Dios que le decía: has hallado gracia delante de Dios por lo cual concebirás en tu vientre al redentor del mundo (Lucas 1:30), o tal vez tuvieron el mismo pánico que sentiría Saulo de Tarso al encontrarse con Jesús, quien lo buscaba para que sea su apóstol (Hechos 9:6), o quizás el mismo temor que sentiría en la Isla de Patmos el apóstol Juan al encontrarse con Jesús, quien había venido para revelarle el resplandor de la gloria de Dios (Apocalipsis 1:17). Sin embargo, al igual que Adán, Eva, Israel, María, Saulo o Juan, los pastores escucharon la voz de Dios, diciendo: No teman, porque han hallado gracia, os ha nacido un Salvador. Ha nacido la simiente de la mujer, ha nacido el pan divino que sacia el hambre y la sed del alma. Ha nacido el salvador, el Mesías prometido, Emanuel (Dios con nosotros).

Hoy en día, muchas personas también sienten un gran temor cuando el resplandor de la Gloria divina ilumina la mente, para entender las buenas nuevas de gran gozo: Os ha nacido un salvador. Os ha nacido un redentor. Muchos tiemblan de miedo al enterarse que mirando a Jesús el alma se santifica porque Jesucristo ha nacido para vivir una vida perfecta, en nuestro lugar; para morir la muerte eterna, en nuestro lugar; y para resucitar victorioso, en nuestro lugar. Si, ha nacido el Salvador del mundo para otorgar perdón y vida eterna, a todo aquel que en él cree. Y para que creamos esa maravillosa verdad, Dios nos da una señal: encontraras al Salvador del mundo envuelto en pañales y acostado en un pesebre (Lucas 2:12). De manera que cuando leamos las Escrituras, buscando a Jesús, llegaremos al trigo y no nos entretendremos con la paja. Buscaremos a Jesús en el Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, …, Malaquías, y desde Mateo hasta el Apocalipsis. Allí el nos está esperando. Tratemos de tocar el borde de su manto, y comprobaremos que saldrá poder de Él, y hallaremos descanso para nuestras almas. 

Jorge R. Talbot

www.BiblicalResearchSociety.org

[1] Fernández, Radamesh. Sermón (parafraseado).

[2] Talbot, Jorge. Las Sagradas Escrituras fueron escritas para el Mesías. Nuestra misión es encontrarlo. Lulu, 2011.

[3] White, Elena. El camino a Cristo. CESA,  

 

 

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    Jorge R. Talbot

    Jesucristo es la única perla de gran precio a ser descubierta en todas las Sagradas Escrituras, y su maravilloso plan de redención es el único hilo de oro que integra toda la teología bíblica.

    por: Jorge R. Talbotl Espiritualidad> Cristianismol 26/05/2012
    Octavio Esquivel

    Todas las disciplinas del conocimiento humano en la historia hasta la actualidad, no son exhaustivas para explicar en su totalidad el universo y su sentido, de manera que satisfagan las inquietudes del espíritu y del alma humana.

    por: Octavio Esquivell Espiritualidad> Cristianismol 06/05/2012
    Marcelo Tarde

    Hoy día el ser humano, quien muchas veces se ha sentido orgulloso de "su" civilización, está siendo dominado por ella misma, y por eso se olvida de Dios. No toma conciencia -en su locura cotidiana- que todos somos pequeñísimas gotas de ese imponente océano que es Dios.

    por: Marcelo Tardel Espiritualidad> Cristianismol 25/04/2012 lVistas: 16
    Jorge R. Talbot

    Para intentar comprender un destello de la infinita gracia creadora y redentora de Dios, tendiéramos que imaginar aquellos momentos cuando Dios creó todo con el aliento de su boca y cuando Dios redimió todo con el desaliento de su alma.

    por: Jorge R. Talbotl Espiritualidad> Cristianismol 23/04/2012 lVistas: 17
    Jorge R. Talbot

    Algunos teólogos modernos aceptan la creación divina, pero solamente en forma parcial, es decir, creen que Dios creó una primera partícula o una primera célula, y luego se adhieren al evolucionismo ateo a fin de explicar el origen de la vida y el génesis del universo. En otras palabras, estos filósofos de la teología, descartan la creación de las especies en el jardín del Edén y aceptan la evolución de las especies en el jardín zoológico.

    por: Jorge R. Talbotl Espiritualidad> Cristianismol 15/04/2012 lVistas: 20

    En el capítulo 17 del Evangelio narrado por San Juan, Jesús nos dejó una de las más bellas y emocionantes páginas de Su Sublime Existencia – la Oración al Padre Celestial, en la que muestra toda la fuerza de Su Amor por aquellos que Le fueron entregados por Dios para cuidarlos. Y como dedicado Pastor del rebaño humano, enseñó Su Mandamiento Nuevo – "Amaos como Yo os he amado. Solamente así podréis ser reconocidos como mis discípulos".

