El Perfecto Amor De Dios Hacia Sus Amigos Y Enemigos
La historia de la humanidad ha demostrado que muchas naciones y pueblos han desaparecido como víctimas de la ley del Talión. De hecho, repasando la historia del pueblo hebreo, el Señor Jesucristo dijo: Oísteis que fue dicho a los antiguos: ojo por ojo y diente por diente, ... y amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo, pero yo os digo: amad a vuestros enemigos, como yo os he amado (cf. Mateo 5:33, 38, 43; Juan 13:34)
Al hacer referencia a la ley de la venganza y a la actitud discriminatoria entre amigos y enemigos, el Señor Jesucristo estaba involucrando, directa o indirectamente, a los antiguos, como el patriarca Moisés o el líder Josué, cuando aconsejaron al pueblo hebreo que perdonase a algunas personas y que destruyese a otras. Por ejemplo, por un lado, perdonaron la vida a Rahab la ramera y de su familia, respetaron a los descendientes de Esaú (Edomitas), y no invadieron los territorios de los Moabitas y Amonitas. Sin embargo, por otro lado, aniquilaron a todos los descendientes de Can, entre los cuales se encontraban los cananeos, filisteos, amorreos, heteos, ferezeos, heveos, gergeseos y jebuseos (cf. Éxodo 21:12; Deuteronomio 21:21, 24:11; Josué 6:21-22).
Además, el Señor Jesucristo estaba involucrando a sus contemporáneos, incluyendo a los rabinos, doctores de la ley, sumo sacerdotes, sacerdotes, fariseos, saduceos, y al pueblo hebreo en general, ya que todos ellos apoyaban la "ordenanza" de arrastrar por las calles a los adúlteros para apedreados, así como, pregonaban que había que aborrecer a los samaritanos, despreciar a los gentiles, discriminar a los leprosos, menospreciar a los publicanos y odiar a los romanos. Por todos estos motivos, el Señor Jesús anunció que la ley del ojo por ojo y del diente por diente había concluido, y que a partir de ese momento, daría comienzo la ley del amor y de la compasión para con los enemigos. Más aun, Jesús indicó que el amor tendría que ser de talla divina "como yo os he amado" y de estatura perfecta "como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto" (Juan 8:1-11, 13:34; Mateo 5:48).
Imagínense la sorpresa e indignación de las numerosas personas congregadas para escuchar a Jesús. Todos los presentes se quedaron boquiabiertos y espantados, tratando de digerir las nuevas doctrinas establecidas por el Maestro de Galilea. La primera doctrina era difícil de aceptar, ya que invitaba a contradecir algunas leyes levíticas impartidas por Moisés en el Sinaí (Levítico 20:10). La segunda doctrina era imposible de practicar, porque establecía que había que amar divinamente tanto a amigos como a enemigos, y la tercera doctrina era imposible de cumplir, ya que invitaba a ser divinamente perfectos (Mateo 5:48).
En resumen, por un lado el Señor Jesús invalidaba la ley del ojo por ojo y diente por diente, y por el otro, establecía principios imposibles de cumplir para cualquier ser humano: ya que ordenaba amar como Dios ama y ser perfecto como Dios es perfecto.
Para intentar comprender estas novedosas enseñanzas del Maestro, primeramente deberíamos preguntarnos: ¿cómo ama Dios?
Dios ama con un amor inconmensurablemente grande y sublime. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna (Juan 3:16). El Señor Jesús nos amó tanto, que siendo enemigos, nos consideró amigos (Romanos 5:10). Jesús nos amó tanto, que se humilló a nacer en Belem y se humillo a tomar nuestra naturaleza, para vivir una vida perfecta, en nuestro lugar (1). Dios nos amó tanto, que prefirió entregar a su propio Hijo para que muera la muerte eterna, en nuestro lugar (Romanos 5:8-9).
Por eso, Jesús estableció un nuevo decálogo basado en el amor perfecto hacia los enemigos, diciendo: I. No resistáis al que es malo, II. A cualquiera que te hiere en la mejilla derecha, vuélvele también la otra, III. Al que quiere ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa, IV. A cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos, V. Al que te pida, dale, VI. Al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses, VII. Amad a vuestros enemigos, VIII. Bendecid a los que os maldicen, IX. Haced bien a los que os aborrecen, y X. Orad por los que os ultrajan y os persiguen (cf. Mateo 5:38-48).
