Globalización, Ética y desarrollo Humano
En la ciudad donde resido, Rosario, Santa Fe, Argentina, se instaló hace un tiempo una nueva planta de General Motors para la fabricación de automóviles. El gobierno del estado, proveyó sin cargo a la nueva planta de los terrenos, servicios de luz, agua, gas e impuestos, por un plazo inicial de 5 años. Esto incluyó la construcción gratuita del barrio para ejecutivos y las rutas de acceso. Luego de los cinco años, los impuestos y servicios se les brindarán al 30% de su valor real. La razón de estas dádivas, se debió a que la instala-ción fabril proveería en cambio, trabajo para cientos de empleados, paliando así la desocu-pación argentina. En la realidad, la empresa justificó el 80% de su plantel de nacionalidad extranjera, bajo la excusa de la especialización. Sólo un 20% fue personal “autóctono”. Lo que diré y ustedes ya imaginan, es que no existen tales facilidades para las empresas ar-gentinas.
Esta es la realidad de un contexto globalizante, con muchos paralelos en Latinoamé-rica, que carece totalmente de cualquier componente ecuánime. Es esta globalización que se nos propuso como algo aleatorio que acaece, como lo que habría de venir, sin la inter-vención de la mano humana. Ciertamente no es así, los hechos los producen los hombres.
Si hacemos historia de esta globalización, recordemos que la crisis del petróleo transnacionalizó la economía, impulsó a los países a la ex¬pansión y a la búsqueda de mer-cados. Especialmente, no hay que olvidar la constitución del nuevo megamercado financie-ro. Toda una serie de fenómenos nuevos cambiaron el rostro de la economía y de la socie-dad, configu¬rando un semblante irreconocible para la envejecida doctrina del Estado social y económico. Es el fin de la experiencia del Estado indicativo que elaboró De Gaulle en Francia, y el Estado japonés en la posguerra. Quedan invalidadas las políticas estatales que sugieren, alientan, retienen, estimulan y desestimulan un Estado es¬tratégico que orienta a la actividad privada.
La búsqueda de beneficios se doblega a la conquista de mercados, a veces se la sacrifica por un tiempo para poder instalarse en espacios competitivos. Es más im¬portante maximizar mercados que beneficios.
La crisis del petróleo da un insólito empujón a una tecnología que estaba en comien-zos, la energía informática, totalmente intensiva, cuyo principal soporte material es el cono-cimiento.
Se descubre también que la pobreza no era una urgencia en los primeros tiempos del desarrollo económico, no es una urgencia remediable, que su solución depende del cre-cimiento y aparece una vez que éste se consolida.
Como remate de este espectáculo de novedades está el management, un nuevo arte liberal, una herencia de los ideales del Renacimiento, en el que el más grande de los artis-tas era también un creador de aeroplanos y un estudioso de nuestra fisiología. Arte porque es práctica y aplicación, liberal porque se refiere a los fun¬damentos del saber, al discerni-miento de uno mismo, a la reflexión como cartabón de las conductas, y al liderazgo como capacidad individual y compromiso social.
En la cumbre de la época, se anuncia que el management abreva en todos los cono-cimientos de las humanidades y las ciencias sociales, en la psicología, la filosofía, la eco-nomía, la historia, las ciencias físicas y la ética. Pero el manager, el director, el empresario, no es un académico que se satisface en su erudición, está en las antípodas del espíritu con-templativo.
Por el contrario, orienta su saber ha¬cia la eficacia y los logros de proyectos sociales, que pueden ir desde la construc¬ción de un puente hasta la cura de un paciente, la enseñan-za o el diseño de un software. A partir de allí el éxito comienza a medirse en pesos o en dólares, el móvil de todas las acciones es el objetivo de una ventaja financiera, y los nego-cios toman el especto de santos. Quienes se consagran a un ideal, quienes trabajan con desinterés, son considerados como hipócritas o locos. La obtención de lucro se propone por todas partes. Llegamos así a un liberalismo despojado totalmente de sus componentes so-ciales, y a un hombre descarnado, enteramente subordinado a la economía. Y aquí cabe debatir, sin discursos que nos conformen, bajo una rebelión pacífica, pero firme, como su-giere Adriana Russo , porque si el sonido de la trompeta fuere débil. ¿Quién se aprestará para la lucha?
Es indudable que cada uno recibirá la que le corresponda, siem¬pre que tenga la que le interese más particularmente. La singularidad debe gobernar aquella parte que interesa principalmente al in¬dividuo; y la sociedad la que interesa principalmente a ella.
