Gerson E. A. Arenivar
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Escritor del blog Vivir la Excelencia desde 2007. En dicho blog aborda el tema del desarrollo de la excelencia como un estilo de vida que debe llenar toda área de vida, sencillamente porque la excelencia nos hará permanecer en las generaciones futuras.
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Me ha parecido interesante leer en los anuncios de empleos, la solicitud de una característica en especial: “Que sea proactivo.” Pero leer eso me ha llevado a hacerme la pregunta de si todo el mundo sabe lo que implica ser proactivo. Por ello ofrezco, en esta publicación, una aproximación un poco más profunda al concepto de proactividad, pues saber esto puede mejorar el perfil de un aspirante a algún puesto de trabajo...
El título para este artículo ha sido tomado de un gran libro: “El hombre mediocre”, escrito por José Ingenieros. Me imagino que ya has leído este libro, si no, te invito a que lo hagas para que disfrutes de una lectura profunda e inspiradora...
Para ser personas de excelencia es necesario cultivar una cualidad que es común a todos los seres excelentes. Esta cualidad ayuda a pulir el carácter y mantener el rumbo. Nos mantiene humildes y al mismo tiempo dignos. Y es fundamental para saber que estamos viviendo nuestros ideales. Esa cualidad es La Virtud.
A medida que crecemos nos damos cuenta de que en la vida hay básicamente dos clases de personas: las exitosas y las fracasadas. Nota que no he escrito “las que tienen éxito” porque esa es una apreciación muy vaga de una persona plenamente realizada, y tampoco he escrito “las que tienen fracasos” debido a que ambas expresiones reflejan de manera irreal la esencia del individuo...
En mi humilde opinión, me parece que el concepto del amor es uno de los menos comprendidos, más distorsionados y poco estudiados. De hecho, esto en parte es un problema alimentado por la ambigüedad de la mayoría de los lenguajes modernos. “Amor” es una palabra bastante genérica que se usa indistintamente para señalar una relación familiar, una relación entre amigos, una atracción sexual, etc...
Aquella tarde aprendí una valiosa lección: Podemos ver nuestra propia estrella, a pesar de los problemas que enfrentemos, si tan sólo nos resistimos a renunciar. Renunciar es una de esas tentaciones que viene con toda clase de justificaciones, por un lado; y por otro, se presenta como la mejor opción antes que enfrentar un fracaso (aunque la realidad es que renunciar es peor que fracasar)...
Shakespeare plasmó para el mundo, con su pluma prodigiosa, el dilema que ha seguido a nuestra historia desde siempre. Ya sea que estemos conscientes o no de ello, para nosotros no es diferente que para Hamlet, el personaje del gran dramaturgo: “¿Ser o no ser?, esa es la cuestión”. Y más allá del significado contextual que pueda tener dicha expresión, podemos concluir que todos los días, en los diferentes escenarios que nos toca movernos, ésa es sin duda la cuestión: ser o no ser...
Todos hemos visto alguna vez a un elefante, un animal imponente, alto, muy fuerte y que inspira mucho respeto, amarrado por una de sus gruesas patas con una simple soga a una simple estaca clavada en el piso de tierra. Y la verdad es que yo nunca me había hecho la pregunta que seguramente los elefantes tampoco se hacen: ¿cómo es posible que una diminuta estaca los detenga?
Esta historia la escuche hace varios años mientras asistía a una charla, en donde, después de contarnos esta ilustración, nos dijeron algo así: “los verdaderos triunfadores usan las dos manos, aunque el sueldo no sea el que esperaban”...
Hoy vamos a conocer a dos personajes muy simpáticos; si ya leíste el libro “¿Quién se llevó mi queso?” seguro que los conoces, aunque la participación de ellos parece muy breve, pueden servirnos de ejemplo sobre cómo detectar el cambio y movernos con él. Esos personajes son los ratoncitos Fisgón y Escurridizo...
