Levántate Y Déjate Ver
A las personas de negocios les encanta contar sus problemas, y en esta época de recesión, no dejan de describir tres de ellos con mayor frecuencia: deben lidiar con un liderazgo desvanecido, con un cambio en la cultura corporativa, y con el talento.
Se trata de problemas que crecen particularmente durante las crisis, lo que significa que todas las empresas deben temer de lo mismo. Apuntamos una descripción de lo que son y de cómo se deben resolver.
Mi líder no dirige
Este es un problema clásico de la recesión: los empleados se frustran justo cuando más temen, y su líder parece estar desapareciendo en vez de estar dando la cara.
Hay que apiadarse de tales líderes antes de condenarlos. En épocas de crisis, los líderes deben pasar más tiempo al teléfono o encerrados en salas de juntas, haciéndose menos visibles, y normalmente quedan privados de la información que requieren para tomar decisiones de calidad. Cada fuerza los empuja hacia un "escondite dentro del mismo búnker", como Ken Chenault, presidente ejecutivo de American Express, me dijo.
John Mack, de Morgan Stanley, es un líder que luchó contra esa tentación durante la crisis. Cuando llegó la recesión, su empresa no era lo suficientemente dominante como Goldman Sachs, ni una locura como Lehman Brothers. Estaba en un punto medio, y todos veían a Mack de forma ansiosa.
Él no tenía todas las respuestas (ni los mejores líderes las tienen siempre), pero se dirigió a los clientes con frecuencia, así como a los empleados y al público para comunicarles lo que sabía y lo que pensaba. También respondió a los críticos anunciando un plan de bonos rediseñado antes que cualquier otra institución importante de Wall Street. Esto es liderazgo básico.
Si tu líder no es un líder, intenta no decirle lo que quieres, sino lo que has escuchado que quieren los empleados. Ésta es una táctica que aplican algunos ejecutivos con éxito.
Nuestra cultura no me permite adaptarme
La recuperación económica podrá ser débil y borrosa, pero las mejores compañías se adaptan a un mundo cambiante antes de que el cambio se vuelva obvio.
No siempre es fácil. Una gestora de recursos humanos en una compañía de metales me dijo recientemente que se estaba volviendo loca intentando cambiar el criterio de promociones en su compañía para enfatizar el crecimiento sobre el recorte de costos. La cultura valoraba más a los gestores avaros, y esta actitud era inamovible.
Esa gestora se dio cuenta de que la adaptabilidad a la cultura era crucial. Vean el caso de Thomson, uno de los grandes publicadores de periódicos, quien en 2000 (el mejor año en ganancias por periódicos) decidió salirse del mundo del periodismo por completo.
La decisión parecía una locura, pero Thomson (ahora Thomson Reuters) se estaba adaptando al mundo que veía venir. Su cultura alentó ese pensamiento tan radical: en otras décadas, la compañía se había interesado y abandonado la industria del petróleo, de las aerolíneas y otras.
Desafortunadamente, luchar contra una cultura bien cimentada podría ser inútil a menos que seas el jefe. Le dije a esa gestora de recursos humanos que mientras la economía mejoraba, podría ser hora de cambiar.
No podemos deshacernos de los malos jugadores
Podrían pensar que una recesión es el momento adecuado para deshacerse de los malos jugadores; es fácil saber quiénes son, y aún así tal vez tengan que quedarse con ellos.
El problema es que algunos gestores parecen pensar que los problemas son causa de lo que sea excepto de la gente. Cuando James Kilt tomó el timón en Gillette, las ventas y las ganancias habían sido planas desde hacía años. Cuando revisó los análisis del desempeño, se percató de que el 74% de los gestores habían recibido calificaciones altas y sólo 3% había recibido calificaciones muy bajas.
Es muy difícil deshacerse del mal desempeño cuando casi todos son genios. ¿Cuál es la solución? Ser honestos en las evaluaciones: hay que alentar una cultura en la que todos, sin importar el nivel, puedan decir la verdad. Tal vez no sea una acción popular, pero hay que explicar que esto es dar la cara a la realidad.
Estos problemas están bien cimentados. Lo bueno es que resolverlos no requiere ni de tecnología de última generación ni de análisis complejos, sólo de actitud y valor, que todos podemos tener, y que puede ser fomentada por una recesión histórica.
Lista de acciones para la recesión
1. Levántate y déjate ver. Es una forma sencilla pero poderosa para que los líderes sean efectivos. Warren Buffett aumentó su visibilidad durante la recesión, reasegurando a sus inversionistas e incluso ayudando a calmar los mercados.
2. Cambia la cultura con historias. Southwest Airlines siempre ha entendido esto, celebrando historias de empleados que hicieron algo heroico por sus clientes. Asegúrate de que las historias que repites contemplen la cultura que estás fomentando mientras se recupera la economía.
3. Mejora los estándares de la gente. Como el índice de desempleo es muy alto, existe la oportunidad de mejorar las condiciones de quienes contrataste y ascendiste, como McKinsey y otras fábricas líderes lo están haciendo.
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