El solo hecho de vivir en socie¬dad impone a cada uno una determinada línea de conducta para con los demás, y nosotros como académicos deberemos legislar los princi-pios para proteger los fundamentos que conforman la doctrina del individuo, de ese hombre ignorado por el progreso, que no tiene celular, Notebook o PC, y que quizás nunca llegue a ellos, pero que ama y necesita de las bonanzas de la vida tanto como nosotros. Esto, es hacer ética.
Debemos bregar, por ética, capital social y desarrollo en América Latina, es la única vía que puede humanizar un sistema mercantilista sin componentes sociales. Recordemos que el capital social es concebido generalmente como el conjunto de normas de confianza, valores, actitudes y redes entre personas e instituciones en una sociedad, que define el grado de asociatividad entre los diferentes actores sociales y facilita acciones colectivas y de cooperación.
Puede tener varias dimensiones: una individual, es decir el grado de integración a su entorno a partir de las relaciones más cercanas de una persona, familia o empresa; una dimensión sectorial, es decir la acción de personas u organizaciones en su entorno amplia-do, su interrelación y su relación con los poderes públicos (pertenencia a redes comunita-rias, gremios, asociaciones empresariales, etc.).
Finalmente, está la dimensión colectiva o nacional, es decir el capital social entendi-do como un acervo de una sociedad en su conjunto.
En ese sentido, el concepto de Capital Social agrupa nociones de confianza, asocia-tividad, conciencia cívica y valores éticos predominantes que, en conjunto, facilitan o dificul-tan el Desarrollo de una determinada sociedad.
La gran ventaja de este concepto es que hace reconocer que las relaciones sociales de solidaridad, cooperación y confianza son productoras de una riqueza y beneficio social sostenible (porque ligados con el mismo tejido social) que no podría ser obtenido desde el mero mercado. Permite criticar lo absurdo que constituye, desde un estricto punto de vista económico, el hecho de destruir relaciones sociales y culturales reemplazándolas por meras relaciones económicas, al incentivar la mercantilización de todas las dimensiones de la vida humana.
Desde el punto de vista de las disciplinas universitarias, el Capital Social es el puen-te teórico entre un enfoque meramente económico y un enfoque social y cultural del Desa-rrollo de la sociedad.
En síntesis, cuanto más capital social, más crecimiento económico a largo plazo, menor criminalidad, más salud pública, más gobernabilidad democrática.
La noción no pretende suplantar al peso en el desarrollo de los factores macroeco-nómicos, sino que llama la atención sobre que deben sumarse a ellos estas dimensiones.
El mero reduccionismo economicista es una visión estrecha y lleva a políticas inefi-cientes.
Cuando hablemos de Desarrollo, subrayemos Desarrollo Humano Sostenible:
Es un término clave que debe ser cuidadosamente definido para la RSU. Debemos desagregar la definición en tres adjetivos “humano”, “equitativo”, “sostenible”.
• Desarrollo humano significa el “proceso de expansión de las capacidades de las personas que amplían sus opciones y oportunidades” (PNUD). Pero no se limita al acceso al empleo y a servicios de educación y salud, sino que abarca otras dimensiones fundamen-tales de la humanidad tales como “el goce de libertades civiles y políticas y la participación de la gente en los diversos aspectos que afectan sus vidas”.
El concepto de desarrollo humano incluye pues la problemática de la gobernabilidad democrática, la participación y vigilancia ciudadana y la generación de capital social. Es preciso notar que el concepto de “Desarrollo” se diferencia de aquel de “Asistencia”, que se refiere a una ayuda humanitaria a personas o poblaciones en situación de emergencia o vulnerabilidad extrema.
Como tal, la Asistencia debe ser concebida como puntual y limitada en el tiempo, porque no genera de por sí posibilidad de expansión de capacidades, y puede degenerar en “asistencialismo” que es un proceso de “antidesarrollo”.
• Desarrollo equitativo subraya no sólo la necesidad de que todas las personas, sin distinción ni exclusión de ningún tipo, puedan obtener estas capacidades del desarrollo humano, sino también el hecho (bien reconocido hoy) de que el crecimiento económico no significa necesariamente mejora para todos, es decir que un “desarrollo” que agranda la brecha social no es un “desarrollo”.
Al contrario, las últimas décadas nos han mostrado en América Latina como “bue-nos” resultados macroeconómicos podían significar empobrecimiento, exclusión y aumento de las desigualdades.
