José Greco

Posteado: 21/12/2009 |Comentarios: 0 | Vistas: 99 |

José Greco

Una historia de familia, una vida, un mundo de problemas

Era un día como cualquier otro, la mañana presagiaba un día de lluvia en la ciudad de Valencia, la amenaza latente no daba indicios de que se cumpliera; así es el trópico, así ocurría ese día, hasta que sonó el teléfono.

Me encontraba en una reunión de suma importancia en la empresa en la cual prestaba mis servicios y aunque le había dado instrucciones a mi secretaria para que no nos interrumpieran, ella, luego de tocar, sin esperar respuesta alguna,  abrió la puerta y me dijo: -señor José, tiene una llamada telefónica- le dije que la contestaría luego, ella, insistió, es urgente, es sumamente urgente. Miré a mis compañeros de trabajo, no hubo necesidad alguna de hacer comentarios, todos entendían la premura y denotaban su entendimiento. Salí de la reunión y atendí la llamada, del otro lado de la línea, pude escuchar: -Hola José, te he estado buscando, tu hermano Salvatore murió hace un par de días, lo siento-

Reconocía en su voz a la persona que me hablaba, mas, eran muchas noticias para ser digeridas de una sola vez, no lograba salir del asombro, un vacío mental me cubrió y por segundos mi mente repasó de una manera veloz lo que había sido nuestra vida.

Aquellas, fueron las lapidarias palabras que daban fin a una historia de la cual pasado aún tanto tiempo, no logro comprender.

Hice preguntas, lo único que obtuve como respuesta fue que a mi hermano a mi querido Toto, lo habían encontrado muerto en la habitación de la pensión en que vivía, su cuerpo ya daba síntomas de descomposición y en cuanto dieron aviso, llegaron los cuerpos policiales y tras ellos, de inmediato el cuerpo de Bomberos se lo había llevado la Morgue de Valencia. Por su estado, lo enterraron a las primeras de cambio.

Sin dar tiempo siquiera a una reacción, sin informar ni medir, me dirigí a la Morgue. Mi mente daba vueltas, se enfrentaban tantos recuerdos, no los podía creer. Así llegué sin dilación; comencé a hacer preguntas, no hubo respuestas, pareciera ser que me había convertido en un ser invisible, los que allí se encontraban, no me entendían,  o no querían entenderme.

Angustiosos momentos que demostraban el temple que mi padre había forjado en mí. Luego, cuando mis lágrimas brotaron por primera vez, como si hubiesen generado lástima, una doctora se me acercó, portaba una carpeta, tomó con cuidado nota de los datos que le suministré y luego de una breve consulta, retornó mostrando en su rostro cierta tristeza, se dejaba ver afligida; me hizo saber que a mi hermano lo habían enterrado ya en una fosa común en el Cementerio de la ciudad de Valencia.

La angustia comenzó a hacer estragos en mi cuerpo, me sentí violado, vejado, furioso, el hombre que más admiré en mi vida había sido enterrado como un pordiosero sin que alguno de sus seres queridos lo acompañaran, dijeran algunas palabras o al menos le ofrendaran algún rezo.

A ese punto y en esos momentos, nadie vino a darme luz, no sabía qué hacer. La vida no nos prepara para ciertas cosas. Pero al hablar de cadáveres y de muertos, se me vino a la mente la posibilidad de una solución, me dirigía a una funeraria y luego  de aceptar y pagar cierta cantidad de dinero, ellos cubrieron los requisitos necesarios y en un par de días se me permitió como testigo para reconocer el cadáver de mi hermano. Aquellos son recuerdos tétricos que durante innumerables noches no me dejaban dormir y que de vez en cuando se hacen presente.

Llegamos al cementerio, fue un viaje a lo desconocido, una ruta en la que no hubo palabras, el mutis fue general, y por ello noté con mucha fuerza, lo del silencio sepulcral, cuyo significado contiene algo más que una simple frase. La funeraria recomendó que fuéramos muy temprano en la mañana tanto como para no tener que encontrarnos con la gente, con curiosos que vendrían a estropear aún más lo por hacer. Y así, con los primeros rayos de sol, me vi parado frente a un espacio de terreno que quedaba en la parte final del cementerio, y al mirar a uno de los obreros de la funeraria, él como que entendió mi pregunta y me hizo saber que ése era en sí donde estaba lo que llamaban: fosa común; un par de hombres con pico y pala removían los escombros, luego de un rato y de saber que uno puede tener un vacío total en su mente, pues nada pensaba, nada veía, era algo así como estar muerto en vida, hasta que alguien me trajo a la realidad, dio un grito, diciendo –lo tenemos- acá está el hombre, acá está su hermano.- los despojos de lo que vi, me dejaban claro que no era, ése no era mi hermano, ellos insistían, me trataban de convencer de que luego de unos días el cuerpo genera ciertos cambios, repetían, que ése era. Lo querían sacar para dar por concluido el asunto, y no les fue posible por la molestia que mostré, les dije que había venido a recuperar el cadáver de mi hermano, y ése y sólo ése, sería el que ellos llevarían y enterrarían con todas las de la ley. Viéndome de la manera en que me puse, no les quedó más remedio que seguir escarbando y así descubrieron a uno, a otro, varios cuerpos, llegado a ese extremo y lleno de una amargura indescriptible, me tentó la posibilidad de renunciar a esta horrible empresa, hasta que al fin en el próximo cuerpo cuando lo vi, lo reconocí. Era él, o mejor dicho lo que quedaba de él. Aquella había sido una experiencia única, no estábamos preparados, la gente de la funeraria tampoco y cubriendo su cuerpo con periódicos viejos, lo transportamos  a la funeraria para de este modo hacer lo que se debía haber hecho. Darle una cristiana sepultura al lado de la tumba de mis padres y de mi inolvidable hermana Giovanna.