    por: Paiva Nettol Espiritualidad> Cristianismol 05/04/2012
    Octavio Esquivel

    La dimensión espiritual de cada persona es la realidad más importante entre los valores de una axiología autentica en medio de todo el universo. Sobre todo en el contexto de la revelación divina, actualmente en la conciencia de la humanidad toda, de oriente a occidente conciente de Cristo y su resurrección

    por: Octavio Esquivell Espiritualidad> Cristianismol 03/04/2012 lVistas: 29
    Jorge R. Talbot

    Las Sagradas Escrituras presentan a Dios como un ser sublime, eterno que está presente en todo tiempo y lugar (omnipresente), inconmensurablemente sabio (omnisapiente), e inconmensurablemente poderoso (omnipotente). En otras palabras, Dios todo lo sabe, todo lo puede, siempre existió, y está presente en todo tiempo y lugar. Por lo cual, Dios no está limitado, ni condicionado, ni por el tiempo ni por el espacio

    por: Jorge R. Talbotl Espiritualidad> Cristianismol 27/03/2012 lVistas: 19
    Jorge R. Talbot

    Jesucristo es la única perla de gran precio a ser descubierta en todas las Sagradas Escrituras, y su maravilloso plan de redención es el único hilo de oro que integra toda la teología bíblica.

    por: Jorge R. Talbotl Espiritualidad> Cristianismol 26/05/2012
    Jorge R. Talbot

    Para intentar comprender un destello de la infinita gracia creadora y redentora de Dios, tendiéramos que imaginar aquellos momentos cuando Dios creó todo con el aliento de su boca y cuando Dios redimió todo con el desaliento de su alma.

    por: Jorge R. Talbotl Espiritualidad> Cristianismol 23/04/2012 lVistas: 17
    Jorge R. Talbot

    Algunos teólogos modernos aceptan la creación divina, pero solamente en forma parcial, es decir, creen que Dios creó una primera partícula o una primera célula, y luego se adhieren al evolucionismo ateo a fin de explicar el origen de la vida y el génesis del universo. En otras palabras, estos filósofos de la teología, descartan la creación de las especies en el jardín del Edén y aceptan la evolución de las especies en el jardín zoológico.

    por: Jorge R. Talbotl Espiritualidad> Cristianismol 15/04/2012 lVistas: 20
    Jorge R. Talbot

    Las Sagradas Escrituras presentan a Dios como un ser sublime, eterno que está presente en todo tiempo y lugar (omnipresente), inconmensurablemente sabio (omnisapiente), e inconmensurablemente poderoso (omnipotente). En otras palabras, Dios todo lo sabe, todo lo puede, siempre existió, y está presente en todo tiempo y lugar. Por lo cual, Dios no está limitado, ni condicionado, ni por el tiempo ni por el espacio

    por: Jorge R. Talbotl Espiritualidad> Cristianismol 27/03/2012 lVistas: 19
    Jorge R. Talbot

    En un establo de Belén una joven madre dio a luz a un maravilloso niño. Aunque el peso, la talla y la fisionomía de ese niño, era similar a la de cualquier otro recién nacido en palestina, sin embargo había una gran diferencia: Ese Niño Era Dios.

    por: Jorge R. Talbotl Espiritualidad> Cristianismol 26/02/2012 lVistas: 31
    Jorge R. Talbot

    Desde un punto de vista bíblico-intelectivo, cada uno de los seres humanos podría auto clasificarse dentro de una de las tres siguientes categorías: necio, natural o espiritual (cf. Romanos 1:22, 1 Corintios 2:14-15). Además, desde un punto de vista bíblico-termodinámico, el necio es considerado como frio, el natural como tibio, y el espiritual como cálido (cf. Apocalipsis 3:16).

    por: Jorge R. Talbotl Espiritualidad> Cristianismol 28/01/2012 lVistas: 65
    Jorge R. Talbot

    Aceptando los meritos de la vida santa, pura y perfecta de Jesús, y aceptando los meritos de la muerte expiatoria de Jesús, la luz de su gracia nos iluminará, y Dios nos considerará perfectos en Cristo otorgándonos la luz de la vida eterna. Por eso Jesús dijo: Yo Soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Juan 8:12). Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él

    por: Jorge R. Talbotl Espiritualidad> Cristianismol 18/01/2012 lVistas: 32
    Jorge R. Talbot

    Dios te ama y te ofrece perdón, aunque tus pecados sean rojos como el carmesí y aunque tus iniquidades sean purpura como la grana. Dios te ama y te ofrece perdón y vida eterna, aunque te sientas desnudo como Adán, ebrio como Noé, mentiroso como Abraham, engañador como Jacob, promiscuo como Rahab la ramera o Sansón, adultero como David, endemoniado como María de Magdala, muerto como la hija de Jairo, falso como Pedro, o amante de lo ajeno como el ladrón de la cruz.

    por: Jorge R. Talbotl Espiritualidad> Cristianismol 08/01/2012 lVistas: 53

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