Y para que podamos comprender este nuevo decálogo de amor hacia los enemigos, Jesús describió en forma minuciosa numerosos detalles de su peregrinaje redentor del Getsemaní al Calvario. Por eso Jesús dijo:
I. No resistáis al que es malo
Jesús no resistió a la idea de venir a buscar y salvar a los "malos" que se habían perdido (cf. Lucas 19:10). Por eso, Jesús no resistió a la turba de malignos que vinieron a detenerlo en el Jardín del Getsemaní: manso como un cordero fue llevado al matadero (Isaías 53:7). Jesús tampoco rechazó el beso traidor de Judas, mas aun, Jesús consideró a Judas como su amigo (Mateo 26:36-56). Jesús nunca rechazó, ni resistió a ningún pecador que le diga: acuerde de mi cuando vengas en tu reino (cf. Lucas 23:42-43). Jesús nunca nos rechazará, porque en la palma de sus manos nos lleva esculpidos (Isaías 49:16). "El maestro divino soporta a los que yerran, a pesar de toda su perversidad. Su amor no se enfría; sus esfuerzos para conquistarlos no cesan. Espera con los brazos abiertos para dar repetidas veces la bienvenida el extraviado, al rebelde y hasta al apostata. Jamás llega en vano a su iodo el clamor del sufrimiento humano. Aunque todos son preciosos a su vista, los caracteres toscos, sobrios, testarudos atraen más fuertemente su amor y simpatía, porque va de la causa al efecto. Aquel que es mas fácilmente tentado y más inclinado a errar es objeto especial de su solicitud" (2). Jesús no resiste al malo, lo atrae.
II. A cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra
El siervo del sumo sacerdote fue el primer perverso que hirió la mejilla de Jesús (Juan 18:22). Los miembros del concilio y los soldados romanos también hirieron, no solamente la otra mejilla del Señor Jesús, sino también sus manos, sus pies y su corazón (Mateo 26:67, 27:30, Juan 19:34). Más aun, al igual que los discípulos, nosotros también podemos herir el corazón de Jesús, al traicionarlo como Judas, al negarlo como Pedro, o al huir como todos los demás apóstoles (Mateo 26:69-75, Marcos 14:50).
III. Al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa
Frente al rey Herodes, Jesús fue desvestido de sus ropas habituales y vestido con esplendidas ropas reales. Los soldados también echaron suertes sobre la ropa de Jesús, apoderándose de su túnica y de su capa (Salmo 22:18, Juan 19:23-24).
IV. A cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos
Jehová cargó sobre Jesús la naturaleza humana (primera milla) y Jehová cargó sobre Jesús el pecado de todos nosotros (segunda milla). Jesús vino a esta tierra para vivir una vida perfecta, en nuestro lugar (primera milla) y Jesús vino para morir la muerte eterna, en nuestro lugar (segunda milla). Jesús caminó millones de millones de millas, descendiendo del cielo a la tierra, y de la tierra hasta el más profundo valle de sombra y de muerte (cf. Filipenses 2:6-8; Gálatas 3:13; Isaías 53:6, Salmos 23:4).
V. Al que te pida, dale
El perverso ladrón crucificado junto al Maestro, le pidió a Jesús que se acuerde de él cuando venga en su reino. El ladrón pidió, y Jesús le dio la certeza de que estaría con él en el paraíso (Lucas 23:42-43).
VI. Al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses
Jesús no rehusó tomar sobre sus espaldas y sobre su alma, el pecado de todos sus amigos y enemigos, incluyendo a Anás, Caifás, Judas y Barrabas. Jesús tampoco rehusó prestar su madero a Simón de Cirene, para que lo traslade hasta el calvario (Juan 19:17, Lucas 23:26).
VII. Amad a vuestros enemigos
Jesús amó a sus enemigos. Con amor eterno nos ha amado; por tanto prolongó sus misericordias (Jeremías 31:3). Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida (Romanos 5:10). Jesús nos amó más que a sí mismo, a pesar de ser sus enemigos. Por eso Jesús dijo: Padre perdónales, porque no saben lo que hacen (Lucas 23:34). Por su llaga fuimos nosotros curados (Isaías 53:5).
VIII. Bendecid a los que os maldicen
Jesús bendijo, mientras todos lo maldecían. Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición, porque está escrito: Maldito todo aquel que es colgado en un madero (cf. Gálatas 3:13; Deuteronomio 21:23).
