La Inteligencia Espiritual: ¿Una Nueva Forma De Inteligir O Algo Más De Lo Ya Conocido En El Terreno De La Aprehensión Humana?

Posteado: 09/07/2008 |Comentarios: 0 | Vistas: 4,640 |
La inteligencia espiritual: ¿una nueva forma de inteligir o algo más de lo ya conocido en el terreno de la aprehensión humana?

 

E.A. Castro

INIFTA, Sucursal 4, Casilla de Correo 16, 1900 La Plata, Argentina

e-mail: castro@quimica.unlp.edu.ar

 

 

Introducción

            ¿Qué es aquello que llamamos “realidad”? ¿Se puede conocer la realidad tal como supuestamente es? ¿Para qué sirve conocer lo real? ¿Contamos con los medios necesarios y suficientes para aprehender la realidad? ¿Qué significa inteligir? ¿Hay una o varias inteligencias humanas? ¿Se puede desarrollar la capacidad cognoscitiva? Estas y otras tantas preguntas del mismo tenor surgen de inmediato cuanto el ser humano reflexiona sobre su persona, la vida, su destino, el propósito mismo de la existencia, el valor de la experiencia humana y su relación con los otros seres y la naturaleza.

            Como estas cuestiones son tan viejas como la Humanidad misma, es mucho lo que se han esforzado los seres humanos para buscar respuestas, realizar experiencias de toda índole y efectuar interpretaciones variadas, siempre impulsados por ese afán primitivo de conocer y conocerse. Y así, parecería que todas las expresiones humanas, sean las mismas vidas de hombres y mujeres así como sus obras, no son sino una expresión exaltada de esas búsquedas esenciales.

            El propósito de este artículo es analizar un tema específico que tiene estrecha vinculación con lo anteriormente planteado y cuya discusión puede ofrecer algunas alternativas interesantes y también brindar algunas herramientas valiosas para emprender la tarea de la indagatoria, de la búsqueda y aún de un fructífero planteo de interrogantes: la inteligencia espiritual (IE).

            El trabajo está organizado de la siguiente manera: en la siguiente sección se ofrecen algunos antecedentes acerca de la IE y luego se analiza este tipo de inteligencia en relación a otras formas  de inteligir. Después se discute el significado de las distintas clases de inteligencias y sus respectivas ontologías y a continuación se derivan algunas consecuencias prácticas. Finalmente, se ofrecen las conclusiones y algunas posibles líneas de investigación.

 

La inteligencia espiritual

            La vida contemporánea se ha tornado cada vez más compleja y problemática, razón por la cual la mayoría de los seres humanos deben enfrentar desafíos constantes, amenazas perceptibles e imperceptibles y hacer frente a situaciones inusitadas. La capacidad sustantiva para determinar su modo de actuar es la inteligencia, entendida como la herramienta que permite inteligir, detectar, darse cuenta y planear acciones consecuentes. Clásicamente, se ha entendido esta capacidad como el poder intelectual, el acopio de información necesaria y un buen caudal imaginativo para interpretar la realidad  y planear soluciones consecuentes. De una manera muy general podría penarse que una buena educación formal ofrece estos elementos y así la persona estaría preparada para insertarse exitosamente en la vida. En términos algo más específicos puede suponerse que el caso prototipo sería el del profesional universitario, quien con esa clase de educación ya habría accedido a un grado tal de capacitación que lo haría capaz para su desenvolvimiento personal, social y afectivo. Si bien todo esto es cierto, las demandas de vida de los últimos tiempos ha demostrado que no es totalmente cierto. En otros términos, hace falta algo más que una buena educación formal y la posesión de una clase de inteligencia entendida en términos corrientes.