Cómo llegamos a esto, qué le ocurrió a mi familia, por qué al final de los días, ellos, habían terminado en un lugar tan lejano al que nos vio nacer. Esto en conjunto forma parte de la historia de mi vida familiar.

Creo que para dejarme entender, debo regresar en el tiempo. Primero a mi amada e inolvidable Italia, luego al pueblo querido Comiso, el que se encuentra ubicado en la provincia de Rabusa en la cálida y hermosa Sicilia. Es allí exactamente donde daremos comienzo a mi relato que no es más que una parte de la historia de mi familia.

Mis abuelos Salvatore Greco y mi abuela Puglisi  en la mitad del siglo XIX, negociaban con pieles. Este oficio les hacía ver como una de las distintas clases sociales en que estaba por aquellos años dividida nuestra población en los que se encontraban: campesinos, obreros, comerciantes, políticos, profesionales y de manera predilecta el credo y su gente. Mis abuelos eran profesionales poseedores de un conocimiento amplio en cuanto a lo que ellos ejercían, los mismos habían a su vez sido transmitidos de sus padres y se ocuparon con todas la de la ley en que ése oficio no se perdiera, llevaron a mi padre siempre de la mano hasta que a la larga los emuló.

La Italia de esa época era un tanto clásica, natural; el modernismo no había hecho estragos ni en las edificaciones ni en los habitantes. La gente del pueblo era toda conocida y cada vez que uno se encontraba con alguien mayor, en caso de generar dudas, la pregunta clásica era: y tu padre o tu abuelo qué hacen o hacían, eso era suficiente como para poder conocer el origen del joven. Uno trataba de emparentarse con gente del mismo medio, de la misma ideología ni que pensar de la religión y en un último caso y no menos importante de una misma clase social.

Cuando se trata de reconstruir una parte de la historia, no se puede hacer justicia sin ver en detalles el mismo entorno, las cosas que eran de algún modo normales, lo que llamamos la costumbre y visto que el mundo en este siglo que acabamos de pasar ha experimentado tantos cambios, vale la pena miremos algunos flashes del cómo se vivía en ese entonces.

Estaba recién finalizada la I Guerra Mundial, el mundo había perdido en mucha de la gente no sólo algunos miembros de las familias, como también, sus bienes, tranquilidad, el temperamento, su paz. La psiquis había sido golpeada, aquél sentimiento de escases forzaba nuevos valores; la mirada era muy corta, ya uno pensaba como antes, en que se creía en la inmortalidad, en que la historia era algo que se podía leer y encontrar sólo en los libros, ahora la realidad había demostrado con su crudeza que superaba a lo conocido, que los combates cuerpo a cuerpo ya eran cosas del pasado y que la maquinaria bélica que estábamos viendo era apenas el abre boca de lo que vendría. Las bombas atómicas habían demostrado que el hombre quizás no era responsable de su propia creación, pero de algún modo dejaba ver que si lo podía ser de su total destrucción. El miedo a la muerte ya no era algo exclusivo de la divina figura, o de la malvada orden diabólica, contábamos con un tercer elemento que no se había tomado en cuenta y que era capaz de ejercer dolor a unos niveles no imaginados.

Con todo y el avance técnico en guerras y en armamentos, había escases en otros rubros, por la falta de aparatos electrónicos, ya que aún no se habían inventado, el mercado se solía hacer a diario; al no poseer medios de refrigeración forzaba a la gente a tener alimentos frescos, o de mantener un espacio en el sótano en el que se guardaban los productos cerrados al vacio.

