El Cristo De La Fe Y La Visión De Dios
El Cristo de la fe y la visión de Dios
El modo de abordar a Dios es fe divina superior al humano entendimiento. Lo es también el eterno amor del corazón de Cristo, humano y a la vez divino. Paternidad y filiación humana se entienden en el contexto genético y biológico como proceso de engendrar y ser engendrado compartiendo la misma naturaleza. Cristo da testimonio y también su Padre recíprocamente de la paternidad y filiación en el ámbito eterno y eminente de esta relación divina. Naturalmente se debe referir al mismo proceso de generación en orden del ser y la naturaleza tanto humana cual divina. La misión de Cristo cuyo origen es eterno aparece en el contexto de la historia de la salvación no como la de los demás enviados que se refirieron a Él como Mesías, sino que El es verdaderamente la Voz viva y la Palabra elocuente de Dios vivo en el hombre. Uno y otro título mesiánico son esenciales a su misión y a su persona como Hijo de Dios y del Hombre.
La visión de fe en el ámbito del tiempo trasciende a la eternidad y tiene su raíz en la fe a la que alude Cristo cuando dice a Tomás refiriéndose a su incredulidad; bien aventurados los que sin ver creyeren. Y cuando Cristo responde al buen ladrón: hoy estarás conmigo en el Paraíso. Le garantiza también que la fe no es vana sino la semilla que fructifica como vida eterna. La exclusividad de Cristo por antonomasia y por su naturaleza de hijo de Dios la enfatiza cuando dice: voy a mi Padre y vuestro Padre a mi Dios y a vuestro Dios. En el contexto de la teología de las epístolas paulinas en contraste con Cristo, El sí literalmente y en la plenitud del Espíritu es Hijo natural de Dios, y obviamente de su plenitud y por su gracia nos hace sus hermanos e hijos adoptivos por su filiación divina.
Al ser del ser divino sustentado en su esencia y su existencia como sustancia de ser por excelencia, le caracterizamos llamándole su divinidad. Dios es único y debemos reiterar ser El uno solo como el ser divino que es en su entidad y lo es en su naturaleza. Cristo nos revela la intimidad de su vida divina y las relaciones divinas en las que Dios es un misterio de relaciones, naturaleza y persona en esa intimidad de su ser como Padre que engendra, Hijo que es engendrado y Espíritu de amor personificado en unión de amor divino y eterno. Un solo Dios y tres personas distintas en su naturaleza divina. A su vez Cristo peculiarmente es único, unido en su persona también a la naturaleza humana con la unión que los teólogos caracterizan como hipostática. La naturaleza humana de Cristo es divina en cuanto que está personalmente unida a la persona del hijo de Dios de manera que es en su filiación hijo real de Dios engendrado y no hecho como Dios y como hombre. Los ojos de su sabiduría son los ojos de nuestra fe y su herida de amor eterno lo único que cura esa herida de amor de nuestras almas y del amor de Dios. Compartiendo la misión de Cristo, mientras llega el de la gloria del cielo, que el amor a los hermanos y a nuestros enemigos sea un Paraíso en la tierra.
La Natividad
Punto de partida del plan de Dios
Preámbulo de los misterios de Cristo y Cristianismo
Las entrañas de Dios son celestiales
Y preparan la tierra por sembrar
En el surco de entrañas virginales
La Palabra divina va a engendrar.
La inmaculada virgen en pañales
Nace llena de gracia con su ajuar
Lo celebran los coros inmortales
Y los cielos se ponen a cantar.
El Verbo encarna y su eterna Voz,
Bendecida entre todas las mujeres
Dios agota el haber de sus haberes.
Hija del Padre y Madre del Mesías
Y Esposa del Espíritu de Dios,
Se complace en el nombre de María.
Entrañas puras
De donde nace Cristo
Y el Cristianismo.
Renueva el Paraíso
No en un espejo sino cara a cara
Miramos por Cristo a Dios en su mirada
Cristo es cabeza de la humanidad
Por gracia del buen Dios y sus meritos
Y en su gloria es El, benemérito,
Nos participa su divinidad.
Don de la Virgen su maternidad
De la Creación la luz, primogénito
Del Padre eterno es su unigénito
La fuente eterna su paternidad.
Visión de su divino entendimiento
El es la vid nosotros los sarmientos
Por su raíz, El es la vida eterna.
Divina plenitud luz sempiterna
Ojos de Cristo y Dios en su mirada
Y a los oídos la armonía soñada.
Vida eterna,
Beatífica visión
Oyendo a Dios.
La Anunciación
Punto de partida y sus premisas
El Ángel del Señor anuncia a María
Cubierta del Espíritu a la sombra
Tal mensaje medita en la penumbra
Creador y la Creación a Cristo nombran
Y el mensaje del Padre todo alumbra.
Al Señor glorifica que le asombra,
Mujer bendita, magnífica relumbra
De esperanza y de fe, su amor deslumbra
Por la nueva Creación, Dios la renombra.
