De Intrépido Discípulo De Gamaliel A Valiente Apóstol De Emanuel
El fenomenal erudito Saulo de Tarso había estudiado los fundamentos de la teología hebrea con el prestigioso escolástico Gamaliel, quien le habría enseñado que la sabiduría, la justicia, la santidad y la redención eran doctrinas y procesos que debían ser adquiridos por medio del estudio diligente de las escrituras y a través de una vida de profundo celo religioso y devoción personal. De manera que Saulo aprendió a defender con tenacidad estos principios religiosos así como los fundamentos culturales y políticos de la nación hebrea (cf. Hechos 22:3). De hecho, Saulo respiraba amenazas y asolaba a quienes creían diferente persiguiendo a todos aquellos que creían en Jesús como el único medio de libertad y salvación (cf. Hechos 9:1, 22:4). Sin embargo, el día menos pensado, este joven fariseo tuvo un encuentro personal con el Maestro de los maestros, Jesucristo, quien "tocándole el metatarso" lo derribó en tierra y le dijo: Saulo de Tarso ¿Porque me persigues? (cf. Hechos 9:4).
Inmediatamente después de este encuentro providencial, Saulo de Tarso cambió no solo de nombre, sino también de forma de pensar. Ahora el apóstol Pablo, iluminado por el Espíritu de Dios, reconoció que no era con ejercito, ni con fuerza, que Dios otorgaba la libertad del pecado y la salvación de Israel y de de humanidad. Ahora el apóstol Pablo entendió que la sabiduría, la justificación, la santificación, y la redención, no eran una doctrina, ni una obra, ni un merito, ni un logro, ni un proceso, sino una bellísima persona: Emanuel. Por eso el apóstol Pablo escribió: para que nadie se jacte en la presencia de Dios, nosotros estamos en Cristo Jesús el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que como está escrito: el que se gloría, gloríese en el Señor (cf. Corintios 1:29-31). Tan conmovido y agradecido quedó el apóstol Pablo con la noticia del obsequio inmerecido de la salvación, que inmediatamente después de su encuentro con el Maestro divino, se dirigió al basurero más cercano para depositar todas sus glorias humanas y las enseñanzas religiosas y eclesiásticas aprendidas al lado del docto Gamaliel, quien por haber sido un catedrático legalista, se había cubierto el rostro con el velo de la sabiduría humana, no pudiendo percibir que Jesucristo es el cumplimiento de todas las doctrinas, ceremonias y profecías de la Tora (cf. Filipenses 3:8, 9).
Cristo es nuestra sabiduría
La sabiduría divina es una persona: Cristo poder de Dios y sabiduría de Dios (1 Corintios 1:24 up, 30). Cristo es la perla de gran precio, todo lo demás es madera, heno y hojarasca. De manera que la historia de Adán cubriéndose con hojas de higuera, es hojarasca; Cristo cubriéndonos con la piel del cordero, es sabiduría. Noé salvando a su familia del diluvio, es hojarasca; Cristo salvándonos de la condenación eterna es sabiduría de Dios. Abraham sacrificando a su hijo, es hojarasca; Cristo crucificado es la Sabiduría de las sabidurías de Dios. Jacob luchando en Peniel, es hojarasca; Cristo luchado en el jardín del Getsemaní es sabiduría de Dios. Moisés liberando al pueblo de Israel, es hojarasca; Cristo liberando al universo del poder del pecado, es sabiduría de Dios. David ampliando su imperio y conquistado Jerusalén, es hojarasca; Cristo conquistando el imperio de la muerte y construyendo su trono en la Jerusalén celestial, es sabiduría de Dios. La serpiente de bronce levantada en el desierto, es hojarasca; Jesucristo levantado en la cruz del Calvario, es la sabiduría de las sabidurías de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, y será el tema de estudio por toda la eternidad. El estudio del amor y de la gracia de Dios colmarán todas las dimensiones de tiempo y de espacio. No alcanzaran ni la eternidad, ni el infinito, para abarcar la inconmensurable sabiduría de Dios.
En Jesucristo están ocultas todas las maravillas de Dios, por ello el apóstol Pablo enfatizó esta verdad diciendo: me he propuesto no saber otra cosa que no sea Jesucristo, y este crucificado (cf. 1 Corintios 2:2). Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente (1 Corintios 2:14). El mensaje de la redención por medio de los meritos de Cristo, es considerado como una locura por todos aquellos sabios que se perderán (cf. 1 Corintios 1:18). Por eso Dios dice: destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos, pues ya que en la sabiduría de Dios (creación), el mundo no conoció a Dios, agrado a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación (redención). Porque lo insensato de Dios (encarnación) es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios (perdón) es más fuerte que los hombres (cf. 1 Corintios 1:19-25). la majestad del universo se despojó a si mismo haciéndose siervo y se humilló hasta lo sumo muriendo crucificado para salvarnos a ti y a mí. Toda la omnipotencia divina se derrite debilitada ante la suplica agradecida de un pecador diciendo: Señor, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.