Mucha de la gente en el pueblo y sus alrededores, se ocupaba de producir, para hacer de manera casera, la pasta, como las salsas de tomate, la que se guardaba por meses en botellas, otros tenían comida que dejaban salar y secar, se veían las riostras de ajos, pimentones, vegetales, legumbres y otras verduras, era una manera familiar, de mostrar con orgullo lo que en su hogar había de sobra. Las carreteras estaban llenas de manadas guiadas de animales, que en las mañanas iban a algún sitio  a pastar, el medio de transporte era en mulas, burros y caballos, los jóvenes poseían para su diversión mucho más tiempo del que hoy en día tienen. Las metas de la gente, eran sencillas, los sitios a visitar, solían ser o estar todos a no más de unos diez kilómetros a la redonda. Las playas de ese mar Mediterráneo eran en sí la mayor distracción, y los niños tal como los de hoy jugaban con pelotas que en aquél entonces eran de trapo.

Mis queridos y recordados abuelos tenían una pronunciación propia del lugar, una especie de dialecto, el que empleaban para que nosotros los niños no supiéramos de qué estaban hablando. Y su figura era respetada por todos los que de un modo u otro eran más jóvenes que ellos, se estilaba saludar, quitándose el sombrero, artículo que fuera de las horas de trabajo, y durante las tardes y noches, por lo tan expuesto, era casi un símbolo de buen vestir.

La vida era tranquila, en el patio de la mayoría de las casas se cosechaban hortalizas, pimientos, pimentones y otras tantas cosas; por aquellos días, no había robos, no se conocía o al menos no se hacían públicos los homicidios, cualquier visitante, era recibido con afecto y se le ofrecía una copa de vino casero, una galleta y hasta un pedazo de la torta o bizcochuelo familiar.

Fue un tiempo en que despertó el sueño americano, los viejos hacían hasta lo imposible por motivar a sus hijos a que fueran a la América, sin dar mayor importancia a cuál de ellas se lograsen ir. Los que vivían en pueblos se sentían como sumidos en una paz sin mucha evolución. Era un sentir sin grandes aspiraciones. Y sólo con la llegada, con el retorno de alguno que otro de la América es que se podía ver la gran diferencia, pues estos presumiendo de sus logros, dejaban correr su dinero como si fuesen chorros ilimitados, y con la ayuda de sus propios familiares, este trabajo en el eco que generaban se incrementaba y duplicaba en las mentes de la gente, soñar con oro, ahora a los tranquilos pobladores de mi pequeño pueblo y de otras latitudes, les era fácil.

Mis padres Giovanny Greco y Nunciata, dieron continuidad al negocio de familia, se presentaron años sumamente duros, no hay que olvidar que si la primera guerra fue traumática la segunda dejó a toda Europa en la más cruel ruina, millones de seres que pagaron con el tributo de sus vidas, la enajenación de políticos y líderes que no merecen el honor de ser nombrados. La falta de vialidad, como la misma intranquilidad, hacía hervir a jóvenes corazones, que abrían sus capullos no sólo al sol, tenían sus miradas fijas a puntos más lejanos.

Con la entrada de los alemanes como les dije nuestra casa fue tomada por los nazis, para ellos era un punto central de control, mientras nos habíamos mudado a otra casa cercan que nos fue suministrada por el mismo gobierno. En lo personal debo decir que tuve mucho que ver de los nazis, me llamaba la atención sus uniformes, siempre impecables, como si esa fuese su bandera, ellos comían opíparamente, denotaban una fortaleza que tan sóilo al final se vino a bajo. Su forma de hablar era la de seres superiores, envalentonados y aunque su trato conmigo como niño puedo decir que fue agradable, ya que recibí de ellos en repetidas oportunidades caramelos o chocolatines, cuando se vieron perdidos, la transformación en sus rostros los dejaba ver de otro modo, ya se perdió aquella prepotencia, ese supuesto poder, ese orgullo nacional, eran simples soldados haciendo algo en contra de sus deseos y cumpliendo con órdenes no muy deseadas.

El haber tenido esa experiencia le hizo a mi padre un poco de bien, pues y vale la pena aquí acotar, de que mi padre poseedor de buen olfato comercial invirtió todo lo que tenía y no, en su negocio en sus pieles y fue gracias a esto, que en corto tiempo luego de acabada la guerra, se vio con producto solicitado, y así al venderlos, pudo realizar unos grandes beneficios que nos permitieron comprar la casa más grande y hermosa del pueblo, era la más codiciada, misma que estaba en el mero centro de la ciudad, frente a la plaza, y donde desde los balcones podíamos ver y saber de casi todo, como por ejemplo el movimiento de la gente, la que iba o venía, la que entraba o salía de la iglesia etc., menciono esto pues cuando fuimos invadidos por los nazis, con el arreglo que tenían con Mussolini, los alemanes escogieron nuestra casa como punto central y mientras duró la ocupación, nos tuvimos que mudar a otra casa que ellos nos suplieron.

Al hablar de la familia, debo decirles que éramos cuatro hermanos: Giovanna, Salvatore, llamado cariñosamente Toto, Carmelo con dos años menos que él, y yo, Jose Greco con 20 años menos que mi hermana mayor y 16 menos que Carmelo, único sobreviviente de toda la familia que por razones del destino, vino a morir a este lado del Océano.