El Príncipe de paz todo rehízo,
Dios que anuncia a la Virgen sus desvelos
Hace de ella la reina de los cielos.
Y el plan divino y todos sus anhelos
Rehacen la Creación y el Paraíso
Por el hijo de Dios que siempre quiso.
Pudo y lo quiso
Y hablando con María
Así lo hizo.
Ojos de sabiduría
Mirando y escuchando la Creación
El ojo ve y el oído escucha a Dios
Partículas atómicas actuando
Bioquímica en acción que nos asombre,
Sabiduría almacena cada nombre
Las huellas que el cerebro va encontrando.
Neuronas del cerebro están hablando
Consciente la conciencia ve su nombre,
Cuanta ciencia de Dios descubre el hombre
Sabiduría divina trabajando.
La cuántica midiendo en su teoría,
La mente del Creador todo ilumina
Y es ciencia del saber sabiduría.
Sin teorías lo divino es energía
Y los hechos de Dios siempre adivinan
La evidencia cual es, ¡fuerza divina!
Viste azul cielo
Para mirar a Dios,
¡El alma humana!
Divina herida
Eternamente el amor herido pero feliz
Con la salud eterna de la gloria
Es de Dios la profunda inmensidad
La de Cristo en profundo Cristianismo
De verdad y de amor el gran abismo
Es del hombre también su intimidad.
Connatural a la divinidad
Dios su Padre con El es uno mismo
Y en su ser diviniza el humanismo,
Por amor y en unión de eternidad.
Esperanza es el hombre celestial
En la gloria del cielo angelical,
Profundidad de Cristo vida eterna.
Y encumbrado en la cumbre sempiterna
Nos sublima en su cuerpo espiritual
Y en su herida de amor, ¡Cristo inmortal!
Amor herido
Lo cura solo Dios,
Su eterno nido.
Sí serviré
Amar servir y obedecer a Dios
Con Cristo en medio de nosotros
Cuando fallan visiones, vista, el tacto
Nunca falla el oído de la fe
Que es certeza del alma, bien lo sé,
Dios lo sabe y lo entiende en el acto.
Es precioso el momento y tan exacto
Como un cielo que abierto no se ve,
La Palabra de Dios con El se lee
Concreto en absoluto y no es abstracto.
El alma se edifica en su lectura
Y es bueno escudriñar las escrituras,
La Palabra de Dios habla de mí.
Divina voluntad, díganle sí:
Servir y obedecer luce adelante
Y ardiente como el fuego amor constante.
El siervo fiel
Sirve a Dios con amor
Como hace Cristo.
La visión de la gloria
Cristo descubre la gloria de Dios plena
Felicidad del reino de los cielos de ángeles y el hombre
Vuelos humanos se hacen inmortales
Los del Diablo terribles, siendo estupro
Cree la muerte de Cristo no es gran lucro
Aunque triunfa entre coros celestiales.
Son del Padre entrañas paternales
Y el cuerpo de Jesús en el sepulcro
Resucita divino lo más pulcro
De entrañas maternales, virginales.
E infinita la gloria no termina
Derroche de los cielos y sus minas,
Por la fuerza de Dios, categórica.
Victoria que no es fantasmagórica
Ni mundanalmente alegórica,
Es el triunfo de Dios, visión divina.
Triunfo de Dios
La visión de la gloria,
Cristo es eterno.
Visión de Cristo
El Paraíso es Cristo vivo y el reino de Dios
Que está en nosotros
Adorarle en hacer su voluntad
Volver al Paraíso fe de Cristo
Y ver a Dios en sí, al nunca visto
El le sirve con gran fidelidad.
Amando a Dios con toda la verdad
Decirle al corazón, eres de Cristo
Alerta, vigilante y siempre listo
Saber que el tiempo va a la eternidad.
Son hermanos amigos y enemigos
Sin límites de amor a cada quien
Visión de fe y revelación también.
Paraíso es la tierra haciendo el bien
A los ojos de Cristo como amigo
En medio de nosotros, El testigo.
Es Paraíso,
Haz el bien vence el mal
Amor total.
Siempre con Cristo
Se vive para Dios y para El se muere
Por la vida eterna
Sé que el don de la gloria es gran favor
Lo recibo de ti, cuando Tú quieras
Es la luz de la gloria verdadera
Solo un rayo, ya es todo tu esplendor.
Cual se alarga el lecho del dolor
Yo te ofrezco con Cristo el alma entera
Ofertorio en su cruz en cuanto muera,
Más se alarga ese triunfo del amor.
Respondiendo a la tuya por amarme
Mi paciencia no deja de esperarte,
Y me dices, decido perdonarte.
Mientras viva yo quiero agradarte
Es por Cristo que no puedo cansarme,
Voy a ti, cuando quieras Tú llevarme.
Es en tus manos,
Donde pongo mi vida
Por la vida eterna
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Jesucristo es la única perla de gran precio a ser descubierta en todas las Sagradas Escrituras, y su maravilloso plan de redención es el único hilo de oro que integra toda la teología bíblica.