Cristo es nuestra justificación
La justicia divina es una persona: Jesucristo (1 Corintios 1:30), todo lo demás es madera, heno y hojarasca. Por eso el apóstol Pablo enfatizó diciendo que si siendo enemigos, fuimos justificados (reconciliados) con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando ya reconciliados, seremos salvos por la vida justa de su amado Hijo Jesucristo (cf. Romanos 5:10). Dios acepta solamente la perfecta justicia de Jesucristo. No la nuestra. Dios rechaza nuestra justicia, porque la justicia humana es como trapo de inmundicia (Isaías 64:6). Por ello el apóstol Pablo escribió que aun su propia irreprensible justicia la tiene por basura, y que por ello desea ser hallado por Dios no teniendo su propia justicia, sino la justicia de Cristo (cf. Filipenses 3:6-9). Cristo es nuestra única Justicia. Por eso el profeta Daniel escribió desde Babilonia: Tuya es Señor la justicia, y nuestra la confusión (Daniel 9:7).
Cristo es nuestra santificación
La santidad divina es una persona: Jesucristo (1 Corintios 1:30), todo lo demás es madera, heno y hojarasca. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida santa, justa y perfecta (cf. Romanos 5:10). Así como la vida justa de Jesús y su muerte expiatoria nos justifica, de la misma manera, su vida santa y pura, nos santifica. De manera que escondidos en Cristo somos considerados santos, no por meritos propios, sino porque Dios es Santo. Así como las áridas piedras y la espinosa zarza del desierto del Sinaí fueron considerados santas por Dios, no por meritos propios, sino porque Dios es Santo y porque su santa presencia santifica. Por eso Jesús dijo que sus seguidores debían ser perfectos como su Padre que está en los cielos es perfecto (Mateo 5:48). La única manera de ser "perfectamente perfectos" es decir perfectos como Dios, es aceptando que somos perfectos en Cristo Jesús.
Cristo es nuestra sabiduría, nuestra justicia, nuestra santidad, nuestra perfección. El aceptar esta verdad bíblica, no es un permiso o una franquicia para vivir en forma desordenada, incorrecta e inadecuada, sino todo lo contrario, es una invitación a vivir una vida plena de gratitud, felicidad y orden, pero confiando únicamente en los meritos del Maestro de Galilea, y no confiando en nuestros frustrados intentos por imitarlo, ya que Jesucristo no es nuestro mero ejemplo, sino nuestro excelso sustituto. De manera que cuando se vive mirando y confiando en Jesús, no hay tiempo, ni deseos, ni ganas, de tener dioses ajenos, ni de tomar su nombre en vano, ni de mirar a la mujer de tu prójimo, ni de robar, ni de mentir, ni de matar, ni de mirar a las serpientes ardientes, ni de probar su veneno.
Cristo es nuestra redención
La redención divina es una persona: Jesucristo (1 Corintios 1:30), todo lo demás es madera, heno y hojarasca. Por eso los redimidos clamaran a gran voz diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono y al Cordero (Apocalipsis 7:10). Solamente para Dios será toda la alabanza, toda la honra, toda la gloria, y todo el poder, por los siglos de los siglos, amén (cf. Apocalipsis 4:11, 5:12-14, 6:10-12, 14:7, 15:3-5, 19:1-8). Para que nadie se jacte en la presencia de Dios, nosotros estamos en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que como está escrito: el que se gloría, gloríese en el Señor (cf. Corintios 1:29-31).
Jorge R. Talbot
Biblical Research Society
BRSinternational@cox.net
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Jesucristo es la única perla de gran precio a ser descubierta en todas las Sagradas Escrituras, y su maravilloso plan de redención es el único hilo de oro que integra toda la teología bíblica.
Todas las disciplinas del conocimiento humano en la historia hasta la actualidad, no son exhaustivas para explicar en su totalidad el universo y su sentido, de manera que satisfagan las inquietudes del espíritu y del alma humana.
Hoy día el ser humano, quien muchas veces se ha sentido orgulloso de "su" civilización, está siendo dominado por ella misma, y por eso se olvida de Dios. No toma conciencia -en su locura cotidiana- que todos somos pequeñísimas gotas de ese imponente océano que es Dios.
