Actividad Reciente
Podría, a duras penas, intentar hacer el famoso moonwalk. Pararme en puntitas implicaría la fractura de algunas falanges y probablemente una colisión facial con el piso. Así que siendo sinceros, el único paso de los popularizados por Michael Jackson que podría imitar impecablemente es el de tocarme los genitales y gritar -in English, of course- "ooh".
En mi búsqueda personal hacia el nirvana digestivo, empecé a conocer a cada uno de los demonios y su forma de actuar. Leí la vida y milagros del IBS, la Lactosa, la Úlcera Péptica y muchos otros cómplices que conforman esta asociación ilícita para delinquir y usurpar el control que tenían en mi digestión el hígado, el estómago y demás miembros de mi preciada asociación lícita para digerir. Así que hice lo que cualquier común mortal hubiera hecho: saqué cita en la Seguridad Social.
Uno es lo que come. Ese es el salmo que cualquier nutricionista que se respete profesará siempre como consigna de vida. ¿Pero qué pasa si a pesar de tener una buena alimentación, siguiendo la famosa pirámide construída por algún faraón dietista, no funciona bien la máquina, el sistema, o para ponerle un nombre solamente, el Ferrari?