Es en este punto en que detengo por momentos mi relato y doy comienzo a una gran reflexión. Me remonto para ello a esos días y sin haberlos vivido, noto a mi padre lleno de un deseo de superación, no tanto por él como si por su hijo mayor. Él, sin escatimar una sola Lira, desde un comienzo había puesto los ojos en su hijo mayor, en su primogénito, por él apostaba todo su futuro y en especial el de sus descendientes. En la mente de mi padre se forjó una idea fija, quería que sus nietos tuviesen o pudieran formar parte de otro estrato social. Para él era muy importante cumplir ese sueño. Y el éxito en su negocio luego de la guerra, le permitía darse ciertos lujos, como el del cambio de casa y el más importante, enviar a mi hermano a la ciudad de Bologna para que estudiara en la Universidad, en la más antigua y prestigiosa de toda Italia.

Pero volviendo a mi niñez, vienen muchos y muy gratos recuerdos, pues tuve la suerte de tener tres hermanos que por la misma diferencia de edad para conmigo, me los hacía ver como padres. Ellos, todos eran mis protectores, mis mentores y maestros. De ellos y con ellos aprendí la mayoría de lo que sé. Quiero hacer mención que aunque los alemanes tomaron nuestra casa, no los sentimos como un robo o algo por el estilo, sabíamos que era un pacto que existía entre Italia y Alemania, estábamos en guerra y por desconocimiento o por lo que otros con más conocimiento de causa puedan nombrar, para nosotros era algo normal, inclusive puede dar testimonio de que en lo particular, conmigo ellos se portaban bien, los trataba como se trataba a los mayores en aquella época y de lo que hacían o decían ellos, yo, estaba completamente ajeno.

Los días transcurrían tranquilos, nuestro aeropuerto, me refiero al de Comiso, de a poco pasó a ser importante, por días se notaba el incremento de los vuelos, y ya era un pasatiempo, ver como salían o aterrizaban los aviones, los uniformes que vi, durante esos años eran dignos de recordar, pues los alemanes y hasta nuestros mismos oficiales, demostraban gran glamur y al dejarse ver en las calles, ellos se mostraban cual si fuesen a desfilar, de punta en blanco como dijera mi mamá, que Dios la tenga en su Santa Gloria. De esta época uno puede decir que vivimos el crecimiento y luego la caída del régimen, pues también recuerdo luego de la guerra, que en mi casa dábamos comida a las  gallinas poniendo el alimento en los cascos de los alemanes. Los empleábamos como platos para animales, para eso y para colocarles una cantidad de agua. Ver hoy esto, es como darse cuenta de la caída de aquel poderoso imperio que se vino a bajo de un modo inimaginable.

Les he hablado algunas cosas de mis padres, ahora me referiré a mi hermana quien era la mayor de todos, Giovanna era una mujer chapada a la antigua, con un padre férreo en tratos y costumbres, aunque a ella, se le conocía un enamorado por más de ocho años, mi padre no lo aceptaba, hay que ver y entender que en ese entonces en una Sicilia conocida por el carácter fuerte de los hombres y su estilo de mando, ninguna mujer por atrevida que fuese, quedándose a vivir en el mismo pueblo osaría casarse sin el consentimiento del padre. Y esto fue lo que le ocurrió a mi pobre y abnegada hermana. Ella se veía con su enamorado por varios años, era una relación como de tórtolos, pero carente de cualquier futuro.

Carmelo era el hombre que mi padre hacía trabajar hasta el cansancio, de algún modo, y sin que todavía pueda yo saber el por qué, él había sido escogido como el peón, pues todo trabajo duro le era encomendado y creo que mi padre, no sentía por él algún tipo de lástima, este era el hijo escogido por mi padre para seguir su trabajo; el de mi hermana el de encargarse de las cosas del hogar,  ayudando a mi madre y en lo concerniente a mí, debía estudiar, hacer lo mimo que Toto.

Carmelo aprendió a ser hombre antes de lo normal, y dentro de esto, como el mismo título dice, se ocupó de conocer, tratar y estar con cuanta prostituta hubiere en nuestro pueblo, le encantaba luego del trabajo quemar su rabia con ellas y también en el alcohol. Pero puedo decir en su defensa que jamás contestó o le negó alguna orden a mi padre, aunque en lo físico era superior, su mentalidad de buen hijo no se lo hubiera consentido. Era la vida a la que estábamos acostumbrados en la Italia de posguerra. Era la manera lógica de vivir, tal y como la gran mayoría hacía.

Como les dije Salvatore, (Toto) quien era dieciocho años mayor que yo, vivía en Bologna, y en mi casa se sentía el orgullo con cada carta que recibíamos de él, cada letra, cada mensaje era leído por mi padre con, hasta se podría decir, algo más que admiración, había un respeto. Me adelanto en el tiempo y llego al momento más feliz de mi hogar, la fecha en que todos salimos a Bologna a la graduación de mi hermano, se logró graduar con honores como Ingeniero Químico. Pareciera íbamos a una boda, todo fue calculado, todos andábamos de estreno, mi padre no iba a permitir que otros jóvenes dudaran de la calidad de la familia Greco, el nombre estaba en juego, al menos eso se barajaba en su mente.