IX. Haced bien a los que os aborrecen
Jesús había sido sentenciado a morir por un concilio que lo aborrecía. Jesús había sido crucificado por un pueblo que lo aborrecía. Sin embargo, Jesús hizo el bien y prolongó su misericordia, porque con amor eterno nos ha amado para que moremos junto a él por largos días (cf. Jeremías 31:3; Salmos 23:6).
X. Orad por los que os ultrajan y os persiguen
Jesús fue perseguido y ultrajado, sin embargo oro mientras lo crucificaban diciendo: Padre no les imputes este pecado, porque no saben lo que hacen (Lucas 23:34).
Jesús cumplió a la perfección con todos y cada uno de los mandamientos, sean estos morales o ceremoniales, sean estos impartidos en el Edén, en el Sinaí, o a orillas del mar de Galilea. Jesús no vino a condenar a los pecadores, sino a salvarlos.
Jesús también había dicho que deberíamos ser perfectos como Dios es perfecto, y para comprender esta enseñanza de Jesús, deberíamos analizar con detenimiento los primeros dos capítulos del libro de Génesis, los cuales documentan que Dios creó absolutamente perfecto todo los que existe. Lo creo perfecto, como nuestro Padre que está en los cielos es perfecto. Dios dijo: Sea la luz y fue la luz perfect ane gran manera. Jehová dijo: Haya expansión y hubo perfecta expansión. Dios dijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, y nuestros primeros padres fueron hechos perfectos, como nuestro Padre que está en los cielos es perfecto (Génesis 1:1-31). Adán fue hecho perfecto, como Dios es perfecto. Nada hizo Adán para ser perfecto. Fue hecho perfecto. La perfección es un atributo divino, no un esfuerzo o un logro humano. Jesús dijo sed perfectos, de la misma manera que dijo: sea la luz. La luz fue perfecta porque Dios dijo. Nosotros somos perfectos en Cristo, porque Dios dijo.
Jesús vivió una vida perfecta, en nuestro lugar. El es nuestra perfección. El es el único ser humano que vivió una vida santa, pura y perfecta, como nuestro Padre que está en los cielos es perfecto. Escondidos en Cristo, somos considerados perfectos (siempre y cuando no intentemos asomar ni siquiera la punta de nuestros cabellos). La vida perfecta de Jesús es aceptada por Dios, como si fuese nuestra vida perfecta. Su muerte expiatoria, es aceptada por Dios como si fuese nuestra muerte eterna. Escondidos en Cristo, somos perfectos: como nuestro Padre que está en los cielos es perfecto. Porque? Porque así lo dijo Dios (cf. Colosenses 3:1-3).
Señor, digno eres de recibir toda la gloria y toda la honra y todo el poder; porque tu creaste todas las cosas; y por tu voluntad existen y fueron creadas (cf. Apocalipsis 4:11). Jesús nos creó y nos redimió (re-creo) por puro amor. En Jesús somos perfectos, como nuestro Padre que está en los cielos es perfecto.
Jorge R. Talbot
Sociedad de Investigación Bíblica Biblical Research Society
1. Talbot, JR. (2011) Las Sagradas Escrituras fueron escritas para el Mesías. Nuestra misión es encontrarlo. Lulu Editores, USA.
2. White EG. (1970) La Educación. CESA, Buenos Aires, Argentina, p. 294.
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Jesucristo es la única perla de gran precio a ser descubierta en todas las Sagradas Escrituras, y su maravilloso plan de redención es el único hilo de oro que integra toda la teología bíblica.
Todas las disciplinas del conocimiento humano en la historia hasta la actualidad, no son exhaustivas para explicar en su totalidad el universo y su sentido, de manera que satisfagan las inquietudes del espíritu y del alma humana.
Hoy día el ser humano, quien muchas veces se ha sentido orgulloso de "su" civilización, está siendo dominado por ella misma, y por eso se olvida de Dios. No toma conciencia -en su locura cotidiana- que todos somos pequeñísimas gotas de ese imponente océano que es Dios.
Para intentar comprender un destello de la infinita gracia creadora y redentora de Dios, tendiéramos que imaginar aquellos momentos cuando Dios creó todo con el aliento de su boca y cuando Dios redimió todo con el desaliento de su alma.
