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Por fin llego el día que desnudo la verdad . Con actos y palabras que no necesitaron de interpretaciones imaginativas ni visiones históricas, la Iglesia Católica a través de su representante natural, el Papa, inclino la balanza. El conflicto árabe - israelí o si se quieres en su interpretación religiosa, judío - musulmán, necesitaba de la presencia del Papa en Tierra Santa para definir, políticamente hablando, la posición de la Iglesia Católica ante el conflicto.
Quien en la historia pasada no muy lejana, había ganado su fama, por representar la imagen del abandono, la tristeza y la desolación. Hoy brillaba como un diamante tallado a sangre y fuego. Coronando este enclave, casi dos millones de palestinos, vivían en zonas residenciales, que eran ejemplo de como es posible crear de la nada, modelos urbanísticos, convertidos en el hábitat humano que todo ser humano deseaba para si.
Cuando el norte se conmovía a diario por la lluvia de misiles provenientes del Líbano y, apuntaban a las poblaciones civiles. Los residentes del centro, entre los que me incluyo, solo nos separaba de su alcance, muy pocos kilómetros. Esta corta distancia, era suficiente para que nuestras actividades no se vieran afectadas.
Volviendo al problema argentino en materia de seguridad, creí necesario citar el ejemplo israelí, para establecer una comparación con el objeto de identificar elementos, que sugieran los caminos a seguir y, lograr un clima de convivencia adecuado, que solo es posible si se percibe la “sensación de seguridad”. Llegar a este objetivo es tarea de todos, pero principalmente, de quienes tienen la obligación de instrumentar las medidas que conduzcan a ello. No es una tarea sencilla ni rápida y, requerirá de una dosis de paciencia para ver sus resultados.
Un poder judicial reconstruido sobre una sólida base moral, actuara con eficiencia y volverá a establecer claramente, los limites del derecho individual, sin distinguir otros aspectos, que no guarden un respeto total y absoluto al espíritu de la ley. Si bien aquí es donde comienza la reconstrucción, no es donde termina. Cuando los argentinos perciban que la impunidad fue una amarga vivencia del pasado, la credibilidad en las instituciones democráticas tendrá un buen principio. Llegar al final es el objetivo.