Eran años duros, recuerdo que para estudiar, los muchachos salíamos a la calle y bajo una farola aprovechábamos la luz, en mi caso específico, fue peor, pero eso lo veremos cuando me toque relatarles esa parte. Ahora reviviendo la época debo decirles que por la escases, y todo lo que encierra una Europa de posguerra en un país que de algún modo estuvo enfilado con los perdedores ante este cuadro, y quizás por ello, a una petición de Venezuela de un Ingeniero Químico, la Universidad de Bologna propuso a mi hermano para el cargo. Era una oportunidad muy interesante, el nombre de Venezuela sonaba a país tropical, creciente, por desarrollar, con enormes riquezas, con cierta fama por lo del oro, el petróleo y tantas otras cosas, además mi padre ya había escuchado de algunos emigrantes que de América, sin tomar en cuenta de cual de las Américas, los paisanos mandaban mucho dinero a sus familias, era como si se contase con una invitación al Dorado.

El tiempo para decidir fue muy corto, pues con el cruce de miradas, entre mi hermano y mi padre, fue suficiente, ya el futuro estaba marcado y decidido, él se iría a trabajar con la nueva fábrica que se estaba desarrollando en Valencia, Sanitarios Maracay, mi madre no estaba muy de acuerdo, sentía que la familia se estaba por primera vez desmembrando y su alma le hacía ver que esto no sería nada bueno. Prevaleció la decisión de mi padre.

Nosotros regresamos al pueblo, mientras mi hermano se quedó unos días más para solventar algunos asuntos pendientes. Entre ellos, el de una relación que durante más de tres años mantenía con una novia, ella era la hija de la dueña de la pensión en que vivía. Cuando ella se enteró que marcharía lejos, le hizo ver de las promesas con que ella alimentó durante tanto tiempo, le dijo que no era justo la dejara y no hiciera honor a ese amor. De algún modo lo convenció y se casaron con todas las de la ley, una vez pasados los días de fiesta, Salvatore le hizo ver de que ambos vendrían a vivir a Venezuela, ella se negó rotundamente, le dijo que eso no estaba en sus planes y que el país al que marchaba, era aún un sitio no muy seguro por lo que recomendaba se fuera él un par de años, hiciera fortuna como la mayoría suponía se podría hacer y luego retornara a vivir en el lugar y con las condiciones a las que estaban ella, y su familia acostumbrados. Bueno, viendo que ella no daría su brazo a torcer, no le quedó más remedio que dejar a su reciente esposa y arrancar en esa aventura, solo.

Para no hacerles perder el hilo y no hacerlo más complicado de lo que es, pienso que debo seguirles contando lo que ocurrió con mi hermano. Él llegó, se estableció, le gustó por lo que decían sus cartas, y de la misma manera que crecía la fábrica así le fue a él. Pero al cabo del segundo año. Ya casi finalizando el mismo, perdimos todo tipo de contactos con él. En mi casa se pensaba lo peor, temíamos que algo malo le hubiese sucedido. Y en este sin vivir, mi padre sin más miramientos, luego de hablarlo en una cena, tomo la determinación de mandar a mi hermano Carmelo en su búsqueda.

Sabíamos lo que estaba sufriendo, mi padre no podía vivir, sus horas de sueño se habían agotado y el malestar era no sólo en nuestro hogar, mi cuñada llamaba a cada rato, extrañada, preocupada, temerosa; la mezcla era explosiva. Y así fue que un día partió Carmelo rumbo a la América en pos de saber de su hermano.

Las comunicaciones no eran las de hoy en día, y hasta recibir respuesta vía correo, pasaron unas tres semanas antes de saber de Carmelo, pero luego con su carta, nos tranquilizamos. Las noticias sobre mi hermano eran buenas de un modo y malas de otro. Buenas pues estaba vivo, nada en lo físico le había sucedido, pero de algún modo se había empatado con una mujer húngara quien era diez años mayor que él, ella se desempeñaba como la primera esposa y casualidades de la vida, era la ama de llaves del Hotel Maracay donde él se hospedaba, pero no terminaba allí, se habían casado y tenían un hermoso niño, lo llamaron Giovanni (Vanni). El mundo se venía abajo. Mi hermano Toto había cometido adulterio, cosa que en la Italia se castigaba con largos años de cárcel.

Esta noticia fue casi mortal para la idea y los sueños de mi padre, pues Salvatore se había convertido en un Infractor de nuestras leyes y de regresar a Italia sería detenido y puesto preso por las autoridades, de algún modo así, se sellaba de por vida su no retorno. Mi padre estaba a punto de enloquecer. Con todo y su carácter, ya no sabía qué hacer. Sé que contestó una carta a Carmelo, pero no lo hizo con Toto. Algo de vergüenza, de rabia y temor no lo dejaba.