            Entonces de inmediato surge la pregunta ¿qué es algo más? Entre las respuestas más características que se han dado se encuentra aquella que habla de “otros tipos de inteligencias”. En tal contexto se han introducido los conceptos de inteligencias múltiples(1), inteligencia emocional(2), inteligencia práctica(3) e inteligencia espiritual(4). Básicamente, la idea central que impulsa estas alternativas es rescatar todas las dimensiones y capacidades del ser humano visto que la sola habilidad  intelectual no alcanza para lograr un desempeño vital satisfactorio ¿Y cuáles son esas otras dimensiones existenciales y capacidades de realización? Se pueden citar, a modo de ejemplos ilustrativos, la capacidad comunicacional, la madurez, la imaginación creadora, la percepción intuitiva, la calidez relacional y la generosidad espontánea, entre otros.

            Si se trata una breve cronología de las distintas clases de inteligencia, debe mencionarse al primer test moderno de inteligencia propuesto en 1905 por T. Binet y T. Simon. A partir de esta propuesta se ha estado discutiendo que es la inteligencia humana, de donde surge y como opera y las maneras de desarrollarla. El ya clásico coeficiente de inteligencia IQ se supone que revela nuestro grado de capacidad matemática (o analítica y lógica) así como nuestra aptitud lingüística. Originalmente, se pensaba que el IQ era un excelente predictor de nuestras posibilidades de éxito en el desempeño laboral y profesional. Sin embargo, con el paso del tiempo se ha constatado que ello no es totalmente así y que el tema del buen quehacer personal es algo bastante más complejo.

            Uno de los primeros aportes significativos a este tema lo constituyó la obra de Howard Gardner, quien con su libro Frames of Mind (Gardner, 1983) abrió la discusión con la introducción del concepto de las “inteligencias múltiples”. Así, el autor propone siete tipos de inteligencias en su libro:

a)       Lingüística

b)       Lógico-matemática

c)       Musical

d)       Cinestísica-corporal

e)       Espacial

f)         Interpersonal

g)       Intrapersonal

 

            Algo más tarde, Gardner combinó las inteligencias interpersonal e intrapersonal en su estudio de la “inteligencia emocional”. Posteriormente, el mismo autor propuso lo que se podría denominar “inteligencia filosófica” (Gardner, 1999)(5), la cual combina aspectos espirituales, morales, emocionales, trascendentes, cósmicos y religiosos. Daniel Goleman (Goleman, 1995) popularizó el término “inteligencia emocional” destacando que aquellas personas con desempeños sobresalientes poseen mejores capacidades relacionales y personales. En este sentido, la IE está compuesta por un buen número de habilidades, las cuales pueden agruparse en 4 áreas centrales.

1.       Autoconsciencia

2.       Automanejo

3.       Capacidades relacionales

4.       Otras clases de consciencias.

 

            Y en esta línea de desarrollos recientemente se ha propuesto una nueva clase de inteligencia: la inteligencia espiritual (Wigglesworth, 2004). A partir de la definición de espiritualidad como “la necesidad innata en el ser humano de conectarse con algo más grande que uno mismo”, se proponen una serie de capacidades propias  de esta clase de inteligencia, las cuales se engloban dentro de cuatro características principales:

 

I.                     Autoconsciencia personal

II.                   Maestría en el manejo de la propia persona

III.                 Consciencia universal

IV.                Destreza social y presencia espiritual.

 

            Para cada una de las 21 destrezas incluidas en las cuatro características mencionadas, se asignan cinco niveles de pericia, con un nivel superior que no se considera acabado pues siempre es posible crecer en el desenvolvimiento de ellas.

            Si bien importa conocer aquellos elementos sustantivos que componen a la IE, estos pueden consultarse en la bibliografía original (Wigglesworth, 2004). En este contexto importa destacar que al hablar de otras clases de inteligencias se van incorporando prácticamente todas las capacidades humanas, llegándose a una suerte de culminación con la IE en la cual se incorpora la dimensión espiritual y religiosa. Aún cuando pueda llegar a admitirse la existencia de todas estas clases de inteligencias, vale la pena plantear la real necesidad de ellas a fin de llegar a concretar un eficaz desempeño en las distintas actividades humanas. En principio, se podría pensar que muchas características humanas, tales como el sentido estético, una presencia serena, la consciencia de las leyes espirituales, el sostenimiento y el cultivo de los valores éticos, etc. son aspectos que poco o nada tienen que ver con la eficacia en los quehaceres humanos. Sin embargo, esto no es así debido a varias razones. En principio el ser humano es una unidad y si bien en él conviven diversos aspectos y dimensiones propias, resulta todo un error que hay varios seres diferenciados dentro de uno mismo. Esta consideración tiene una innegable consecuencia práctica puesto que ello implica que todo importa y que cada una de esas características importan al momento de considerar el quehacer personal. A modo de ilustración específica puede citarse la relevancia de la espiritualidad en la educación superior (Scott, 2004). Esta perspectiva constituye todo un cambio respecto de las actuales características de las instituciones universitarias donde imperan la fragmentación y la especialización extremas.