Para intentar comprender un destello de la infinita gracia creadora y redentora de Dios, tendiéramos que imaginar aquellos momentos cuando Dios creó todo con el aliento de su boca y cuando Dios redimió todo con el desaliento de su alma.
Algunos teólogos modernos aceptan la creación divina, pero solamente en forma parcial, es decir, creen que Dios creó una primera partícula o una primera célula, y luego se adhieren al evolucionismo ateo a fin de explicar el origen de la vida y el génesis del universo. En otras palabras, estos filósofos de la teología, descartan la creación de las especies en el jardín del Edén y aceptan la evolución de las especies en el jardín zoológico.
En el capítulo 17 del Evangelio narrado por San Juan, Jesús nos dejó una de las más bellas y emocionantes páginas de Su Sublime Existencia – la Oración al Padre Celestial, en la que muestra toda la fuerza de Su Amor por aquellos que Le fueron entregados por Dios para cuidarlos. Y como dedicado Pastor del rebaño humano, enseñó Su Mandamiento Nuevo – "Amaos como Yo os he amado. Solamente así podréis ser reconocidos como mis discípulos".
La dimensión espiritual de cada persona es la realidad más importante entre los valores de una axiología autentica en medio de todo el universo. Sobre todo en el contexto de la revelación divina, actualmente en la conciencia de la humanidad toda, de oriente a occidente conciente de Cristo y su resurrección
Las Sagradas Escrituras presentan a Dios como un ser sublime, eterno que está presente en todo tiempo y lugar (omnipresente), inconmensurablemente sabio (omnisapiente), e inconmensurablemente poderoso (omnipotente). En otras palabras, Dios todo lo sabe, todo lo puede, siempre existió, y está presente en todo tiempo y lugar. Por lo cual, Dios no está limitado, ni condicionado, ni por el tiempo ni por el espacio
Jesucristo es la única perla de gran precio a ser descubierta en todas las Sagradas Escrituras, y su maravilloso plan de redención es el único hilo de oro que integra toda la teología bíblica.
Para intentar comprender un destello de la infinita gracia creadora y redentora de Dios, tendiéramos que imaginar aquellos momentos cuando Dios creó todo con el aliento de su boca y cuando Dios redimió todo con el desaliento de su alma.
Algunos teólogos modernos aceptan la creación divina, pero solamente en forma parcial, es decir, creen que Dios creó una primera partícula o una primera célula, y luego se adhieren al evolucionismo ateo a fin de explicar el origen de la vida y el génesis del universo. En otras palabras, estos filósofos de la teología, descartan la creación de las especies en el jardín del Edén y aceptan la evolución de las especies en el jardín zoológico.
Las Sagradas Escrituras presentan a Dios como un ser sublime, eterno que está presente en todo tiempo y lugar (omnipresente), inconmensurablemente sabio (omnisapiente), e inconmensurablemente poderoso (omnipotente). En otras palabras, Dios todo lo sabe, todo lo puede, siempre existió, y está presente en todo tiempo y lugar. Por lo cual, Dios no está limitado, ni condicionado, ni por el tiempo ni por el espacio
En un establo de Belén una joven madre dio a luz a un maravilloso niño. Aunque el peso, la talla y la fisionomía de ese niño, era similar a la de cualquier otro recién nacido en palestina, sin embargo había una gran diferencia: Ese Niño Era Dios.
Desde un punto de vista bíblico-intelectivo, cada uno de los seres humanos podría auto clasificarse dentro de una de las tres siguientes categorías: necio, natural o espiritual (cf. Romanos 1:22, 1 Corintios 2:14-15). Además, desde un punto de vista bíblico-termodinámico, el necio es considerado como frio, el natural como tibio, y el espiritual como cálido (cf. Apocalipsis 3:16).
Aceptando los meritos de la vida santa, pura y perfecta de Jesús, y aceptando los meritos de la muerte expiatoria de Jesús, la luz de su gracia nos iluminará, y Dios nos considerará perfectos en Cristo otorgándonos la luz de la vida eterna. Por eso Jesús dijo: Yo Soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Juan 8:12). Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él
Dios te ama y te ofrece perdón, aunque tus pecados sean rojos como el carmesí y aunque tus iniquidades sean purpura como la grana. Dios te ama y te ofrece perdón y vida eterna, aunque te sientas desnudo como Adán, ebrio como Noé, mentiroso como Abraham, engañador como Jacob, promiscuo como Rahab la ramera o Sansón, adultero como David, endemoniado como María de Magdala, muerto como la hija de Jairo, falso como Pedro, o amante de lo ajeno como el ladrón de la cruz.