Carmelo en ese sentido era más práctico, en su segunda carta él fue quien dio luces y mostró el camino a seguir, su recomendación fue seguida al pie de la letra. Pues le dijo: papá tienes un nieto precioso y creo que deberías venir a conocerlo. Palabras mágicas que hicieron su efecto y en menos de lo que uno se imagina, contando yo  para ese entonces, con apenas 12 años, al poco tiempo, fui a despedir a mi padre que se iba por unas semanas y al cual en realidad, no volví a ver sino once años más tarde.

De repente sentí que esos pilares que mantenían erguido mi orgullo, se desvanecieron. Ver de una sola el vacio que me dejaron al marcharse a la vez los tres hombres que más quería: mi querido y admirado Toto, mi hermano, Carmelo, el fuerte, el hombre y, ahora mi padre, mi seguridad. Fue una pérdida que por años no entendí y, que con la muerte de Toto volví a experimentar de igual modo. Son sucesos que nos marcan de una manera inexplicable, que nos llenan de incertidumbres, que generan de por vida preguntas sin respuestas, que no permiten entender los hechos y que al final desestabilizan hasta un poco la misma cordura. Preguntas como por ejemplo, qué le ocurrió a mi familia, por qué nos vinimos, por qué tuvimos que seguir la ruta de alguien que no marcaba pautas, y no realizar que nuestras mejores vivencias las habíamos logrado en nuestra madre patria. Por qué el terreno que teníamos reservado como panteón familiar en nuestro pueblo natal no cuenta con los huesos de ninguno de los míos. Por qué luego de haber logrado adquirir una casa tan hermosa, dejamos todo por ver la posibilidad de un sueño, de otro “Dorado”. Cómo, una carrera universitaria no me permitió poder entender lo que nos iba a suceder, por qué hacíamos caso sin refute alguno a las apetencias de mi padre. Por qué mi madre no se negó. Y al final, era este fin el que nos merecíamos. Habrá que creer en un destino.

Pero volviendo a lo que veníamos hablando, al momento en que mi padre nos abandona, toma un barco y se va a la América en busca de sus hijos y de su nuevo nieto. A la llegada de mi padre a este hermoso país, muchas cosas lo enamoraron, volver a ver a su su hijo, establecido, gerenciando una gran empresa, su primer nieto, ver a Carmelo lleno de ganas de producir, trabajar y todo lo que se veía que se podría hacer en ese país. Sin ponerlo más en dudas, escribió diciendo que iba a probar suerte acá, que no nos preocupáramos, que en cuanto la situación se estabilizara mandaría a buscarnos. Si, mi padre lo hizo como lo prometió, pero esto sucedió casi once años más tarde.

Mi padre se tomó un tiempo, analizó la situación, estudió los mercados, vio las necesidades, y luego de ello,  fundó la Tenería Anzoátegui. Ya mi familia tenía raíces en Venezuela y sin darse cuenta, con esta acción, él, sin querer, marcó su despedida a la madre patria. Mi padre logró encaminar su empresa, él como ya les dije era emprendedor, trabajador incansable y además contaba con mi hermano Carmelo, quien vivía a sus anchas, hacía lo que le gustaba y dominaba el ambiente farandulero de la época. Llegó a tal extremo que una de sus fiestas, conoció y se casó con una francesa, mujer muy hermosa y tuvieron una hija, Claudia, quien vive en Canadá.

Pero el tiempo corre, tanto como ya pasan diez años y nos llega la orden que debemos reunirnos con ellos en Venezuela, ya yo me había graduado en Ragusa de Ingeniero Químico. Ciudad ubicada a unos ocho kilómetros de mi pueblo, a la que iba al comienzo a en auto bus y al final en los últimos años de mi carrera por los estudios y tareas me tocó establecerme en ella hasta que me gradué. Con esa carrera, la misma de mi hermano, me sentía realizado pues le di a ambos a mi padre y mi hermano el placer de llegar a dónde ellos aspiraban de mí. Lo escribo y me doy cuenta que portaba con las herramientas y la edad como para tomar decisiones, de quedarme en Italia y de no tener que hacer lo mismo que los míos, pero no, eso no era posible, de algún modo los Greco estábamos hechos con una fidelidad que no sólo la hemos desarrollado entre familia, cuando hago un repaso a mi vida laboral me encuentro que llevo entregados más de treinta y seis años a la empresa con la que comencé a trabajar, jamás me ha pasado por la mente irme a otro lugar y quiero destacar que ofertas y buenas, nunca me han faltado; estas pudieron haber venido como asociado, de muchos modos y maneras, pero no ha sido posible, la honorabilidad y el apego a lo de uno, está en nuestros genes y está tan marcado que jamás escuché los cantos de sirenas y me siento orgulloso de formar parte del grupo en el que me encuentro. Ah, se me olvidó contarles, en el año de 1964 se quema la fábrica en la que mi hermano trabajaba para ese entonces, Resinas Venezolanas, ambos estábamos en la nómina, y nos tocó abrir la nueva compañía de Hanz Neumann, Resimón, empresa que ha cambiado de socios pero con la cual me siento como parte del inventario, como parte de la misma infraestructura, como algo mío.