            Y la razón de este cambio necesario reside en el hecho mismo de lo que es el mundo actual y lo que son los problemas que se deben enfrentar. En efecto, la globalización humana ya es un hecho y por otra parte se suscitan cuestiones harto complejas que demandan nuevas capacidades para tratarlas. Y muchas de estas nuevas capacidades son de una naturaleza eminentemente espiritual. Así, a modo de ejemplo de lo antedicho puede mencionarse lo que todos conocemos en cuanto a los efectos agresivos que los mismos seres humanos inflijimos a nuestro planeta y simultáneamente al hecho cierto que el mundo está despertando a una consciencia comunitaria y comprometida con el devenir planetario. Si bien estos dos aspectos aparentemente plantean una extraña paradoja, ellos están íntimamente vinculados y su resolución está demandando la emergencia de un nuevo nivel de identidad individual, un mayor sentido de responsabilidad colectiva y un claro propósito respecto del destino humano. Resulta ocioso destacar que sin el aporte de la denominada IE en el tratamiento de este tipo de tema, resulta poco menos que imposible pensar en una resolución satisfactoria.

            Pero además hay otro aspecto sustantivo cuando se tiene en cuenta la acción de la IE y ello es la posibilidad de percibir toda una serie de movimientos ciertos pero poco “visibles” en forma directa para la apreciación corriente. Si bien no constituye ninguna novedad la existencia de esta clase de “movimientos subterráneos” que están vinculados con el desarrollo humano (Bohm, 1980)(6), en la actualidad tienen una gran relevancia visto los enormes desafíos que plantea la misma existencia humana, ya sea a nivel personal y a nivel social. Y al mismo tiempo, estas capacidades ofrecen un medio idóneo para poder plantear y concretar acciones concretas de un modo original, creativo y eficiente a la vez.

 

Inteligencia o Inteligencias?

            Hasta aquí hemos venido tratando distintas clases de inteligencias pero al mismo tiempo se ha señalado la unicidad del ser humano. Un planteo posible está relacionado con la existencia de esas diferentes inteligencias o si ellas son la expresión de una única clase de inteligencia. Es cierto que investigaciones recientes señalan algunas zonas cerebrales específicas como estando asociadas a quehaceres inteligentes diferenciados, pero aún así subsiste aquel planteo. No creo que pueda darse una respuesta definitiva a este interrogante, pero considero que lo mejor es concebir la existencia de una sola clase de inteligencia con distintas capacidades y dimensiones de actuación ¿Porqué? Porque a partir de la noción del ser humano como una entidad única, la concepción de distintas inteligencias estaría asociada a una suerte de personas múltiples dentro de un mismo ser. Más allá del hecho eminentemente físico y psicológico, considero que la unicidad inteligencial rescata un necesario sentido de responsabilidad personal, algo que es imprescindible tener en cuenta y valorarlo mucho en las actuales circunstancias, aunque siempre ha tenido gran importancia en el marco del comportamiento humano.