Todas las disciplinas del conocimiento humano en la historia hasta la actualidad, no son exhaustivas para explicar en su totalidad el universo y su sentido, de manera que satisfagan las inquietudes del espíritu y del alma humana.
Hoy día el ser humano, quien muchas veces se ha sentido orgulloso de "su" civilización, está siendo dominado por ella misma, y por eso se olvida de Dios. No toma conciencia -en su locura cotidiana- que todos somos pequeñísimas gotas de ese imponente océano que es Dios.
Para intentar comprender un destello de la infinita gracia creadora y redentora de Dios, tendiéramos que imaginar aquellos momentos cuando Dios creó todo con el aliento de su boca y cuando Dios redimió todo con el desaliento de su alma.
Algunos teólogos modernos aceptan la creación divina, pero solamente en forma parcial, es decir, creen que Dios creó una primera partícula o una primera célula, y luego se adhieren al evolucionismo ateo a fin de explicar el origen de la vida y el génesis del universo. En otras palabras, estos filósofos de la teología, descartan la creación de las especies en el jardín del Edén y aceptan la evolución de las especies en el jardín zoológico.
En el capítulo 17 del Evangelio narrado por San Juan, Jesús nos dejó una de las más bellas y emocionantes páginas de Su Sublime Existencia – la Oración al Padre Celestial, en la que muestra toda la fuerza de Su Amor por aquellos que Le fueron entregados por Dios para cuidarlos. Y como dedicado Pastor del rebaño humano, enseñó Su Mandamiento Nuevo – "Amaos como Yo os he amado. Solamente así podréis ser reconocidos como mis discípulos".
La dimensión espiritual de cada persona es la realidad más importante entre los valores de una axiología autentica en medio de todo el universo. Sobre todo en el contexto de la revelación divina, actualmente en la conciencia de la humanidad toda, de oriente a occidente conciente de Cristo y su resurrección
Las Sagradas Escrituras presentan a Dios como un ser sublime, eterno que está presente en todo tiempo y lugar (omnipresente), inconmensurablemente sabio (omnisapiente), e inconmensurablemente poderoso (omnipotente). En otras palabras, Dios todo lo sabe, todo lo puede, siempre existió, y está presente en todo tiempo y lugar. Por lo cual, Dios no está limitado, ni condicionado, ni por el tiempo ni por el espacio
Todas las disciplinas del conocimiento humano en la historia hasta la actualidad, no son exhaustivas para explicar en su totalidad el universo y su sentido, de manera que satisfagan las inquietudes del espíritu y del alma humana.
La dimensión espiritual de cada persona es la realidad más importante entre los valores de una axiología autentica en medio de todo el universo. Sobre todo en el contexto de la revelación divina, actualmente en la conciencia de la humanidad toda, de oriente a occidente conciente de Cristo y su resurrección
El aspecto del espíritu sacerdotal ratifica el testimonio del amor como una realidad divina y humana más poderosa que la vida y que la muerte capaz de servirse de ella para lograr el triunfo del amor que es la fuerza omnipotente y gloriosa del amor más puro que purifica todo como expectativa digna de Dios al lograr la resurrección y con ella la eterna gloria. Verdadero mana es Cristo alimento de rocío celestial antes del eterno amanecer El es el pan vivo que baja del cielo que nutre la vida divi
Existe una octava maravilla del mundo en cada hombre cuya autenticidad se realiza como primordial espectáculo delante de Dios y del mundo que hace historia. La historia que se escribe en el libro de la vida. Ese gran día acontece la evidencia total y el inevitable presente compareciendo ante el Creador el ser humano como creatura responsable de su sino y su destino ante la realidad del ser divino.
La humanidad siempre ha sido desde su existencia inicial una humanidad que es la expresión del hombre hacia la plenitud de sus valores universales y trascendentales en el contexto de su libertad orientada a la búsqueda de la realización de su destino.
La certeza de la verdad en todas las disciplinas de la ciencia requieren la elaboración del proceso intelectual que descubre el sentido universal de las leyes de ser y de la manera de ser que establece una relación entre el espíritu consciente y el entender de la materia como descubrimiento epistemológico del encuentro con la realidad en sus distintos niveles de conocimiento.
El hombre del siglo XXI particularmente cuenta con todos los recursos de la Cultura y de la Historia universal del espíritu del ser humano en persistente búsqueda. Su sedienta certeza trata de encontrar una respuesta incuestionable en el tiempo con relación a su inquietud, más que instintiva arrancando de la fe cuya raíz más profunda nace del alma aspirando a lo eterno. Este impulso del alma pertenece al hombre en ambos ámbitos de su destino en el orden de la naturaleza como en el orden sobrena
La buena nueva del Evangelio particularmente es fuente reveladora del conocimiento personal de Cristo acerca de sí mismo sabiendo que sobre todo en El de la abundancia de su corazón habló su boca y se puso en acción toda su persona haciendo que se dijese de Él, todo lo ha hecho bien.