Les estaba relatando de mi pobre padre, como les dije montó su empresa, elaboró sus productos, le iba bien y en el mejor de los momentos económicos se enferma, un mal que lo obliga, lo operen, nada grave, fue una cirugía simple, más se comete un error y por exceso en la anestesia muere. Tanto mi hermano Toto como yo trabajábamos en otra empresa, nuestra responsabilidad no nos permitió abandonarlas y en manos de Carmelo, la misma al poco tiempo se cerró.

Mi hermana quien dejó a su novio de ocho años, al llegar a Venezuela, se coloca, trabaja, produce, ahorra y a los dos años convence a mi padre que sólo quiere a ese hombre, al que dos años antes había dejado en Comiso, le ruega, que la deje ir, y él, ya con otra mentalidad, la entiende, y le da su bendición Giovanna retorna a Italia con un saco de sueños, llena de alegrías y contentos, se imaginaba ya casada, paseando por el pueblo toda ufana de su marido, dando al mundo unos hijos fuera de serie. Sueños mismos que se desvanecen con apenas su llegada, pues encuentra que su amor, su vida, su hombre, ya le pertenecía a otra, él, al no recibir noticias de ella, se había casado un año antes. Ella no pudo soportar el dolor, cayó enferma con un derrame cerebral, la trajimos de vuelta a Venezuela, vivió por quince años en cama hasta que murió, con ella se fue mi querida madre.

Al hablar de Carmelo debo reconocer que no corrió mejor suerte, el cigarro, agotó su corazón antes de tiempo y éste, lo llevó, murió de cancer y mi querido hermano Salvatore, como ven, cometió un grave error, se  acercó demasiado al alcohol, entre todos hicimos hasta lo imposible, pero no hubo salida, mi querido y amado Toto terminó muy lejos de la meta que mi padre con todo orgullo soñaba para nosotros.

Y lleno de inquietudes me sigo preguntando, valió la pena el viaje al Dorado, mi padre cometió un grave error, lo debimos pagar todos con tanta sangre y dolor. Se justifica que una familia se desvaneciera del lugar en que vio nacer a toda una familia por generaciones y que ahora no quede sino sólo recuerdos de ellos que si no se han desvanecidos, deben de estarlo haciendo de un momento a otro.

  1. Yo acá, vivo de mis recuerdos, me casé con Palmina Roseto, tenemos dos hijos: Sergio y Mauricio, el primero con gusto por la música y el segundo Ingeniero Electricista. Veo que el tiempo corre, que los recuerdos se borran y     antes de que sea llamado y luego sea tarde como para dejar testimonio de nuestro pasado, quise compartir con ustedes y a través de mi amigo Samuel Akinin, parte de mi historia, muchas gracias.

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    René De León González

    Uso de la coma para separar expresiones explicativas, incisos, interjecciones, palabras enfáticas y otras expresiones. Explicaciones, ejemplos y observaciones.

    por: René De León Gonzálezl Educación> Idiomasl 01/04/2011 lVistas: 1,241
    Ricardo Candela Casas

    La palabra emprendedor deriva del francés “entrepreneur” (del latín “inprendere”, que significa acometer).

    por: Ricardo Candela Casasl Negocios> Pequeños Negociosl 15/09/2009 lVistas: 2,568
    Psicoanalista Susana Lorente

    "Víctima y asesino, reunidos en una sola caricia". Europa, creadora de los más altos valores culturales, artísticos y científicos, la gran nación de naciones, la meca de los estados civilizados, la sede de la Santa Iglesia protectora de la familia y las más elevadas normas éticas impuestas al individuo.

    por: Psicoanalista Susana Lorentel Noticias & Sociedad> Polítical 02/06/2011 lVistas: 14
    Teódulo López Meléndez

    Un análisis del discurso del prtesidente Obama en El Cairo, especialmente relacionado con la creación de un estado palestino.

    por: Teódulo López Meléndezl Noticias & Sociedad> Polítical 08/06/2009 lVistas: 83
    Abraham Prudencio

    La vida de Enrique Congrains fácilmente podría ser la historia desaforada de un hombre que hizo de su vida una novela compleja y exagerada. Como impulsado por un misterio poderoso y sin límites en 1954, a la edad de 22 años publicó un conjunto de cuatro cuentos bajo el título de Lima, hora cero, al año siguiente profundizando aún más en la problemática social publicó Kikuyo.

    por: Abraham Prudenciol Literatura> Biografíasl 08/03/2012 lVistas: 19

    Comportamiento ante los momentos culminantes de la vida de un ser humano.