Algunos teólogos modernos aceptan la creación divina, pero solamente en forma parcial, es decir, creen que Dios creó una primera partícula o una primera célula, y luego se adhieren al evolucionismo ateo a fin de explicar el origen de la vida y el génesis del universo. En otras palabras, estos filósofos de la teología, descartan la creación de las especies en el jardín del Edén y aceptan la evolución de las especies en el jardín zoológico.
En el capítulo 17 del Evangelio narrado por San Juan, Jesús nos dejó una de las más bellas y emocionantes páginas de Su Sublime Existencia – la Oración al Padre Celestial, en la que muestra toda la fuerza de Su Amor por aquellos que Le fueron entregados por Dios para cuidarlos. Y como dedicado Pastor del rebaño humano, enseñó Su Mandamiento Nuevo – "Amaos como Yo os he amado. Solamente así podréis ser reconocidos como mis discípulos".
La dimensión espiritual de cada persona es la realidad más importante entre los valores de una axiología autentica en medio de todo el universo. Sobre todo en el contexto de la revelación divina, actualmente en la conciencia de la humanidad toda, de oriente a occidente conciente de Cristo y su resurrección
Las Sagradas Escrituras presentan a Dios como un ser sublime, eterno que está presente en todo tiempo y lugar (omnipresente), inconmensurablemente sabio (omnisapiente), e inconmensurablemente poderoso (omnipotente). En otras palabras, Dios todo lo sabe, todo lo puede, siempre existió, y está presente en todo tiempo y lugar. Por lo cual, Dios no está limitado, ni condicionado, ni por el tiempo ni por el espacio
Jesucristo es la única perla de gran precio a ser descubierta en todas las Sagradas Escrituras, y su maravilloso plan de redención es el único hilo de oro que integra toda la teología bíblica.
Para intentar comprender un destello de la infinita gracia creadora y redentora de Dios, tendiéramos que imaginar aquellos momentos cuando Dios creó todo con el aliento de su boca y cuando Dios redimió todo con el desaliento de su alma.
Algunos teólogos modernos aceptan la creación divina, pero solamente en forma parcial, es decir, creen que Dios creó una primera partícula o una primera célula, y luego se adhieren al evolucionismo ateo a fin de explicar el origen de la vida y el génesis del universo. En otras palabras, estos filósofos de la teología, descartan la creación de las especies en el jardín del Edén y aceptan la evolución de las especies en el jardín zoológico.
Las Sagradas Escrituras presentan a Dios como un ser sublime, eterno que está presente en todo tiempo y lugar (omnipresente), inconmensurablemente sabio (omnisapiente), e inconmensurablemente poderoso (omnipotente). En otras palabras, Dios todo lo sabe, todo lo puede, siempre existió, y está presente en todo tiempo y lugar. Por lo cual, Dios no está limitado, ni condicionado, ni por el tiempo ni por el espacio
En un establo de Belén una joven madre dio a luz a un maravilloso niño. Aunque el peso, la talla y la fisionomía de ese niño, era similar a la de cualquier otro recién nacido en palestina, sin embargo había una gran diferencia: Ese Niño Era Dios.
Desde un punto de vista bíblico-intelectivo, cada uno de los seres humanos podría auto clasificarse dentro de una de las tres siguientes categorías: necio, natural o espiritual (cf. Romanos 1:22, 1 Corintios 2:14-15). Además, desde un punto de vista bíblico-termodinámico, el necio es considerado como frio, el natural como tibio, y el espiritual como cálido (cf. Apocalipsis 3:16).
Aceptando los meritos de la vida santa, pura y perfecta de Jesús, y aceptando los meritos de la muerte expiatoria de Jesús, la luz de su gracia nos iluminará, y Dios nos considerará perfectos en Cristo otorgándonos la luz de la vida eterna. Por eso Jesús dijo: Yo Soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Juan 8:12). Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él
Dios te ama y te ofrece perdón, aunque tus pecados sean rojos como el carmesí y aunque tus iniquidades sean purpura como la grana. Dios te ama y te ofrece perdón y vida eterna, aunque te sientas desnudo como Adán, ebrio como Noé, mentiroso como Abraham, engañador como Jacob, promiscuo como Rahab la ramera o Sansón, adultero como David, endemoniado como María de Magdala, muerto como la hija de Jairo, falso como Pedro, o amante de lo ajeno como el ladrón de la cruz.