            En efecto, las actuales exigencias en los terrenos más diversos demandan que, entre otras cosas, el ser humano actúe en forma integral, responsable y comprometida. Si se aceptara la concepción multi-inteligencial, ello daría lugar a una fragmentación irreal que en nada favorecería el desarrollo de aquellas condiciones. Al mismo tiempo, ello abre mucho el terreno del desenvolvimiento de las capacidades inteligentes, y rompe fragmentaciones y separaciones perniciosas. Las actitudes corrientes de que “uno es como es”, “uno tiene habilidad para esto pero es totalmente incapaz para lo otro”, etc., son manifestaciones usuales de tal clase de particiones inconvenientes. Obsérvese que esta clase de actitud implica una declaración implícita del tipo “En verdad yo estoy compuesto por varias personalidades, algunas de las cuales son aptas para tal y tal cosa, otras son hábiles en tales quehaceres, etc. y además existen estas otras que son incapaces en este terreno, ineptas en esto otro, etc”. Por supuesto que en un dado momento uno tiene un cúmulo de capacidades y otra cantidad de ineptitudes, pero si a este hecho se le da un carácter de definitorio, entonces no hay prácticamente posibilidad alguna de modificar algo y superar deficiencias e incapacidades personales. Bajo la concepción de una inteligencia única, el aspecto espiritual otorga un carácter de integridad al ser humano, con posibilidades ciertas de desenvolvimiento y capacidades fehacientes para superarse constantemente en todos los aspectos.

            Una primera apreciación de lo antedicho parecería sugerir una actitud perfeccionista en la faz personal y social, un modo más o menos explícito de insertarse en un proceso de autosuperación a fin de tener una vida mejor. Sin embargo, sin dejar de ser cierto lo anterior, la adopción de tal postura y el reconocimiento de la existencia de una real y efectiva inteligencia espiritual como síntesis de la única y verdadera inteligencia humana conlleva muchas otras consecuencias. En efecto, en primer lugar ello constituye una herramienta imprescindible para enfrentar y resolver las situaciones más diversas que se presentan en la vida cotidiana. Piénsese, por ejemplo, todo lo que demanda ser padre/madre en cuanto a establecer un sólido vínculo matrimonial, criar y educar a los hijos, administrar económicamente la institución familiar, sostener las relaciones familiares sociales, aceptar el paso del tiempo, enfrentar los necesarios conflictos y dilemas que van apareciendo en el diario devenir, mantener un conjunto de valores básicos que sostienen y le dan un sentido a la unidad familiar, incorporar a los nuevos miembros que puedan ir insertándose en ese grupo, etc. Este ejemplo resulta muy revelador en cuanto a las exigencias actuales de todos los componentes de la familia y la amplia gama de capacidades, propias de una inteligencia espiritual en pleno desenvolvimiento  para ir concretando un accionar eficaz, exitoso y fructífero.

            De igual forma se podrían seguir citando ejemplos en otras áreas del quehacer humano, tal como la del educador, el líder, el empleado, el religioso, el artista, etc., en todos los cuales se ponen de manifiesto capacidades harto variadas. Nada de lo antedicho lo puede plasmar medianamente un ser humano fragmentado, dividido externamente y librando batallas incesantes entre sus “distintos yoes”. El concepto de inteligencia espiritual en el sentido anteriormente descripto y con un sentido totalizador y unificador, conforma una vía apta para ir trabajando en el terreno de la integración humana inter e intrapersonal, por lo cual, retomando el interrogante planteado al comienzo, se puede afirmar que sólo hay una inteligencia.

 

Conclusiones

            El tema de la inteligencia humana innegablemente posee gran importancia para el ser humano. A partir de una concepción inicial eminentemente analítico-matemática, se fueron desarrollando más tarde otras concepciones amplificadoras hasta arribar a lo que se denomina inteligencia espiritual. Estas diferentes inteligencias parecerían constituir un conjunto variado de capacidades distintas que serían algo así como entidades disjuntas. Sin embargo, a partir de un concepto totalizador e integrador, el de inteligencia espiritual, se ha tratado de mostrar que tal paradigma de existencia de múltiples inteligencias no es ni realista ni conveniente de sostener. Partiendo del hecho de que el hombre es una unidad vivencial al desarrollar su vida y que las cuestiones humanas poseen una complejidad tal que contienen un sin número de aspectos diferentes, se ha intentado demostrar la necesidad y la conveniencia de pensar en términos de una única inteligencia totalizadora, con características muy diversas, intervinculadas entre sí y con un enorme potencial para la acción, la imaginación y la participación.