    por: jordi cervosl Literatura> Biografíasl 21/01/2012 lVistas: 109

    El precio de los libros casi siempre es menor que el de las grandes superficies y la diversidad es mucho mayor ahorrando por lo tanto tiempo y dinero|Si adopta la opción de compra online existen un conjunto de premisas que debería tener en cuenta además de varias ideas a tener en cuenta como por ejemplo el asegurarse muy bien de las características

    por: patricial Literatura> Biografíasl 18/01/2012 lVistas: 37
    Caballero del Grial

    Juan de san Grial es el heredero directo y sucesor de los Perfectos cátaros. En su nombre se ha unido la tradición espiritual del Oeste y del Este, que viene del Cristo a través de María Magdalena y San Andrés Apóstol ("el primer llamado").

    por: Caballero del Griall Literatura> Biografíasl 26/12/2011 lVistas: 46

    Como ya tengo cuarenta y cuatro años, dos hernias discales, casado en segundas nupcias, un hijo y algunos papeles publicados, he decidido compartir este decálogo cojo que me acompaña a todas partes.

    por: patricial Literatura> Biografíasl 19/12/2011 lVistas: 15

    Debo reconocer que el cacharro dispositivo electrónico que más disfruto en la actualidad es el lector de libros electrónicos. Hoy me gustaría dedicar una entrada para todos aquellos que no tienen muy claro qué es, para qué sirve y cómo sacarle partido.

    por: patricial Literatura> Biografíasl 19/12/2011 lVistas: 16

    La biografía es el libro de mayor venta y está en primer lugar de adquisiciones de libros digitales para Kindle.

    por: Claral Literatura> Biografíasl 26/10/2011 lVistas: 38

    Quién puede hablarnos de los hombres cuyo valor trasciende toda contingencia y constituyen para nosotros ejemplos morales, sociales, culturales y políticos; justo cuando las palabras de honestidad y transparencia son simples vocablos líricos y vacios de campaña electoral. Ahora más que nunca debe reconocerse a un hombre libre, digno y puro; quien no tenía porque inmolarse en nombre de una mejor condición socioeconómica y educativa, y en contra de un sistema nefasto: Luís de la Puente Uceda.

    por: Orlando Luján Corrol Literatura> Biografíasl 20/10/2011 lVistas: 24
    samuel akinin

    Nos vamos dando cuenta de que algunas de las cosas que nos ordenan en las costumbres y obligaciones judías van como tomando forma y luego de miles de años descubrimos de que poseían no tanto un sentido que nos indicaba la intención de aseo como sí una especie de purificación de nuestro cuerpo y de la sangre.

    por: samuel akininl Espiritualidad> Judaísmol 17/09/2011 lVistas: 55
    samuel akinin

    Cuando veas a las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo. no podemos ni debemos quedarnos al margen de los acontecimientos, ya debemos entender que somos parte de la historia por nacer, que cada uno de nosotros tiene un papel que hacer y que su silencio en nada puede ayudar a la humanidad

    por: samuel akininl Literatura> No Ficciónl 10/09/2011 lVistas: 12
    samuel akinin

    pasajes de nuestra historia que nos hacen ver de que el mundo tiene muchas posibilidades, que somos nosotros y no otros, los que debemos regir nuestro destino. por ello fuimos hechos, no sólo a imagen y semejanzas sino que contamos con el libre albedrío, no somos y no podemos permitir que nos conviertan en seres automatizados, carentes de una voluntad de un criterio

    por: samuel akininl Literatura> Ensayosl 04/09/2011 lVistas: 40
    samuel akinin

    La evolución del mundo nos permite ver y aceptar que las sagradas ecrituras judías contaban con una fuente de información inexplicable.

    por: samuel akininl Espiritualidad> Judaísmol 04/09/2011 lVistas: 33
    samuel akinin

    en su lucha inagotable, el hombre se encuentra con su sombra y no sabe que pasos dar. le incógnita de los que nos toca, de lo que se está uno perdiendo y por ende lo que dejamos de hacer al estar pendiente de ello

    por: samuel akininl Literatura> Ensayosl 27/04/2011 lVistas: 33
    samuel akinin

    Retar al toro, embestir a la bestia, desear un cuerpo y entregar los deseos, al final, una ofrenda a la malicia de un amor que pide y da

    por: samuel akininl Literatura> Poesíal 10/02/2011 lVistas: 16
    samuel akinin

    un canto sin final en el que el amor dice y no para de hacer, donde se busca el encuentro como punto final y se espera llegar hasta más allá

    por: samuel akininl Literatura> Ensayosl 10/02/2011 lVistas: 31
    samuel akinin

    encuentro con las dudas que se van generando cuando el amor se aparta, cuando la distancia no acorta los sentimientos y uno como con las lágrimas va dando amor gota a gota

    por: samuel akininl Literatura> Ensayosl 10/02/2011 lVistas: 16

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