Desarrollo “equitativo” significa entonces el deber moral de justicia e inclusión social, así como de solidaridad con los que menos capacidad tienen para desarrollar sus capacida-des. Esa solidaridad puede significar preferencia ética y prioridad en la atención de los pro-blemas de los sectores más excluidos, pero no puede significar focalización exclusiva en ellos (como es el caso en la estrecha visión asistencialista de la beneficencia) puesto que, casi siempre, la situación de exclusión tiene múltiples raíces y necesita de un enfoque com-plejo y holístico para diagnosticar y suprimir sus causas.
La inevitable tensión que resulta, a partir del deber moral de solidaridad, entre la par-ticipación en el desarrollo humano del otro vulnerable y el riesgo de asistencialismo, es una valiosa fuente de reflexión crítica, así como la pregunta “¿Qué iniciativa sirve mejor la pro-moción del desarrollo humano de los más excluidos?”. Esta reflexión crítica debe acompa-ñar permanentemente toda iniciativa de ayuda y permitir evaluar su calidad y legitimidad.
• Desarrollo sostenible significa “desarrollo que satisface las necesidades actuales de las personas sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las suyas” (Comisión Brundtland). Extendiendo la meta del desarrollo humano a todas las personas que vivirán en el futuro, la “sostenibilidad” introduce exigencias de gestión racional de los recursos disponibles en el planeta, es decir complementa y equilibra las perspectivas sociales y económicas con la perspectiva ambiental y ecológica. Desarrollo sostenible no significa meramente “cuidado del medio ambiente”, sino “complejidad” en los modos de cal-cular los beneficios y costos de las acciones humanas, al incluir los intereses de las genera-ciones futuras y la problemática “ecológica” en los informes “económicos”. El enfoque de sostenibilidad permite concebir el problema del desarrollo en términos de gestión de la casa común (oikos), tratando de equilibrar la satisfacción de los intereses de todos sus habitantes en interrelación e interdependencia.
En esta dirección, la primer idea que creemos debe ser puesta entre paréntesis es la asociación tradicional de cambio social y desarrollo. La reformulación de esta asociación pasa por una crítica de la noción implícita de progreso -derivada de las filosofías de la histo-ria y de los paradigmas evolucionistas- por medio de un uso crítico de la historia social y de una perspectiva comparada. El poder de las minorías económicas está más que manifiesto el colosal desnivel entre ricos y pobres en nuestro siglo.
Es sin duda ingente la necesidad de un profesional universitario que concurra a ser un administrador conciente de la necesidad del individuo y de la justicia social que debe desprenderse de una sociedad ecuánime.
Nelson Astegher
“El fin de la educación superior es alcanzar la sabiduría; y ésta es el conocimiento de los principios y de las causas primeras…” Y esto lo decía Robert Maynard Hutchins . Creo que esto es lo que debemos debatir: que la universidad sea creadora de conductas auto suficientes. Es decir, un académico dotado de las herramientas intelectuales para interpretar la realidad, proceder de acuerdo, y acentuar estos cambios. Esta debe ser sin dudar nuestra tarea.
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Existe una ciencia antigua donde los nombres son un preanuncio de la personalidad de sus poseedores.
Un ingrediente casi mágico, el producto bruto interno, justifica las estadísticas que anuncian la disminución de la pobreza.
La educación está en crisis. Pero a la preocupación por las visibles insuficiencias de nuestra educación se agrega ahora la duda sobre las posibilidades futuras que otorga su contenido a nuestros profesionales y científicos. Existe un peligro en la alta especialización, cuando el científico ha recibido una preparación humanística media.
El matrimonio no es cuestión de una decisión intempestiva ni lo ha de ser. Debe haber buenos modales en el matrimonio: cortesía, bondad urbanidad.
El temor que nos invade al encarar la búsqueda de empleo y la inseguridad de un futuro de desocupación nos enfrenta con estas incertidumbres.
La democracia verdadera debe estar dedicada a la educación. Otras formas de gobier¬no hacen de la educación una herramienta que pone a los individuos al servicio del gobierno, pero la democracia educa para la participación en el gobierno.
¿Es la globalización, una acción aleatoria, casual que no puede evitarse por la acción humana?.
Existen por lo menos dos tipos de moral que influyen hoy a los ciudadanos americanos, (y a todo el mundo), la moral social y la moral Personal o moral individual.

Comments on this article
Es que se me pide que cite artígulos.
Gracias!!!