            Este modo de percibir a la inteligencia, que es una manera de entender al hombre mismo, hace ya un tiempo que lo han adoptado distintos círculos y organizaciones. Así, por ejemplo, cuando se encara la búsqueda laboral de un directivo, no sólo se tienen en cuenta sus capacidades profesionales específicas, sino que también se presta atención a toda una serie de características asociadas a su persona humana, tal como capacidad para escuchar, grado de afabilidad, poder comunicacional, cultura general y otros similares.

            Si bien esta forma de establecer requerimientos laborales no está muy generalizada y de momento está restringida a cargos superiores, es casi seguro que ella habrá de extenderse visto las demandas concretas que se establecen en todo el espectro del quehacer humano así como las posibilidades existentes para ir construyendo una formación personal continua y abarcativa.

            En relación a las concepciones más primitivas de lo que significaba ser inteligente y las condiciones requeribles para un desempeño exitoso en cualquier terreno de los quehaceres humanos, la introducción de las nuevas inteligencias y su culminación en el concepto de inteligencia espiritual así como las demandas de la vida contemporánea constituyen todo un cambio bastante radical y un cúmulo de exigencias excesivo. Más allá de que todo esto nos impacte, nos merezca uno u otro juicio de valor, lo interpretemos de tal o cual manera, o que aún llegue a adoptar una forma de amenaza explícita o implícita, lo cierto es que tales cambios existen, están aquí para quedarse y ahora depende de nosotros que decisión tomar al respecto.

            Para aquellos que no terminen de percibir y aprehender acabadamente el cuadro situacional, el futuro les habrá de deparar sorpresas poco gratas. Para quienes se dan cuenta de lo que son las nuevas condiciones de vida y notan cuáles son los desafíos del momento, seguramente habrán de tener que trabajar muy dura e intensamente, tendrán que adaptarse a una sucesión de cambios incesantes y hasta es predecible que deban soportar pruebas de vida muy fuertes, navegando de un mar de resultados inciertos. Para estos últimos, la concepción de la inteligencia espiritual como capacidad humana innata y factible de continuo desenvolvimiento, es una valiosa herramienta que resulta imprescindible para laborar en el campo de la construcción de una nueva dimensión de vida.

 

Referencias

(1)                Gardner; Howard, 1983, Frames of Mind: The Theory of Multiple Intelligences, Basic Books, NewYork.

Gardner, Howard, 1993, Multiple Intelligences: The Theory in Practice, Basic Books, New York.

(2)                Goleman, Daniel, 1995, Emotional Intelligence, Bautam Books, NewYork.

Goleman, Daniel, 1998, Working with Emotional Intelligence, Bautman Books, New York.

Cooper, Robert K., 1997, Ayman Sawaf, Executive EQ Emotional Intelligence in Leadership and Organizations, Grosset/Putman, NewYork.

Bar-On, Reuven, 1997, Bar-On Emotional Quotinet Inventory Technical Manual, Multi-Health Systems, Toronto.

Salovey, Peter, Sluyter, David J. (eds.), 1997, Emotional Development and Emotional Intelligence, Basic Books, New York.

(3)                Sternberg, Robert J., Wagner, Richard K., 1986, Practical Intelligence: Nature and Origins of Competence in the –Everyday World, Cambridge University Press, Cambridge.

(4)                Wigglesworth, Cindy, Spiritual Intelligence. Why is it Important?, Kosmos, Spring-Summer 2004, Volume III, Number, 30.31, 44.

Scott, David K., Spirituality in Higher Education, Kosmos, Spring-Summer 2004, Volume III, Number 2, 20-21, 43.

Houston, Jean, 2004, The Social Artist, Kosmos, Fall-Winter 2004, Volume 18, Number 1, 7-12-

(5)                Gardner, Howard, 1999, Intelligence Reframed, Basic Book, New York.

(6)                Bohm, David, 1980, Wholeness and the Implicate Order, Routledge and Kegan Paul, London.

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